Sección tercera. Reseña histórica y bibliográfica de los hijos ilustres de Alcañiz.

Sección tercera

Reseña histórica y bibliográfica de los hijos ilustres de Alcañiz.

En las dos secciones anteriores hemos descrito ya y puesto de manifiesto los abundantes dones de la naturaleza con que esta Ciudad ha sido favorecida del Cielo: buen clima, fértiles campos en la huerta, lo mismo que en secano si asisten las lluvias, algunos edificios notables, y recuerdos históricos de no poca fama.
Solo nos falta hablar ahora de los hombres más célebres y distinguidos que en todos tiempos ha producido, y que tanto han contribuido a ilustrar su nombre.

Bástanos haber indicado el asunto, para que desde luego se conozca todo su valor e importancia. Porque a la verdad, ¿quién no dará la preferencia a las personas sobre las cosas, si entrambas se pesan en la balanza de la justicia? ¿No es el hombre el Rey de la Creación para quien la mano benéfica y liberal del Omnipotente crió de la nada este Mundo visible, en los altos fines de su Misericordia y de su Gloria?

Pues si el hombre, en general, tiene tanto valor e importancia; en particular, aquel a quien Dios ha colmado de gracias y bendiciones, ya en el orden de la gracia ya en el de la humana naturaleza, adquiere grandes y merecidos títulos a la consideración del público y al aprecio de sus conciudadanos: hablamos aquí en el supuesto de que coopere eficazmente a aquellos dones inestimables, y haga de ellos el debido uso. Cuando esto sucede, cuando los hombres llegan a esta altura extraordinaria, entonces es cuando merecen la apoteosis de sus compatricios: entonces es cuando el Pueblo, la Provincia, el Reino, el Mundo entero, reciben los copiosos y excelentes frutos de su inteligencia y virtud; y entonces, finalmente, es cuando adelantan las ciencias, perfeccionan las artes, mejoran las costumbres, consolidan los gobiernos, aseguran su bienestar, y glorifican su patria a la par que su persona.

Para persuadirse de esta verdad, no es menester más que apuntar ligeramente los nombres de
algunos genios privilegiados, y los bienes preciosisimos que por ellos disfrutamos.
Balmes y Donoso Cortés, por ejemplo, qué movimiento tan saludable no han impreso en los ánimos de la juventud estudiosa y expansiva de España, en favor de los estudios serios y fundamentales de la Filosofía y Metafísica.
San Agustín, San Bernardo, el Doctor Angélico, Bossuet, Fenelon y Augusto Nicolás, ¡qué monumentos tan sólidos y gigantescos no han levantado en favor de la Religión y de las ciencias morales y políticas!
Granada, Lanuza (habiendo nacido en el antiguo partido de Alcañiz el Ilustrísimo Sr. D. Fr. Gerónimo Bautista de Lanuza, hemos creído oportuno consagrarle en una adición especial algunos apuntes biográficos).
Masillon, Flechier, y Burdalue, cuánto no han enriquecido los campos de la elocuencia sagrada con los ricos veneros de sus obras inmortales.
El venerable Ávila, San Francisco Javier, San Vicente Ferrer, el ilustrísimo Claret, y los padres de la compañía Félix y Suárez, qué cambios, qué conversiones tan asombrosas no han operado en las almas, con su oportuna, elocuente e inspirada predicación desde la Cátedra del Espíritu Santo.
Cervantes, Mariana, Toreno, Herrera, Fr. Luis de León, Quintana, Zorrilla y Martínez de la Rosa, qué dechados tan preciosos y excelentes no han dejado a la literatura en sus cultas y acabadas producciones, ya en prosa ya en verso.
Colón, Cortés, Cisneros, O´Donell, Vasco de Gama, Guttemberg, Bacon, Newton, Leibnitz, Humbold, Arágo y otros, qué utilidades tan inmensas no han pro perdonado a los hombres con sus eminentes servicios, con sus penosas elucubraciones, y con sus admirables descubrimientos..
Seríamos interminables si hubiéramos de recorrer toda la escala de los adelantos humanos, debidos a los esfuerzos de tantos varones distinguidos y genios privilegiados, que han consagrado toda su existencia a estos adelantos que han hecho en las Artes, en las Ciencias, en las Armas, en la Política, y en una palabra, en todos los ramos del saber y del bienestar de los Pueblos. A tanto llega el poder y virtud de estos verdaderos hombres el progreso moral y científico, auxiliados por la mano potente del Criador.

Pues si esto es cierto, si tales son los beneficios que de ellos reportamos, deber nuestro es conservar su memoria y tributarles nuestra gratitud; en lo cual están interesadas igualmente nuestra utilidad y nuestra gloria.

Impulsados nosotros de estos justos y poderosos motivos, nos hemos creído obligados a presentar aquí a nuestros conciudadanos una reseña histórico-bibliográfica de los hijos más ilustres de Alcañiz, cuya memoria, en general puede decirse que yace en el sepulcro del olvido. Y no es porque ellos lo merezcan, sino por la gran falta de un libro especial que los ponga a la vista y conocimiento de todos. En él hubiera visto nuestro pueblo (como lo verá ahora, si bien imperfectamente), que Alcañiz ha tenido siempre hombres eminentes que le han dado no poco lustre y esplendor; sin que nosotros al demostrarlo al presente, traspasemos los límites de la imparcialidad y de la justicia que nos hemos impuesto, únicos que podrían honrarles a ellos y a nosotros. Por eso en el cuadro anterior de los hombres más notables de la Especie humana (que seguramente son el apoyo de su debilidad), no hemos puesto ni hecho mención de ningún hijo de Alcañiz. El mérito de los hombres grandes tiene su escala y sus gradaciones, siendo todos ellos muy dignos y apreciables respectivamente dentro del círculo que los abraza y contiene.

Tal vez haya algún Alcañizano que pudiera figurar con los arriba nombrados, en aquella honrosa galería, como Ram, Ruiz de Moros, Miedes y Andrés, cada uno en su género respectivo: pero esto que es dudoso, y que no tiene en su favor la pública y explícita sanción de los sabios, no podemos ni debemos aventurarlo ni proclamarlo nosotros. De lo que de ellos expongamos en este escrito acaso puedan inferirse los quilates de su mérito e importancia. ¡Y ojalá acertásemos a presentarlos con fidelidad, o tales como fueron!

Pero para esta grave y difícil empresa se tropieza luego con obstáculos insuperables. A pesar de las muchas obras literarias que en todos tiempos han dado a luz los hijos de Alcañiz, son poquísimas por desgracia las que en la actualidad se conservan, ya por la injuria de los tiempos, ya por otras causas; siendo a la verdad muy sensible, que el archivo de nuestro municipio no sea el fiel custodio de todas ellas, para gloria, estímulo y provecho de todos sus conciudadanos. Así es, que carecemos, en general, de estos y otros datos preciosos; motivo por el cual, no nos atrevemos a dar el nombre de Biografías a nuestras humildes Reseñas histórico-bibliográficas. Y ni aun a esto nos hubiéramos comprometido tampoco, si no fuera por los laudables esfuerzos de los Bibliógrafos aragoneses Asso y Latassa, que celosos de las glorias del País, han inmortalizado en sus Obras la memoria de las muchas y excelentes
producciones que han dado a luz en todos tiempos los ingenios de Aragón.

Mas esto no obstante, resulta todavía un largo catálogo de Escritores de Alcañiz; no dejando de ser muy extraño y notable, que el siglo XVI aventaje en esto a todos los demás. En él florecieron aquí los hombres eminentes que ya hemos citado con encomio en el curso de esta obra, y de los cuales vamos a ocuparnos con más detención

Pero ¿en qué consiste esta tan gran diferencia? ¿Han perdido sus sucesores el talento nativo, que tan común era entonces? Seguramente que no; el mismo cielo nos cobija, y la misma tierra nos sustenta. A otras causas muy distintas creémos debe atribuirse este fenómeno. Entonces se consagraban con ardor los hijos de esta Ciudad al estudio de las ciencias: entonces se fundaban en Bolonia, por celosos y generosísimos Alcañizanos, becas gratuitas para sus ingenios; entonces se viajaba la Europa por saber y ampliar los conocimientos literarios: entonces se premiaba el mérito con dignas recompensas; y entonces, en fin, era moda y título recomendable el estudiar y el saber. Después, ¡sensible es decirlo! se enfrió no poco este caluroso y saludable movimiento, y el cultivo del talento tuvo menos impulso.

Pero afortunadamente se ha despertado ya el amor a las ciencias y la afición a las artes; y muchos jóvenes estudiosos, inflámanse en sus diferentes carreras literarias con el estimulo de los célebres gramáticos, filósofos, literatos, poetas, jurisconsultos, teólogos, y demás sabios y profesores de nuestros buenos y mejores tiempos. La publicación, pues, de sus nombres, escritos y circunstancias, no puede menos de ser útil y oportuna en la actualidad; pues
que el estímulo, el honor, la gloria y la utilidad común, no son cosas indiferentes.

Dos palabras tan solo nos faltan que añadir sobre el método que nos hemos propuesto en
esta sección. En las reseñas que vamos a hacer de los hijos más ilustres de Alcañiz daremos de ellos las noticias históricas y biográficas que hemos podido adquirir, y apuntaremos sus principales escritos y producciones literarias; y luego después en apéndices separados, trasladaremos algunos fragmentos notables de las pocas obras antiguas que de los mismos conservamos, ya que son tan raras y estimables, como difíciles de conseguir.

Siglo XV.
I
D. Domingo Ram y Lanaja.

Aunque Alcañiz ha tenido, antes de este siglo, varios hombres distinguidos que podrían figurar muy bien en esta Revista, no podemos determinarnos a hablar de ellos en este lugar, por las pocas y obscuras noticias que sobre los mismos poseemos. Principiaremos, pues, por el más antiguo en que podemos hacerlo sin tales inconvenientes, y que acaso sea el más célebre de todos sus hijos; ya por su ilustre nobleza, ya por sus aventajados talentos, ya en fin por los grandes servicios que prestó a la Iglesia y al Estado. Y afortunadamente, al paso que de la mayor parte de los que nos proponemos tratar nos escasean los datos y noticias,
de este los tenemos bastante exactos y abundantes.

En varios lugares de esta obra nos ha sido preciso hacer mención honorífica del Cardenal de
Aragón D. Domingo Ram y Lanaja, y sobre todo, en la Memoria sobre el Parlamento aragonés celebrado en Alcañiz. Los grandes servicios que entonces prestó y el papel importantísimo que desempeñó eran ya suficientes para que pudiéramos calificarlo con justicia de excelente patricio y de hombre extraordinario; pero ahora nos toca demostrarlo con más fundamento y copia de razones.
Fue su patria la ciudad de Alcañiz, donde todavía subsiste su Casa solariega; y la antigüedad de la misma, data del tiempo de la reconquista. D. Pedro Ram, uno de los más valerosos y entendidos capitanes que acompañaron al Rey D. Alonso I en la toma y expugnación de esta plaza, es el primer ascendiente que conocemos; al cual premió condignamente el expresado Monarca, nombrándole enseguida Justicia de Alcañiz, y confiándole el repartimiento de las tierras conquistadas entre los nuevos pobladores que tuvieron parte en tan feliz jornada. Y para este acto importantísimo, se le agregó también a D. Sancho Aznar de Alcañiz, y a D. Jimeno de Luna. Así lo hemos visto en documentos fehacientes del archivo de la casa de Ram, que corresponden y se refieren a la fecha antiquísima de este suceso, que tuvo lugar en
el año 1125 de nuestra era.

En cuanto a su nobleza, solo diremos que aparece ya desde entonces muy distinguida y calificada, consistiendo las armas que usa y ha usado, en un ramo de laurel en campo de oro.
El Rey de Aragón D. Fernando I dio a D. Mateo Ram hermano del Cardenal (que fue tutor y Gobernador de los Estados del Conde D. Federico de Luna sobrino del Rey D. Alonso) los Lugares de Pueyo, Morcat y Samitier, recientemente incorporados a la Corona por muerte del Príncipe D. Sancho y del Infante D. Jaime que los poseían. Y de este último pueblo toman el nombre de Condes los sucesores y herederos de la Casa de Ram, a la que también va unida la Baronía de Hervés (Herbés).

No podemos fijar con exactitud el año del nacimiento de nuestro Ilustre D. Domingo, porque como es sabido, no se conocían entonces los libros parroquiales: pero por los cargos que obtuvo y años en que los desempeñó, se infiere claramente que vino al mundo al despuntar el último tercio del siglo XIV. Y efectivamente; en el año 1394 era ya Prior curado de Alcañiz; y en el de 1395 siendo Prior del Salvador de Zaragoza, sabemos que asistió como Procurador
a las Cortes que allí se celebraron para dar audiencia a los Embajadores del Conde de Fox, y rechazar seca y enérgicamente sus extrañas pretensiones sobre la Corona de Aragón: como así lo hicieron también, poco después, los pundonorosos Catalanes, congregados solemnemente en Barcelona.

En el año 1409, en que aún obtenía D. Domingo el sobredicho destino, se halló en el famoso Concilio de Perpiñán, congregado por el Papa Benedicto; y salió de él para el de Pisa, en compañía del P. Bonifacio Ferrer, del Arzobispo de Tarragona, del Obispo de Sigüenza, del Obispo electo de Badajoz y de otros tres Obispos extranjeros: todos los cuales fueron nombrados para esta importante misión por el expresado Concilio.

En los años 1411 y 13 en que ya era Obispo de Huesca y Jaca, fue uno de los miembros más
activos e inteligentes del Parlamento de Alcañiz, como ya hemos expuesto en su lugar; habiendo asistido a esta solemne Asamblea, por concesión del Sumo Pontífice otorgada a la misma; al cual se lo había suplicado encarecidamente (por medio de una comisión especial que le mandó al efecto) en atención a la grande y preferente confianza que le inspiraba
su elevado carácter, y su sabiduría y expedición para los más arduos negocios del Reino.

Residiendo entonces en su casa natal de Alcañiz y funcionando asiduamente en el Parlamento aragonés congregado en esta Ciudad, fue muy eficaz y poderosa su influencia; pues las personas de mayor ascendiente y valía, como el Gobernador y el Justicia del Reino, el Papa Benedicto, San Vicente Ferrer y Berenguer de Bardagi, estaban íntimamente unidos con él por los vínculos de la amistad y el patriotismo: y el último de los mencionados por los lazos de la sangre. (1)

(1) Varios son los historiadores que aseguran que Berenguer de Bardagi estuvo casado con Doña Isabel Ram, hermana del Cardenal D. Domingo. Este enlace es cierto e indudable: porque además de estar consignado por aquellos, lo hemos visto también así en documentos justificativos de la Casa de Ram; aunque con la sola variante, de que Doña Isabel, según estos datos, era hermana del Padre del Cardenal. En ambos casos se verifica el inmediato parentesco de Berenguer con el expresado Cardenal y el entronque de entrambas familias; del que salieron varones muy respetables y casas nobilísimas.

En primor lugar, Berenguer de Bardagi, Señor de Antillón, Castelflorido y otros pueblos, fue Justicia Mayor del Reino; y según Zurita y otros muchos, descolló entre los hombres más sabios e influyentes de su tiempo. Este, pues, entre otros hijos suyos de conocida fama y renombre, tuvo con Doña Isabel Ram a D. Jorge, que fue Obispo de Tarazona. Y por no alargarnos demasiado, diremos que de este matrimonio traen su origen los Marqueses de Cañizar y de Barbóles, y los Condes de Contamina, de Fuentes y de Aranda.

Sensible es a la verdad, que en la aciaga época de los Franceses (1809) desaparecieran de
la casa del Cardenal Ram una preciosa colección de cartas curiosísimas e interesantes que le escribiera este gran Santo; pues que con ellas podríamos probar ahora muy cabal y oportunamente la tierna y afectuosa amistad que le profesaba.

Pero no solo el Cardenal y Doña Isabel Ram han sido los que han dado lustre y nobleza a su familia, sino que muchos individuos de ella se encuentran también en este caso. No será pues inoportuno, que ocupándonos nosotros en esta Sección de los hijos ilustres de Alcañiz, demos aquí una breve noticia de los hombres más notables que ha producido esta antigua y nobilísima casa alcañizana. D. Domingo Ram, primo del Cardenal del mismo nombre, casó en Francia con la Marquesa de Manibau, en cuya familia se radicó la Presidencia del Parlamento de Tolosa.

Doña Isabel Ram, hija de D. Benito y prima del Cardenal, casó en Sicilia con D. Giliberto de Bolonia, Marqués de Marignio; cuyos inmediatos sucesores por linea recta enlazaron con la ilustre familia del vencedor de Lepanto Marco Antonio Colona, y aun con la del Duque de
Medinaceli.

D. Blas Ram, Padre del Cardenal, fue Consejero de Estado del Rey D. Pedro IV el Ceremonioso, y Comendador de Monzón. Asistió por el Brazo de Hidalgos a las Cortes que se convocaron al principio de este Reinado; y tuvo, además del Cardenal, los cuatro hijos siguientes, muy dignos todos de que de ellos hagamos mención.

1. D. Mateo Ram, de quien ya atrás hemos hablado y a lo cual nos referimos.

2. D. Pedro Ram, que fue Protonotario del Rey D. Alonso V y Consejero de Estado; y su hijo D. Juan, desempeñó el cargo de Embajador del Rey D. Fernando el Católico.

3. D. Juan Ram, que fue Comendador de Ulldecona en la Orden de San Juan, y murió defendiendo valerosamente la Isla y Ciudad de Rodas sitiada y atacada con furor por los Turcos al mando del célebre Mahomet II.

Y 4. D. Juan Ram. Este fue Bayle General de Orihuela por el Rey Alonso V. Casó en Morella; de cuya Villa fue Alcalde, y también Gobernador de su Castillo en tiempo del Parlamento de Aragón celebrado en Alcañiz.

D. Juan Ram, hijo de D. Mateo, fue Comendador mayor de Alcañiz, y muy favorecido de Alonso V con muchos e insignes privilegios en favor de su ilustre casa; cuya nobleza y antigüedad ensalzó en aquellos dicho Monarca.

D Jaime Ram, primo del anterior, fue Caballero de la Banda y Señor de Lledó y Montoro. Pasó a la isla de Candia de Capitán General de los Galeones del Rey D. Alonso V; y su hijo D. Jaime desempeñó el cargo de Regente en la Chancillería de Aragón.
De esta linea traen su origen los Condes de Montoro, (entre los cuales hubo tres Virreyes y Capitanes generales de Mallorca), y también los Señores de Montpensier en Francia, que gobernaron en Burdeos por muchos años mediante alianza matrimonial de D. Francisco Ram hijo del Regente, varón muy recomendable por sus talentos y nobleza; y de cuya nobleza han blasonado siempre aquellos ilustres Caballeros.

D. Blas Ram, hermano de D. Jaime, Señor de Lledó, etc, fue Canónigo de Tarragona, y Castellan mayor de la Orden de Calatrava.

D. Fernando Ram, hermano del mismo, fue el primer Prior de la Ilustre Cofradía de San Jorge de Nobles de Alcañiz, por nombramiento especial del Rey D. Juan II de Aragón.

D. Tomás Ram, hermano de los anteriores, desempeñó los cargos de Gobernador de Monzón en la Religión de San Juan, y de Gran Castellán de Amposta; y últimamente fue muerto por los Moros defendiendo heroicamente la fé católica y el Pabellón español.

Después de estos ilustres y respetables personajes, siguen diez generaciones por linea recta masculina, con otras varias colaterales, hasta llegar a D. Rafael Ram de Viu y Pueyo, Conde que fue de Samitier, Barón de Hervés, Pueyo y Morcat, de San Martín, San Millán, Lapaul y Leperuelo, y Gentil hombre de Cámara del Sr. D. Fernando VII.
Y actualmente posee el Condado de Samitier y Baronía de Pueyo, su hijo D. Rafael Ram de Viu; y el hermano de este D. José, la Baronía de Hervés: debiéndose advertir por conclusión, que en las diez precitadas generaciones ha imitado siempre esta familia (en los honoríficos cargos que se le han confiado) el noble y elocuente ejemplo de sus gloriosos progenitores.

En cuanto al Papa Benedicto, solo es menester traer a la memoria la importante misión que le confiara el Concilio de Perpiñan (muy acorde en esto con el Papa) para sostener y hermanar en Pisa sus intereses y los de la causa pública de la Iglesia, que eran el objeto preferente de sus deseos y aspiraciones. Y finalmente, por lo que hace al Gobernador del Reino Gil Ruiz de Lihori y al Justicia Mayor Juan Jiménez Cerdan, es una prueba concluyente de lo que estamos demostrando, el haberlo estos elegido y nombrado en primer lugar por uno de los nueve Jueces árbitros y soberanos, que en Caspe habían de dar un nuevo Sucesor a la conturbada Monarquía aragonesa; confiándole además la tenencia de aquella villa, durante la existencia del célebre compromiso.

En el día de la declaración y publicación de la sentencia, celebró de Pontifical la Misa del
Espíritu Santo; y luego en las Cortes Generales que el nuevo Rey D. Fernando tuvo en Zaragoza para jurar los Fueros e instituciones del Reino y ser jurado por sus Estados, contextó al discurso del Monarca en nombre de los cuatro Brazos, lo que las circunstancias del caso exigían, a saber:
Que estaban muy contentos de prestar a su Rey el juramento de fidelidad en la forma que se acostumbraba; pero que esta misma indicaba y requería, que el Rey jurase primero a los del Reino de Aragón sus fueros, privilegios, libertades, usos y costumbres, y lo mismo a los del Reino de Valencia que eran poblados a fuero de Aragón, juntamente con los fueros de las Ciudades de Teruel y Albarracín, y la unión e incorporación de estos Reinos.
Y así e hizo con grande solemnidad en el Templo Metropolitano del Salvador de Zaragoza, a 3 de Setiembre del año 1412.

En la fiesta suntuosísima que se celebró en esta ciudad a 15 de Enero de 1414 para la coronación del mismo Rey D. Fernando, ofició también de Pontifical en la Misa; hizo las ceremonias establecidas al efecto en el Manual Cesaraugustano, y unió y consagró al Monarca con el oleo Santo.
No era entonces D. Domingo mas que Obispo de Huesca y Jaca, habiendo desempeñado esta honorífica comisión por hallarse aun vacante el Arzobispado de Zaragoza; pero tardó poco en ser trasladado y ascendido a la Silla Episcopal de Lérida.

En esta Ciudad y Diócesis, tuvo de Vicario General a D. Alonso de Borja, que después llegó a ocupar el Solio Pontificio con el nombre de Calixto III: lo que prueba el tacto, la discreción, y la justicia con que sabía hacer elección de las personas para los cargos importantísimos que de él dependían.

Un asunto gravísimo y de la mayor importancia para estos Reinos traía entonces entre manos el Rey D. Fernando: a saber, el casamiento de su hijo D. Juan con la Reina Doña Juana de Nápoles; y después de haberse este arreglado y concertado formalmente en Valencia a 4 de Enero de 1415 con intervención de las dos partes contratantes, envió de Embajador a D. Domingo Ram, en unión con D. Olfo de Praxita y Micer Frances Amellá, para que asistiesen y cooperasen en Nápoles a la realización de aquella boda.

Muerto en 1416 el Rey D. Fernando, no hizo menos aprecio y distinción de nuestro paisano el nuevo sucesor D. Alonso V su hijo. Sin embargo; los sólidos principios de recta justicia que formaban su firme, a la par que bello carácter, le hicieron ser inflexible hasta con los Reyes, cuando las exigencias de estos estaban en oposición con las prescripciones de aquellos. Y por eso se vio con satisfacción general, que en vez de asentir y apoyar los vivos deseos que le manifestara Alonso V en favor del intruso e ilegítimo Pontífice Gil Sánchez Muñoz (que con el apoyo del Rey siguió este camino, tomando al efecto el nombre de Clemente VIII), le declaró Ram con santa libertad lo errado de su conducta, y la obligación en que estaba de reparar el daño que irrogaba a la Iglesia, debiendo por lo tanto reconciliarse con ella, mediante el legitimo representante y verdadero Vicario de Cristo, Martino V.
Y como el célebre Berenguer de Bardagi, que opinaba lo mismo, había usado ya igual lenguaje con el extraviado Príncipe y trabajado mucho en este sentido; no podemos dudar, de que entrambos contribuyeron sobremanera a cambiar su corazón, y a que se decidiese por fin, como lo hizo, a descargar su conciencia con la extinción total de aquel cisma.

El delicado asunto que ocupó muy pronto la atención de este Monarca, fue el hacer venir de Sicilia a su hermano D. Juan, cuyo Virreinato desempeñaba entonces con notable habilidad y prestigio. Hízole saber su deseo con grande prudencia y recato, indicándole al propio tiempo, que podía dejar en su lugar, con los poderes necesarios, al sabio y virtuoso Obispo de Lérida D. Domingo Ram, y al eminente patricio y noble caballero D. Antonio Cardona. A esta atenta invitación contestó el Infante con su inmediato regreso a estos Reinos, después de haber resignado su autoridad en los dos expresados personajes; los cuales desempeñaron a satisfacción del Monarca este difícil y elevado cargo, a pesar de las complicadas y espinosas circunstancias en que a la sazón se hallaba la Isla.

Habiendo ya aquel vuelto a España, no tardó el Rey D. Alonso en utilizar los grandes talentos y exquisito tacto político del Obispo de Lérida, contándole al efecto otras comisiones diplomáticas no menos arduas y escabrosas. Los Reinos de Castilla, Aragón y Navarra andaban muy revueltos y conturbados entre si; y agriándose mutuamente con quejas y reconvenciones, habían llegado al caso extremo de romper sus buenas relaciones de paz y de amistad, y de hostilizarse y ensangrentarse con gran furor. Castilla tenía ya montado y bien
dispuesto un ejército formidable contra Aragón y Navarra; y aunque estos dos Reinos se aprestaban vigorosamente a la lid, no podía esta menos de ser fatal y sangrienta para los tres Reinos competidores. ¿No era mejor tantear las vías de conciliación y de concordia? Pues esto es lo que hizo, en tan críticas circunstancias, el Rey D. Alonso.

Para este laudable fin envió al Rey de Castilla una solemne embajada compuesta del Cardenal D. Domingo Ram (1); de D. Ramón de Perellós, Mariscal del Rey y Gobernador de los Condados del Rosellón y de la Cerdania; y de D. Guillen de Vich, Camarero del Rey: los tres, de su Consejo de Estado. Y estos tuvieron la buena suerte de arreglar las paces, y de firmar al efecto una honrosa tregua de cinco años; la cual fue ratificada y jurada después con grande solemnidad por sus legítimos Poderdantes.

En la entrevista y conferencia que para ello tuvieron los precitados Embajadores de Aragón con los del Rey de Castilla y de Navarra acompañados del mismo Monarca castellano, fue D. Domingo Ram el que habló primero y expuso con gran tino, extensión y lucidez el objeto de su Embajada y las sólidas razones en que apoyaban su demanda. Así es, que habiéndose persuadido el Castellano de su utilidad y conveniencia, y comprometidos solemnemente a la mencionada tregua; se determinó también en aquel ajuste, que se nombrasen siete
Jueces árbitros por cada parte, para que éstos zanjasen por si solos todas los diferencias que se opusiesen a su ejecución; y sin que se pudiera romper la tregua

(1) Siendo Obispo de Lérida, fue creado Cardenal Presbítero con el título de San Sixto, y después de San Juan y San Pablo, y Obispo de Porto. Esta creación de Martino V tuvo lugar en 24 de Junio de 1426; aunque Zurita la pone algunos años después.

ni emprender de nuevo la guerra contra su dictamen y consentimiento. Y para este arbitraje soberano fue nombrado en primer lugar el Cardenal de Aragón D. Domingo Ram; y tras él sucesivamente, D. Alonso de Borja, Obispo de Valencia; D. Berenguer de Bardagi, Justicia Mayor de Aragón; D Ramón de Perellós; D. Pierres de Peralta; el Doctor Ruy García de Villalpando; y D. Pascual Oteyza, Arcediano de Barbastro y Alcalde Mayor de la Corte del Rey de Navarra.
Tal fue la notable elección que para este gravísimo negocio hizo D. Alonso, acorde con el Rey de Navarra, en el día 20 de Agosto del año 1430.
Grande fue este hecho, dice el sincero y formal Historiador Zurita; y es muy de considerar la confianza que en un negocio de tan grande importancia hacían los Reyes de Aragón y Navarra de algunos de su Consejo, entre personas tan grandes y principales de sus Reinos: porque en caso que toda la resolución de sus diferencias (en que iba tanto en honra y estado)
se hubiera de confiar de uno solo, tenía el Rey D. Alonso escogido de su parte a Berenguer de Bardagi: y si de dos, nombraba con él al Obispo de Lérida D. Domingo Ram: y si de tres, añadía a Ramón de Perellós; y si de cuatro, escogía con estos a Guillen de Vich.
De lo cual se deduce claramente, que la segunda persona de Aragón en quien el Rey D. Alonso tenía toda su confianza, era D. Domingo Ram, deudo inmediato de Berenguer de Bardagi, que era la primera.

Finalmente, en el año 1439 en que se hallaba reunido el Concilio de Basilea, concertóse nuestro Rey D. Alonso con el Duque de Milán; y los dos conjuntamente eligieron y nombraron al Cardenal de Aragón y Arzobispo de Tarragona D. Domingo Ram y al Señor Arzobispo de Milán, para que asistiesen como Embajadores a las sesiones de aquella Congregación: y así lo ejecutaron, según las prudentes instrucciones de entrambos Soberanos. En este tiempo le honró la Santidad de Eugenio IV con varias cartas muy importantes y expresivas, que actualmente se conservan en el archivo de su casa.

Estos son los últimos hechos notables que conocemos de su vida pública, la cual terminó en Roma con su muerte, en el mes de Abril del año 1445; habiendo sido sepultado su cuerpo en San Juan de Letran, como lo refieren Blasco y Blancas, proclamándolo entrambos hijo de Alcañiz y de la esclarecida y antiquísima casa de Ram.

