Continuación III

1791.

154. Gramática de la lengua latina y castellana. Dividida en sus quatro partes Analogía, Etimología,
Prosodia, y Construcción, principios indispensables para entender una y otra con fundamento en todas sus edades, facilitados y combinados alternativamente los unos con los otros, con arreglo al uso de los escritores de prosa y verso, y en la cédula real de 23 de Junio de 1768, escritos por D. Juan Antonio Gonzalezde Valdes, Director de la Real Academia latina Matritense. Con licencia. Madrid, en la imprenta real. CIOIOCCXCI.

4.° -Tres quadernos, Quaderno I: 4 hs. prels. + 148 págs. -Quaderno II: 2 hs. prels. + 170 págs. -Quaderno III: 2 hs. prels. + 145 págs.

El año de 1798 publicó el autor una segunda edición de esta obra suya, pero adicionándole el estudio simultáneo del griego, según lo indica ya desde el título, que es como sigue:

Gramática completa Grecolatina y castellana combinada en caracteres latinos por D. Juan Antonio Gonzalez de Valdes, siendo Director de la Academia de Latinidad. Segunda impresión. Reformada y reducida, con un extracto de retórica y poética. -Con licencia. -Madrid en la imprenta real -por D. Pedro Julián Pereyra, impresor de cámara de S. M. -CIOIOCCXCVIII.

155. Fundamento del vigor y elegancia de la lengua castellana expuesto en el propio y vario uso de sus partículas por el presbítero D. Gregorio Garcés, impreso a expensas de la Real Academia española, a quien le dedica el autor. Madrid MDCCLXXXXI. En la imprenta de la Viuda de Ibarra. Con las licencias necesarias.

4 °-Dos tomos. -Tomo I: 2 hs, prels + XXII págs. + 288 págs. -Tomo II: XXII + 324 págs. (por errata, numerada esta última 234).

Segunda edición; Fundamento del vigor y elegancia de la lengua castellana, expuesto en el propio y vario uso de sus partículas, por D. Gregorio Garcés, con las observaciones críticas sobre la excelencia de la lengua castellana, por D. Antonio Capmany. Segunda edición, revisada, con notas de D. Francisco