Varios historiadores hacen de nuestro paisano los mayores elogios, llegando a decir con verdad (como así lo hemos visto), que apenas se ofrecía negocio alguno de importancia en el Reino, que no se le consultase, o que no se fiase a su probidad, ilustración y talento. Y era esto muy natural; porque al paso, que según Blancas y otros era un buen patricio y un consumado político, según Ainsa era también un profundo Teólogo; y según Zurita, Abarca y otros escritores, gozaba del concepto de famoso Letrado y de gran Canonista.

Durante su vida se mostró también muy fino y liberal con su familia; la cual conserva aun
con sumo aprecio algunas pruebas y testimonios que vivirán siempre en su memoria. Así es, que hallándose en Roma, envió a la misma cinco estatuas y varios medallones de mármol blanco, primorosamente trabajados por los mejores Artistas italianos de su tiempo, para que los colocase en el Altar de la Capilla de San Mateo, que es propiedad de esta familia. Y en la misma Capilla levantó también un magnífico panteón de mármol blanco y cincel Romano, que aun existe, donde reposan juntas las cenizas de sus Padres D. Blas Ram y Doña Aldonza Lanaja, que juntos testaron también en 1416 su enterramiento en este sitio. (1)

(1) Mucho antes de esta época, venían enterrándose aquí los individuos de la familia de Ram que iban falleciendo. Ello es, que D. Pedro Ram y Doña Galiana Castellón, que fueron los inmediatos sucesores del primer Justicia de Alcañiz del que atrás hemos hablado, se enterraron ya en un vaso funerario, hoy día existente en el centro de la Capilla, cuya losa sepulcral que lo cubre, lo anuncia así al Público, como advertimos en la página 18. Y en esta Capilla de San Mateo, que primitivamente se llamó de San Antón, fundaron una Capellanía los expresados D. Pedro y Doña Galiana; originándose, sin duda, de esta fundación, el derecho de sepultura que ahora ha caducado para todos.

En el oratorio de su casa se ha conservado hasta el día, la venerable cabeza y busto de Santa Victoria Virgen y Mártir, que igualmente remitió de Roma el expresado D. Domingo: cuya preciosa reliquia se ha llevado siempre en las procesiones públicas de esta Ciudad, hasta poco ha, detrás del Santísimo Sacramento. Y en fin, entre los papeles importantes que ha podido salvar hasta el presente la expresada familia, obran en su poder una copia original testimoniada de la solemne declaración hecha en Caspe por los nueve Jueces soberanos, y el testamento que el Cardenal otorgó en Roma poco antes de su muerte.

Tal fue el Emmo. Cardenal de Aragón D. Domingo Ram y Lanaja, hijo ilustre de Alcañiz. Sus talentos, sus virtudes, su ciencia, y los eminentes servicios que prestó a la Iglesia y al Estado, lo colocan en la alta esfera de los hombres eminentes y extraordinarios, y lo hacen digno y merecedor de la memoria y gratitud de sus conciudadanos, cuya patria honró sobremanera. 

II
R. P. Fr. Jaime Catalán. (Catalan en el original)

No siendo ya tan abundantes los datos y antecedentes de este y otros hijos ilustres de esta Ciudad, tendremos que ceñirnos a los justos límites que aquellos nos imponen. Y esta circunstancia unida al mayor o menor mérito e importancia de los sujetos de que tengamos que hablar, determinarán la medida y extensión de sus respectivas reseñas.

Por lo que hace a la del P. Jaime Catalán, poco tenemos que decir; fue natural de esta Ciudad y Religioso del Convento de Dominicos, de la misma, en el cual gozó de gran fama de ciencia y santidad. Siendo Maestro en Sagrada Teología escribió una luminosa Exposición de la Epístola de San Pablo a los Romanos, que fue muy estimada y elogiada por los sabios de su Orden; habiendo terminado el curso de su vida en este su Convento, en el año 1493. 

III
R. P. Fr. Pascual Sancho.

También este fue Religioso del orden de Predicadores, hijo de esta Ciudad y Profeso del Convento de Santa Lucía de la misma. Contemporáneo del anterior y Maestro doctísimo en Sagrada Teología, dejó escrito un precioso tomo en folio con el título de Tractatus de spiritu et carne, que igualmente fue muy celebrado, según el historiador Zapater, así como la pureza de sus costumbres, su celo apostólico y sus virtudes eminentes; habiendo fallecido en 1496. 

Siglo XVI.

IV
D. Luis Jover.

Este insigne Poeta Alcañizano que floreció en el último tercio del siglo XV y principios del XVI, fue ilustre por su linage, por su erudición y por sus riquezas. Según Argensola, asistió como Diputado a las Cortes de Zaragoza de 1518. Tuvo relaciones de amistad con el acreditado historiador y literato Lúcio Marineo, quien elogia altamente su mérito. El célebre Juan Sobrárias y el Cronista Andrés, manifestaron también en sus obras el gran concepto en que tenían a nuestro Vate. He aquí como lo expresó el primero en los siguientes versos que consagró su memoria:

Quod tibi sint horti plures, quod praedia multa,
Quodque luum nequeas enumerare pecus,
Quod census, aedes, argentum, aurumque supellex,
Ingenium, alque labor, haec tibi cuncta dedit.

El segundo, en la página 111 de su Aganipe, se explica de este modo:

Luis Jover a quien debe
su gran patria Alcañiz honor no leve;
pues se ve celebrada
por su lira de flores coronada;
su lira modulante,
cuyo sonoro y singular discante
admiraron ingenios prodigiosos,
y quien más admiró sus numerosos
himnos, fue su amantísimo Sobrárias,
cuya muerte endechó en elegías varias;
y en tristes cantinelas
convocó del Parnaso las Camenas,
porque a llorarle todos acudiesen
y su docta memoria engrandeciesen.

V.
R. P. Fr. Gabriel Casellas.

Profesó la Regla de San Gerónimo en el Monasterio de Santa Engracia de Zaragoza; y después de haber desempeñado en Huesca la Cátedra de Derecho y de haber sido Prior de su Comunidad, fue elegido General de su orden en 1522, con grande satisfacción del Papa Adriano VI que conocía muy bien sus talentos y virtudes. Poco después de haber ascendido a esta alta dignidad, murió y fue sepultado en el Monasterio de San Bartolomé de Lupiana.

Entre otras obras literarias que escribió, merecen citarse con recomendación, Diferentes Tratados canónicos y legales que dio a luz; los cuales fueron celebrados por el sabio P. Sigüenza, reputándolos por muy bien escritos y acabados; y Algunos Papeles históricos de sucesos de su tiempo, que igualmente fueron muy estimados del Público.

Las bellas Artes deben también a nuestro Autor la preciosa portada de finísimo alabastro de la Iglesia de Santa Engracia de Zaragoza, que encomendó al acreditado cincel de Berruguete. En el día, es objeto de admiración y de lástima esta obra monumental (¡digna por cierto de mejor suerte!;, que tan aislada y abandonada se halla.

VI
D. Juan Sobrárias.

Excelente gramático, literato, poeta y médico de Alcañiz su patria, que floreció en el último tercio del Siglo XV y primero del XVI.

Después de haber concluido en España con grande aprovechamiento el estudio de las Humanidades y Medicina, pasó a Italia con el objeto de perfeccionarse en ellas; y habiéndolo conseguido ventajosamente en el Colegio mayor de San Clemente de Bolonia, regresó a Alcañiz donde ejerció con gran crédito el arte de curar.

Su entusiasta afición por la bella literatura, le hizo cultivar, al mismo tiempo, su rica vena; no
tardando a llamar la atención de las primeras notabilidades de aquella época algunas de sus excelentes composiciones poéticas en latín, que era entonces el idioma que usaban los sabios por no estar aun bastante formada nuestra lengua. Ello es, que en el año 1508, dejó el partido facultativo de Alcañiz para trasladarse a Zaragoza; en donde a instancias de las Autoridades y de las principales personas de aquella Ciudad, enseñó con gran crédito las Humanidades.

Ocho años, poco más o menos, ejerció la pública enseñanza en la Capital del Reino de Aragón; y después de haber dejado en ella gloriosos recuerdos, estimó más cómodo y análogo a sus ideas y sentimientos el difundirla entre sus amados conciudadanos; habiendo desempeñado en su patria este honroso Magisterio con notable provecho de los muchos y brillantes discípulos que tuvo hasta el fin de sus días, que terminaron gloriosamente en 1530.

Una hija suya (Doña Juana) excelente poetisa, que solía regentar la Cátedra en ausencia o indisposición de su Padre, le consagró este hermoso epitafio:

Carmina, quid lugent? Quid musae flebile cantant?
Quodque caret cultu lingua latina suo:
nec mirum si cessit superis sobrarius oris.
Hoc saxun corpus, spiritus astra tenent.

Traducción.

Si de Aganipe se lamenta el coro,
y el idioma latino yace triste,
Perdida su elegancia y su decoro,
¡Qué mucho, si Sobrárias ya no existe!
Sus cenizas encubre aquesta losa;
mas el alma en el Cielo ya reposa.

Pero volvamos a sus escritos, y a los hechos de su vida. 

En 1504 fue armado de Caballero por el Rey D. Fernando el Católico: y el Emperador Carlos V lo premió y distinguió mucho en Italia, con motivo de haber pronunciado en presencia suya, y de los Embajadores y Príncipes que le acompañaban, un magnífico discurso apologético de sus grandes hazañas: cuyo suceso debió tener lugar en el segundo viaje que hizo a Italia, durante su última residencia en Alcañiz.

Un distinguido Escritor dice lo siguiente acerca de esta oración latina de Sobrárias:
Testis est Italia, quoe Joannem Sobrarium Alcagnitiensem virum eruditione et poética facultate praestantem, Nicolao Antonio teste, multis honorum et munerum significationibus cumulavit; et de Caroli V laudibus in solemni ejus inauguratione dicentem coram frecuentissimo Legatorum et Principum Europae totius conventu suspexit atque aclamavit.

Estando en Alcañiz pronunció otro culto y elegante discurso latino, en presencia de su Ilustre
Ayuntamiento, acerca de las alabanzas de esta Ciudad; De laudibus Alcagnitii: única producción que del mismo poseemos, y de la cual hemos hablado en otro lugar. Ya que no es posible insertarla en esta obra, pondremos a continuación algunos pequeños fragmentos, llenos de gracia e interés.

Hablando al principio de su oración del amor que debemos tener a la Patria, y de la negra ingratitud que supondría el no estar animados de este bello sentimiento, se explica de este modo.
Quid enim obsecro, tam magnum homini unquan evenire potest, quod amori, et patriae charitati valeat aequari, cum ea cunctos materna indulgentia benigne amplectatur, et foveat? Ingratum mehercule, ne sceleratum aut inhumanum dicam, judicare debemus hominem, cui cum ante oculos se objecerit patria, illam non summo honore afficiat, illam non summis laudibus extollat, illam denique non summa gratitudine prosequatur.

En seguida afirma con resolución, que el obsequio que se hace a la patria escribiendo sus hechos y alabanzas, es más meritorio y estimable que todos los monumentos que en su memoria se levantan; porque al paso que estos desaparecen con el tiempo, aquellos son siempre perdurables. He aquí sus palabras:
Labuntur porticus, corruunt antiquitate templa, cadunt aedificia, intereunt census et vectigalia: monumenta, vero litterarum, aeterna sunt et durabilia. Litteris enim omnia splendent, litteris omnia nittent, litteris omnia inmortalitatem consequuntur. – Nam quid, per inmortatem Deum, Persas, Graecos, Arabes, Romanos, nostros denigne Hispanos in aeternam produxit memoriam, nisi litterare, quibus eos ipsos ante oculos cernimus, interque manus versamus? Tacerentur Cirus, Xerxes, Darius; perirent Alexandri, Atheniensium et Lacedemoniorum clarissimae victoriae; Romanorum denigne inummeri triumphi, et gloriosissima nostrorum
Hispanorum trophea, penitus essent abolita nisi litterarum monumentis erigerentur, et earum firmissimis adhererent radicibus.

Entrando en la parte apologética de su discurso, se ocupa de todo lo que puede dar fama y renombre a Alcañiz; y entre otras cosas bellísimas que dice, con el gusto literario que tanto le distingue, vamos a trasladar los rasgos más principales, en que con diestro pincel hace el retrato de la agricultura y vega de su patria, de los talentos sobresalientes de
sus habitantes, y de sus buenas costumbres y amor a la Religión.

Agricultura y vega de Alcañiz.

Volo namque aliquantulum in re rustica laudanda morari. Nam omnium rerum ex quibus aliquid exquiritur, nihil est agricultura melius, nihil dulcius, nihil uberius, nihil denigne homine libero dignius. Nec pudet nos in agris versari. Omnibus bonis abundant agricultura; omnium malorum est expers. In hac, vestri Agricolae adeo florent, adeo fructuum omnium terrestrium copia et multitudinis incremento, omni denigne germine quod a tellure procreantur redundant, ut non solum nobis, sed etiam alienis populis Commeatus Alcagnitiensis sufficiat.

Detiénese algún tanto Sobrárias en la descripción de sus frutos y producciones; y dirigiéndose después al Senado que le escucha, le compendia todo lo dicho en este lindísimo cuadro poético.
¡Amplissimi Patres! Alcagnitiensis ager (absit invidia), soli faecunditate arborum et fructuum copia, graminis amenitate, canore avium concentu, silvarum opacitate, jugorum leni ascensu, vallium curvarum mollicie, fontium, scaturientium suavissimo murmure, cantatissimis illis Thesalie Tempe dignus est adaequari.

Pero sigamos a Sobrárias sin comentarios.

Ingenios alcañizanos.
Quos homines gignit Alcagnitium? Taceo artifices: proetereo quanta manuum agilitate, quanto ingenii acumine in suis artificiis et operibus polleant: quibus rebus nullis populis. sunt secundi. – Ascendamus ad eminentiores facultates. Omnes homines nostrum Municipium parit. Grammaticos, ut á primis rudimentis litterarum incipiam, quibus Palaemon ille arrogantissimus jactitans secum natas et interituras litteras cederet: Dialecticos acerrimos in disputando, quos Crisippus admiraretur: Philosophos perspicaces in causas rerum naturalium perscrutando, in quos Platonis et Aristotelis animas migrare contenderent. ¡At quales ex nostro oppido prodeunt Juris-Consulti, et Juris-Pontificii peritissimi, eruditissimi, acquissimi, justissimi, celeberrimi! Theologi Sanctíssimi, et verbi Domini Buccanatores; Medici solertes, sagaces, diligentíssimi, de quibus cum multa dicere possemus, tacendum duximus, tum ne forte quibusdam adulari videamur, tum ne nostra nimium videantur nobis placere. In Póési vero et oratoria, quantum Alcagnitium praestet, testis est mihi hoc nostrum Gimnasium, testis ejus pavimentum, testes parietes, testes tectum; quae assidue Maronem, Plautum, Livium, Ciceronem, Quintilianum, et coeteros Póétas et oratores resonant. Nam, quid in Juventute nostra illustrius videmus, quam bonarum artium vel summam peritian, quam pauci vix in senectute consequuntur?

Piedad y amor a la Religión.
Sed cum nulla alia re homines Deo propinquiores fiant quam religione (haec enim est quasi quoddam pietatis divinae depositum, quippe vitiorum expultrix Deo nos conciliat, et vinculo pulcherrimo enectit); sunt in Alcagnitio Templa, quibus liquido aparet, quantum majoribus nostris curae fuerit prae caeteris Religio, quantum divini cultus observantia.

Quare. ut de hac una re concludamus, omni sanctitudine fulget Alcagnitium.

Antes de concluir Sobrárias su panegírico, quiere también hablar de las Alcañizanas. He aquí las frases benévolas que les dedica.

Sunt enim Alcagnitienses mulieres omni virtutis ornatu decoratae: corporis et vultus venustatae pulchrae; matronae integerrimae et pudicae, juxta illud Ausonii: dos matronis, pulcherrima vita pudica. Quid plura? Alcagnitienses faeminae, omni probitate, omni integritate adeo fulgent, ut et si saepe laudentur, numquam tamen satis videantur laudari.

Como serán poquísimos los que habrán podido leer esta oración de Sobrárias, nos hemos entretenido algún tanto en dar de ella una buena idea, suponiendo que nos lo agradecerán nuestros paisanos, y todos los que se interesan porque nuestras glorias literarias no queden sepultadas en la obscura noche del olvido. además, de que así se conocerá mejor el mérito de este nuestro insigne Escritor, y el que tendrían las principales obras literarias que
dio a luz: las cuales aunque no hemos podido ver, por haberse casi perdido, sabemos sus nombres y circunstancias, que vamos a poner ahora en conocimiento de nuestros lectores.

1. Panegiricum carmen, de gestis heroicis Divi Ferdinandi Catholici, Aragonum utriusque Siciliae et Hierusalem Regis semper Augusti; et de bello contra Mauros Lybites.
Un tomo en 8 ° de más de 1000 versos. Al fin de este Poema se lee lo siguiente:
Hoc carmen panegiricum Joannis Sobrarii Secundi Alcagnitiensis impressit Caessaraugustae Georgius Coci (Jorge Coci) Theutonicus, anno 1511 quarto calendas Maji exlitit completum. En la Biblioteca Real de Madrid se conservaba, según Latassa, un ejemplar de esta hermosa edición que hizo el Autor, el cual la dedicó al Ilustrísimo Arzobispo de Zaragoza D. Alonso de Aragón. Y D. Ignacio Asso, hizo después otra segunda.

2. Paschale Sedulii, cum additionibus Sacrarum Litterarum, et indice auctorum in marginibus. E1 título de esta obra indica que es el Comentario que hizo a Sedulio; como lo acredita un epigrama que se halla en las obras de Lucio Marineo Siculo y lleva el epígrafe siguiente:
L. M. S. Carmen in commendationem Joannis Sobrarii super Sedulium Póétam. Imprimióse dicha obra en un tomo en 4 °, y al fin de ella se leía lo siguiente:
Opus praeclarisimum Sedulii Póétae Christianissimi exactum est cum additionibus ex libris Sacrarum Litterarum excerptis, et in margine cujuscumque auctoris indice apposito, quas Joannes Sobrárias Alcagnitiensis annotavit.

3. Una lujosa edición de Virgilio, con el título siguiente:
Contínentur in hoc volumine P. V. M. Póétarum Principis omnia opera, summa cura et diligentia novissime emmaculata per Joannem Sobrarium Secundum Alcagnitiensem: nec non per Georgium Coci Theutonicum, Artis impressariae Magistrum Caessaraugusta impressa, non sine magno sumptu et labore.
Al principio de esta obra se halla una carta de Sobrárias, que desde Alcañiz dirigió al Impresor Coci con fecha de 15 de Junio de 1516, encargándole el mayor cuidado y esmero en su trabajo tipográfico. Y efectivamente lo ejecutó así, según la elegante edición que existía en la Biblioteca Real.

4. Disthica Moralia. Un tomo en 4.° En la Biblioteca del Excmo. Sr. Duque de Medinaceli se hallaba una edición de esta obra rarísima, con el título siguiente: Micháélis Verini Póétae Christianissimi de Puerorum moribus, nec non Joannis Sobrarii Secundi Alcagnitiensis Póétae laureati Disthica cum Commentariis. Y a continuación siguen tres epigramas de Juan Rollán de Tamarite.

5.Libellus Carminum. Un ejemplar que había de estas poesías en el Convento de Santa Lucía
de Alcañiz desapareció en la guerra de la independencia. En él insertó nuestro Autor una carta dirigida a su grande amigo Lucio Marineo Sículo, a quien entre otras cosas, le decía lo siguiente:
Non ignoro, mi Sicule eloquentissime, plurimorum invidorum in me tella, hac orationis et carminum editione concitalurum. De lo cual se deduce que la carcoma de la envidia se cebaba ya en inquietar al pacifico cultivador de las Musas.

6. De Santissimi Clementissimique Patris Divi Adriani Sexti ad Summum Pontificatum divina electione, et de ejus introitu in Urbem Caesaraugustam Carmen Joannis Sobrarii Secundi Alcagnitiensis, Artium et Medicinae Doctoris, et Póétae Laureate. Este poemita se imprimió en Zaragoza en 1522, tenía 274 versos, y al lado del sello Pontificio se leía este dístico:

Tuta sub his Petri Cymba est insignibus, atque non metuit vasti saeva pericla maris.

7. Un tomo de poesías sueltas, cuya impresión en Zaragoza le costeó generosamente el Ayuntamiento de Alcañiz, mandándole al efecto dos carros con trigo, que componían su importe.

Y en fin, diferentes poemas y composiciones literarias, que sería largo enumerar.

Estuvo en correspondencia amistosa y literaria con muchos hombres notables de su época, como Lucio Marineo Sículo, Lebrija, Andrés y otros; honrándole además con muestras especiales de aprecio y consideración el Arzobispo de Zaragoza D. Alonso de Aragón, y el de Toledo D. Alonso de Fonseca.

De nuestro insigne Alcañizano hacen honorífica mención los sabios Agustín Netucci, Nicolás Antonio, Gaspar Sciopio, el cronista Andrés, Asso, Latassa, y Pellicer en sus notas al Quijote; y el célebre Marineo Siculo lo califica de este modo en el libro 1° de sus poesías:

Aemula virtutum nunc Alcagnitia magnos
Terra viros peperit Sobrariumque tulit.
Magnus ut ingenio populos decoraret iberos,
Esset et ut patriae gloria magna suae.
Scripsit enim patriae laudes, populumque, Senatum,
Et quod quid tellus fertilitatis habet
Patria; cui tantum debet, me judice, quantum
Corduva Lucano, Mantua Virgilio.

Tal fue nuestro laureado Poeta D. Juan Sobrárias Segundo.

VII
D. Andrés Vives y Altafulla.

Contemporáneo y amigo del anterior, figuró y murió casi al mismo tiempo el bondadoso y benéfico D. Andrés Vives. Concluida aquí y en Lérida su carrera literaria, paró al Colegio mayor de San Clemente de Bolonia, en donde se perfeccionó en el estudio de la Medicina y otras Facultades, graduándose últimamente de Maestro en Artes.

De Bolonia se trasladó a Roma, honrándolo los Sumos Pontífices Julio II y León X con los destinos de Médico de familia, y Protonotario de Letras Apostólicas de numero participantium. Y en España obtuvo también las Dignidades de Prior de Alcañiz y Canónigo de la Catedral de Barcelona.

Sus grandes conocimientos en las Ciencias médicas y los destinos y comisiones importantes que dignamente desempeñó, le proporcionaron formar un cuantioso capital; del que hizo el piadoso uso que acreditan sus generosas donaciones. En primer lugar regaló a la Colegiata de Alcañiz un preciosísimo vaso de oro de gran tamaño y valor, adornado de muchas piedras preciosas y trabajado con el mayor gusto y esmero. Dicho vaso y una crecida suma de dinero, fueron el premio de una portentosa curación que hizo al Emperador de Constantinopla Solimán II llamado el Magnífico; el cual había apelado en vano para alcanzarla a los más famosos Médicos de su época.

En 1528 fundó y dotó en Bolonia un Colegio con seis becas, para los hijos de Alcañiz, del que salieron alumnos brillantísimos. Y en Zaragoza legó fondos para otras cinco, en beneficio también de sus paisanos, entre los cuales debían ser preferidos sus parientes.

Fundó igualmente en Alcañiz un Monte o Banco de piedad; siete dotes para otras tantas doncellas, que debían distribuirse en la festividad de la Encarnación del Verbo Divino; cuantiosas limosnas en socorro de las viudas, ancianos, y pobres necesitados; y últimamente el magnífico Convento de San Francisco, al que dio también gran parte de su buena Biblioteca.

Con todo esto legó el Maestro Vives a la posteridad un nombre célebre y simpático, un carácter benéfico y religioso, un ejemplo nobilísimo de desprendimiento y patriotismo, y una memoria imperecedera para los hijos de Alcañiz. Su último testamento otorgado en Roma en el año 1528 lo conservan actualmente con aprecio sus parientes sucesores de esta Ciudad.

VIII
V. P. Fr. Juan Jaime Samper.

Los héroes del Cristianismo, verdaderos hombres del progreso (como dice y demuestra oportunamente el memorable y profundo P. Felix de la Compañía), no pueden menos de ocupar un lugar distinguido en esta Revista. Porque ellos son los verdaderos sabios a quienes debemos imitar en sus virtudes, y ellos los que dan mayor lustre y esplendor a los Pueblos y Naciones; pues que al paso que con sus obras santas glorifican al Padre común que está en los Cielos, guían e iluminan con seguridad a los que andamos vacilantes en la tierra por las obscuras sendas de nuestra peregrinación.

El Convento de padres Dominicos de esta Ciudad tuvo pues un verdadero sabio, un Mártir de la fé Católica: y este fue el afortunado Padre Juan Jaime Samper, hijo ilustre de Alcañiz. He aquí el motivo de su muerte gloriosa que acaeció en el primer tercio del siglo XVI.

Habiéndole designado sus Prelados el Convento de su orden de Castellón de Ampurias, salía con mucha frecuencia a predicar la palabra divina por los pueblos inmediatos, en que había gran número de Moros desde el tiempo de la reconquista. Estos, a quienes el Santo se dirigía en sus sagradas amonestaciones con gran celo y celestial doctrina, no podían sufrir que se interesase por su conversión, ni mucho menos el que pulverizase tan victoriosamente los absurdos de sus falsas creencias y el ciego fanatismo que les hace ser víctimas de su impostor y falso Profeta. Y ciegos y furiosos en su obstinación (que forma el carácter especial de estos seres degradados intentaron asesinar a la mansa oveja del rebaño de Jesucristo. La ocasión la tenían a la mano, porque los viajes de su apostolado eran muy frecuentes. Y así fue, que un día del año 1516 en que salió de Castellón para predicar en los pueblos inmediatos, lo esperaron y sorprendieron en el camino aquellos indignos huéspedes de nuestra España, y le quitaron cruelmente la vida.

El P. Fr. Juan Jaime Samper fue muerto y sacrificado, no hay duda ninguna, en odio de la fé Cristiana, en odio del Evangelio que tan fervorosamente predicaba a los Infieles; pero su alma pura y santificada ya antes con sus virtudes ejemplares, voló al Empíreo gloriosa y triunfante con la palma del martirio. Así lo ha creído siempre la Provincia Dominicana de Aragón, honrándose, como Alcañiz, con este su hijo santo y esclarecido.

IX
D. Pedro Ruiz de Moros.

Sin embargo del gran mérito de este hombre extraordinario, pocas eran las noticias que de él se tenían antes del último tercio del siglo pasado. Las Memorias manuscritas de Alcañiz su patria no ilustraban su biografía; y solo las cuatro cartas impresas del sabio D. Antonio Agustín que escribió en Bolonia a nuestro paisano desde 1538 al 42, y otras varias que dirigió a su grande amigo D. Bernardo Bolea; solo esto, decimos, era lo único que existía entonces acerca de este insigne literato y jurisconsulto. Tan grande ha sido nuestro descuido por las glorias del país.

Pero afortunadamente un celoso Canónigo de Polonia, el Doctor Andrés Daniel Yanozki, que en 1776 publicó en Varsovia La Yanozkiana, o sea unas Memorias sobre los principales Literatos de Polonia, ha suplido en gran parte aquel vacío, dándonos en su obra noticias importantes de los escritos literarios de nuestro Autor y de algunas particularidades de su vida, que el destino arrancó de aquí y trasladó a aquel apartado Reino. Con estas apreciabas noticias y las del mencionado Arzobispo de Tarragona D. Antonio Agustín, podemos va dar una buena idea biográfica de nuestro alcañizano Ruiz de Moros.

En sus célebres Decisiones Lituánicas (obra notabilísima que publicó en Polonia y que lo acreditó de un gran Literato y de un profundo Jurisconsulto), no se olvidó de traer oportunamente a colación su amada patria, sus primeros estudios y algunos accidentes de su vida. He aquí sus palabras: Hac sententia, dice, me usum repeto, cum ex mea patria Alcagnitio, ab Olito, quo Praeceptore post Sobrarii excessum latinis litteris sum institutus, et Consultus Illerdae, ubi in artis boni et aequi studiis primus est mihi labor exhalatus.
Se ve, pues, claramente, que en Alcañiz su patria estudió Humanidades y Lengua latina, bajo la dirección del Maestro D. Domingo Olite que sustituyó a Sobrárias; y la Jurisprudencia,
en la Universidad de Lérida.

Fue nuestro D. Pedro, hijo de D. Martín Ruiz de Moros, cuya familia nobilísima de Alcañiz usaba un escudo de armas en campo de oro con faja azul. Y tengo yo por cierto que el famoso Castellán de Amposta D. Pedro Ruiz de Moros, que tanto figuró un siglo atrás en el Parlamento de Mequinenza, correspondía también a este linage.

Ávido (àvido) de estudiar y de saber nuestro joven en cuestión, consideró estrechos los límites de su país para dar vuelo a su ingenio. Así es, que recomendado convenientemente por D. Gonzalo Paternoy, Caballero distinguido de esta Ciudad, pasó a la Universidad de Pádua, en donde tuvo por Maestre al célebre Alciato, y después se trasladó al Colegio que fundó Vives en Bolonia, para continuar y ampliar allí sus estudios. Consta esto por una carta que escribió a D. Bernardo Bolea en 1540 el precitado D. Antonio Agustín.

En otra carta que éste dirigió al mismo Bolea, le hablaba de los admirables progresos que Ruíz de Moros había hecho en los estudios de literatura, griego, jurisprudencia y otras facultades, no vacilando en decirle, que no tenía por superior al famoso Lázaro Bonamici, sin embargo de que era Maestro suyo, y uno de los mejores literatos de Europa. Este juicio es el mayor elogio de Ruiz de Moros; porque además de que D. Antonio Agustín era un hombre tan sabio como ingenuo, se hallaba a la sazón en Bolonia y en Pádua, ampliando y perfeccionando también sus estudios.

Por fin, en las tres últimas cartas en que el mencionado Bolea le hacia mención de nuestro Alcañizano, participábale lo siguiente: en la primera, que se disponía Ruiz de Moros para pasar a la Ciudad de Padua a defender allí públicas conclusiones; lo que había puesto en grande expectación a todos los que conocían su mérito. En la segunda (que llevaba la fecha de 11 de Mayo de 1511) le daba a saber, que Ruiz de Moros se había graduado de Doctor en ambos Derechos: lo que probablemente tendría lugar en la Universidad de Bolonia.
Y en la tercera, que había pretendido el sobredicho una Plaza Togada en el Tribunal Supremo de Milán.

No tuvo efecto esta pretensión, porque invitado con instancia para la Cátedra de Derecho de la Universidad de Cracovia, se determinó a admitirla, como lo hizo, enseñando allí por nueve años la Jurisprudencia, con grande aplauso y admiración de todo el Norte de Europa.

La justa fama que entonces adquirió fue causa de un suceso bien singular. El Emperador de Alemania Fernando I formó empeño de llevárselo a Viena, para que desempeñase en su Universidad el mismo cargo que tenía en Cracovia; y para conseguirlo, interesó vivamente a su yerno el Rey de Polonia Segismundo I. Pero este Monarca, que sabía por experiencia los grandes beneficios que debía al Catedrático Español, llamado entonces el Restaurador de los estudios jurídicos en Polonia, y que por otra parte quería recompensarlos condignamente, no tuvo a bien acceder a la demanda de su suegro.

¿Qué más puede decirse en favor del demandado?
Este hecho excluye todo comentario. Solo, pues, vamos a añadir, que el mismo Ruiz de Moros lo consignó así con sentido reconocimiento, en el Prefacio a sus Decisiones Lituánicas, según refiere el expresado Yanozki: de cuya autoridad nos valdremos ya en adelante en lo que nos falta que decir.

Fue también mucha gloria para nuestro paisano el haber tenido entre sus discípulos a hombres muy sabios y condecorados: tales fueron, entre otros, Estanislao Crancovio, Obispo de Uladislau y Gran Refrendatario de Polonia; y Juan Perenbio, Arzobispo de Guesne.

Las Dignidades y Empleos que obtuvo y con las cuales quiso el Rey premiar sus grandes servicios, fueron las siguientes: Arcipreste de Vilna, Canónigo de la Catedral de Samogícia, Protonotario Apostólico, Conde Palatino, y Consejero en el Supremo de Lituánia.

Como sus graves ocupaciones no le impedían aun el volver la vista a las gratas Musas, que con tanto brillo y renombre cultivó en Pádua y Bolonia, fue esto causa de que le honrasen siempre con su amistad los principales poetas y literatos de Polonia e Italia hasta su fallecimiento en aquel Reino; el cual debió acaecer por los años de 1571, poco más o menos.

Las obras latinas más notables que dejó escritas, y que según Yanozki vieron la luz pública, fueron las siguientes:

Ad virum Illustrem Samuelem, Episcopum Cracoviensium et Supremum in Polonia Cancellerarium, Carmen Heroicum de Sancto Pontifice cesso; sive Stanislaus.
De este precioso poema se han hecho en Polonia varias ediciones, y la última en 1772. Yanozki lo califica de divino; y Latassa que tenía un ejemplar, pondera igualmente su mérito.

Chillasticon. Cracoviae Lazarus Andreae excussit 1557.
Este poema tiene por objeto celebrar los personajes y literatos ilustres de Polonia especialmente los que conservaron la pureza de la fé Católica en medio de las doctrinas de Los Novadores.

Decissiones de rebus in sacro Auditorio Lituanico ex appelatione judicatis.
Esta es la obra maestra de nuestro Ruíz de Moros, que tan celebrada fue en Polonia y en toda la Europa. Se imprimió en Cracovia en 1563 en un tomo en folio menor; y está dedicada, desde Vilna, al Rey Segismundo Augusto. De ella se han hecho dos ediciones más: la primera en Francfort en 1570; y la segunda, en Venecia en 1572, de la cual había un ejemplar en la Biblioteca Real de Madrid.
Omitimos la noticia de otras composiciones latinas de menos importancia, porque bastan ya las citadas para dar una buena idea de los excelentes escritos de nuestro Autor. Y por conclusión de esta Reseña, vamos a insertar unos versos del precitado D. Antonio Agustín, en los cuales se lamenta de que esté ausente de su patria el grande ingenio de Ruiz de Moros, su amigo. Y tras de estos, transcribiremos también el fragmento de una carta que le escribió al mismo Ruiz, cuando estaba en Bolonia D. Antonio, y era testigo presencial de la gran fama y reputación que allí gozaba.

Lugete, O Latii graves levesque
Vates, dulcissimum meum póétam.
Trux quem Sarmata detinet volentem,
Vestris nunc oculis magis placere.
Lugete, o socii aureis libellis
Justos qui faciunt, malos cohercent,
Trux nam Sarmata detinet Ruizium
Omnes, quem diligunt amantque docti.

El fragmento de la carta decía así:
Tantum addam nihil te posse gratius, nihil jucundius facere, non dicam mihi cui haeres in medullis aut Hispanis omnibus ipse hominibus, qui te maxime diligunt, aut toti illi ex omnibus Europae partibus collectae eorum frequentiae, quae te quocumque ibas stipabant, sed Gymnasia ipsa, porticus, templa, fora, ipsi denique (Medius fidius) privatorum domorum parientes laetari quodammodo videntur, et prosperis tuis rebus gratulari.

Nada más tenemos que añadir a la biografía que hemos podido hacer de nuestro paisano D. Pedro Ruiz de Moros. El que desee todavía más datos, o quiera ver confirmados los que dejamos expuestos, puede consultar las obras de D. Nicolás Antonio, del P. Andrés Scotto, de D. Gregorio Mayans, de D. Ignacio Asso y de D. Félix Latassa.


X
D. Juan Lorenzo Palmireno.

Distinguido Filólogo y Literato del mismo tiempo, que nació en Alcañiz en el año 1514, y murió en Valencia en 1579.

Toda su vida la consagró al estudio y enseñanza de las Humanidades y a la publicación de muchas obras literarias, que lo colocaron a la altura de uno de los mejores literatos de su tiempo.

En 1557 le confiaron sus paisanos alcagnicienses la pública enseñanza, sucediendo en este cargo (que contaba ya una larga serie de hombres eminente) a los aventajados Maestros D. Jaime Franco y D. Miguel Estevan. De sus Aulas salieron, como de las de estos, brillantísimos discípulos, que ilustraron con su aprovechamiento la Tierra Baja de Aragón.

De aquí pasó a la Universidad de Zaragoza a desempeñar la cátedra de Latinidad y Retórica; y después de haber ejercido este cargo por muchos años con grande aplauso y aceptación de los Zaragozanos, se trasladó a Valencia, llamado desde allí con grande instancia y empeño. La justa fama que tenía adquirida, y las muchas obras elementales y facultativas que había escrito para auxiliar la instrucción de los jóvenes estudiosos, contribuyeron no poco a que los Valencianos procurasen hacer con Palmireno (1) la mejor adquisición.

Muy pronto la Universidad de Valencia (que ya no dejó él hasta su muerte) fue un gran foco
de luz y el teatro perene de sus glorias; pues que se comparó en aquel tiempo su enseñanza a la de la escuela Isocrática, ya por el crecido número de alumnos, ya por las sabias lecciones que oían del Maestro. Así lo dice el P. Miguel de San José en su célebre Diccionario de cuatro tomos en folio, titulado Bibliographia critica, sacra et prophana.

Habiendo, pues, salido de la enseñanza da Palmireno muy brillantes y aventajados discípulos,
diéronle éstos no poca celebridad; y no menos, las muchas obras literarias que sucesivamente fue escribiendo y dando a la prensa hasta el fin de sus días.
He aquí el juicio favorable que por estos motivos hicieron de nuestro paisano los hombres
eminentes que a continuación vamos a expresar.

D. Nicolás Antonio, dice en su Biblioteca Hispana, que Palmireno fue célebre, y semejante a los Espartanos en la persuasión y arte de convencer.

(1) Su apellido era Lorenzo, pero plúgole sustituir el de Palmireno, dejando aquel como nombre, aunque sus sucesores no se conformaron después con esta variación.

El P. Baltasar Gracián en su Agudeza y arte de ingenio asegura que fue varón de sabroso ingenio, discreto, erudito, y mucho más que gramático; con cuyas excelentes partes ilustró a Alcañiz su fértil patria.

El P. Andrés Scotto en su Biblioteca Hispana elogia su ingenio, su juicio y su erudición.

El Maestro Sebastián en su Médio lucro afirma que fue la gloria de Aragón.

El Dean Martí en el Libro 3. Epist. 9. de su Historia literaria de España, lo cuenta entre nuestros grandes Filólogos, añadiendo que imitó mucho al célebre Luis Vives en la composición de sus declamaciones.

El Doctor Jimeno en sus Escritores valencianos, está acorde en proclamar la excelencia de su doctrina y la fama increíble con que enseñó en Valencia la Lengua latina.

Un. acreditado Humanista del siglo pasado decía también de nuestro Autor lo siguiente: Laurentius Palmirenus Alcagnitiensis, vir si quis alius in litteris humanioribus enutritus, in suo eloquentiae campo, et orationes et declamationes et epistolas, obsevit Ciceronis ubertate et nitore, Quintitiani facilitate Attici emendata dictione; epigrammata Catuli simplici venustate, et Martialis acumine conspersa.

Los sabios Autores de la Enciclopedia de Ciencias y Artes, que en 1827 principió a publicarse en Sevilla, hacen una especial recomendación de sus cinco libros de Arte dicendi, lo mismo que de sus demás escritos.
Y por fin, el entendido y generoso patricio Sr. Marqués de Morante (que con laudable
celo está publicando en el día el célebre Catálogo de obras apreciabilísimas de varios escritores de primer orden con sus respectivas Biografías), dice lo siguiente acerca de nuestro ilustre paisano: Lorenzo Palmireno es una de nuestras glorias españolas y de los que más contribuyeron al renacimiento de las Letras.

Creemos, pues, con fundamento, que la autoridad de tan recomendables escritores basta ya para acreditar la justa fama de nuestro célebre humanista del Siglo XVI: aunque sus mejores títulos son las muchas obras literarias que publicó. He aquí las más principales de que tenemos noticia.

1. De Genere et declinatione Nominum. De Praeteritis et Supinis verborum Praecentiones brevissimae, et ad Ciceronianum loquendi genus accomodatae.
Un tomo en 8. ° impreso en Zaragoza en 1557.

2. Enchiridion Grecae Linguae Hipotiposeis, ex Tito Livio, Cornelio, Tacito, et Paulo Jovio. Un tomo en 8 ° impreso en Lion en 1558; y reimpreso en Valencia en 1578.

3. De vera et facili imitatione Ciceronis in partes distributa. Partem priorem dialogo hispanico declaramurs : partem alteram, latino sermone prosequimur.
Un tomo en 8° impreso en Zaragoza en 1560; y reimpreso después en Valencia.

4. Libellus de Ratione Sillabarum, scriptus Caesaraugustae 13 kal. Februarias Anni 1560.

5 Praelectiones in Orthographiam. En 1560.

6. Carta latina a Mosen Pedro Sanante, Beneficiado de la Colegial de Alcañiz.

7. Rhetoricae Prolegomena. Un tomo en 8° impreso en Valencia en 1567.

8. Pars prima Rhetoricae. idem, idem.

9. Secunda pars Rhetoricae in duos Libros distributa, quorum prior eloqutionis praecepta; alter exercitationem et exempla complectitur. Idem, idem.

10. Tertia et ultima pars Rhetoricce, in qua de memoria et actione disputatur.
En este tomo que se imprimió en el mismo año van incluidos diez preciosos opúsculos, en los cuales se hallan varias oraciones retóricas del Autor y fragmentos de sus comedias; y además este importante Tratado: Silva veterum Apotegmata complectens, quae verborum obscuritatem fugiendam esse, vitandum solecismum, et orationes nimis elaboratas, et id genus alia magna Historiae suavitate declarant.

11. De Arte dicendi, sive Rhetorices Libri V, juxta Cornelii Valerii methodum. De esta obra estimable se hicieron en Valencia cuatro ediciones desde 1573 hasta el 1578.

12. Campi Eloquentiae. In quibus ratio declamandi, Orationes, Praefationes, Epistolae, Declamationes, et Epigrammata continentur. Ad Illustrisimam Academiam Valentinam.
Un tomo en 8° impreso en Valencia en 1574.

13. Frases Ciceronis Hipotyposes Clariss. Virorum. Las más obscuras y difíciles frases están vertidas al Español. Un tomo en 8° id.

14. Prosodia latina. Id. en 16 °. Se hicieron cuatro ediciones.

15. Adagia Hispanica in Romanum sermonem conversa. Un tomo en 8°.

16. Codex, sive de exceptorio Codice ab studiosis, rite atque ordine, secundum Ludovici Vives prescriptam regulam conficiendo. Un tomo en 8° impreso, en Alcalá.

17. De antiquitate Romana. Es un Compendio en 8° para poder entender bien a Cicerón, César y Virgilio.

18. Vita, et Res gestas V. P. M. Fr. Joannis Micó, Dominicani ex Regio Valentino Conventu. De esta Historia trata el Cronista Rodríguez.

19. Annotationum Terentii, Virgilii, Ciceronis, et aliorum permulti, quibus breviter Palmireno fuerunt castigati. Un tomo en 8° que quedó inédito.

20. Dilucida conscribendi Epistolas ratio, aucta ab Agesilao Palmyreno Auctoris filio, et emendata. Un tomo en 8° impreso en Valencia en 1585, en cuyo tiempo desempeñaba éste con gran crédito el cargo de su Padre.

En Castellano publicó también nuestro Autor, entre otras, las obras siguientes:

21. Vocabulario del Humanista y donde se trata de Aves, Peces, Cuadrúpedos, con sus vocablos de cazar y pescar. Yerbas, Metales, Monedas, Piedras preciosas, Gomas, Drogas, Olores, y otras cosas, que el estudioso en letras humanas há menester. Un tomo en 8° al que va unido el Vocabulario de Antiquallas para entender a Cicerón , César y Virgilio.

22. El Estudioso de la Aldea. Un tomo en 8° del que se hicieron tres ediciones.

23. El Estudioso Cortesano. Un toma en 8°, una edición en Valencia, y otra en Alcalá de
Henares.

24. El Latino de repente, con la traducción de las Elegancias de Paulo Manucio.
Un tomo, en 6°, del que se hicieron tres ediciones, contando las de Barcelona y Madrid.

25. Camino de la Iglesia. En 8°, dos ediciones.

26. Escalera Filosófica. En 8°.

27. Descuidos de los Latinos de nuestros tiempos, enmendados con toda modestia, en las digresiones que para descansar sus discípulos, hacía el Maestro interpretando los Comentarios de César. Un tomo en 8°, cuatro ediciones.

28. Oratorio de enfermos, con muchos consuelos de Santos y oraciones devotas para alivio de las enfermedades largas, pesadas y dolorosas. En 8°, dos ediciones.

29. Segunda parte del Latino de repente, donde se enseña el uso, y se pone en ejercicios de las elegancias de Manucio, para hablar de repente, orden de enseñar reglas de escuela, y el modo de imitar a Cicerón. En 8.°

Por este largo catálogo, que todavía no hemos completado, puede inferirse el talento, laboriosidad y erudición literaria de nuestro paisano D. Juan Lorenzo Palmireno: y también el grande esmero y perfección con que se aprendía entonces la lengua latina; llevando en esto grande ventaja a la época presente, en que se mira por algunos con ridículo desdén, siendo así que es convenientísima, si no necesaria, para el que aspire al verdadero nombre de literato y erudito.

XI
D. BERNARDINO GÓMEZ MIEDES.

Uno de los hombres más eminentes en Letras (y acaso el primero) que ha producido la ciudad de Alcañiz.

Nació por los años de 1520, manifestando ya en los principios de su carrera literaria, grande capacidad, viveza de ingenio, recto juicio, fácil elocuencia, suma aplicación, gran tino en la elección y manejo de los libros, y en una palabra, las mejores disposiciones para el cultivo de las ciencias. Consagrado a ellas con ardiente entusiasmo, hizo luego los mayores progresos, cimentándolos esmeradamente en la Gramática, Filosofía, Literatura, Ciencias eclesiásticas, y en un perfecto conocimiento de los idiomas griego y latino.

Su bello carácter y prendas personales, corrían parejas con la excelencia de su ingenio: y por eso hermanaba admirablemente la virtud más sólida, la modestia más edificante y la suave amenidad de su trato, con la prontitud de su comprensión, con la profundidad y extensión de sus conocimientos, y con la cultura y elevación de su ánimo.
Solo con una cosa era intransigente Gómez Miédes: con la injusticia y la doblez, que le eran insoportables. Y con harta razón; porque ellas son las enemigas de la verdad y rectitud, y las trastornadoras del orden moral que invierten los principios reguladores de las acciones humanas; viniendo a ser, por lo tanto, el impío escabel de la elevada fortuna de los indignos y la sima escandalosa de la honda y fatal desgracia de los dignos y beneméritos.

Con tan buena moralidad y favorables disposiciones, fue alimentando su espíritu y cultivando su talento hasta la edad, poco más o menos, de treinta y dos años, en que determinó pasar a Roma para aumentar el caudal de su erudición.

Diez años permaneció en aquella ilustre Ciudad, empório de las ciencias y centro de la verdadera y sólida sabiduría, ensanchando allí la esfera de sas conocimientos, perfeccionando su gusto literario y captándose al mismo tiempo el aprecio y estimación de las personas más sabias y recomendables. En este tiempo emprendió con buen ánimo el grave y difícil ministerio de Escritor público, preparando al efecto los grandes monumentos de sus obras literarias que después dio en España a la prensa, y que sin intermisión fue publicando durante su vida.

Pero todavía no satisfizo esto a sus grandes miras y proyectos. Conociendo que aun necesitaba estudiar en el Gran Libro del género humano, esto es, en el conocimiento de los hombres, de los Gobiernos, de los usos y costumbres de los pueblos, y de su movimiento científico e industrial; viajó con tan filosófica idea por los Reinos de Italia, Alemania, Flandes, Francia y otros Países de la culta Europa, contrayendo en ellos relaciones de amistad con los hombres más doctos de su tiempo. Lleno ya entonces de una sabia experiencia, determinó regresar a España, como lo hizo, fijando su domicilio en Valencia; en donde pudo madurar su juicio y sus investigaciones, limar y perfeccionar sus escritos, y aumentar con su facundia los muy brillantes que después publicó.

Escasas son las noticias que tenemos del tiempo fijo en que llegó a aquella Ciudad, del que después pasó en la misma, y de los motivos y circunstancias que mediaron para su ordenación de Presbítero y obtención de la Canongía – Dignidad de Arcipreste de Murviedro. Y todo esto tan poco como es (juntamente con lo que atrás dejamos explicado y lo que luego añadiremos), lo sabemos únicamente por pasajes sueltos de algunas obras literarias en que se hace mención de nuestro Autor, por la fecha de la publicación de sus escritos, y por los años en que fue exaltado a la Silla Episcopal de Albarracín y que de ella bajó al sepulcro.

Infiérese prudentemente de lo que acabamos de exponer, que por los años de 1552 pasó a Roma, a la edad de treinta y dos años: que por los de 1565 (trece años después) se estableció definitivamente en Valencia, donde sin duda fue agraciado luego con la Canongía expresada; y que habiéndose trasladado a Albarracín en 1585 y muerto allí en 1589, residió en aquella Capital veinte años, y cuatro en su Silla Episcopal. Tales son las noticias biográficas que hemos podido reunir de nuestro ilustre Alcañizano D. Bernardino Gómez Miedes.

Las obras literarias que escribió y dio a la prensa son las siguientes:
1. COMMENTARIUM DE SALE LIBRI V.
Ad Philipum II Hispaniarum atque Indiarum Regem Catholicum. Editio secunda, nunc denuo ab Auctore recognita, atque locis plus sexaginta totidem insertis Appendicibus aucta et locupletata.
Ad Jacobum Austrium Hispaniarum Principem, Augustis. Phiippi F.
Un tomo en 4° de 738 páginas, impreso en Valencia en 1579: 2. a edición.
La primera, que salió a luz en la misma Ciudad en 1572, tenía este título:
Diascepseon de sale phisico, medico, geniali et mystico, Libri IV: seu commentarius de Sale. Y la tercera, que se estampó también en Valencia, llevaba la fecha del año 1605.

2. De vita et rebus gestis Jacobi primi Regis Aragonum, cognomento expugnatoris, Libri XX.
Ad Jacobum Austrium, Hispaniae ac Indiarum Principem Philippi F.— Un tomo en folio impreso en Valencia en 1582, y reimpreso muy pronto en Francfort. Dos años después lo tradujo al castellano el mismo Autor, variándolo y mejorándolo en muchos lugares, como advierte en la Dedicatoria que hizo al muy alto y poderoso señor Don Felipe de Austria,
Príncipe de las Españas.

3. Bernardini Gomezii Miedes, episcopi albarracinensis, de constantia, sive de vero statu: hominis libri VI. Ad Sixtum V Pontíficem maximum. Un tomo en 4° de 256 páginas impreso en Valencia en 1586.

4. Epitome, seu Compendium Constitutionum Sanctae Metropolitanae Ecclesiae Valentinae. Impreso en Valencia en 1582, en 4°, y dedicado al Arzobispo de aquella Ciudad el Venerable Don Juan de Ribera y su Cabildo Metropolitano.

5. Enchiridion; o manual instrumento de salud, contra el Morbo articular, que llaman gota, y las demás enfermedades que por catarro o destilación de la cabeza se engendran. Dedicado al Rey Católico D. Felipe II, que padece este achaque. En Zaragoza, 1589. En 16.° y reimpreso en Madrid en 1731. En 8°.

6. Epístola ad Gregorium XIII, describens prodigiosum eventum cujusdam Arculae sacra deferentis quoe ab ipsa tempestate cogente in profundum adjecta, longo post temporis intervallo in manus producta est. En Valencia, 1576, en. 4.°

7. Un gran número de cartas literarias; de las que se han impreso algunas que dirigió al Cardenal Jacobo Puteo, al Historiador Zurita, al Arzobispo D. Antonio Agustín y a D. Pedro Victorio. Y otros escritos y papeles muy útiles y curiosos.
Tales son las obras literarias de nuestro Autor.
Hecha ya una reseña individual de todas ellas, vamos a decir ahora alguna cosa acerca de su mérito y circunstancias.

1. De Sale.
El P. Scotto en su Biblioteca Hispana, dice de esta obra lo siguiente:
et salibus naturalibus, et salibus seu jocis atque adagiis, atque adeo evangelico sale utiliter disseritur, ad illud, vos estis sal terrae: et yam mirari desinam laudatam á Phavorino quartatam ab aliis Muscam, cum hic adeo dissertus sit, et copiosus in sterili re ac jejuna.

El célebre poeta Verzosa, decía también en una Epístola que dirigió al Autor:

Atque hac compositos in turba de sale libros Pulcrum opus, et salsum vere.

En una carta que en 1575 escribió desde Roma el mismo Miedes a D. Antonio Agustín y que publicó en Madrid D. Melchor Azagra, decíale lo siguiente:
En lo de Sale, sepa V. S. que ha sido y es muy acepta la obra, pues ninguno se contenta de leerla sino de cabo a rabo: que pocos días ha presenté un ejemplar al Cardenal Comendon (famoso Poeta, y Orador), que lo recibió harto, desdeñadamente; y después me ha enviado su Secretario diciendo que en tres días y noches, jamás lo ha dejado hasta acabarlo de ver.

El Cardenal Bromiense, o sea el famoso Estanislao Hosio, lo hace cada día leer públicamente en la comida y cena.

Diré ademes lo que pasa: como le envié un ejemplar a Colonia a Monseñor Gregorio Auditor de Rota, que está allá por el Papa, fue tan estimado mi libro que un Canónigo doctísimo de aquella Ciudad que había comentado el mismo argumento de Sale, visto el nuestro echó el suyo en el fuego: y esto lo escribe muy de veras dicho Gregorio. Ahora le traducen en Bolonia, y entiendo que se me comunicará la traducción.

Al hijo de Paulo Manucio esperamos de Venecia, y creemos concertarnos en que imprima el Latino, porque tengo un quinto libro de Apéndices, bien al propósito para ingerir en diversas partes de la obra, que la ilustran mucho. De cuanto se hiciere daré cuenta a V. S., como a mi único Señor y Maestro: lo que confieso aquí de público y ante todo el Mundo, y así dan más autoridad a la obra; porque realmente el nombre y estimación de V. S. está tan difuso por
acá, que los que nos acogemos a tal árbol, sentimos bien cuan buena sombra nos cobija.

Efectivamente, la edición anunciada salió luego a luz, y fue la segunda que ya hemos anotado.
El erudito D. Juan Antonio Mayans, en su Ilustración de Illici (Elche), hace también honorífica mención de esta obra llamándola cultísima y eruditísima.

2. De vita et Rebus gestis Jacobi pirmi Regis Aragonum cognomento Expugnatoris.

Esta obra, que tenemos en nuestro poder, es la única que hemos visto de nuestro sabio paisano. El argumento es excelente para un Escritor aragonés, porque le ofrece un campo ameno y dilatado para desplegar las alas de su ingenio y los recursos de su ciencia; para describir con la magestuosa gravedad del tono histórico los hechos singulares y admirable personalidad del Monarca más célebre de aquellos tiempos; y para consignarlo todo así exacta y ajustadamente en las imperecederas páginas de la historia. Pues bien: nuestro autor que eligió felizmente este asunto, se colocó, a nuestro medo de ver, al nivel y altura del mismo; grandeza de pensamientos, dignidad en el modo de expresarlos, entonación propia y adecuada, cultura y naturalidad en las formas y en las ideas, erudición selecta y sabrosa, y estilo natural, correcto y armonioso; tales son las dotes y calidades recomendables que nosotros en él admiramos.

Pero si en esto sobresalió tanto nuestro Miedes, aún nos parece superior en el manejo y perfección del Habla latina. Dudamos que haya alguno, que al leer la pureza y corrección de su frase, los modismos cultos y castizos de su lenguaje, la elegante gravedad de su estilo, y el sabor y perspicuidad de todo su conjunto; no eche de ver en él a uno de los mejores escritores latinos del siglo de Augusto, en cuyos modelos se formó tan sólidamente.
Por lo mismo nos ha parecido insertar, en el Apéndice 1° a esta Sección, dos pequeños fragmentos de su obra latina (por desgracia, muy rara en el día); en los cuales hemos elegido la parte que incidentalmente habla de Alcañiz su patria, y el hermoso retrato que hace a grandes rasgos, y a manera de compendio, de las heroicas virtudes y prendas excelentísimas de nuestro simpático e ilustre Monarca aragonés D. Jaime I el Conquistador.

Ya es sabido que el mérito verdadero y universal de una obra literaria no es traducible a otro idioma; sobre todo en la parte del número y armonía, que constituyen su elegancia, o sea su grata y bella cadencia tomada fundamentalmente de la imitación de la naturaleza y de la índole especial del habla que se usa. Por esta razón, no se puede formar nunca una idea ajustada del original por la copia impotente de la traducción: así se vé en Homero, Virgilio, Demóstenes y Cicerón, cuyos libros y cantos inmortales están aún por traducir, si tenemos en cuenta su mérito y perfección originales. Y he aquí el motivo porque aunque sabemos que el Autor vertió a nuestra lengua su Historia latina de D. Jaime, la creemos muy inferior a ésta: además de las razones indicadas, por el atraso en que estaba entonces el idioma español, a causa de la reciente y gloriosa expulsión de los Moriscos de todos los ángulos de nuestra Península, punto de partida de nuestros adelantos científicos y literarios.

Para justificar lo insinuado y dar una idea del original a los que desconocen la lengua del Lácio hemos ensayado su versión a nuestro idioma, que subseguirá al original latino en el lugar precitado de los apéndices; sintiendo no haber podido encontrar el original castellano, para que se hubiera visto entonces el valor de lo que atrás observamos, y habernos excusado el ofrecer una imperfecta traducción.

3. De constantia, sive de statu hominis.
Como no hemos visto esta obra ni ninguna de las demás mencionadas, fuera de la anterior, no podemos decir nuestra pobre opinión. Solo daremos noticia del motivo que indujo al Autor a escribirla. Habiendo puesto en manos del Cardenal Félix Perethi su obra de Sale, díjole aquel con amistosa confianza, que creía difícil poder discurrir cosas de importancia sobre un tema tan estéril, para que fuese útil e interesante su lectura. A esto respondió Miedes, que para darle este valor e importancia había trabajado en ella cerca de veinte años.
Pasmosa constancia. Le repuso el Cardenal; grande constancia ha sido la vuestra.
Y para acreditársela Miedes nuevamente y que echase de ver que su respuesta había suministrado asunto a otra Obra original, dedicóse al punto a escribirla con constancia
aragonesa, consiguiendo imprimirla y dedicarla al mismo Perethi en 1586, en ocasión de que era ya Sumo Pontífice con el nombre de Sixto V, y Miedes Obispo de Albarracín.

Otra obra notable escribió también nuestro Autor, que si hemos de juzgar por su argumento y por los vastos conocimientos que tenía de la civilización de los pueblos, de su historia, leyes, usos y costumbres, debemos inferir que sería de mucho interés en aquellos tiempos: intitulábase dicha obra De Apibus, sive de República. Pero desgraciadamente se perdió en el mar antes de darla a la prensa, al descargar la nave en que venía de Roma en el año 1575, por el inminente peligro que ocasionó a la tripulación una deshecha borrasca. Así lo dice él mismo, con no poco sentimiento, en la 2a edición de sus Comentarios de Sale y en una
de las cartas que escribió a Zurita, se explicaba también de este modo: Yo estoy siempre frasqueando en mis insulsidades; y pues el mar me llevó aquel otro hijo Apiario (del cual ciertamente me queda harto dolor), heme convertido a exponer de nuevo el que me
queda de Sale.

Antes de partir de Roma, dábale cuenta de esta obra a su respetable amigo D. Antonio Agustín, en carta que desde allí le dirigió en el mismo año. Sabrá V. S., le dice, como he llevado muy adelante el argumento de Apibus vel de República; y estoy ya al fin del tercer

libro, de cinco que ha de tener. El cual argumento es aquí tan acepto a todos y les cuadra tanto el estilo, que cierto me dan grande ánimo para seguirlo, señaladamente el Cardenal Alciato, y Cixlero, que me son grandes patrones.

Todos los libros se contienen en la definición que ponemos de Apibus en el libro 1° y de Homine. Y ansi, de cada miembro se forma un libro; y en cada uno se hace su entrada y prólogo conforme a este: y se siguen siempre un capítulo de Apibus, y otro de Homine, que es como comentario y aplicación del antecedente. Llamo Apiario a mi argumento porque ningún otro vocablo me cuadra como este.

Las demás obras que hemos señalado atrás, han merecido igualmente grandes alabanzas de muchos sabios distinguidos; los cuales las han generalizado a todas las demás producciones que salieron de la hábil mano de nuestro culto y elocuente escritor. Tales son: D. Fr. Andrés Balaguer, D. Nicolás Antonio, D. Francisco de Montemayor, el Marqués de Risco, el Cronista Andrés, D. Francisco Cerdá, el Poeta alcañizano Domingo Andrés, D. Ignacio de Asso, D. Félix Latassa, D. Antonio Capmany, y otros muchos que por amor a la brevedad omitimos, así como los lugares de las obras de estos en que se encuentran los juicios favorables que exponen acerca del mérito distinguido de nuestro Autor. Bástenos decir por conclusión, que uno de los indicados lo expresaba de este modo: Los escritos de este Obispo recuerdan la elocuencia de Cicerón, la sublimidad de las Sagradas Escrituras, y la profundidad de los Santos Padres.

Ya hemos dicho al principio, que en 1585 fue exaltado a la Silla Episcopal de Albarracín, y que cuatro años después bajó al sepulcro. Efectivamente, Felipe II que conocía su gran mérito literario y su acrisolada virtud, lo presentó para aquella Mitra. En el corto tiempo que la obtuvo, se hizo amar de sus fieles ovejas por su ardiente caridad, por su celo apostólico y por su sabia discreción. Su muerte fue muy sentida y enterrado en la Capilla mayor de aquella Catedral, se grabó sobre su sepulcro el modesto epitafio siguiente:

D. Bernardinus Gómez Miedes

quintus hujus ecclesiae yam á segobricensi
separat episcopus, eamdem á se compositam
relincuens, obiit pridie nonas decembris
anno MDLXXXIX.

XII
D. Domingo Andrés.

Floreció también en este siglo XVI; siglo verdaderamente de oro para Alcañiz, por los muchos hombres célebres en la República de las letras que produjo y que engrandecieron su nombre.
Lo mismo que el inmortal Cervantes y el dulcísimo Garcilaso, siguió la carrera de las armas; y después de haber permanecido mucho tiempo en Italia, donde militó, regresó a Alcañiz, desempeñando aquí con grande aceptación y aplauso general el cargo de Preceptor de Humanidades, que como hemos dicho, estuvo siempre confiado a hombres sobresalientes.

Poquísimas son las noticias biográficas que nos han quedado de este insigne Vate Alcañizano; y las que tenemos se deben a las que él mismo nos suministra en sus escritos; porque en ellos vienen a colación su patria, su carrera militar en Italia, y su profesorado en Alcañiz.

Toda esto lo hemos leído en un tomo en folio manuscrito, de puño y letra del mismo Autor; en cuyo libro, creémos, se hallan casi todas sus producciones literarias que concluyó de escribir en 1594.

Después de su muerte, que suponemos próxima a esta fecha, hicieron sus hijos en Zaragoza
una edición de sus obras; como la testifica el Doctor D. Blasco de Lanuza a quien se encomendó su censura y aprobación. Y ésta es la única noticia que de ellas tenemos, si exceptuamos los elogios que les prodiga D. Nicolás Antonio en su Biblioteca Hispana, conformes en todo con los de Lanuza: Omnia suaviter (dice aquel), ingeniose copioseque excogitata, et formata. Pero no dudamos de que en sus días vieron también la luz publica varias de sus composiciones, auro cedroque dignae, como dijo de ellas un juicioso crítico.

El mencionado Manuscrito que, con la oración latina de Sobrárias de laudibus Alcagnitii, ha tenido la fina atención de proporcionarnos el P. Benito Palomar de San Pascual del Colegio de las Escuelas Pías de esta Ciudad: este precioso libro decimos, lo vieron ya en el siglo pasado los Bibliógrafos Asso y Latassa: y de él entresacó el primero algunas de las composiciones que insertó en sus Monumentos de Ilustres Aragoneses, calificando a nuestro Autor de agudo y elegante. Fuera de esto, dificultamos se encuentre en el día impreso alguno relativo al
mismo.

Vistos ya los antecedentes que tenemos, vamos a explicar el contenido del precitado Manuscrito.

En varias partes de él, habla Andrés de su patria Alcañiz (Alcagnitium), a semejanza de Sobrárias, Ruiz de Moros, Palmireno y Miedes, que no la ocultaron jamas. En una epístola latina que dirigió a su Padre Juan Andrés desde Sena, le manifestaba su residencia en aquella Ciudad, en la que se hallaban las tropas españolas con que él militaba a la sazón. Posteriormente regresó a España, como hemos dicho, desempeñando en Alcañiz por muchos años la pública enseñanza, y escribiendo aquí todas sus obras poéticas.

En este largo periodo de su vida se granjeó el aprecio y consideración de sus Conciudadanos, por su probidad, su talento y sus servicios. Pero al fin de sus días tuvo necesidad de trasladarse con su familia a la ciudad de Zaragoza, donde murió al poco tiempo en la obscuridad: si bien sus buenos hijos no tardaron en sacar de ella su memoria, haciendo una impresión de sus obras en la forma que atrás indicamos.

Réstanos ahora dar cuenta de ellas, suponiendo que serán las mismas que hemos visto en el Manuscrito, fuera de los primeros ensayos juveniles que mandó quemar al morir.

La obra o colección de todas sus principales poesías está encabezada de este modo:
Dominici Andreae Alcanniciensis Anthropolythroseos Lib. VII.

Estos siete Libros que componen más de 200 páginas en folio, son un poema sagrado acerca de la Redención del Género humano. Principia el primer Canto por la prevaricación de los Ángeles malos, a la cabeza de Lucifer, y continúa con la caída de Adán, y el consejo de la Santísima Trinidad para redimir al hombre perdido por la culpa original. Después recorre en los cantos siguientes gran parte de la Historia Sagrada; y en el último canto concluye con la muerte, resurrección y triunfo del Verbo Encarnado que llevó a cabo la grande obra
de la Redención.

Dedicó el Autor este poema a Felipe II, así como toda la obra; aunque muchas de las poesías que ésta contiene las había dedicado ya antes a otras personas insignes, como el mismo advierte al Rey en su Dedicatoria.

Luego sigue el índice de todo el tomo en esta forma.

I
Binae eglogae; quarum altera ejus exprimit qualitatem noctis qua natus est Christus: altera, miserabilem illum Virginis planctum, cum depositum de cruce cadaver in gremio fotum oculis pererrans contemplabatur.

La primera de estas composiciones es breve: no comprende más que desde la página 216 hasta la 223, describiéndose en ella con gracia y novedad la noche famosa en que nació nuestro adorable Niño Jesús.

La segunda, que es tierna y bellísima, tiene tres cantos, pintándose en ella muy al vivo el mútuo amor de Dios y de su Madre Santísima, y el gran dolor, producto de aquel, que atormentó su espíritu en la escena trágica del Calvario.

II
De Petro Archiapostolo.

Esta composición tiene solo un canto, en que emplea el Autor 26 páginas. En él se ensalza y
encomia al Príncipe de los Apóstoles, describiendo con exactitud y propiedad sus hechos, sus virtudes, su martirio y su encumbrado Ministerio.

De Jacobo et Joanne Zebedeis fratribus.

En ella se ocupa el Autor de Santiago y San Juan hermanos e hijos del Zebedeo, tan amados entrambos de su Divino Maestro, narrando su historia y elogiando sus virtudes en un canto de 60 páginas.

IV
De Novissimo judicio.

Este poema de un canto de 24 páginas, es notable por la fuerza de las imágenes y descripciones que presenta sobre el Juicio Final. Campea en él majestuosamente el gran genio de nuestro Autor, cuya grandeza de ideas y de conceptos se cierne admirablemente a la altura y sublimidad del asunto.

V
Phaecilisticon.

Esta parte es una miscelánea, una compilación de asuntos varios, así sagrados como profanos, siendo estos últimos los que más abundan. Divídese en cinco libros, con los cuales se llena y termina la obra. La extensión del Phaecilisticon, es de 156 paginas,
contiene Odas, Epístolas, Descripciones, Epitafios, Epigramas y varios juguetes de ingenio, siendo en general estas composiciones muy bellas y sabrosas.

De ellas insertaremos en el Apéndice 2.° a la presente Sección las que hacen más a nuestro intento y son más conformes con el plan de esta obra. Y como al hablar de los fragmentos de la Historia de D. Jaime, escrita por el ilustrísimo Gómez Miedes, hemos prometido traducirlos al castellano, corresponde también que hagamos aquí lo mismo con las poesías latinas de nuestro Domingo Andrés.
Pero este trabajo apreciable lo ha desempeñado satisfactoriamente el aventajado joven Escolapio de este Colegio, P. Francisco Baroja de San José Calasanz, consagrando a él, y como por vía de ensayo, el poco tiempo que le han permitido sus tareas de escuela y los deberes de su instituto.

XIII
D. Juan Sánchez.

Aunque ya hemos dado cuantas noticias biográficas y bibliográficas hemos podido adquirir acerca de los hombres más eminentes que produjo Alcañiz en este siglo, vamos a terminarlo con la breve reseña de los tres escritores siguientes, que si no importantes, dieron también muestras de su aplicación y talento.

De D. Juan Sánchez, sobrino de Sobrárias, solo sabemos que imprimió en Zaragoza unos Comentarios a los Dísticos morales de su tío, a los que dio el título siguiente. Micháélis Verini Póétae Christianissimi, de Puerorum moribus; nec non Joannis Sobrarii Alcagnitiensis Poetae laureati Disticha cum Comentariis. Un tomo en 4°.


XIV
D. Agesilao Palmireno.

Fue hijo, como ya hemos dicho, de D. Juan Lorenzo. Sustituyó a su Padre en la Cátedra de
Valencia; y en los pocos años que vivió, dio a la prensa; Dilucida conscribendi epistolas ratio, quondam á Joanne Laurentio Palmireno edita, nunc ab Agesilao filio suo sedalitate ingenii aucta et emendata. Un tomo en 8°, y esta otra obrita: Prosodia; adagia hispanica in romanum sermonem conversa, et brevis epitome Rethoricae a Joanne Laurentio Palmireno. Septima
editio, aucta et emendata ab Agesilao Palmireno filio suo, Póéticae Facultatis in Academia valentina Profesore. En 1591.

El Cronista Rodríguez en su Biblioteca Valenciana dice también que fue catedrático de prosodia en la universidad de aquella Ciudad; persona de grande estimación; que se aventajó en las mismas ciencias que su Padre; y que murió de corta edad en el año 1593.
Y lo mismo dice el P. Scotto.

XV
R. P. Fr. Martín Doyza.

Religioso Franciscano de la Regular observancia. Distinguióse mucho en la Oratoria sagrada y en la literatura, habiéndole acreditado mucho en aquellos tiempos los dos tomos en 4° de Sermones latinos, que imprimió en Zaragoza y se reimprimieron y tradujeron en Italia. He aquí su título y las materias que abrazan.

Conciones á Dominica prima Adventus usque ad Feriam tertiam Resurrectionis Dominicae inclusive tam de festis ocurrentibus, quam de tempore.
Dividuntur in duos tomos: primus incipit a Dominica prima Adventus usque ad secundam Quadragessimae, cum indicibus copiosíssimis: secundas incipit a Dominica secunda Quadragessimae usque ad Feriam tertiam Resurrectionis Dominicae, etiam cum indicibus locupletissimis.

Estos sermones fueron elogiados por el P. Murillo y otros escritores, que llamaron a nuestro Doyza Predicador celebérrimo.

Siglo XVII
XVI
R. P. Fr. Pedro Blasco.

Abrazó el estado Religioso, habiendo hecho su profesión en el convento de Dominicos de la Ciudad de Valencia. Después de haber leído Artes y Teología, obtuvo los Grados de Presentado y Maestro. Fue ejemplarísimo en sus costumbres y de una erudición poco común, según el testimonio del Cronista Rodríguez; pero su modestia y humildad no le permitieron admitir diferentes Obispados que le ofreció su respetable amigo D. Juan Alfonso Pimentel, Conde de Benavente y Virrey de Nápoles. Todas sus aspiraciones consistían en la tranquila obscuridad de la vida privada, que tanto favorece la vida interior; o sea en el estudio, la abstracción, la penitencia, y el oportuno ejercicio de las virtudes, así internas como externas.

No dejó otro escrito, que un tomito en 8.° que imprimió en Valencia y contenía lo siguiente: Relación breve de la Real Merced que ha hecho la cristianísima Reina de Francia Doña María, de la Santa Reliquia o Hueso de San Vicente Ferrer Valenciano, al P. Maestro Fr. Juan Vicente Catalán, Definidor por la Provincia de Aragón de la orden de Predicadores (en el Capítulo General que se ha tenido en París), Calificador de la Santa Inquisición y Prior de este Convento de Predicadores de Valencia: con el recibimiento y fiestas que se han hecho en esta Ciudad.

XVII.
R. P. Fr. Miguel Sobrárias.

Este sabio Monje Benedictino fue de la misma familia del poeta D. Juan Sobrárias, de quien largamente hemos hablado. Profesó la regla del Patriarca San Benito en el Real Monasterio de Monserrate, y gozó siempre de la más alta reputación por sus talentos, erudición y virtudes. En San Feliu de Guixols, fue tres veces Abad; una, en Santa María la Real de Hirache, y además Cancelario de su Universidad.

Entre las varias obras literarias que dejó escritas, se cuentan con recomendación el Epítome de todas las obras del Glorioso Padre y Doctor de la Iglesia San Agustín. En un grueso volumen en folio.

Y otro tomo crecido, también en folio, titulado: Compendio teológico de las obras del Angélico Doctor Santo Tomás de Aquino. Entrambos trabajos literarios manifiestan ya, con solo sus títulos, la magnitud de la empresa del P. Sobrárias; y mucho más, siendo él de los primeros que principiaron a escribir en Castellano estas obras clásicas y facultativas.

XVIII
R. P. Fr. Regiraldo Sancho.

Fue hijo de esta Ciudad y de su Convento de Santa Lucía del orden de Predicadores, Maestro
en Sagrada Teología y célebre Orador, que dejó escritas Dos Cuaresmas completas, y muchos Sermones morales y panegíricos, según el Historiador Zapater, que lo calificó de varón grave y docto en todas materias.

XIX
R. P. Fr. Tomás Ramón.

Profesó, como el anterior, en el Convento Dominicano de esta Ciudad, y distinguióse también en la oratoria sagrada. Graduado de Doctor en Filosofía y en Teología, obtuvo después en la Religión el de Presentado y de Predicador General, siendo tenido por docto y literato.

Las principales obras que dio a la prensa fueron las siguientes:
De Primatu Sancti Petri Apostoli, et Summorum Pontificum Romanorum ejus succesorum,
Fascículus aureus in tres libros divisus. In quibus ex plurimis locis utriusque, Testamenti, Sacrorum Conciliorum Decretis, et antiquiis patribus Catholicisque Eclesiae Doctoribus, Summae Apostolicae Romanae que Sedis Auctoritas et Potestas demonstratur. Un tomo en 4.°, impreso en Tortosa en 1617.

Puntos Estructurales de las Divinas Letras y Santos Padres cogidos para el día de la Santísima Trinidad, del Santísimo Sacramento, y veinticuatro Domingos que hay hasta el Adviento. Dos tomos en 4°, impresos en Barcelona.

Conceptos extravagantes y peregrinos, sacados de las Sagradas Letras y Santos Padres y Doctores, para muchas y varias ocasiones que por el discurso del año se ofrecen predicar.
Un tomo en 4°.

Y finalmente dejó escritas unas Memorias sobre las antigüedades de Alcañiz, que no dio a la prensa, como en otro lugar indicamos.

XX
Micer Gerónimo Ardid.

Este esclarecido varón de la ilustre casa y familia de Ardid o Ardit, todavía floreciente en Alcañiz, nació en esta Ciudad en el último tercio del siglo XVI, donde estudió y se perfeccionó sólidamente en los principios de Latinidad y Humanidades.

Trasladado a Zaragoza para continuar sus estudios, distinguióse muy pronto por los grandes progresos que hizo en la Jurisprudencia, a cuya facultad se dedicó con ardor y talento. Concluida esta su carrera, se graduó de Doctor, y ya no pensó en regresar a Alcañiz. Sus deseos eran ejercer la Abogacía en la Capital y Tribunales del Reino de Aragón; y así lo hizo con gran crédito y aceptación, luciendo sus vastos conocimientos y excelentes dotes forenses.

Estas favorables circunstancias unidas a su probidad, rectitud, grandeza de ánimo, sabia discreción y maduro juicio, le proporcionaron bien pronto las más distinguidas consideraciones y los más honoríficos cargos. Así es, que fue Consejero de la Ciudad de Zaragoza, su Asesor ordinario, dos veces Jurado de la misma, Enviado al Rey por los Estados
de Aragón, su Diputado en 1636, Embajador por la Diputación a las Cortes generales trasladadas a Calatayud, Inquisidor de cuentas del Reino, y Abogado ordinario y extraordinario del mismo.

Tan graves ocupaciones no le impidieron, sin embargo, el escribir y dar a luz muchos alegatos jurídicos y otras producciones literarias, con que demostró la extensión y profundidad de sus conocimientos. He aquí una breve noticia de sus producciones.

1. Alegación y Discurso sobre facultades de el Juez de Enquestas del Reino de Aragón, y otros asuntos análogos a este objeto. Un cuaderno en folio de 42 páginas, impreso en Zaragoza.

2. Discurso Político Legal sobre desmembraciones territoriales, en favor de la Villa de Villarroya. Un cuaderno en folio de 45 páginas, impreso en Zaragoza.

3. Consideraciones Políticas y Legales sobre el Patronato Eclesiástico de la Villa de Monzón. Id. en folio.

4. Alegationes pro Patria, in Caus. Proc. Fisc. et Jurator. De Alcorisa, Cretas, et la Zoma. sup. civili, en favor de Alcañiz. Un cuaderno en folio de 73 páginas; y 22 más de Adiciones a este escrito importante para esta Ciudad.

5. Invectiva contra el vicio de la usura y usureros. Un cuaderno de 24 páginas en folio, muy celebrado.

6. Advertencias instructivas sobre Arbitrios. Lo presentó el Autor a las Cortes de Aragón siendo Diputado de las mismas. El cronista Dormer celebra el fondo y reflexión que encierra este escrito.

7. Comentario sobre el Fuero: Prohibición de la saca de plata. En folio de 44 páginas.

8. Restauro de la Agricultura y Destierro del ocio. En folio de 46 páginas.

9.Y finalmente (omitiendo otros escritos) el famoso Alegato, que tanto se celebró, con el título de Blasones de la Imperial Ciudad de Zaragoza. El Cronista Andrés llama a su Autor, con este motivo, ilustre y docto jurisconsulto, cuya obra, dice, engrandece no poco a Zaragoza.

Por lo demás, no tenemos otras noticias biográficas de nuestro ilustre paisano, que el haber casado en Zaragoza en 4 de Agosto de 1604 con Doña Luisa de Luna y Badagi y haber muerto por los años de 1650, dejando dos hijos de este matrimonio, D. Félix y D. José, que con sus bienes heredaron también sus prendas y virtudes.

Siglo XVIII
XXI
D. Pedro Juan Zapater.

Este celoso y entendido patricio alcañizano, fue Notario de la Ciudad y Secretario de su M. I. Ayuntamiento. Su grande afición a las antigüedades, las muchas noticias que adquirió con el manejo del archivo municipal, y el hallazgo del renombrado Manuscrito del Presentado Ramón, le movieron a escribir la Historia de Alcañiz en un tomo en folio, que como hemos repetido, vio la luz pública en 1704 bajo el titulo siguiente: La Tesorera descubierta
y vengada de las injurias del tiempo. Antigüedades y Excelencias de la Insigne Ciudad de Alcañiz, recogidas y adoptadas por Pedro Juan Zapatér.

No sabemos que escribiera otra obra que ésta; pero ella sola es suficiente para que su Patria, en cuyo obsequio empleó sus fuerzas y el más acendrado patriotismo, conserve con aprecio su memoria. La opinión que con tanto empeño sustentaba, de que Alcañiz correspondía a la antigua Ergávica, era entonces bastante general: así como ahora es unánime la de que corresponde a Cabeza griega.
Y por este motivo, y que no se crea que Alcañiz quiere engalanarse con un título (poco honorífico por cierto) que no le pertenece, hemos escrito la Disertación que habrán visto nuestros lectores: sin que el sostenimiento, más o menos acertado, de una cuestión opinable, disminuya en lo más mínimo el mérito y servicios que prestó a sus conciudadanos.

XXII
Venerable Sor María Francisca de S. Antonio.

Esta virtuosa y santa Monja de la Casa nobilísima de los Barones de Salillas de esta Ciudad, fue hija de D. Francisco de Pedro y Carnicér y de Doña Dorotea Cascajares y del Castillo. Nació en Alcañiz a 7 de Abril de 1714; y sintiéndose muy inclinada a la clausura religiosa y abandono del mundo, vistió el santo habito en el Convento del Instituto de San Francisco del Orden de la Concepción, que existe en la villa de las Cuevas de Cañart del antiguo Partido de Alcañiz.

Motivos especialísimos contribuyeron sin duda a que eligiese este Convento con preferencia a cualquiera otro; porque además de la grande observancia con que allí se ponen en práctica las reglas y deberes del Instituto, fueron Fundadoras de esta Santa Casa las Reverendas Madres Sor Delfina y Sor Josefa de Pedro, que desde el Convento de Monte Santo de la Orden de San Francisco en la villa de Villarluengo, se trasladaron al mencionado de las Cuevas de Cañart competentemente autorizadas para ello, inaugurando la Fundación en el día 9 de Junio del año 1678.

Habiendo, pues, tomado el santo hábito en el día 9 de Junio de 1729 con el nombre sobredicho de María Francisca de San Antonio; pasó todo el año del Noviciado en la práctica y ejercicio de las mayores virtudes, fortificando y perfeccionando así más y más su vocación, y haciéndola digna de los votos solemnes, que al año siguiente y en el día 11 de Junio de 1730, hizo a Dios ante los Altares.

Unida ya a su Esposo celestial con vínculos indisolubles, quiso este tenerla muy pronto en la mansión eterna de sus delicias inefables, y premiar con ellas a esta su pura y amante criatura. Pensando piadosamente, tuvo esto lugar en el día 12 de Marzo del año 1734 en que murió. Su carácter angelical, sus raras virtudes, su penitencia asombrosa, y el grande amor de Dios que abrasaba su tierno y hermoso corazón, dejaron en aquella Santa Comunidad (modelo de monástica observancia) la grata impresión, todavía subsistente, de haber tenido una Santa, y de contar después en el Cielo una abogada o intercesora. En el mismo caso satisfactorio y consolador se encuentra su ilustre familia de Alcañiz.
¿Y qué no puede pensarse y creerse de esta inocente y casta paloma, cuya conducta ejemplarísima era el fiel reflejo de aquella frase suya ferviente y suplicatoria que nunca se apartaba de sus labios: ¡Dios mío!
dadme una pena que nunca se acabe?

Antes que el estado de su salud llegase a ser alarmante, escribió, por mandato de su Director espiritual, una relación de su vida y favores que recibió de Dios, juntamente con algunas poesías devotas. De estos datos preciosos, entre otros muchos, se aprovechó el P. Roque Faci para escribir la Vida y virtudes de nuestra paisana Sor María Francisca de San Antonio, que murió a la tierna edad de 20 años y cinco días. Y esta obra que compone un tomo en 4° la imprimió el sobredicho en Zaragoza el año 1737.

XXIII
R. P. Fr. Antonio de Argos.

Vistió el Santo hábito en el Real Convento de Predicadores de Zaragoza, en el cual profesó al año siguiente de 1734. Su talento, su instrucción y sus virtudes, lo llevaron luego a los cargos de Maestro de Novicios y de Prior de aquella Comunidad. Murió en el año 1777, y dejó escritas las obras siguientes:

El súbdito observante en la práctica de sus votos. Un tomo en folio de 473 páginas.

Vindícias del Estado regular. Un tomo en folio de 180 páginas.

Espejo de la amistad y Desengaño de la ficción. Cartilla que enseña el verdadero trato con los hombres, formada en Discursos predicables. Un tomo en 4° de 210 páginas.

XXIV
R. P. José Gerico de la Concepción.

Este ilustre varón, que nació en el año 1707, fue uno de los principales ornamentos de Alcaniz su patria, y de las Escuelas Pías a que perteneció. Antes de entrar en la Religión, había dado ya a luz algunas producciones literarias, que revelaban su claro talento y especial aptitud para la Literatura y la Historia. Y efectivamente, estas fueron las que más cultivó, y en las que más se dio a conocer ventajosamente en su tiempo. Fácil y elegante en el idioma de Cervantes lo mismo que en el de Cicerón, fue uno de los pocos escritores que no se contaminaron con la depravación, reinante entonces, del gusto literario, que contribuyó a extirpar.

En la elocuencia sagrada hizo rápidos progresos, y se mereció el concepto de uno de los mejores Predicadores de su época; siendo a la verdad muy sensible, que haya quedado inédita una Colección de Sermones, que tenía ya corregidos para dar a la prensa.

No sucedió lo mismo con las obras siguientes que dio a luz:

1. Vida del V. P. Josef de Calasanz de la Madre de Dios, Fundador de la Religión de los Clérigos de las Escuelas Pías. Un tomo en 8°.

2. Varones insignes en Santidad de vida, del Instituto y Religión de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. Un tomo en 4.° de 468 páginas.

3. Instrucción a los nuevos Predicadores. En 12.°

Además tradujo del Italiano:

4. Un Compendio histórico de la Vida de su Santo Fundador, impreso para su Canonización.
Un tomo en 8°.

5. Vida de San José de Calasanz; en folio, con seis tomos más de Cartas del mismo Santo traducidas al Español.

Del Francés, vertió también a nuestra lengua:

6. La Historia de Jacobo II Rey de la Gran Bretaña. Un tomo en 8°, y la Biografía del P. Malebranche.

También dejó inéditos algunos Escritos pertenecientes a las Antigüedades Eclesiásticas de España; y otros varios papeles de importancia.

El ilustrísimo Climent Obispo de Barcelona, y otros muchos sabios de su tiempo, prodigaron a nuestro paisano los mayores elogios, por su ciencia, literatura, juicio sólido y fina critica. Y la Real Academia de la Historia lo recibió por uno de sus individuos. Fue Maestro del Duque del Infantado, y Teólogo de Cámara del Sr. Infante y Duque de Parma; premiándole así mismo la Religión de las Escuelas Pías con los cargos honoríficos de Rector del Colegio de San Joaquín de Valencia, Provincial de Aragón al año siguiente, y por fin, Asistente General en Roma, en cuya Ciudad murió el año 1786, desempeñando este cargo.

XXV
D. Antonio Enaguila.

Floreció en el último tercio de este Siglo, dándose a conocer en Zaragoza por sus vastos conocimientos, especialmente en la Historia de Aragón, de cuyas glorias fue celosísimo defensor, como lo demuestran las obras siguientes que dio a luz:

Apología de algunos Escritores sobre el antiguo Reino de Sobrarve, sus fueros y los de Jaca: Dispuesta en 1795 contra el Editor de la Historia General de España del Padre Juan Mariana al tomo cuarto impreso en Valencia año de 1788. Un tomo en 4°. impreso en Zaragoza.

Texto para la Historia de la Corona de Aragón colocado en un Compendio de los célebres Anales de Gerónimo Zurita, adicionado con arreglo a los Comentarios de Gerónimo Blancas en cuanto a alguno de los primeros Reinados: cuya obra inédita la cederá el Compendiador para instrucción de la Juventud, y en utilidad de cualquiera instituto Pío. Esta obrita en verso, se dio después a la prensa, sin duda por haberse realizado la generosa oferta del Autor. Pero ignoramos si se imprimió la obra siguiente, que tenía concluida y corregida nuestro paisano:
Advertencias y Notas a los tomos I, XII y XIV de la Historia critica de España que escribe el Sr. Masdeu.

XXVI
D. Francisco Mariano Nifo.

Este laborioso y fecundo escritor Alcañizano, a quien ya suerte dio por residencia la Villa de Madrid, fue uno de los que más contribuyeron en su tiempo a introducir en España el gusto literario, que tanto había estragado el afiligranado y sutil culteranismo de aquella época con sus excéntricas exageraciones. Valióse para ello del medio mejor y más al propósito, cual fue el de introducir en España, vertidas a nuestra lengua, las obras literarias de conocida reputación en Europa; sin que por esto dejase él de componer y dar a luz algunas importantes publicaciones. Instruido en el movimiento intelectual, político y económico de Francia e Inglaterra, puede decirse que fue el primero que planteó en España el Periodismo, tan generalizado actualmente en el Mundo, y que tanto poder ejerce en la Sociedad, ojalá que siempre en beneficio suyo.

El erudito D. Juan Sempere en su Ensayo de una Biblioteca española de los mejores Autores del Reinado de Carlos III, dice terminantemente, que D. Francisco Mariano Nifo fue el principal Autor de los Papeles públicos; que la Política económica le debe muchos esfuerzos y una gran copia de datos, (que son los que más en ella se necesitan); y que ha introducido con sus traducciones varias obras de sólida piedad. Esto es lo que vamos a demostrar ahora
con la reseña de las muchas producciones literarias de este infatigable escritor.

Obras religiosas y de sana moral que tradujo a nuestro idioma.

1. La Historia sagrada del antiguo Testamento, de Mr. Mesangui. En 4 tomos en 8°.

2. Principios fundamentales de la Religión, por Mr. Alletz. 2 tomos en 8°.

3. Obras del Marqués de Caracciolo, en 29 tomos en 8°, a saber:
El idioma de la razón. El idioma de la Religión. Religión del hombre de bien. El clamor de la verdad. La Grandeza del Alma. Vida del Papa Clemente XIV. El Universo enigmático. Los caracteres de la Amistad. Despedida de la Mariscala. El verdadero Mentor. La
conversación consigo mismo. La verdadera alegría. La pintura de la Muerte. Y los verdaderos intereses de la Patria.
Todas estas apreciables obras se publicaron en 8°; y además las siguientes, que completan la Colección: Cartas de Clemente XIV, en 5 tomos en 8°. La posesión de si mismo, en 2 tomos id. El Cristiano de estos tiempos, en 2 id. Fundamentos de la Religión, en 2 id. Las Noches Clementinas, en 2 id. Y el Viaje de la Razón por Europa, en 2 id.

El Autor, como dice muy bien el Sr. Sempere, hizo un señalado servicio a la España con estas
oportunas traducciones; pues que al paso que pocos dejaron de leerlas entonces con gusto y con avidez, sirvieron de poderoso antídoto contra el veneno de los malos libros de allende los Pirineos, que inundó la Península.

4. Diccionario Apostólico del P. Jacinto Montargon. 14 tomos en 4°. Esta es una de las más importantes obras que se han publicado en beneficio de los que se consagran a la carrera del Púlpito. Es un grande arsenal, en que se encuentra cuanto puede convenir y desearse para tan santo y difícil Ministerio.

5. El Pensador Cristiano. Meditaciones provechosas para todos los días de Cuaresma. Un tomo en 8°.

6. El Maestro del Público; o varios sistemas de educación, sacados de la obra de Mr. Valanje. Un tomo en 8°.

7. Varios Discursos elocuentes y políticos sobre las acciones más heróicas de diferentes personajes antiguos y modernos, en los que por medio de prudentes avisos, puede lograr el hombre el verdadero modo de gobernarse, según los preceptos de las tres partes constitutivas de la sabiduría humana. Un tomo en 4°.

Publicaciones periódicas que dio a luz.

8. Correo general de España y noticias importantes de Agricultura, Artes, Manufacturas, Comercio, Industria, Ciencias etc., que con generosa protección de la Real Junta de Comercio, da al Público D. Francisco Mariano Nifo.

Los Números de este periódico novicio, que principió a publicarse en 1769, compusieron 5 tomos en 4.° La Real Junta de Comercio protegió altamente esta laudable y útil empresa; y el Consejo de Castilla expidió una Circular por todo el Reino, para que con arreglo al interrogatorio que formó el mismo Autor, se le remitiesen los datos y noticias que deseaba y necesitaba para llenar su difícil empeño. Solo esto, dice ya mucho en su favor.

9. Estafeta de Londres: o Cartas políticas, en las que se proponen medios sumamente útiles y nada escabrosos para hacer felices a los Vasallos de esta Península, en Comercio, Industria y Agricultura; que son los únicos bienes de cualquiera República. De este apreciable periódico se formaron 5 tomos en 4°.

10. Diario extranjero. Noticias importantes y gustosas para los verdaderos apasionados de Artes y Ciencias. Se compuso un tomo en 4° con los números de esta publicación.

11. El Novelero de los Estrados y Tertulias, y Diario universal de Bagatelas. Periódico semanal, en el que, entre otras cosas, insertó traducidas algunas Novelas de Marmontel.

Otras obras que compuso y publicó el Autor.

12. El Erudito investigador: o Historia Universal del origen, establecimiento y progresos de las Leyes, Artes, Oficios mecánicos, Ciencias, Comercio, Navegación, Arte militar, y Usos y costumbres de todos los pueblos antiguos del Mundo, desde el Diluvio Universal hasta la elevación de Ciro al Trono de los Persas; y desde aquella remota edad hasta nuestros días.
Un tomo en 8°. Para el arreglo de esta interesante obrita, se valió el Autor de la que escribió en Francés Mr. Goguet, pero la aumentó y mejoró con noticias justificativas, así antiguas como modernas.

13. La Nación Española defendida de los insultos del Pensador y sus secuaces. Un tomo en 8°
14. El Novelero de los estrados, y el Novelero piadoso. 2 tomos en 8°.

15. Descripción Físico-Moral de los Terremotos. En 4°.

16 . Cajón de Sastre, o colección de muchas piezas exquisitas de Autores Españoles, en prosa y en verso. 6 tomos en 8°. 

17. El amigo de las Mujeres, o Arte de hacerlas felices para la dicha y dulzura de los Hombres. Un tomo en 8°.

18. Regocijos de Madrid en la entrada del Señor Rey D. Carlos III. En 4°.

19. Labranza española. Compendio de la Agricultura de Alonso de Herrera. 7 tomos en 8°.

Tales son (entre otras menos importantes que omitimos) las útiles producciones literarias que
D. Francisco Mariano Nifo dio a la prensa, las cuales no componen menos de noventa tomos en 4° y en 8°. Y sin embargo, carecemos de datos biográficos acerca de su suerte y vicisitudes; efecto, sin duda, de haberse trasladado a la Corte su familia, siendo él muy joven, en cuyo tiempo murió su Padre. Finalmente, según consta por los Libros parroquiales que hemos examinado, era hijo de D. Sebastián Nifo, que fue Gobernador de Maella, y de Doña Manuela Cagigal; y nació en Alcañiz el 10 de Junio de 1719, habiéndosele puesto en el bautismo los nombres de Francisco, Sebastián, Manuel y Mariano, de los cuales solo usó el primero y el último.

Siglo XIX
Escritores contemporáneos.

Al dar fin a nuestra Revista histórico-bibliográfica de los hijos ilustres de Alcañiz, nos hallamos ya muy cerca del último tercio del Siglo diez y nueve: siglo de animación y movimiento, de cambios políticos y transformaciones sociales. Por consiguiente, poco al propósito para el quieto y sosegado cultivo de las Musas y de los estudios serios y
profundos: porque las necesidades de esta época de transición siguen el compás de las circunstancias que las producen, faltándoles el aplomo del punto de arribada, que tanto favorece la solidez de la verdadera ciencia.

Sin embargo, por más que tengamos por ciertas y fundadas estas observaciones, no hemos de privarnos de hablar de nuestros amigos y conocidos dignos de nuestra memoria; esto es, de aquellos de nuestros paisanos, que en medio de las fluctuaciones de su azarosa vida, no han perdido nunca de vista el fin constante de sus deseos: el cultivo de sus buenos talentos. Hablaremos, pues, de ellos, pagándoles este tributo de consideración y de justicia: pero como
sus nombres y circunstancias son muy conocidos en esta Ciudad, no tenemos necesidad de extendernos en sus Biografías tanto como podríamos hacerlo; aunque nada omitiremos de lo más principal e importante.

XXVII
D. Antonio Faci.

Tres años hace que nos arrebató la muerte a este benemérito Coronel de Ingenieros, cuando escasamente acababa de cumplir los 62 de edad. La parca fatal que se complace en burlar los planes y pensamientos de sus víctimas, segó despiadadamente el hilo de la vida de este ilustre Alcañizano al retirarse a su casa a restablecer su salud, y disfrutar en el seno de su familia las delicias domésticas, que con las de su amada patria y sus glorias y excelencias, habían formado siempre el bello ideal de sus laudables aspiraciones.

De aquí puede inferirse el gran fondo de virtud que desplegaría al morir, conformándose, como lo hizo, con tan terrible golpe. Pero era emanado de los altos designios de la Providencia; y considerándolo él así, los acató y reverenció con aquella resignación heroica, que solo puede dar la virtud cristiana: esta virtud excelentísima, que sabe que nuestros días (concedidos únicamente al hombre para merecer) están contados por el Señor: que jamás se extiende la guadaña de la muerte, sin que le esté ordenado su movimiento; y que según la autoridad de las Divinas Letras, vale infinitamente más un día en la celestial morada de los Justos, que millares de años en los miserables tabernáculos de los pecadores.

Con estas pocas palabras, hemos diseñado ya el verdadero carácter de nuestro paisano, que podemos calificar de sólidamente religioso. Este era el centro de su conducta y el norte de sus acciones; así en la vida como en la muerte; y lo mismo en el tranquilo hogar de su retiro, que en medio del fragor y estruendo de las armas. Demos ahora una sucinta idea de sus principios, carrera militar, premios que obtuvo y escritos que dejó inéditos.

Nació en Alcañiz a 11 de Febrero de 1795. Fueron sus Padres D. Joaquín Faci, Regidor perpetuo y Abogado de esta Ciudad, y Doña Rosalía Barrera.
Desde sus primeros años manifestó grande afición a las letras y a la carrera militar facultativa. Deseosos aquellos de secundar sus buenos propósitos, le proporcionaron entrar en el Servicio el 13 de Noviembre de 1813, obteniendo plaza de caballero Cadete en el Colegio General establecido en Gandía. Al año de su admisión fue nombrado Gefe 1° de Compañía, y luego lo agració S. M. con el Grado de Subteniente de Infantería. Poco tardó en ingresar en la Academia de Ingenieros; y en 7 de Diciembre de 1820 fue ascendido a Subteniente de este Cuerpo. Después de algún tiempo, fue nombrado Profesor de varias asignaturas facultativas, que desempeñó cuatro años en dicha Academia, no permitiéndole su quebrantada salud continuar por más tiempo la enseñanza.

En el ejército desempeñó todos los Grados sucesivos, desde Subteniente de Infantería hasta Coronel efectivo: y lo mismo en el Cuerpo de Ingenieros.

Como individuo de esta Corporación, se le confió el cargo de Comandante de varias Plazas y Distritos militares; y últimamente el de Director Subinspector interino de Zaragoza y Valencia. El mando de aquellas, consistió en ser Gobernador interino de Jaca, Gerona, Morella y Alcañiz; y el de estos, en ser Comandante General de los Distritos del Maestrazgo y Gerona, también con el mismo carácter de interinidad.

Sus méritos y servicios le hicieron acreedor a que S. M. lo premiase condignamente, como lo
hizo, con las condecoraciones siguientes: Caballero de la Real y Militar orden de San Hermenegildo con placa de la misma, Caballero de la Real y Militar de San Fernando, y Caballero Comendador de la Real orden Americana de Isabel la Católica.

Las Reales Academias de San Luis de Zaragoza, y la Sociedad aragonesa de Amigos del País, le nombraron también Socio de las mismas. La primera por sus conocimientos y circunstancias recomendables; y la segunda, por su patriotismo, ilustración y servicios prestados a la Sociedad. Así lo dicen los oficios particulares que entrambas dirigieron al nuevo Académico con sus títulos respectivos.

Llegamos ya al último período de su vida, que fue el que tuvo lugar desde su regreso a Alcañiz en Julio de 1856, hasta su fallecimiento en Febrero de 1857. Pero al pisar los umbrales de su casa natal, había contraído ya una grave enfermedad, para cuya curación fueron inútiles los recursos de la ciencia. Así es, que siete meses después, bajó al sepulcro, sin disfrutar, como hemos dicho, los puros e inocentes goces que tanto había anhelado, y sin poderse dedicar a la revisión de algunos de sus escritos para darlos después a la prensa.
Sin embargo, entre los varios que hemos podido examinar, vamos a dar una noticia de aquellos que nos han parecido mejores y más bien ordenados.

1. Obras Francesas. La Fortificación perpendicular; o ensayo sobre muchos modos de fortificar la linea recta, el triángulo, el cuadrado y todos los polígonos de cualquiera extensión que sean sus lados, dando a su defensa dirección perpendicular. Un tomo en 4°, de unas 100 páginas, que tradujo y extractó de la obra que con este título escribió en 1776 el Conde Montalembert.

2. Resumen de las Lecciones del curso de construcción, con aplicaciones sacadas principalmente del Arte de Ingenieros de Caminos y Canales. Un tomo en 4° de 200 páginas, traducido y extractado de la obra Francesa de Mr. Saganoin, Inspector General de Caminos y Canales.

3. Tratado del corte de piedras; traducido y extractado del 2.° tomo de la obra de Mr. Rondelet. Un tomo en 4.° de 80 páginas.

4 Tratado de Topografía, de Agrimensura y de Nivelación de Mr Puissant, traducido y extractado en un tomo en 4° de 100 páginas.

5. Arte del Fumista; o método seguro para construir las chimeneas sin humo. Traducción de Mr. Journel en 35 páginas en 4°, muy recomendable.

6. Extracto de Maquinaria de la Arquitectura hidráulica de Belidor. Un tomo en 4° de 250 páginas.

7. Además de estas traducciones escribió algunas Memorias importantes, que remitió, por encargo, a la Dirección General de Ingenieros. De ellas solo citaremos las dos siguientes: Sobre la defensa estable de Aragón, trabajo de mérito y de escrupulosa diligencia científica, que contiene unas 80 páginas en 4°; y Reflexiones acerca de lineas de operaciones
ofensivas y defensivas en el Distrito de Aragón a la derecha del Ebro; en 15 páginas en 4°.

Estos y otros documentos (que no deben pertenecer al dominio del Público) los conserva con este carácter la familia del Autor en testimonio de su grande aprecio hacia el mismo, y como una prueba permanente de su laboriosidad y buenas disposiciones.

XXVIII
D. Serapio de Pedro.

Actualmente Director de la Fábrica de pólvora de Manresa, y Coronel efectivo de Artillería e Infantería.

Este modesto, entendido y pundonoroso Militar, de intachable conducta y prendas recomendabilísimas, es hermano del digno Senador del Reino D. Manuel de Pedro Barón de Salillas, y tío del activo y celoso Diputado a Cortes por este Distrito D. Francisco de Pedro hijo del Senador. (1)

(1) Imprimiendo estábamos esto, cuando hemos sabido primero, y después leído en la Gaceta de Madrid, que se van a subastar en el día 4 del próximo mes de Mayo del presente año de 1860, los trozos de la carretera de Zaragoza a Castellón de la Plana que faltan (y que se han presupuestado en cerca de seis millones de reales) para que en breve espacio de tiempo quede expedita esta vía. Como cruza por Alcañiz y todo el centro del Bajo Aragón, y ya en varias partes de nuestra obra hemos manifestado su grande utilidad e importancia; tenemos ahora la mayor complacencia en que haya llegado este caso tan generalmente anhelado, no dudando de que hará cambiar el aspecto del país, proporcionándole inmensas ventajas. Nos felicitamos, pues, por ello, y felicitamos también al Gobierno por tan acertada y conveniente disposición; e igualmente al digno Diputado de este Distrito D. Francisco de Pedro, cuyas activas e incesantes gestiones han contribuido no poco a que aquel atendiera a esta urgente necesidad.

Deseando seguir la carrera militar facultativa, entró de Cadete en el Colegio de Artillería de
Segovia el 17 de Febrero de 1817, donde permaneció estudiando cerca de cuatro años. Ascendido entonces a Subteniente del cuerpo, continuó aun por dos años más en el mismo Colegio, consagrándose al estudio de las Matemáticas sublimes; después de los cuales pasó a servir en el primer Regimiento de Artillería, obteniendo sucesivamente todos los grados, hasta los ya mencionados que en el día disfruta.

Por sus profundos conocimientos y especial aptitud para la enseñanza facultativa, se le ha confiado por dos veces distintas el cargo de Profesor de Matemáticas en el Colegio de Artillería, empleando en ello más de 19 años: esto es, 3 años y medio, desde 1830 al 34; y cerca de 16, desde 1838 al 54.

También ha utilizado el Gobierno su expedición y probidad en las Fábricas de Villafeliche y Salitrería de Zaragoza. Siendo Director de esta última, simplificó y perfeccionó los trabajos de la elaboración de los salitres que en ella se reciben, valiéndose al efecto de los estudios y observaciones que hizo en todas las Fábricas del Reino, en virtud de comisión especial que le confiara el Gobierno. La Hacienda nacional debe a este celoso funcionario las considerables ventajas y utilidades que le han proporcionado sus trabajos y economías en dicho Establecimiento que por cuatro años estuvo a su cargo, y del cual hace uno que pasó al de Director de la Fábrica de pólvora de Manresa.

Estos servicios, y los que prestó activamente en Navarra y Provincias vascongadas durante la última guerra civil con rasgos heroicos que constan en su hoja de servicios, lo han hecho merecedor de los mencionados grados y ascensos que ha obtenido, y de las honrosas condecoraciones con que ha sido agraciado. Estas consisten en la Cruz y Placa de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, y en haber sido nombrado también Caballero de la Real y Militar de San Fernando de primera clase.

Así mismo ha desempeñado nuestro paisano algunas comisiones importantes. En los años 1835 y 36, estuvo a su cargo el Gobierno militar del Castillo de Alcañiz; y en el 1854, el de Morella. Finalmente, en el año 1852, que se hallaba de Profesor en Segovia, escribió una obra facultativa muy apreciable, con el título de Lecciones de Mecánica aplicada a las Máquinas de vapor; la cual dio a luz en la Tipografía del mismo Colegio, costeándola el Establecimiento y sirviendo de texto para sus alumnos.

Este importante trabajo literario, que compone un crecido tomo en 4°, abraza las materias siguientes: primeramente un Tratado preliminar sobre la naturaleza y medida de las fuerzas vivas, que consta de 106 páginas. Y á seguida, el Tratado principal de la Mecánica aplicada a las máquinas de vapor, en 438 páginas. En él explica el Sr. De Pedro con claridad y precisión, la teoría de estas máquinas, las partes principales de que se componen, las diversas especies de que constan, y los diferentes problemas que ofrecen en su aplicación a los trabajos industriales. En la última parte, trata con rapidez y exactitud la difícil materia de las máquinas de alta presión, de las locomotoras, y de la célebre máquina de Watt de doble acción; acompañando a toda la obra 13 láminas, con 86 figuras de los objetos que se ha propuesto explicar y demonstrar en el texto. 

Tales son, en resumen, las Lecciones de Mecánica aplicada a las máquinas de vapor de nuestro Alcañizano D. Serápio de Pedro y Fernández de Heredia, que se halla hoy día a la edad de 56 años y 42 de servicio efectivo. Sentimos mucho, que su modestia nos prive del gusto de hacer mención de otros trabajos literarios de más valor que tiene inéditos, y que probablemente continuarán así; pero al mismo tiempo nos complacemos en terminar estos apuntes biográficos con la honrosa certificación siguiente, que acredita lo que hemos dicho, respecto del celo e inteligencia que desplegó durante el cargo de su enseñanza:

«Colegio de Artillería. D. Vicente Vázquez de Moscoso, Benemérito de la Patria, etc. etc., Brigadier de Artillería y Director de estudios de la Academia del Colegio:
Certifico: que durante el tiempo que el Sr. Coronel Teniente Coronel del Cuerpo D. Serapio de Pedro y Fernández de Heredia sirvió en clase de Profesor de la Academia, desempeñó este destino con el mayor celo, dando pruebas de los mejores deseos y conocimientos, haciéndose acreedor a la consideración de sus jefes, y al aprecio de los discípulos que tuvo a su cuidado.
Certifico igualmente, que sustituyó varias veces al Señor Profesor primero, con el mismo celo e inteligencia que tiene acreditado: por todo lo cual merece este benemérito jefe una entera confianza, y que se empleen sus servicios en Fábricas, Maestranzas y Comisiones facultativas, donde acreditará su saber y aplicación, redundando en beneficio de la Nación y honor del Cuerpo. Y para que lo haga constar (si le conviene) doy el presente, sin excitación alguna de su parte, en Segovia a catorce de Febrero de mil ochocientos cincuenta y cuatro.
Vicente Vázquez.»

XXIX
D. Gaspar Bono Serrano.

Muy conocido es ya en la república literaria el nombre de nuestro paisano y condiscípulo
D. Gaspar Bono Serrano, para que podamos decir de él nada de nuevo en esta nuestra humilde Revista. Sin embargo, habiendo de cumplir con el grato deber que nos hemos impuesto, vamos ahora a ocuparnos gustosamente de un compañero de nuestra juventud, con quien diariamente conferenciábamos y contendíamos en el curso académico de Filosofía de esta
Ciudad, que por los años de 1821 y siguientes estaba a cargo del bondadoso e instruido Profesor el P. Miguel Bañolas de San Blas del Colegio de Escuelas Pías de la misma. Bono Serrano se sentaba puntualmente a nuestro lado en la Clase a que asistíamos ambos. Por eso podemos hablar de él con conocimiento de causa; y por cierto que procuraremos hacerlo con justicia y sin pasión.

Lo que entonces se advenía en él era grande aplicación, mucho retiro, conducta, irreprensible y notable aprovechamiento en el estudio. Pero dejando a un lado los principios o rudimentos de escuela, en los que, por lo común, no se hace otra cosa, que iniciarse o ponerse en el camino de las ciencias pasemos al estado formal del hombre, en el cual ya aparece tal cual es, así por sus talentos naturales, como por el cultivo y desarrollo de los mismos.

Al llegar este punto de partida, es cuando vemos transformado a nuestro condiscípulo en un
literato, en un excelente Poeta. Las varías composiciones, que ya en sus primeros años dio a la prensa, le granjearon justamente este honroso concepto, el cual concluyó de generalizarse entre los inteligentes, cuando en 1850 imprimió en Madrid un tomo en 8° de todas sus principales poesías.
A esta preciosa colección añadió en el próximo año pasado la traducción en verso de la Poética latina del célebre Obispo de Alba Gerónimo Vida, que no se había aún vertido a nuestro idioma; acompañándola además con una extensa y erudita biografía de aquel ilustre varón, apellidado comunmente, Príncipe de los Poetas cristianos. Enemigo nuestro paisano del anárquico y exagerado romanticismo, y fiel observador de los sanos y prudente principios del clasicismo, dedicóse con ardor y constancia infatigables al estudio de los grandes modelos que este nos suministra. Y he aquí explicado el secreto de su saber, y el género de su literatura.

No descuidó además otro medio eficacísimo para asegurarse bien en el camino del acierto; consistiendo este en cultivar el trato y amistad de algunos hombres de conocimientos especiales, y en consultar oportunamente con aventajados literatos de nuestra época, que. nunca se han desdeñado de ilustrar y dirigir a nuestra estudiosa juventud. Por esta razón, al consignar nosotros el valor de las composiciones poéticas de nuestro Vate, tenemos la gran ventaja de no ser, ni aun de aparecer parciales; pues que en vez de nuestro desautorizado voto, pondremos el de los hombres más eminentes de nuestro Parnaso; voto que nadie rechazará con justicia, He aquí, pues, el muy respetable de D. Alberto Lista, de D. Manuel José Quintana y de D. Juan Nicasio Gallego, y los motivos con que lo emitieron.

Estando Bono Serrano en 1846 en Guadalajara, como Párroco del 3er Batallón de Ingenieros, publicó un Poemita sagrado de cien octavas a la venida de Nuestra Señora del Pilar a Zaragoza. Remitió ejemplares a sus amigos, y entre ellos a dichos Señores, que hacía ya tiempo le honraban con su epistolar correspondencia. Todos tres le contestaron tan
favorablemente, como aparece de los fragmentos de sus cartas, que a continuación copiamos a la letra.

«El tono de la obra, (decía el Sr. Lista), es el que corresponde a la poesía cristiana, robusto y lleno de riqueza y de pensamientos bíblicos. Mucho me ha agradado ver que el arpa de Herrera y los acentos enérgicos de Argensola se oigan todavía en nuestro Parnaso, profanado tanto tiempo por el furor del nuevo romanticismo, último regalo que la Francia ha hecho a la Europa. Deseo, pues, y aconsejo a V. que continúe cultivando la Musa de Sion, tan propia por otra parte de su estado de V. y del mío, y la más noble de todas; y si valen algo los presagios
de los vates, le pronostico una abundante cosecha de laureles, cuando emplee su rica vena en asuntos religiosos y morales.»

«La invención (estas son las palabras de Quintana), la disposición y los pensamientos, son muy propios del asunto; el estilo es noble y poético, y las octavas están muy bien hechas. Yo, hace muchos años que no he leído otras que tanto me gusten. Por esta muestra veo los grandes progresos que V. hace en sus estudios poéticos, y le doy por ello el más cordial parabién.» 

Finalmente, don Nicasio Gallego decía lo siguiente:
El poemita del Pilar es un dige precioso, así por la sencillez de su plan, como por el estilo convenientemente poético, por su lenguaje fácil y castizo, y por la pureza del gusto, tan depravado por algunos escritores del día. Conserva con igualdad, desde el principio hasta el fin, la entonación épica, sin hinchazón ni prosaismo, y los versos corren con tal naturalidad, que parece no haber costado al autor el menor esfuerzo.”
Al voto de tan ilustres humanistas añadiremos la opinión, no menos autorizada y respetable, del Excelentísimo Señor Romo y Gamboa, dignísimo Obispo de Canarias entonces, y pocos años después Arzobispo de Sevilla y Cardenal de la santa Iglesia Romana. Por haber oído a Bono Serrano el panegírico de San Antonio de Pádua predicado en Cañizar, patria de dicho Prelado, le comenzó a dar inequívocas muestras de estimación y benevolencia. Nuestro paisano, en testimonio de gratitud y respeto le envió desde Guadalajara el mencionado canto, y el bondadoso Obispo le contextó con fecha 17 de Junio de 1846 lo siguiente:
He leído con singular satisfacción el Canto sagrado, que se ha servido V. remitirme por mano de D. Julián Fernández; y aunque le principié con repugnancia, por la mala idea que tengo de la plaga de poetas modernos, le aseguro a V. que me ha gustado mucho su composición, por el carácter elevado y sostenido que la distingue, y la propiedad de las imágenes de que se vale su entusiasmo. No soy peregrino en estas materias, en las que gasté muchas horas desde tiernecito y durante mi juventud: lo que manifiesto a V. para que le sirva de más estímulo mi humilde voto. Con esta fecha se escribe a Madrid, para que remitan a V. un ejemplar de mis cuatro sermones y otro del Discurso canónico, que recibirá V. en testimonio de lo grato que me ha sido su Canto sagrado.
Nada más necesitábamos nosotros para probar el mérito de este brillante poema y el ingenio de su autor. Sin embargo, todavía añadiremos, que alentado el Cantor de la Virgen del Pilar con el favorable juicio de tan ilustrados Censores, remitió sus versos a los Árcades de Roma; y su digno Presidente Monseñor Gabriel Laureani, le dio las gracias por su fineza, remitiéndole en 23 de Diciembre de 1846 el nombramiento de Poeta Árcade con el nombre de Argiro Latmio. En el siguiente año dio a luz otra bellísima poesía a la condecoración de las banderas del Regimiento de Ingenieros con las corbatas de la Real Orden de San Fernando. En esta composición, que se ha reimpreso varias veces, celebró los hechos 
de armas de aquel distinguido Cuerpo, enalteciendo los gloriosos nombres de los que habían muerto en los campos de batalla. Con este motivo el Excmo. Sr. General Zarco del Valle le dio la gracias, en oficio comunicado al Coronel del Regimiento D. Gabriel Gómez Lobo en 4 de Enero de 1848, diciendo entre otras cosas lo que sigue:
«La lectura de esta obra, que sirvió para terminar el acto importantísimo que se verificó en la galería de Ingenieros célebres de nuestra Academia, contribuyó grandemente a excitar el amor a las ciencias, las letras y las glorias militares que nuestra profesión especial exige, y que aquella solemnidad debía promover. En este concepto dará V. S. en mi nombre al expresado Capellán las más sinceras y expresivas gracias.»

Por no hacernos sobradamente difusos no copiamos a continuación el juicio favorable, que emitió la prensa periódica respecto de los versos de nuestro vate, cuando se publicó su colección ya citada. Sin embargo, vamos a transcribir para muestra parte de un artículo que publicó La Semana en 25 de Junio de 1850; advirtiendo, que en el mismo sentido hablaron El Observador, El Heraldo, los Diarios de Zaragoza y Barcelona, y otros periódicos de la
Corte y las provincias.

«En medio del insufrible prosaísmo de nuestra época (decía La Semana), en que la Poesía parece haber caído completamente en desuso, es grato y consolador oír de vez en cuando alguna furtiva nota, algún canto perdido, que vibre en nuestros corazones ateridos por el yerto soplo de la realidad. Es grato y consolador, en medio del estruendo de los intereses materiales y de las áridas controversias de la política, oír resonar la voz del poeta, como una elocuente protesta de la nulidad a que se pretende reducirlo, del desdén con que se le mira, del escaso galardón con que se recompensaron sus desvelos.

Sugiérenos las anteriores reflexiones un lindo tomo de poesías, que acaba de publicar el Sr. D. Gaspar Bono Serrano, y que se recomienda, entre otras cosas, por su variedad y el estro lírico que campea en muchas de sus composiciones. No siéndonos posible hacer un juicio detenido de toda su obra, enumeraremos rápidamente las composiciones, que en nuestro humilde entender merecen ocupar el primer lugar en el volumen.
Entre los sonetos se distinguen el 6.° en loór de Meléndez, y el 16° a la tranquilidad del justo. La colección de anacreónticas dedicadas a cantar las excelencias del chocolate, en vez de las del vino y los amores (como hacen todos los poetas), no carece de soltura, gracia y facilidad. Merecen además citarse entre las poesías sagradas, las que llevan por titulo Nuestra Señora al pie de la Cruz y Al Nacimiento del Señor, y el poemita en octavas a la Virgen del Pilar.
La égloga a la Amistad, los romances titulados Tarif, Despedida de Boabdil, a la Señorita Massanés, y en la muerte del Capitán Barona, están generalmente escritos con soltura, y abundan en imágenes y pensamientos, si no completamente nuevos, al menos bien expresados. En cuanto a las traducciones, casi todas nos han parecido buenas. Merecen no obstante mención especial una elegía de Ovidio, la de la poética latina de Gerónimo Vida, la elegía a la muerte de Safo por Lamartine, un precioso madrigal de Zappi, y otra composición corta de Grassi titulada La Golondrina. Pero donde más lucen las aventajadas dotes del Sr. Bono Serrano es en los epigramas y poesías festivas.» Hasta aquí La Semana.

En el apéndice 3° de este libro daremos nosotros una pequeña muestra de sus composiciones, insertando tan solo aquellas que aquí pueden tener lugar, y que más puedan interesar a nuestros paisanos, ya por los asuntos de que tratan, ya por el mérito literario que revelan.

Bono Serrano ha sido colaborador en El Henares y El Buen Deseo, periódicos publicados en Guadalajara; en el Semanario pintoresco, en El Numantino de Soria, en La Religión de Barcelona, en El Guadiana, que salía en Badajoz, y en otras publicaciones literarias y religiosas. Actualmente escribe en la Revista de letras y artes de Sevilla, donde, entre
otros, ha dado a luz eruditos artículos sobre las obras de D. José Mor de Fuentes, escritor aragonés, y en elogio de Alcañiz y sus hijos ilustres.

Antes de ascender a la plaza de Capellán del distinguido Cuerpo de Ingenieros, fue cerca de nueve años Párroco del 2° Batallón del Regimiento, infantería Inmemorial del Rey 1° de linea, que perteneció al ejército del norte desde que estalló la guerra civil. En él permaneció constantemente nuestro paisano, entre los padecimientos, privaciones y peligros inseparables de la campaña; prestando, en cumplimiento de sus deberes sacerdotales, los auxilios y consuelos de nuestra santa Religión a los enfermos, y heridos, ya en los hospitales de sangre, ya también en los campos de batalla. De resultas de la que sufrió en los campamentos del último sitio de Bilbao y en la asistencia espiritual del hospital de Santa Mónica establecido en aquella Villa, enfermó de tanta gravedad, que desahuciado por los médicos recibió la Sagrada Extrema-Unción.

Terminada la guerra civil, fue destinado su Batallón a la guarnición de Puigcerdá. Aquí hizo
algunas traducciones en verso castellano, de Florian, Gresset, Lamartine y otros poetas franceses, que unidas a un poemita original en loór de Clemencia Ysaura, Fundadora de los Juegos Florales y de los antiguos trovadores de la Occitania, fueron publicadas en Tolosa y elogiadas por el Centinela de los Pirineos, periódico de Perpiñan.
Por esta razón, cuando fue nuestro paisano a Tolosa en Mayo de 1842, fue muy obsequiado por Mr. Florentin Ducos, Secretario perpetuo de aquella Academia, y por otros literatos de la misma. Asistió a la solemne distribución de premios; y al día siguiente recibió en su posada la colección de poesías laureadas como temoignage de satisfaction de l’Academie de Jeux floraux. Agradecido el vate español, tradujo en castellano una de aquellas composiciones, titulada la Visión, que es un precioso himno sagrado a la Virgen (escrito por Mr. Patisie de Grateloup), dedicando su versión a la ilustre Academia.

Mientras perteneció al Regimiento de Ingenieros, residió casi siempre en Guadalajara, ejerciendo con frecuencia el sagrado ministerio del púlpito en los templos de aquella ciudad y pueblos inmediatos. Por haber asistido diaria y gratuitamente algunos meses al hospital militar y civil, que se hallaba sin Capellán, lo recomendó al Gobierno de S. M. el Señor D. Rafael de Navascués, Gobernador Civil de la provincia.

En 16 de Febrero de 1818 fue nombrado Párroco interino de Inválidos de Atocha; cuyo cargo desempeñó con la mayor constancia y asiduidad en la asistencia, y el más puro y religioso celo en el cumplimiento de sus deberes, según palabras literales del Excmo. Sr. Villacampa Jefe superior de aquel establecimiento, en un documento original que tenemos a la vista.

En 24 de Mayo de 1851 fue nombrado Capellán y Profesor de Historia y Religión en el Colegio de Cadetes de Caballería establecido provisionalmente en Alcalá de Henares; en cuyo desempeño permaneció allí hasta el año siguiente que se trasladó a Valladolid, por haberse fijado en esta ciudad dicha enseñanza. Y en ella continuó hasta el 24 de Marzo de 1855, en que la munificencia de S. M. se dignó agraciarle con la plaza, que hoy disfruta, de Capellán de Honor en su Real Capilla.

Bono Serrano cuenta ahora 54 años de edad; es Caballero Comendador en la Real Orden Americana de Isabel la Católica, y tiene el título de Benemérito de la Pátria, y las Cruces de distinción de Bilbao y Morella. Finalmente, en 16 de Diciembre de 1841 fue nombrado socio de número de la Económica Numantina; y en 4 de Febrero de 1857, individuo de la Real Academia Sevillana de Buenas letras, habiendo sido elegido últimamente por esta ilustre
Corporación, Secretario de la Diputación permanente en Madrid.

XXX
D. Vicente Alcober y Largo.
Pocos serán los que no tengan noticia de este célebre Filólogo alcañizano. La Academia universal de Lenguas, que por su cuenta abrió en la Corte; el juicio unánime de la prensa periódica, admiradora de sus talentos e instrucción lingüística; la honrosa certificación que se le expidió por el Ministerio de Estado, en que se proclamaron muy alta y explícitamente sus vastos conocimientos en muchos idiomas; y las obras utilísimas e importantes sobre el Francés y el Inglés que hasta el día tiene publicadas, son una demostración clara y manifiesta de sus rápidos y sorprendentes progresos en la ciencia filológica.

¿Y cómo la ha adquirido Alcober? ¿Qué medios, qué recursos ha tenido en su favor para llegar a esta altura respetable?

Esto es lo que más admira, y esto lo más meritorio para él. Su talento y su aplicación ha tenido que emplearlos primero en buscar su subsistencia; y después de este penoso y absorbente trabajo, en convertir toda su inteligente vitalidad en el estudio filosófico de las lenguas. De este modo ha hecho Alcober sus estudios: parte en las Aulas, parte en
su bufete particular. Y mejor diríamos, que todos sus principales estudios y adelantos, los ha hecho en la abstracción de su humilde retiro; con lo cual han sido aun más sólidos y profundos. Los genios privilegiados, como Cervantes, Pascal, Quadrado, el Maestro Rodríguez, San Bernardo, Santa Teresa de Jesús y otros mil, no necesitaron tampoco el auxilio de los Maestros, ni los cursos de las Academias: ellos fueron las mejores guías de si mismos, porque ellos solos podían dirigir el rápido vuelo de su inteligencia y la luz vivísima de su clara intuición.

Mas esto que es una verdad de experiencia, tiene también sus inconvenientes para la suerte de
los ingenios: tropieza con obstáculos harto anómalos y sensibles. La ciencia en España no se estima por si sola en casos determinados: se necesita que con ella o sin ella, acompañe un título especial, un documento indispensable que acredite haber cursado en las Universidades y haberse graduado en ellas de Licenciado o Doctor. Sin este requisito, no sirven ni se admiten los méritos científicos, aunque lleguen a ser prodigiosos. Y he aquí explicado la causa fundamental de la desgraciada suerte de Alcober, que no lo fuera en algunos países extranjeros aunque careciera de tales credenciales, porque no son siempre estas las verdaderas patentes del mérito.

No se crea sin embargo, que abogamos nosotros por la emancipación de los cursos y grados académicos, lo cual tendríamos per una verdadera calamidad y por un triunfo escandaloso en favor de los charlatanes y pedantes. Lo que queremos decir e indicar es, que cuando aparece un hombre extraordinario, como Alcober y otros semejantes, a los cuales no ha sido posible llenar los requisitos reglamentarios (careciendo en su consecuencia de los títulos
de Licenciado o Doctor), debieran, en nuestro concepto, dispensárseles aquellos, como una excepción de regla, obligándoles a la adquisición de estos, mediante un ejercicio literario. Y de este modo se utilizaban y premiaban condignamente los talentos especiales, en vez de abandonarlos a las duras alternativas de la suerte.

Con lo que antes hemos apuntado, hemos dicho ya lo bastante para que se conozca desde luego la grande aptitud de Alcober para el difícil estudio y conocimiento de las lenguas; pero esta aptitud queremos esclarecerla y demostrarla con pruebas que no nos pertenezcan, a fin de que el interés presunto de paisanaje no sea causa o pretexto de que se recuse nuestro voto, o de que se haga sospechoso, cuando menos. Para ello exhibiremos los títulos de sus méritos y circunstancias, según los hemos insinuado al principio.

Lenguas que posee Alcober.
La certificación del Ministerio de Estado nos dará una idea clara de los idiomas que ya sabía a los treinta y un años de edad. Dice así:
“Don Ceferino de Cevallos, Comendador de Carlos III, de Isabel la Católica, Caballero de San Juan, Comendador de Cristo y de la Concepción de Villaviciosa de Portugal, de la Legión de Honor de Francia, de la de Bélgica, de la de Gregorio Magno de Roma, de la Civil de Leopoldo, condecorado con la del Nichani Iftijar en brillantes de Turquía, Jefe de la Cancillería del Ministerio de Estado, y de la Interpretación de Lenguas con el carácter de Ministro Plenipotenciario:

Certifico: Que en el día 23 de Abril de 1853, y en virtud de orden del Excmo. Sr. Ministro de
Estado, entonces Presidente del Consejo, sufrió D. Vicente Alcober y Largo, Empleado en el Ministerio de la Gobernación del Reino, en el acto y sin preparación alguna, un examen de los idiomas Hebreo, Árabe, Alemán, Inglés, Latín, Italiano, Francés y Portugués, ante el que suscribe y varios Jefes y Oficiales de la Secretaría de Estado y de la Secretaría de la Interpretación de Lenguas: Que los examinadores quedaron satisfechos y convencidos de los vastos conocimientos filológicos del Sr. Alcober, especialmente al oírle explicar con erudición y desembarazo el origen, vicisitudes, analogías y demás puntos concernientes a la filosofía de las lenguas, habiendo él declarado formal y terminantemente a presencia de los mismos, que tiene conocimientos del Griego, Caldeo, Samaritano, Rabínico, Holandés, Sueco, Danés, Flamenco y otra multitud de idiomas y dialectos, lo cual no pueden certificar los examinadores por no hallarse con suficiente idea de ellos, debiendo el interesado estos
conocimientos, en la mayor parte, a su ingenio e infatigable aplicación, más que a los escasos maestros que ha tenido; circunstancia que le haría acreedor a una generosa protección del Gobierno para colocarle en categoría más ventajosa que la que tiene; no habiendo podido serlo en el Ministerio de Estado por ser ya más que suficiente el número de los indispensables para la Interpretación y de haber artículo para ello en el presupuesto.

Certifico asimismo; que atendiendo solo a las muy felices disposiciones y sin igual aplicación que el Sr. de Alcobér ha patentizado en este examen, todos han inferido, que los progresos que haga en todo género de instrucción serán rápidos y sobresalientes.

En fé de lo cual y para que pueda servirle de mérito literario en su carrera filológica, expido la presente por orden del. Excmo. Sr. Ministro del Despacho de Estado D. Ángel Calderón de la Barca, en Madrid a veinte de Junio de mil ochocientos cincuenta y cuatro. Ceferino de Cevallos. Sello con lacre. CC. Sello negro que dice:
Secretaría de la Interpretación de Lenguas.”

Academia de Lenguas en Madrid y Murcia.
Desengañado Alcobér de su mala estrella y de que no le era posible alcanzar protección ni cargo alguno de importancia, estableció en la Corte, Calle Ancha de San Bernardo, una Academia universal de Idiomas, con curso ordinario y extraordinario. El primero comprendía los siguientes: Hebreo, Árabe, Alemán, Inglés, Latino, Italiano, Portugués y Francés. Y el segundo entre otros, el Griego, Caldeo, Samaritano, Rabínico, Holandés, Sueco, Danés y Flamenco. Entonces principalmente fue cuando la prensa periódica de todos los matices políticos alzó la voz en su favor y proclamó su mérito extraordinario, en la forma que luego veremos; aunque sin darle esto resultado alguno material. Así es, que después de haber tenido un año abierta su Academia y de haberse acreditado en ella con un trabajo superior a sus fuerzas físicas, juzgó más conveniente y ventajoso el trasladarse a Murcia; en donde tiene actualmente a su cargo, como Director y Propietario, un Colegio de Internos adjunto al Instituto de aquella Capital, y en donde emplea el tiempo que le permiten sus ocupaciones en la publicación de obras filológicas, como las que recientemente ha dado a luz, y las que sin intermisión irá publicando, según tiene prometido.

Obras que ha dado a la prensa, y que además se propone escribir. 


1. Método lexicológico y hermenéutico para aprender la Lengua francesa, fundado en las leyes de etimología, analogía, y onomatopeya, que presiden a la formación de las lenguas.
Un tomo en 4°.

2. Traducción gradual del Francés. Literal interlineal, gramatical a la vista, y libre. Un tomo en 4°.

3. Método lexicológico y hermenéutico para aprender la lengua inglesa, fundado en las leyes de etimología, analogía y onomatopeya, que presiden a la formación de las lenguas. Un tomo en 4°.

4. Traducción gradual del Inglés. Literal interlineal, gramatical a la vista, y libre. De prosa y de verso con la pronunciación figurada. Un tomo en 4°.

5. Cuadro sinóptico de la lengua inglesa. Un pliego, marca grande

6.Y los programas de las lenguas francesa e inglesa, que son dos folletitos pequeños.
Todas estas obras están adoptadas para texto en varios Institutos y otros Establecimientos, y
de ellas ha hecho también un aprecio singular S. A. R. el Príncipe Adalberto de Baviera.

Se propone publicar sucesivamente los métodos lexicológicos y hermenéuticos de las lenguas alemana, italiana, rusa, árabe, hebrea etc., y sus Traducciones graduales, siguiendo en todas estas obras el mismo sistema que en las ya publicadas. Y en la actualidad está imprimiendo un Compendio de la lengua inglesa, al que seguirán muy próximamente algunas traducciones de obras morales, muy útiles en el día para la Juventud.

Opinión de la prensa periódica en favor de Alcober.

La Iberia correspondiente al número del 10 de Enero de 1857, se explicaba de este modo:

«Protección nacional. Hemos leído un prospecto de la Academia de lenguas, que el Sr. D. Vicente Alcobér ha establecido en esta Corte, y creemos justo llamar sobré él la atención de nuestros lectores por lo que en ello se interesa la instrucción pública.

El Sr. Alcobér que a los 31 años poseía cuarenta idiomas y dialectos, debiendo estos conocimientos más bien a su ingenio e infatigable aplicación que a los maestros y países que ha visitado, fue admitido por unanimidad el año 1849 miembro ordinario de la Sociedad Asiática de París, tan luego como esta tuvo noticia de los vastos conocimientos filológicos
de nuestro compatriota.

Nuestro colega El Clamor en su número de 28 de Setiembre de 1854, ocupándose de esta notabilidad lingüística, decía: En cualquier pueblo civilizado se le aseguraría el resto de su vida a este hombre extraordinario: en España nos contentaremos con no verle morir en un hospital. Efectivamente es así; a pesar de que en Abril de 1853, según certificación impresa que acompaña a su prospecto, sufrió sin preparación alguna un examen de los
idiomas hebreo, árabe, alemán, inglés, latín, italiano, francés y portugués, ante varios Jefes y oficiales de la secretaría de Estado y de la interpretación de lenguas, no habiéndose extendido al griego, caldeo, samaritano, rabínico, holandés, sueco, danés y otros, por no haber oficiales que pudieran certificar de su aptitud; a pesar de esto, repetimos, nada ha hecho el gobierno por el Sr. Alcobér: y hasta la miserable plaza de 6,000 rs. que como escribiente desempeñaba ya en aquella época le fue quitada.

Al ministerio de Estado correspondía el haber tomado la iniciativa para recompensar a un joven que sin recursos, casi sin maestros y por sola la fuerza de su ingenio, ha logrado alcanzar tales resultados en la ciencia filológica, tan atrasada en España: pero ya que así no sea, exhortaremos al célebre políglota a que no desista del proyecto de generalizar sus conocimientos por medio del método racional y filosófico que ha inventado para
enseñar toda clase de idiomas, seguro de que obtendrá beneficios y se creará una posición independiente cuando el público le conozca, ya que nada debe esperar de nuestros Gobiernos.

Al día siguiente que La Iberia, publicó La Península el artículo siguiente.

Glorias españolas. Recomendamos muy eficazmente a nuestros compatriotas, la Academia de lenguas abierta en la calle Ancha de San Bernardo núm. 11 cuarto principal, dirigida por el Español D. Vicente Alcobér.

A la edad de treinta años, posee este eminente filólogo cuarenta idiomas y dialectos, siendo de notar, que han sido muy pocos los maestros que ha tenido; lo que pone de relieve el fenómeno de sus felices disposiciones.

La importante Sociedad asiática de París le cuenta en el número de sus individuos: el Gobierno español le hizo merced de un oscuro puesto en el Ministerio de la Gobernación. Gracias a tan lamentable desdén hacia los talentos útiles, nuestra juventud tiene abierta una Academia, donde hay clases ordinarias de los idiomas Hebreo, Árabe, Alemán, Inglés, Latino, Italiano, Portugués y Francés.

Hay también clases extraordinarias de otros muchos idiomas que el Sr. Alcobér conoce, no superficialmente, sino en su índole y filosofía; además de los estudios que ha hecho del griego, caldeo, samaritano, rabínico, holandés, sueco, danés, dameneo, etc.

Abrigamos el convencimiento de que la Academia de este distinguido profesor se verá concurrida como ninguna, porque a parte de sus grandes conocimientos de idiomas, posee un método tan natural y filosófico, que ahorra al discípulo gran parte de trabajo.

Este método debe ver pronto la luz pública, aplicado al estudio del francés.

También se ocupa su autor, de otra obra no menos importante para los que se dedican a eta
lengua; obra, que a nuestro modo de ver, aumentará su reputación literaria en España y en el estranjero. Cuando hace pocos días hemos tenido que guardar un doloroso silencio al leér el anuncio de un profesor de lenguas, donde se revelaba la más completa ignorancia de la española (que ofrecía enseñar), tenemos la mayor satisfacción eo anunciar al público
las lecciones de D. Vicente Alcobér, en la seguridad de que contribuimos a una gloria del país, y guiamos a los educandos hacia la sólida instrucción.

Antes de estos dos periódicos había publicado Las Novedades del 13 de Diciembre de 1856, en notable paralelo que a continuación trasladamos.



Mezzofante y Alcober.
Aunque no somos aficionados a los paralelos, hay ocasiones en que no podemos resistir a la tentación, y esta es una de ellas.

Hubo en Italia un hombre que asombró al mundo con sus conocimientos lingüísticos; poseía cuarenta o más lenguas y dialectos: hay en España otro hombre que posee igual o mayor número de lenguas y dialectos.

El hombre de Italia era el Cardenal Mezzofante: el hombre de España es el profesor Alcobér.

A Mezzofante le fueron favorables todas las circunstancias de su vida: a Alcobér todas, hasta hoy, le han sido adversas.

Mezzofante encontró protección en todos los Gobiernos de su patria: Alcobér no la ha encontrado en ninguno de la suya.

Mezzofante era italiano: Alcobér es español, y esto basta para su desgracia.

El italiano llegó a Cardenal y a Ministro de Instrucción pública en los Estados pontificios: el español ha vivido en un rincón ocupando una miserable plaza de escribiente en el Ministerio de la Gobernación.

A Mezzofante todos le han aplaudido y premiado en su patria: a Alcobér le han adulado algunos egoístas poderosos porque le han necesitado, y en seguida le han dejado en la pobreza y el olvido.

Mezzofante ha llegado a una vejez más que regular: Alcobér apenas pasa de 30 años.

Mezzofante ha muerto sin hacer nada por la ciencia de las lenguas; ha brillado como un meteoro, sin dejar tras de sí más que una memoria perecedera: Alcobér propaga sus conocimientos lingüísticos por medio de la enseñanza en una Academia que tiene
establecida en Madrid, y los propagará todavía más por la publicación de las obras que tiene preparadas.

¿Cuál de los dos políglotos tiene más mérito? ¿Cuál de los dos es más acreedor a la consideración del mundo civilizado? Nuestras simpatías se van desde luego hacia nuestro compatriota, sin que por ello desconozcamos el extraordinario mérito del célebre Cardenal y creemos que el Gobierno español debiera dar algún estímulo al sabio modesto, que lejos de la intriga ha desempeñado durante muchos años una plaza de escribiente, y que se afana por adquirir conocimientos lingüísticos para difundirlos después por medio de la enseñanza.

Finalmente, El Porvenir, El Diario Español, La Esperanza, y sobre todo, La Revista de Instrucción pública, hicieron los mayores elogios de Alcobér y recomendaron áltamente su mérito y producciones.

¿Qué más puede decirse de él? A pocos ha elogiado la prensa tan eficaz y unánimemente;
lo cual nos excusa a nosotros de todo género de comentarios. Solo añadiremos a su biografía los apuntes siguientes. Nació en Alcañiz el 19 de Octubre de 1822. Sus padres, aunque no abundaron en bienes de fortuna, eran honrados, laboriosos y buenos cristianos, y pudieron aun proporcionar a su hija el que hiciera sus primeros estudios de Latinidad y Humanidades en Alcañiz, y después los de Filosofía en la Capital de Aragón. Su carácter simpático y sus buenas costumbres unidos al gran caudal de conocimientos filológicos debidos a su aplicación y talento, lo han hecho siempre muy acreedor a la consideración del público Español y al aprecio y distinción de sus conciudadanos: ¡premio y favor justamente merecidos, que hasta los Extranjeros le han dispensado generosamente, publicando, sobre él dos honrosas Biografías en la Capital de Francia; la una en el Diccionario universal de Autores contemporáneos, y la otra en la Galería de Orientalistas de Europa!

Alcober, pues, cierra dignamente la ilustre y gloriosa galería de los hijos esclarecidos de Alcañiz, y prueba, como al principio digimos: que esta nuestra patria, a quien un escritor del siglo pasado llamó fecunda ingeniorum mater, ha dado en todos tiempos hombres célebres a la república de las letras, sin embargo del poco cultivo del talento natural de sus hijos.

Adición
Biografía de D. Gerónimo Bautista de Lanuza


El ilustrísimo Sr. D. Fr. Gerónimo Bautista de Lanuza fue natural de Híjar, pueblo del antiguo
Corregimiento de Alcañiz, distante de esta Ciudad cuatro leguas. Nació en dicho pueblo a 3 de Octubre de 1553 de una familia noble y distinguida, a la que honró sobremanera D. Martín de Lanuza, Justicia Mayor de Aragón, y hermano del D. Gerónimo. Siendo, pues, este último un hijo tan esclarecido del país y una gloria literaria de España, vamos a consagrar a su memoria estos ligeros apuntes biográficos.

A los diez y seis años de edad vistió ya D. Gerónimo el Santo Hábito de la ínclita Orden de
Predicadores, en el Real Convento de Santo Domingo de Zaragoza; donde tuvo por Maestro en el Noviciado al célebre P. Luis Beltrán, que después fue canonizado por la Iglesia y venerado como santo en los Altares. Habiendo profesado al año siguiente e iniciado allí sus estudios mayores, pasó al poco tiempo al Colegio de San Estevan de Salamanca,
en el cual concluyó su carrera literaria con notable aprovechamiento suyo y grande admiración y ejemplo de los demás.

Su Religión premió luego su ciencia, sus talentos sus virtudes con los cargos y títulos honoríficos de Presentado, Maestro, Prior, Provincial y Vicario General; y la Iglesia, con los Obispados de Barbastro y Albarracín.

Estando en su Silla de Barbastro, compuso en lengua castellana las famosas Homilías sobre los Evangelios de la Cuaresma, que concluyó de adicionar y perfeccionar en Albarracín; y su sobrino D. Miguel Bautista de Lanuza, las publicó en cuatro tomos en folio, poco después de la muerte del tío, que acaeció en dicha ciudad a 15 de Diciembre de 1621.

Entre las muchas obras notables que escribió y dio a la prensa, ocupan sin duda el primer lugar estas sus célebres Homilías. Tan pronto como se dieron a luz, se extendieron rápidamente por toda la Europa, mereciendo el aplauso y admiración de todos los sabios, y la deferencia de algunos celoso Escritores que las vertieron al latín y a otros varios idiomas.

Rebosa en ellas tan grande y oportuna erudición en todas las fuentes de la elocuencia sagrada y aun profana, que indisputablemente colocan a nuestro Autor a la altura de los Príncipes de la oratoria eclesiástica en España. En la parte que los Preceptistas llaman invención, puede decirse, con el dictamen de hombres muy competentes, que si no es Fr. Luis de Granada, no tiene rival alguno en nuestra Nación, y aun pocos en las extrañas: porque además de que el
fondo de sus Discursos es copioso y selecto en materiales científicos, su dicción es pura, correcta, nerviosa y grandilocuente. Si en la parte de la disposición de sus asuntos hubiera tenido el mérito que en la sobredicha de la invención, podría ponerse al mismo nivel que el Venerable Granada, y admitirse entonces por modelos a estos dos elocuentes Dominicanos.

Pero en medio de esta circunstancia de pura forma, tuvieron las Homilías de Lanuza la buena
suerte, de que en el último tercio del siglo pasado se encargasen de su refundición y arreglo dos hombres de mérito de la Universidad de Salamanca: los Doctores D. Juan Justo García y D. Miguel Martel. Estos redujeron hábilmente sus cuatro tomos en folio, a seis en cuarto (sin contar sus índices), formando así una excelente Colección, o sea Diccionario de Discursos o materias predicables, en que se hermanan muy bien la parte incentiva con la dispositiva, y la armonía del estilo con la de las palabras e ideas. Y de ello resulta una obra maestra, y acaso de las mejores que en su género tiene la Europa.

¿Y qué hubiera sido de tan preciosas Homilías si no hubieran concebido y llevado a cabo este buen pensamiento los precitados Doctores de Salamanca? Siendo ya los ejemplares de estas tan raros en España, acaso hubieran tenido igual suerte que los seis tomos de las Homilías o Sermones latinos del nunca bien ponderado Fr. Luis de Granada, que por un descuido indisculpable casi se han perdido del todo. ¡Parece increíble! Esta obra bellísima del Cicerón Español, que a una pluma tan fácil y correcta como la suya le costó diez años de trabajo y de vigilias, como él mismo testifica en el Prólogo de su Retórica; esta obra singular, que con las Meditaciones y la Guía de Pecadores (únicas que limó y corrigió) constituyen lo mejor y lo más selecto de sus espontáneas, inspiradas e inimitables producciones; esta obra admirable que tanto estimó la Europa, y con la cual tantos se hicieran tan grandes oradores: esta obra, digo, con dificultad se encuentra ahora en su país natal. Y lo que es aun más, ni aun se ha pensado, que sepamos, en que forme parte de las Colecciones modernas que
se han hecho de los luminosos escritos de nuestro elocuente escritor.
¿Y no podemos decir con razón, que es indisculpable este olvido?

Pues lo mismo que con los Sermones de Granada, creemos hubiera sucedido con las Homilías de nuestro paisano Lanuza, si los sobredichos catedráticos no las hubieran inmortalizado
en su obra, con gran crédito suyo y no poca gloria de nuestra literatura nacional. Obrando, pues, de este modo, han hecho un gran servicio al país, han contribuido al común aprovechamiento de las almas, y han suministrado un rico arsenal de ciencia y de doctrina a los que se consagran con ardor a la difícil carrera del Púlpito. Y he aquí justificado, en este concepto, el valor e importancia que atrás hemos atribuido a los hombres grandes, y lo mucho que contribuyen al común provecho y utilidad de los demás.

Por lo que mira a nuestro Illmo. Lanuza, no hay necesidad de que nos detengamos en proclamar y encarecer lo mucho que contribuyó a este fin: es cosa sabida de todos, pues que el mundo literario y el pueblo cristiano están llenos del eco de su nombre; lo cual nos excusa las muchas citas que en corroboración de lo dicho podríamos aducir. Pero antes de terminar esta breve reseña, vamos a citar tan solo una respetable autoridad, y ésta es la del Martirologio Dominicano impreso en Roma en 1638, que después del título Beati confessores nostri ordinis, dice lo siguiente acerca de las virtudes de este grande Obispo.

Frater Hieronimus Batista de Lanuza Provinciae Aragoniae, Episcopus Barbastrensis, et Albarracinensis, continuis jejuniis et cathenis ferreis carnem maceravit, futura praedixit, secreta cordium et statuum multorum in Purgatorio, egressumque ab eo cognovit. Sanctorum episcoporum aemulator, omnia bona usque ad propium lectum pauperibus erogavit. Ab omni laethali labe immunis (Confessario teste), septuagenarius ex hac luce ad aeternam est translatus. 

Apéndices de la sección tercera.
Fragmentos de la Historia latina de D. Jaime I de Aragón llamado el Conquistador, escrita por
D. Bernardino Gómez Miédes.

Conforme a lo que digimos en la página 419, vamos a transcribir aquí dos fragmentos notables de la mencionada obra latina de nuestro sabio escritor, después de los cuales seguirá su versión al Castellano. Trátase en el primero de la venida del Rey D. Jaime a Alcañiz, y del modo y manera con que se deliberó y determinó aquí la conquista del Reino de Valencia. Y en el segundo, presenta el Autor a grandes rasgos el retrato y panegírico de este Gran Monarca, después de haber referido y descrito ya en el curso de su Historia todos los grandes hechos y hazañas de su vida.

Fragmento primero.

LIBER IX

At vero Jacobus, cui nullum in omni vita vacuum tempus fuit, neque otium non negotiosum concessum, sed ab uno praeclaro facto ad aliud longe praeclarius continuus transitus atque firmus progressus; vix quidem Balearicum bellum confecerat (quod unum satis illi fuisset ad perillustre nomen et perpetuam famam condendam), cum statim ad Valentinum multo difficilius suscipiendum accessit.

Arduum sane illud, multisque nominibus dubium ac periculosum: tot conjunctis Sarracenorum Regibus qui mediam fere Hispaniam occupabant, suppetias allaturis; tot etiam Afris, praecipue Tunetanis, subsidio eidem affuturis, ipsoque Regno demum latissimo totque circunfuso populis atque armis praemunito: eoque magis quod Jacobus solus cum suis nullo aliorum Regum advocato auxilio coeptum persequi decrevisset. Nam cum ei pia illa mens esset in Valentino, quae in Balearico bello fuit, cum evellendi stirpitus Mahometanam sectam, tum veram Christi Religionem inducendi; nihil, divino duce nomine, non animose sibi aggrediendum, nihil non praeclare conficiendum putabat. Verum ne intermissis primis ad ultima procedamus, narrare prius oportet, quanam ex opportunitate quibusve consilio et rationibus permotus ille, ad tantum tamque praeclarum suscipiendum facinus animum induxerit.
Nam ex Rege aliisque sni temporis scriptoribus, rem ¡la se habuisse colligimus. Si quidem ex Balearibus in Cataloniam reversus Rex, ad ostia Iberi e trirremi exiens cum Nunio et aliis, Dertosanum pretervectus agrum, pervenit Alcanitium, perinsigne Aragonensium oppidum, in Cataloniae ab ortu, in Valentíae vero confinis a meridie situm. In monte quippe leniter acclivi, perpolita mille domorum constructione exaedificatum est, atque muro undique et turribus secto ex lapide munitum; quin et á superiore parte, arce quae oppido imminet prope inexpugnabili protectum: inferiore autem, Gadalopo fluvio profundo septum, adeoque copiosa rivorum deductione faecundandis agris apto, ut fructus inibi non uberes modo pervariique, sed suaves ac perdelicati proferantur. Ibi demum cives (e quibus historiae scriptor oriundus) tam pia et ingenua inter se concordia agunt, atque prudenti cum Reipublicae administratione pietatem colunt, ut non immerito divinitus factum fuerit, ut Jacobus ad sacrum hoc commeditandum, atque deliberandum bellum eo loci convenerit.

Cum igitur tranquilitate simul et amaenitate oppidi adductus ille, ibi dies aliquot arcem tenens consumpsisset, eo quoque venit Blascus Alago, qui biennio in Regno valentino egerat, ab illo die quo illud ingressus fuit una cum Abuzet hio Rege á Zaene pulso, ut diximus: quo tempore Blascus toto fere lustrato Regno, diligenter ejus situm, arces, munita loca, et incolarum vires inspexit, et quae ad ejusmodi oppugnationem facerent curiose didicit; necnon
amicos ex Sarracenis plures sibi paravit, quibus postea in commodum et rem Regis est usus. Itaque Rege, una cum Blasco et Nunio ac Follalcherio Promagistro Hospitalario in praecelsam arcis turrim ascendentibus, ut amaenissimo atque pulcherrimo inde loci prospectu fruerentur, Follalcherius proceram atque speciosam Regii corporis habitudinem staturamque (quattuor enim cubitorum et dimidii fuisse compertum est) contemplatus, cum tanta oris venustate atque majestate conjunctam, simulque admiratus juvenem annos vix natum XXVI cum multis aliis, tum Balearica victoria et triumpho decoratum; divino actus impulsu, ipsum sic est allocutus.

Enimvero Rex, quo magis te tuaque ab imeunte aetdte coepta, et praeclaras res gestas contemplor easque felicissimo successu semper conclusas fuisse considero, ac neque sine divino id nutu fieri posse animadverto; dignum te profecto existimo, qui majora tandem multoque praeclariora semper facta moliaris. Ac quoniam transmarinum bellum, tam arduum, tam difficile atque periculosum, tam belle feliciterque terra marique susceptum perfecisti; jam nunc Valentinum, quod et intimum ac domesticum est, et quam plurimis caussis tibi tuisque utile et honorificum, multo ardentius ut suscipias vehementer exopto: nempe, ut hoc ipsum quod á majoribus tuis Regibus toties frustra ceptum bellum fuit, tu, qui potentia et noviis Imperii accessionibus universos susperas, hauddubie confecturus persequaris. Quandoquidem, Blasco ductore, qui nuper tenues Valentinorum vires et facultates exploravit, nihil non tentandum, immo divino favente numine, in hoc unum bellum maxime tibi esse incumbendum existimo.

Quibus Follalcherii dictis assentiens Blascus, vera omnino praedicasse illum affirmavit; atque ad oppugnationem Regni commodissime exordiendam, Burrianam oppidum in
extremis Lergaonum campis, ad meridiem ultra fluvium Idubedam propeque mare situm, multis nominibus apitissimum designavit.

Haec utriusque dicta cum Regí grata fuissent, atque ad sacrum hujusmodi bellum suscipiendum divinitus agi sibi ipse videretur, omnibus nervis eidem intendendum statuit. Tametsi de caussis justis atque honestis ad inferendum illud prius disseri, ad idque alios quoque proceres convocari curavit. Quorum ultro citroque agitatis rationibus, in summa decretum fuit, juste Zaeno tyranno ac Regni occupatori bellum inferri, propterea quod Jacobum multis modis offenderit.

Fragmento segundo.

En el libro XX, da fin el Autor a su grande obra; pero antes de terminarla, nos presenta en breves y elocuentes frases (como hemos indicado) y a manera de epílogo, el retrato y panegírico del Rey D. Jaime. He aquí como lo hace y la manera con que concluye su brillante producción:

Quamobrem, ut extremum jam habeat historia, et aliquando peroremus, atque universis demum Regibus Dominisque terrarum, qui Reipublicae ac summis praesunt Imperiis, non magni modo Principis ac Imperatoris, sed etiam optimi persanctique viri imaginem tamquam in speculo contemplandam imitandamque proponamus; heroica ipsius facta, ac praecipuas quibus eximie praestitit virtutes, breviter in hanc summam referemus.

Pietatem enim ac Religionem, quae omnium sunt fundamenta virtutum, si in primis intueamur, habemus quidem contextatas ipsas, non solum singulari illius studio quo se totum defendendae Religioni dedidit, sed confirmatas etiam exaedificatione bis mille templorum, quae in expugnatis á se Sarracenorum Regnis erigi exornarique curavit.

Si magnanimitatem spectemus, ab ipsa prope infantia regiae majestatis personam cum imperatoria belli administratione gravissime sustinuit.
Si consilium in decernendo, nemo ipso attentius alienum adhibuit, proprii autem exitus nullius extitit felicior.
Si prudentiam, ex tam consideratis ejus actionibus ac aequabilitate universae vitae, summam in eo fuisse deprehendimus.
Si Reipublicae administrationem; qui leges composuit, acita sancivit, ac jussa populis descripsit; a consentanea rationi ac legibus administratione discedere, qui potuit?
Si vero providentiam summamque in bello diligentiam perpendamus; quamquam mire quidem incredibilem in praeveniendo hoste celeritatem suspicimus, minime tamen maturitatem in deliberando desideramus.
Quod si de admirabili illius temperatione, figura, et sanitate corporis agamus, nemo ipso inventus est suis io Regnis, neque statura procerior, neque habitudine praestantior, neque membrorum robore firmior; non denique valentior, sanior atque speciosior.
Oris enim venustate alliciebat cunctos, majestate conterrebat, comitate vero et affabilitate devincebat.
Eaque insuper salubritate fruebatur, ut vitam prope indolentem transegerit: aegrotasse siquidem numquam, nisi appropinquante obitu vissus fuit. Quin tanta etiam modestia et temperantia praeditus erat, ut Regum nullus in cibo et potu fuerit illo parcior, atque in dictornm simul et factorun moderatione nullus circunspectior.

Ad haec, si ad fortitudinem et armorum tractationem (unde expugnatoris cognomentum adeptus est) deveniamus qoem triginta contra Sarracenos praeliis interfuisse, praefuisse ac vicisse comperimus, num clarissimae fortitudinis reliquarumve virtutum bellicarum expertem judicabimus? Aut etiam, qui nihil non magnum agressus est, ac neque unquam ab incaepto destitit, sed voti semper compos evasit, inconstantem dicemus?

Verum neque á clemente sejungemus, propterea quod in unum dumtaxat impium, asotum et conspirantem filium, juste se praebuit acerbum; cum in reliquos omnino homines et populos, praesertim suplices, semper mansuetus fuerit ac perbenignus.

Lis adde humanitatem, qua virtute excelluit tantopere, ut numquam insolens ac superbus, sed omnibus facilis ae indulgens, atque cum gravitate semper extiterit humanissimus.

Jam vero liberalitas et magnificentia, debitae Regibus virtutes, ab eo ne abesse poterant, qui nihil fere sibi in expugnationibus retinuit, omnia divissit, cunctos locupletavit.

Patientiam, cum ubi oportuit semper habuit; tum incredibilem cum Sanctio et Ferdinando patruis, perpetuis suis aemulis atque insidiatoribus sustinuit.

At si veram ejus in amicos fidem constantiamque promissorum in hostes consideremus, eximia in utrosque pluraque, tum officia, tum grati animi beneficia contulit.

Ac si justitiam et misericordiam, praecipuas principum virtutes, adjongamus; utramque sic coluit, ut per eas nullus neque magis amandus, neque magis timendus Rex fuerit: ex quibus major illum, quam quemquam Regum consecuta fuit felicitas; cum et annis plus sexaginta regnaveri, et posteris non modo duplo majora quam acceperat pacata Regna reliquerit, sed ea etiam quae postea apud exteras gentes et terras últimas ab eisdem adepta sunt, illi uni accepta ipsi referre debuerint.

Totius enim Hispaniensis Imperii fundamenta posuisse illiun, cum ex historiis Regumque Annalibus compertum est, tum in ipsa operis praefatione satis superque á nobis probotum. Quod si tandem non minor est virtus quam quaerere parta tueri, quid nobis quaeso felicius? Quid illi etiam gloriosius? quam ne unum quidem palmum, quod dici solet, terrae quam semel cepit atque in ea pedem posuit, amisisse unquam? quinimo suis succesoribus
Regna usque adeo fixa tradidisse, ut ea, divino munere, post tot saecula, in hunc usque diem, tamquam sarta tecta, et summa cum Religione Christi fírmata, et magna cum Regum gloria conservata videamus?

Traducción de los dos fragmentos anteriores de la obra de D. Bernardino Gómez Miedes,
Fragmento primero.
Resuelve D. Jaime en Alcañiz la conquista del Reino de Valencia.

Mas D. Jaime, que en todo el discurso de su vida desaprovechó un momento el tiempo, y ni aun siquiera tuvo un ocio desocupado, pasando siempre con firmeza y seguridad de un hecho esclarecido a otro de más gloria y esplendor; apenas había dado feliz remate a la conquista de las Islas Baleares (que sola ella era suficiente para hacer ilustre su nombre y perpetuar su fama), cuando al punto determinó la conquista del Reino de Valencia, de mayor dificultad todavía.
Y en efecto; la empresa no podía ser más árdua y escabrosa: pues además de las muchas razones que la hacían dudosa, estaba erizada de peligros; ya por tantos Reyes unidos de los Sarracenos, que ocupaban casi la mitad de España y que fácilmente podían llevar socorros a Valencia; ya por tantas fuerzas del África y sobre todo del Reino de Túnez, de que podían enviarse buenos contingentes; y finalmente, por las del mismo Reino de Valencia, que además de la grande extensión de su territorio, estaba rodeada de pueblos y muy fortificado de antemano con armas: cuyas dificultades subían de punto si se consideraba, que D. Jaime acometía esta guerra por sí solo, y sin contar con otro alguno, pues que no solicitó ayuda de ningún género de sus Reyes correligionarios. Y como lo mismo en la guerra de Valencia que en la anterior de las Baleares dominase en él la idea santa y piadosa de destruir la raza mahometana e introducir la verdadera Religión de Cristo; por eso juzgaba, que contando con la luz divina, ninguna cosa podía emprender con más brío y esplendor que esta.

Pero siendo muy conveniente el que no omitamos las cosas primeras antes de llegar a las últimas, debemos contar en primer lugar, qué oportunidad, y qué consejos y razones movieron el ánimo del Rey para decidirse a tan grande hazaña. Nosotros, por el testimonio mismo del Monarca y por el de otros escritores de su tiempo, creemos poder asegurar, que el suceso pasó de esta manera:

Habiendo vuelto el Rey a Cataluña, procedente de las Islas Baleares, y desembarcado en las playas de Tortosa juntamente con Nuño y otros capitanes, llegó por fin a Alcañiz, pueblo insigne de Aragón, situado en los confines orientales de Cataluña y meridionales de Valencia.

Dicho pueblo está edificado junto a un monte de suave pendiente, adornado con la construcción de mil casas, y fortificado por todas partes con una muralla flanqueada de torreones, Se halla además protegido en la parte alta por un castillo casi inexpugnable que domina la población; y en la parte baja, rodeado hondamente por el río Guadalope, que por las muchas aguas y riegos que de él se extraen es muy al propósito para que produzcan
sus tierras copiosos y variados frutos de la más delicada y fina calidad. Finalmente, tienen allí sus habitantes (de los que desciende el que escribe esta historia) tanta unión y piadosa concordia entre si y tal respeto y veneración a la marcha recta y prudente del Gobierno, que no sin grande fortuna dispuso Dios que acudiere allí el Rey D. Jaime, para meditar y resolver esta guerra santa.

Habiendo, pues, pasado el Rey un día en el castillo, atraído no menos de la tranquilidad del sitio que de la amenidad de su vista; llegó allí D. Blasco de Alagón, que había permanecido dos años en el Reino de Valencia contando desde el día que entró en él con Abuceto, Rey moro desterrado por Zaen; como atrás hemos explicado.
Recorrido en este tiempo por D. Blasco casi todo el Reino de Valencia, inspeccionó diligentemente su situación, sus castillos, sus pueblos fortificados, y las fuerzas de sus habitantes; instruyéndose minuciosamente de sus recursos y medios de defensa, y sin omitir el ganar muchos amigos entre los Sarracenos, de los que el Rey hizo después grande uso y sacó no poco provecho. Así, pues, estando en compañía del Rey, D. Blasco, Ñuño, y Folalquer Gran Maestre del Hospital, subieron a la parte más elevada de la torre del Castillo, para disfrutar desde allí su amenísima y hermosa vista. Contemplando entonces Folalquer la gigantesca y gallarda presencia del Rey (cuya estatura no bajaba de cuatro codos y medio; o lo que es lo mismo, de 6 pies y medio de Rey), hermanando las gracias y finura de sus modales con la grave magestad de Monarca; y admirado sobremanera de que un joven que
apenas contaba veintiséis años de edad, viese orlada su frente con el triunfo de las Islas Baleares, además de otras muchas victorias; movido el precitado Gran Maestre como de un impulso superior, le habló de esta manera:

«Ciertamente, mi Rey y Señor, que cuanta más consideración pongo en vuestra persona, en vuestras brillantes calidades y en las esclarecidas hazañas, que con el éxito más feliz y completo habéis llevado a cabo desde la más tierna edad (lo cual sin la ayuda de Dios no lo creyera posible); tanto más digno os contemplo de que os determinéis aún a emprender mayores y más singulares empresas. Y por cuanto habéis terminado con tanto brío y felicidad una guerra transmarina tan difícil como peligrosa, emprendida a un mismo tiempo por mar y por tierra; hago votos, señor, y encarecidamente os ruego que toméis a vuestro cargo la conquista del Reino de Valencia que podemos decir tenemos dentro de casa: pues
por muchas y muy graves razones, sería esto muy útil para vuestros súbditos, y muy honorífico para vos. Quiero decir: que aquello mismo que tantas veces se frustró a vuestros Augustos Progenitores, vos que excedéis a todos ellos en poder, por las recientes adquisiciones con que habéis engrandecido vuestro Imperio, os decidáis sin vacilar a continuarlo y concluirlo: y tanto más, cuanto que teniendo por guía a D. Blasco de Alagón, que poco hace exploró perfectamente el poder y débiles fuerzas de los Moros Valencianos; no hay en mi sentir motivo alguno poderoso para que no os consagréis de todas veras a esta guerra santa, la única que tendríais en la actualidad, contando para ello con el favor del Cielo.»

A estas graves palabras de Folalquer, dio D. Blasco de Alagón su más completo asentimiento; manifestando que eran ciertas y valederas en todas sus partes: de lo que pasó a significar, que para dar un buen comienzo a la conquista de este Reino, debía proponer la toma de Burriana, que sería muy útil por todos conceptos; cuya plaza está situada en los últimos confines de los Ilergaones, a la otra parte del río Idúbeda por el mediodía, y muy cerca del mar.

Gustaron sobremanera al Rey estas notables explicaciones; y pareciéndole que obrando en este sentido belicoso sería fiel intérprete de la voluntad divina, determinó acometer la empresa con todo el nervio y empeño; no sin examinar y discutir antes las causas justas y honestas que se presentaban; para cuyo propósito convocó a junta a otros ilustres próceres.
El resultado final fue, que oídas y pesadas detenidamente todas las razones que se adujeron en pro y en contra, debía declararse y llevarse adelante esta guerra justa contra el tirano Zaen que ocupaba el Reino, por haber ofendido de muchos modos y maneras al Rey D. Jaime.

Aquí entra el Autor a detallar estos motivos; y continúa su historia refiriéndonos, que sin pérdida de tiempo pasó D. Jaime a celebrar Cortes en Monzón para dar cuenta al Reino de esta guerra y obtener medios y recursos para llevarla adelante: y que habiéndoselos concedido la Asamblea amplia y generosamente, regresó en seguida a Alcañiz, desde donde, después de haber bendecido las banderas militares, principió su gloriosa campaña (que inauguró con la toma de Morella), no tardando a ser coronada con el éxito más feliz y completo.

Fragmento segundo.
Retrato panegírico de D. Jaime.

Por lo cual, para que lleguemos ya al fin de nuestra historia y resumamos oportunamente lo dicho, expondremos en breves palabras las heroicas hazañas y principales virtudes en que sobresalió D. Jaime; presentando de este modo como en un espejo la gran figura e imagen, no solo de tan grande Príncipe y Emperador, sino de tan excelente y santo varón, a fin de que puedan así contemplarla, estudiarla, e imitarla con fruto todos los Reyes y Señores de la
tierra, que presiden y gobiernan las Repúblicas y los grandes Imperios del Mundo.

Y en primer lugar, si volvemos la vista hacia la piedad y Religión, que son el fundamento de todas las virtudes, las tenemos ya atestiguadas, no solo con aquel estudio sin guiar con que enteramente se consagraba a la defensa de la Religión, sino que confirmadas también plenamente con la construcción de dos mil templos que cuidó de erigir y restaurar en los Reinos conquistados a los Sarracenos.

Si atendemos a la magnanimidad, supo sostener y unir con gran pulso, así la dignidad real de su persona, como su imperial gobierno en los asuntos de la guerra.
Si a la dificultad de discernir el consejo, ninguno se aplicó más que él a examinar y apreciar el ajeno, y ninguno fue más feliz y atinado en el suyo propio.

Si a la prudencia, encontramos que fue en él extraordinaria, consideradas bien todas sus acciones y la igualdad de toda su vida.

Si a la administración de su Gobierno; quien dio leyes, sancionó las ya conocidas, y explicó y comentó sus mandatos a los pueblos, ¿cómo podía separarse en la gobernación de su Estado, de la recta razón y las mismas leyes?

Si examinamos sus disposiciones y su extraordinaria actividad para la guerra, aunque echamos de ver una increíble celeridad en anticiparse al enemigo, no descubrimos sin embargo falta alguna de peso y madurez en sus actos y deliberaciones.

Mas si queremos ocuparnos de la admirable figura, aseo, y sanidad de su cuerpo, no se halló ninguno en todos sus Reinos, ni de estatura más alta ni de presencia más hermosa, ni de mayor fuerza y robustez de miembros; ninguno, en fin, ni más esforzado, ni más sano, ni de figura más bella y elegante. Demás de esto, cautivaba a todos con su gracia en el decir; con su magestad les imponía; y con su afabilidad y cortesanía, los vencía y dominaba. Gozaba además de una salud tan cabal y perfecta, que pasó toda su vida casi sin ninguna alteración ni padecimiento, no llegando a estar enfermo mas que en los últimos días de su vida. Y estaba, así mismo, dotado de tanta modestia y templanza, que ningún Rey era más parco en la comida y bebida; y ninguno más circunspecto y mirado en sus dichos y hechos.

Y si sobre esto llegamos a hacer mención de su valor, poder y modo de hacer la guerra, lo cual le valió el sobrenombre de conquistador, ¿no declararemos, por ventura, dotado de una habilidad suma, de un valor indomable y de todas las prendas militares, a quien presenció, dirigió y ganó treinta batallas formales que dio a los Sarracenos?

¿O llamaremos inconstante a quien no acometió empresa que no fuera de grande empeño; que no desistió jamás de lo una vez comenzado, y que siempre llevó a cabo su propósito?

Pues tampoco le quitaremos el nombre de clemente, porque tan solo con un hijo suyo, libertino, irreligioso y conspirador, se manifestase riguroso y severo; puesto que siempre usó de mansedumbre y benignidad con todos sus pueblos y súbditos, sobre todo cuando le demandaban piedad y clemencia. A lo cual debe añadirse la humanidad de su carácter, en la cual sobresalió de tal manera, que nunca estuvo soberbio ni insolente, sino siempre accesible e indulgente con todos; sin que por eso dejase de hermanar la gravedad con el agrado.

¿Y cómo podían faltar en él la liberalidad y la magnificencia (virtudes necesarias a los Reyes) cuando nada retuvo para si de todas sus conquistas, repartiéndolas entre todos y a todos enriqueciendo?

Pues la virtud de la paciencia, siempre la tuvo y ejercitó sobremanera donde fue conveniente, llegando hasta el grado de increíble la que soportó con sus tíos D. Sancho y D. Fernando, émulos suyos y maquinadores perpetuos.

Y si consideramos la verdadera buena fé para con sus amigos, y la fidelidad de las promesas para con sus contrarios; diremos, que llenó a todos de grandes beneficios, ya por efecto del deber, ya por el de su gran voluntad.

Y si a estas añadimos la justicia y la misericordia, virtudes principalísimas de los Príncipes, no podemos menos de sentar, que dio tal culto a las dos conjuntamente, que no hubo jamás Rey ni más amado, ni más temido: de lo que sacó y disfrutó mayor felicidad que ningún otro de los Monarcas, pues que reinó más de sesenta años, y dejó a sus sucesores pacificados sus estados; y estos, no solo en doble número del que había recibido en herencia, sino que aun los que después de sus días se aumentaron de lejanas y apartadas tierras, deben atribuirse a quien tan sólidos fundamentos echó él solo a sus conquistas. Y en efecto es cosa averiguada y sabida por los Historiadores y Analistas del Reino, que D. Jaime puso los fundamentos
al Imperio Español, lo cual hemos probado ya suficientemente en el prefacio de esta obra.

Y si no es menos meritorio el conservar las cosas que adquirirlas; ruego se me diga, ¿qué mayor felicidad para nosotros y mayor gloria para él, que no haber perdido jamás ni aun palmo de tierra (como suele decirse) del terreno que una vez pisó y conquistó, entregando a sus sucesores los Reinos que hasta nuestros días se han mantenido firmes y sin menoscabo alguno, y viéndolos, con el favor de Dios, fielmente conservados después de tantos siglos, y afirmados grandemente con la Religión de Cristo y no pequeña gloria de nuestros Reyes?

II
Poesías latinas de D. Domingo Andrés.
1.
Ad eum, qui Alcagnitium, resque alcagnitienseis describendas susceperit.

Alcagnitiacas calamo res texere quisquis
Forté velis, nostrum sume benignus ave.
Dileotam ornavit patriam natura decore,
Faecundum tribuit frugiferumque solum:
Temperie, victu, liquidis uberrima lymphis;
Bacchei laticis, palladiique ferax.
Purpureo faecunda croco, faecunda metallis;
Nec siculi inferior fertilitate soli.
Fontibus assiuduis, fluvio proluta rapaci:
Quos tibi non fructus, non olus illa dabit?
Pinguibus armentis herbosis obsita pratis;
Clara magistratu, nobilis ingèniis.
Turribus et muris, domibusque instructa superbis;
Arce minans, tu vix possit ab hoste capi.
Partim declivis, partim diffusa per aequor
Rugosum; Borea mulsa salutifero.

Longaevis conferta viris, Regique Deoque
Fida suis; juvenum robore tuta satis.
Irarum domitrix; aeterna pace quieta:
Purgatrix scelerum quodlibet ulta nefas;
Lumina prospects longe delectat amaeno,
Altera pars coeli suspicienda patet.
Quid referam stagnum? Quid plenas piscibus undas?
Quorum esu assuerunt guttura nostra capi.
Guttura nostra capi: plus quam si ex aequore pisceis,
Plús quám si ex quovis amne gulosus edas.
Nunc quoque bombicum coeptat flavescere filo,
Nequid faecundo deesse reare solo.
Res gestas si nosse cupis, complexaque quondam
Jam fuerit nostros gloria quanta viros,
Gestárum antiquos annaleis consule rerum,
Materia historiae est lata futura tuae.

II
De immenso Dei erga homines amore.

Omnipotens tanto erga homines flagravit amore,
Quanto haud flagraret, ni Deus esset amor.
Est amor, idcirco velut ignea lampas amoris
Ex illo exurgit, qualis ab igne calor.
Divitias coeli liquit Patremque coaevum,
Inque hominum facie desiit esse Deus.
Non quin fulgeret lux omnipotentis in illo,
Sed mens illorum quód tenebrosa foret.
Esuriit, sitiit, factus mortalis homoque,
Quot Deus est passus vulnera, nemo tulit.
Cur tot supplicia expertus, solymosque furores,
Tam diro statuit funere velle mori?
Ille amor, ex summo qui pendet amore, coegit,
Molliter indulsit sic amor ipse sibi.


III
Ad Bernardinum Gomezium Miedem electum Albarracini Episcopum.

Te stupui, moresque tuos, pectusque disertam,
De Sale, de gestis cum loquerere ducum,
Teque quod allexit generosa Valentia quondam,
Compulit et patrios deseruisse lares
Id stupet et tanta rerum sub mole Philippus,
Et cum Principibus martia Roma suis.
Hinc te muneribus decorant, et laudibus ornant;
Ilustre et faciunt nomen in orbe tuum.
Regibus incedis jam par Proapostolus ingens;.
Jam quid te majus terra creare potest?
Nil; nisi sis summus, cui paret Roma, sacerdos;
Imperium solus latius ille gerit.
Sed quid obest, post haec quin tu potiaris et illo?
Esse haec virtutis praemia digna solent.
Sed satis est, jam tale tibi nil opto: sed opto
Te placida in celsa sede quiete frui.
Felices nimium qui te genuere parentes!
Altrix aura tui, patria, secla, domus!
Felices cunae, quae te tenuere tenellum,
Vagorem molles quae sopiere tuum!
Te consanguinei et cives laetantur alumno,
Et res gratatur publica tota tibi.
Alcagnitiacum te ergo reminiscere civem,
Hisque, si opus fuerit, civibus affer opem. 

IV
Epitaphium de Andrea Sancto Archiepiscopo Caesaraugustano qui obiit Monsonii, dum ferendis legibus vacabat.

Hic jacet ille decus regis, Proapostolus urbis, Qui pariter vita, nomine Sanctus erat.

V
Epitaphium de Petro Harba.

Qui tot opes, tot equos, tot amicos totque clientes,
Tantum cum tanta religione decus,
Qui parte ex decima latum possederat agrum
Nil, nisi quantum corpore praestat, habet.


Traducción de las anteriores poesías de D. Domingo Andrés.

I
Al que escribiere la historia y descripción de Alcañiz.

Salud, salud yo envío
Al noble autor, que de Alcañiz hermosa
La gloria y poderío
y su historia famosa
Eterna hará con descripción curiosa.
La natura a porfía
De ricos dones y suelo abundoso
Dotó a la patria mía:
Su temple es delicioso,
Sus manjares del gusto más sabroso.
En aguas cristalinas
También abunda, en viñas y arbolado;
Sus valles y colinas
Aceite dan preciado
Del verde árbol a Palas consagrado.
Ricas micas ostenta
Su terreno; y azafrán que aroma exhala
Su campiña presenta,
Que en lozanía y gala
El suelo fértil de Sicilia iguala.
¿Qué diré de sus fuentes,
Y de su río que las ondas riza
En rápidas corrientes?
¿Qué frutas, qué hortaliza
Guadalope no riega y fecundiza?
Siempre tiene y ha tenido
Grandes rebaños en sus verdes prados;
De su seno han salido
Ilustres magistrados,
Y cien sabios de todos admirados.
Torres altas y hermosas
Altiva ostenta; muralla arrogante,
Casas grandes, suntuosas,
Y alcázar culminante,
Que fue el terror del moro vacilante.
De un monte en la ladera
Está Alcañiz hermosa reclinada:
El fresco cierzo orea
Mi patria celebrada
De largas y anchas calles adornada.
Larga vida disfrutan
Sus ciudadanos; la fé debida
A Dios y al Rey tributan:
Su juventud lucida
La mantiene segura y defendida.
La ira y furor domina,
Y eterna paz disfrutando sigue:
La maldad abomina,
La castiga y persigue,
Y su ultrajado honor vengar consigue.
De su elevado monte
El hombre admira, descubre y pondera
Magnífico horizonte,
Que la vista recrea,
Y el cielo claro, azul, que le rodea.
¿Quién no alaba a porfía
Las anguilas y barbos asombrosos
Que su ancho estanque cría?
En convites suntuosos
Sus peces admiré, ricos, sabrosos.
No hay para el gusto mío
En otro estanque, ni en el mar salado.
Ni en algún otro río
Tan gustoso pescado,
Tan exquisito, suave y regalado.
Para que nada falte,
Fomenta ahora con activo celo
La seda, que honre y exalte
A su fecundo suelo;
¡Tierra de promisión, que le dio el Cielo!
Mas si saber deseas
Sus inmortales, ínclitas acciones,
Y en describir te empleas
De Alcañiz los blasones,
Y sus grandes y heroicos varones;
De autores imparciales
Consultarás con crítica juiciosa
Los antiguos anales;
Dó materia copiosa
Siempre hallará tu descripción hermosa.

II
Del inmenso amor que Dios tiene a los hombres.

El Dios omnipotente
Al hombre amó; pero de tal manera,
Con amor tan ardiente,
Que Dios si amor no fuera,
Tan gran amor al hombre no tuviera.
Pero es amor que inflama;
Y radiante despide por dó quiera
De amor ígnea llama,
De la misma manera
Que despide calor la ardiente hoguera.
Abandonó del Cielo
Las delicias y al Padre coeterno:
Y en este triste suelo
Al parecer externo
Dejó de ser lo que era: Dios y Eterno.
La suma omnipotencia
De Jesús en las obras se veía;
Mas la humana conciencia,
Que en tinieblas yacía
A su Padre y su Dios desconocía.
Hambre y sed Jesús tuvo,
Y siendo Dios en hombre convertido.
La ira de Dios contuvo:
Jamás ninguno ha habido
Que tanto como Dios haya sufrido.
Mas ¿qué le movería
A sufrir tanta y tan amarga pena,
Por una raza impía
Que a muerte le condena,
Y muerte cruel, triste y de afrenta llena?
Solo el amor que tiene
A los hijos de Adán; amor ardiente
Que del Sumo Amor viene,
Tan fuerte y vehemente,
Que hizo morir a Cristo omnipotente.

III
A D. Bernardino Gómez Miedes, Obispo electo de Albarracín.

Tu virtud y tu ciencia,
Ilustre Miedes, contemplo extasiado,
Y la gran elocuencia
Que en tu historia has mostrado,
Y en el libro de Sale celebrado.
A su recinto ameno
Valencia te llamó; y alcanzó dichosa
Extraerte del seno
De tu Alcañiz hermosa,
De mil héroes patria venturosa.
Admiración inspira
Tu suma ciencia y tu decir fecundo;
El rey de España admira
Con Roma y todo el mundo
Tu gran talento, tu saber profundo.

Por eso mil honores
Unos y otros te ofrecen a porfía;
Ensalzan tus loores.
Tu ingenio y maestría,
Con honra y gloria de la patria mía,
A los reyes igualas,
¡O gran prelado!, y en dignidad excedes:
¿Pon ventura otras galas,
O mayores mercedes,
Puedo darle la tierra, ínclito Miedes?
De Roma, sabia y justa
Tan solo el Pontífice te supera;
Solo la Tiara augusta.
Que en todo el orbe impera,
Puede ya darse a tu virtud sincera.
¿Y qué extraño sería
Que más tarde tu saber alcanzara
Tal premio, tal valía?
Pues de virtud tan rara
Premio podía ser la excelsa tiara.
Pero basta, caro amigo;
Tanta carga jamás te  deseado;
Y a Dios ruego contigo
Que vivas sosegado,
Y largos años rijas tu Obispado.
¡Feliz sea mil veces
Quien tal hijo crió! ¡Feliz tu suelo,
Y el siglo en que floreces!
Por tu ciencia y tu celo
Ilustre es Alcañiz como yo anhelo.
¡Feliz, feliz la cuna,
Que siendo niño te meció dichosa,
Y blanda cual ninguna
En noche silenciosa
El sueño concilió a tu faz hermosa!
Contigo se envanecen
Tus amigos, paisanos y parientes,
Que de su amor te ofrecen
Mil pruebas elocuentes,
Y el parabién te dan muy reverentes,
Recuerda pues, ó Miedes,
Que en Alcañiz con gran dicha has nacido;
Y haz todo cuanto puedes
Por tu Alcañiz querido,
Pues tu patria y tu tierna madre ha sido.

IV

Epitafio de D. Andrés Santo Arzobispo de Zaragoza que murió en las Cortes de Monzón.

Aquí yace bajo esta dura losa
Aquel que de Aragón fue el ornamento,
De Zaragoza honor, lustre, contento,
Y prelado ejemplar que en paz reposa:
Santo era su apellido
Y por santo en sus obras fue tenido.

V
Epitafio de D. Pedro Harbas.

El que amigos, caballos y clientes
De honores y riquezas rodeado
Era el pasmo y envidia de las gentes
Por su campo feraz y dilatado,
Yace exánime con gran desventura
En esta triste y angosta sepultura.

III
Poesías de D. Gaspar Bono Serrano.

A UNA FUENTE DE ALCAÑIZ.

ROMANCE.

(Fies nobilium tu quoque fontium.)
Horat.

Loor, loor a tus Aguas,
Pura y cristalina fuente,
Gloria de la patria mía
Y vida de estos vergeles.
De júbilo y complacencia
Mi corazón salta al verte
Muy más que las arenillas,
Que en tu fondo se remueven.
Desque mi oído no halagas
Con tu murmullo perenne,
Diez veces giró la tierra
En turno al astro luciente.
Permíteme que en tu margen
Embebecido contemple
Las bellas transformaciones,
Que estas llanuras te deben.
Por ti de verdor se visten:
Por ti la rosa florece,
Y de oro y grana sus hojas
Pomposo el clavel extiende.
Tú eres madre de ese arroyo:
Tú, benéfica, mantienes
Las lozanas arboledas
Por cuyas calles se pierde.
Bajo su toldo sombrío
El segador se guarece
De las llamas con que ahora
Sirio la atmósfera enciende.
Por ti de espigas ornada
Está allí mostrando Ceres
Con el índice al colono
Las ya sazonadas mieses:
Y gozoso verá luego,
Que el rico otoño aparece,
De frutos y verdes hojas
Ceñidas las rubias sienes.
Esos árboles entonces
¡Cuán liberales le ofrecen
Las pomas en que compiten
La escarlata con la nieve!
Oh sitios, felices sitios,
Teatro de mis niñeces,
¡Cuánto halagüeño recuerdo
Hoy ofrecéis a mi mente!
En estos álamos blancos
El nido cogí mil veces
Del pintado jilguerillo
Y del ruiseñor doliente.
En ese limpio remanso,
Que apenas las ondas mueve,
Con el engañoso cebo
Solía prender los peces.
En las vecinas praderas,
Veloz como el viento leve,
Tras juguetón cabritillo
Corría y triscaba alegre.
En aquel herboso llano,
o en ese risco eminente,
Las incautas avecillas
Aprisionaba con redes.
Oh fresno, tu grata sombra.
Me cubría, cuando Euturpe
Puso el blando caramillo
En mi labio balbuciente.
Oh alegrías inefables!
Oh deliciosos placeres!
Con mis cándidos abriles
Volasteis ya para siempre.
De mis lágrimas y ruegos
Movida por fin la suerte,
Al regazo de mi patria
Hoy bondadosa me vuelve.
Amena y fértil ribera,
De paz y ventura albergue,
Después de suspiros tantos
Ya torno feliz a verte.
Ya torno a oír el murmullo
De esta sonora corriente,
Que del ánimo afligido
Los pesares adormece.
¡Cuán copiosa, oh fuente, manas!
Por bocas diez veces siete,
A pesar del seco estío,
Líquidos cristales viertes.
Sigue en tu plácido curso,
En tanto sus ondas vuelquen
Los sesgos ríos de España
En el mar del Occidente.

II
Al Guadalope.
ROMANCE.

Dura … emovére loco me tempora grato,
Civilisque rudem belli tulit aestus in arma.
Horat. Lib. II Epist.

Adiós, cristalino río,
Adiós, manso Guadalope,
Que ufano con tu guirnalda
De juncos y olivo y roble;
Besas con mudo respeto
Los antiguos torreones,
Que de mi querida Patria
Enaltecieron el nombre.
Nombre de gloria, que alegra
Con sus bellos resplandores,
Cual radiante lucero.
Al español horizonte.
Esos venerandos muros,
Colosos de piedra inmobles,
Custodiando la bandera,
Que ornaron barras por mote;
Fueron dique, do estrellados
Vio el musulmán sus furores,
Al querer esta comarca
Inundar con cien legiones.
El Batallador Alfonso,
Nieto digno de los Condes,
Que a Sobrarve libertaron
De africanos opresores;
Aquí, cual rayo de guerra,
Incendió los pabellones,
Do brillará esplendorosa
La Media-luna hasta entonces.
Allí el perínclito Jaime,
A quién dieron las naciones
De Conquistador invicto
El merecido renombre,
Prosternado ante las aras,
Bendijo la enseña noble,
Que después tremoló heroico,
Apellidando a San Jorge;
Sobre las altas almenas
De la Capital, en donde
El Cid sucumbido había
De la Parca al rudo golpe.
Allá desafía al tiempo
Gótica y osada torre,
Que su frente venerable
Entre las nubes esconde.
Pregonero de los siglos,
Que cual torbellinos corren,
Publica de Calatrava
Los no empañados blasones.
Aún adorna su cabeza
La Cruz, que sirvió de norte
A los bravos caballeros
En cien lides vencedores.
Lápidas, que la embellecen,
Mudas anuncian al orbe
Hazañas de los Heredias,
Lizanas y Cervellones.
En aquel viejo palacio
De magestuosa mole.
Que resiste a la violencia
De los años destructores;

Para atajar el incendio
De civiles disensiones,
Y elegir Monarca augusto,
Aragón congregó Cortes.
¿Quién puede, Alcañiz, tus glorias
Cantar en dignos loores,
Aunque en las alas del genio
Atrevido se remonte?
Tú fuiste fecunda madre
De esclarecidos varones,
Que realzarte supieron
Con sus relevantes dotes.
¿Cuál de tus amantes hijos
Tendrá corazón de bronce,
Para olvidarte, aunque el Cielo
Lo lleve a ignotas regiones?
Mísero yo a quien ceñudo
En este día desoye,
Por más que mi pecho gima,
Por más que mis ojos lloren!
Tronaron del infortunio
Los airados aquilones,
Y en mar sañudo mi quilla
Es forzoso ya que bogue.
¡Triste, lamentable suerte!
a pesar de sus clamores,
Para el dolor y el gemido
Solo nacieron los hombres.
En estos amenos valles,
de no agitan las pasiones
La inocencia y el sosiego
De sencillos labradores;
Transcurrieron silenciosos
Mis tiernos años veloces,
Tranquilos como ese arroyo,
Que resbala por el bosque.
Aquí de Laso y Batilo,
Cisnes del Tajo y del Tormes,
A quienes la frente inclinan
De otros ríos los cantores;
El pastoril caramillo
Ensayé cándido joven,
Al celebrar de estos campos
Las dichas y los amores.
Se disipó mi ventura,
Cual fugaces ilusiones,
Con que el blando sueño halaga
En las sombras de la noche.
Adiós cabaña querida.
Rica de paz, de oro pobre,
Que la fratricida lucha
No turbó con sus horrores.
Llegó de partir la hora
a los cantábricos montes.
Do en lid ¡ay Dios! intestina
Fenecen los españoles.
En vez de los blandos trinos,
Con que aquí los ruiseñores
A los cantos del Poeta.
Desde la olmeda responden;
Mi corazón y mi oído
Afligirán atambores,
Y el choque de los aceros,
Y el tronar de los cañones.
Y tú, o río, sacro Numen
De mis números acordes,
Cuando más propicia estrella
Me prodigó sus favores;
La endecha de despida,
Con que suspirando rompe
Mi labio tus puras auras,
Cual padre de amor, acoge.
Vuélvame el Cielo a tu margen,
Do entre adelfa y tristes flores
Mudas mis yertas cenizas.
En el sepulcro reposen.

Mayo de 1834.

III
Entrada de los aragoneses y catalanes en Atenas.
ROMANCE.

Entró feliz en Atenas
La falange celebrada,
Que luce en sus estandartes
Las aragonesas barras.
Todavía sus proezas,
Que ha visto la madre patria,
Regocijan al cristiano
Y a los árabes espantan:
Todavía su denuedo
Sirve de robusta basa

De Sicilia al trono augusto,
A despecho de la Francia:
Cuando tras nuevos blasones
Vuelan a región lejana,
Viendo en el suelo nativo,
Que la Paz tiende sus alas
No bien de Mesina el faro
Pierden de vista, y la playa
Pisando opuesta, los bronces
Rompen sonoros la salva,
Cuando al amago tan solo
De sus vencedoras armas,
El terror y abatimiento
Aquí y allí se propagan.
Retumba el clarín de guerra,
Y cien huestes otomanas;
Y toda la Grecia junta
Al español amenazan.
Mas cual de hinchados torrentes
Resisten la furia brava
Tras diluvial aguacero
Los riscos de la montaña,
De los batallones turcos
Y griegos las oleadas
Estréllanse repelidas
Por la española pujanza.
Dílo, famoso Meandro,
Que en el fondo de tus aguas
Pavorido sepultaste
Mil sangrientas cimitarras.
Dílo, cavernoso Tauro,
Cuyas piníferas faldas
Tus defensores muriendo
Matizaron de escarlata.
Díganlo en fin los vergeles
Y amenos campos de Trácia,
Que de Aquilea a los hijos
Vieron volver las espaldas;
Donde del divino Orfeo
Sonó la cítara blanda,
Con su armonía encantando
Arboledas y cascadas.
Y tú, Galípoli amiga,
Tú presenciaste la hazaña,
Admiración de valientes,
Digna de sublimes almas;
La que en siglos posteriores
El gran Cortés imitara,
Desafiando las iras
De las hordas mejicanas.
Tú a los campeones viste
Echar a fondo la armada,
Solo de victoria o muerte
Quedándoles la esperanza.
De entonces, sin más apoyo
Que su acero y su constancia,
Ni más muros que sus pechos,
Sostuvieron la campaña.
En vano, en vano pretende
Ajar sus ilustres palmas
El nieto de Constantino
Con sus tropas no domadas.
En vano los Masagétas,
De guerreros noble raza,
Se esfuerzan por oponerles
Sus cortadoras espadas.
Y en vano Espinola activo
Con la genovesa escuadra
El camino de la gloria
Por obstruírles se afana.
Sigue venciendo el Ibero,
Sin que ni diques ni vallas.
El raudo progreso enfrenen
De su triunfadora planta.
En tormentoso equinoccio
Así la mar desbordada,
Muelles y arrecifes huella,
Campos y pueblos allana.
De mil enemigas huestes
Las banderas arrolladas,
Los baluartes asaltados
Y escaladas sus murallas;
Los españoles ceñidos
De florecientes guirnaldas,
En la memorable Atenas
Hacen su triunfal entrada.
En vez de atronar horrible
El ronco grito de alarma,
Los himnos de la victoria
Suenan en calles y plazas.
El grato rumor despierta
A mil sombras venerandas,
Que los clarines un día
Fatigaron de la Fama.
De sus respetables tumbas
La sien gloriosa levantan,
Y saludan a los bravos,
Admirando sus hazañas.
Venturosos vencedores,
A cuyo valor consagran
Los manes de otros guerreros,
Noble feudo de alabanza.
Venturosos vencedores,
Que tras cien y cien batallas,
De sus frondosos laureles
Hoy a la sombra descansan.

IV

A la Santa Cruz.

Questo è l’eccelso e fortunato Legno,
Ministro à noi della celeste aita.
Metastasio.

Oh Leño de esperanza,
Que produjiste de salud el fruto,
¿Quién de amor y alabanza
Te negará el tributo?
Diga tu prez el suelo,
Respondiendo a los cánticos del cielo.

En ti de pies y manos
Viendo clavado al Hijo del Eterno,
Alientan los cristianos,
Y del temido infierno
a la saña y furores
Oponen tus auxilios vencedores.

Con el licor sagrado
Que en raudales copiosos te enrojece,
De Adán purificado
La culpa desparece:
Que sangre es de templanza,
No, Abel, como la tuya de venganza.

Cual en astro luciente,
Hoy su rostro en la Cruz mira risueño
El Padre Omnipotente,
Desarrugado el ceño,
Que estremeció iracundo
A cielo, y tierra y báratro profundo.

Regocíjate ahora
Con la enseña, Israel, ya redimido,
Que te dio triunfadora
El reino antes perdido:
Sus eternales puertas
El León de Judá te dejó abiertas.

Enseña, que fulgura
De templos y encumbrados torreones
En la sublime altura,
Salud y bendiciones
Nunciando en lontananza,
Cual Iris bello de la nueva alianza.

Ya vive, ya respira,
Del Jordán, saludando la corriente,
La que objeto de ira
Estirpe delincuente,
Sufrió yugo inhumano
Allá de Egipto en el confín lejano.

De Cristo a los atletas
¿Quién alentaba a desigual batalla?
¿Quién contra las saetas
Servíales de malla,
Y el fuego más activo
Calmaba cual suave lenitivo?

A mil vírgenes puras,
De belleza y virtud noble dechado,
Del amor las dulzuras
Al despreciar de grado,
Ella presta heroísmo
Contra la carne, el mundo y el abismo.

Y en grato vergel muda,
De pintoresca, amenidad cubierto
La aspereza desnuda
Del fragoso desierto,
Que humilde solitario,
Convierte de piedad en santuario.

En su constante giro
Cuando fluctúen entre sí chocando
Los orbes de zafiro.
La creación quedando
Con fragor sepultada
En el piélago inmenso de la nada;

La Cruz resplandeciente
Brillará más que el Sol, rey de la esfera,
Y a su luz la serpiente,
Que al hombre pervirtiera,
Con la hueste precita
Caerá bramando en la región maldita.

Los celestiales coros,
El Lábaro escoltando sacrosanto,
Celebrarán sonoros
En jubiloso canto
De Jesús la victoria,
Por siglos mil y mil de paz y gloria.

Signo de eterna vida,
Árbol de redención, que salvó al mundo,
No niegues acogida
A mi dolor profundo;
Que al Varón de dolores
En ti plugo morir por pecadores.

Defiende augusto pino
Defiende con tu sombra bienhechora
A triste peregrino,

Que lloroso te adora,
Dando gracia y consuelo
Al desterrado mísero del cielo.

V

A Nuestra Señora al pié de la Cruz.
Elegía sacra.

Ya que desamparada de los hombres
Y hasta del mismo Cielo,
Lloráis vuestra orfandad y desconsuelo,
Desolada Señora;
Permitid compasiva os acompañe
El triste pecador que también llora.
Dadme que vuestros pies humilde bañe
Con emociones de filial ternura,
Sin rechazar, benéfica María,
Mi torpe indignidad, mi boca impura.
Dadme, si, que, en el polvo prosternado,
Considere el martirio, la agonía
De vuestro corazón despedazado,
Y arderá en vuestro amor el alma mía.
El Cordero inocente,
Que del seno del Padre a lavar vino
De su costado en el raudal divino
Al humano linage delincuente:
El inefable Verbo,
Que para abrir las puertas eternales,
Escogió, al humanarse como siervo,
Vuestras castas entrañas virginales;
De la Cruz inmolado ya en el ara,
Yace ahora sangriento
En vuestro dulce maternal regazo,
Y al estrecharle en entrañable abrazo,
Acrecéis más y más vuestra tormento.
En un mar anegada de amargura
Contempláis, oh María,
Esa víctima pura:
más al ver el estrago
Con que la rabia de Israel impía
Lastimó su inocencia,
Desviáis de sus miembros destrozados
Los ojos con violencia:
Los ojos inflamados,
Que fijos en el cielo justiciero
Con silencio profundo,
De un ¡ay! interrumpido lastimero;
Cúlpanle al parecer el abandono
En que expiara el Salvador a manos
De seres inhumanos,
Ciegos de saña y de implacable encono.
El áspero madero
Con la reciente sangre matizado,
Que el cándido Cordero
Por la estirpe de Adán ha derramado;
Es de vuestra cabeza el solo apoyo
En el frío letargo,
Que os hiela los espíritus vitales;
Y en vez de dar alivio a vuestros males,
Fomenta ¡oh Dios! vuestro dolor amargo.

La corona de espinas
Que taladró las fibras delicadas
De sus sienes divinas;
Los clavos penetrantes
Que rasgaran las manos, creadoras
De la tierra y los Cielos rutilantes;
La despiadada lanza
Que en su costado santo abrió la herida,
Origen de salud, fuente de vida,
Que restituye al mundo la esperanza;
Todos cuantos despojos
A su pasión sirvieron este día,
Todos a vuestros ojos
Ahora están patentes:
Y todos a porfía
Vuestro pecho traspasan inclementes.
A los umbríos pálidos reflejos,
Que el macilento sol despide apenas,
La corle de David allá a lo lejos
Solitarias descubre sus almenas.
Miráis, afligidísima Señora,
Aquel horrible y fúnebre recinto,

Y os embisten crueles nuevas penas.
¡Qué mucho, empero! Recordáis ahora,
Que en la ciudad un tiempo de los justos,
Para absolver la raza pecadora,
En inicua sentencia
Ha sido condenada la inocencia.
De alados paraninfos esos coros,
Que del dulce Jesús el nacimiento
Celebraron sonoros
Con cánticos de júbilo y contento;
Hoy su rostro cubierto con las alas,
Por no ver horror tanto,
Del divino cadáver sin consuelo
Vagan en torno derramando llanto:
Y su amoroso duelo,
Y su dolor prolijo,
Las lágrimas sin término acrecientan
Con que el cuerpo bañáis de vuestro Hijo.
Madre del infortunio.
De la inmortal Sion Virgen sagrada,
Todo arrecia la horrísona tormenta
Do fluctuar os veo consternada.
La creación lamenta
La muerte de Jesús. El sol fallece,
Y la noche enlutada se presenta.
La tierra con espanto se estremece;
Reluchan los furiosos aquilones,
Sacudiendo en su empuje las montañas
Que servían de techo a sus prisiones.
Brama el mar iracundo:
Ábrense los sepulcros: los peñascos
Con fragor se quebrantan: hoy el mundo
A su caos primero
De grado volver quiere,
El gemido escuchando postrimero
Del Redentor, que por el hombre muere.
Enmudece de espanto, oh lira mía,
Cuando naturaleza
Pregona en plañideros alaridos
Su sombrío terror y su tristeza.
En flores de sepulcro convertidos
Tus adornos de rosa y azahares,
El acento suspende melodioso:
Que con silencio humilde y religioso
Más que en dulces cantares,
Plugo al cielo benigno concederte
Acompañar en tan funesto día
Del buen Jesús la dolorosa muerte,
La soledad y angustias de María.

VI
A LAS VICTORIAS CONTRA MARRUECOS.
ODA.

Benedictus Deus excelsus, quo protegente, hostes in manibus tuis sunt.
Bendito el Dios excelso, con cuya protección, los enemigos están en tus manos.
Génesis, cap. 14 vers. 20.

Olvida, Patria mía,
Olvida tus discordias y tu llanto,
Con religioso canto
Solemnizando el venturoso día,
En que la santa Cruz de tus pendones
Corona de Tetuán los torreones.
Al Señor, que victoria
Hoy te dio contra el África guerrera,
Retumben por la esfera
Himnos de gratitud, himnos de gloria:
Armonía sublime, que resuene
Desde Calpe a las cumbres de Pirene.
Su omnipotente diestra
Humilló la soberbia y poderío
Del Mulsulman impío,
Que la cristiana fé, la enseña nuestra
Vilipendiando con feroz arrojo,
Inflama del Altísimo el enojo.
Cayó, cayó el precito,
Cual en sima profunda la pantera;
Y la gran cordillera
Del Atlas profanado con su rito,
Celebra del Error los funerales
Con la voz de torrentes y raudales.
Al Dios de las batallas,

Cielo y tierra ensalzad en arpas de oro,
Pues del protervo Moro
Para hundir baluartes y murallas,
Defendió con su bélica armadura
Al pueblo de su amor y su ternura.
Al pueblo, que en las lides
Bizarro esgrime ponderosa lanza,
Poniendo su esperanza,
Cual hijo de Guzmanes y de Cides,
En el poder de Aquel, a cuyo acento
Tremen la mar, la tierra y firmamento.
A la gente española,
Que derribando en la ciudad moruna
Funesta Media-Luna,
El sacrosanto Lábaro tremola:
Signo de amor, de el Cristo moribundo
Dio la salud y libertad al mundo.
«¿Adonde está el denuedo
«Del orgulloso ejército cristiano,
«Que los nombres en vano
«Invoca de Pelayo y Recaredo,
«Cuando a las plantas de indomable Moro
«Yace su pabellón con tal desdoro?
«Escuchad los suspiros,
«Que lanzan en su regio monumento
«Con hondo abatimiento
«Alfonsos y Fernandos y Ramiros,
«Hollados viendo en africana orilla
«Blasones de Aragón y de Castilla.»
Así con altiveza
La fiera raza de Ismael decía
En su playa bravía,
Armada de selvática aspereza,
Donde la hiena y tigre se guarecen,
O al rugir los leones, estremecen.
El religioso Ibero
Sus ojos clava en la región serena,
A la chusma agarena
Debelar esperando con su acero,
De la bandera, en pos, que lauro tanto
Dio en Clavijo, en las Navas, y Lepanto.
«Santiago y cierra, España:»
Clama la Religión en son de guerra;
Y Madrid y la sierra,
La ciudad, el palacio y la cabaña,
Todo todo, español, cual por encanto,
Unánime responde al grito santo.

Grito santo, que inflama
En pátrio amor a generosos pechos,
Recordando los hechos.
Que inspiró Dios, y pregonó la Fama,
Cuando a castillos, barras y leones
Humillaban su frente las naciones.
También en este día
Feliz asombra el español imperio
A uno y otro hemisferio
Con la fé y el valor y la hidalguía,
Que muestran del Islam los vencedores,
Imitando a sus ínclitos mayores.
También en este día
El estandarte nacional ondea
En la marcial pelea,
Ornado con la Imagen de María;
La anunciada en Edén, que con su plañía
Del infernal dragón la sien quebranta.
Loor y bendiciones
Desde el ocaso al reino de la aurora
A la gran Protectora,
Que escoltada de angélicas legiones,
A Hesperia fiel y de respeto muda
Cual tierna Madre con su manto escuda.
Sacro, divino manto,
Con que humilde y postrada en su Capilla
La Reina de Castilla,
De piedad sumergida en dulce llanto,
Contra el odio y la furia sarracena
Cubrió la espada, que brilló en Lucena.
También, Vírgenes puras,
Que en mansión dirigiendo solitaria
Entrañable plegaria
Aplacáis al Señor de las alturas,
El esfuerzo acrecisteis del soldado
Con la Cruz del Cordero inmaculado.
¡Qué mucho, Patria mía,
Se rindieran los bárbaros alfanges
a las nobles falanges,
Que son tu fortaleza y tu alegría,
Si de la Libia en el infausto suelo
Bendijo Dios tus armas y tu celo?
Neptuno ardiendo en ira
Espantosa, mortífera dolencia,
La invernal inclemencia,
Todo a desalentar, todo conspira
a la intrépida hueste en la campaña,
Que a su fidelidad confió España.
Sus hijos denodados.
Del invierno y la peste a los horrores,
Del mar a los furores,
Y a bosques de gumías erizados,
El. poder invocando omnipotente,
Oponen impertérritos la frente.
El fero heroísmo,
Que en tanta liza y bélica refriega
Fanático despliega
El ejército infiel del Islamismo,
Ante el valor, ante la fé de España,
Cayó estrellado en impotente saña.
Su roja cabellera
Así oscurece de fulgor sombrío
Cometa, que en el río
Y lago cristalino reverbera ,
Al asomar el sol resplandeciente
Por las doradas puertas del Oriente.
Así el Ponto, que atruena
Con su ronco y horrísono bramido,
Sucumbe reprimido
En corva playa de movible arena,.
Que de Jehová la poderosa mano
Puso por freno a su. furor insano.
Con el amor más puro
Al venerar la cruz los vencedores,.
Entre santos loores
Enarbolada en arabesco muro,
Las escuadras alígeras del Cielo
Aplaudían de júbilo y consuelo.
Los ya felices manes
De la mísera hueste lusitana,
Que a la furia inhumana
Feneció de escuadrones musulmanes,
Con tanto arrojo, como triste gloría
En lucha heroica de fatal memoria;
Desde el fúlgido asiento
Donde el Señor, benéfico dispensa
Eternal recompensa
A tamaña virtud y sufrimiento;
De luces coronados y arreboles
Saludan a los tercios españoles.
La sombra de Cisneros,
De Iberia prez, terror de los Infieles,
Bendice los laureles.
Que ofrecen prosternados los guerreros
A la enseña del Verbo triunfadora,
Que el gran Prelado con respeto adora.
Ó símbolo divino,
Árbol de redención, que victoriosa
La Hesperia religiosa
Ha plantado en el suelo de Agustino;
Tu copa de verdor, siempre fecundo.
Cobije al nuevo y al antiguo mundo.

Marzo de 1860.

SONETOS.

EN LA PROCLAMACIÓN DE D. ISABEL II.

De negro mármol en capilla oscura
Isabela yacía solitaria,
Su mansión presidiendo funeraria
Del dulce Redentor Sacra figura;

Cuando hieren la regia sepultura
Acentos de alegría extraordinaria,
En lugar de la mística plegaria,
Con que sonaba en torno el aura pura.

¡Quién la paz y el silencio no respeta
De mudo panteón!— Dijo, y la frente
Alzó la Reina de inmortal memoria:

Mas coronada contempló a su Nieta,
Y enternecida exclama: Dios clemente,
Cercad su trono de ventura y gloria.

2.° A Pelayo.

Domina al Godo funeral desmayo
Del Guadalete en la sangrienta arena,
Aunque a la raza contrastró agarena
De su valor con el terrible ensayo.

Mas la voz del magnánimo Pelayo
Tras la pelea varonil resuena,
Cual súbito fragor, que bronco atruena,
Al estallar el tremebundo rayo.

A los ecos de gloria y esperanza,
Templa la Patria su dolor profundo,
Y al Caudillo confía la venganza.

Combate y ciñe lauro sin segundo,
Y el imperio español ve en lontananza.
Que abarca al nuevo y al antiguo mundo,

3° A mi Madre.

Anciana venerable, Madre mía.
Tú, que inflamada en el divino fuego,
A la santa plegaria, al blando ruego
Consagras tu existencia noche y día;

Al hijo tierno, que abrazarte ansía,
En tu seno de amor estrecha luego,
Y la paz, el dulcísimo sosiego
A tu afligido Corazón sonría.

Un lustro y otro lustro en larga ausencia,
A pesar de mi pena y de tu lloro,
Nos alejó cruel contraria suerte.

Restitúyame el Cielo a tu presencia,
Y solo pueda con su espada de oro
Separarnos el Ángel de la muerte.

4° Al Sr. D. Alberto Lista y Aragón.

Tú, que en el dulce y apacible asilo
De la santa virtud y de Sofía,
Gozoso en la dorada medianía,
Resbalarse tus horas ves tranquilo;

Digno alumno del ínclito Batílo,
Cuya muerte deploran todavía
Del Ebro y Tormes la ribera umbría.
El Sena y Tíber, el Danubio y Nilo;

Vive feliz en tus postreros años,
No enturbiados jamás por los pesares,
el dolor, ni los tristes desengaños;

Y al Betis y sus bosques y olivares,
Y florestas y sotos y rebaños
Embelesen tus mágicos cantares.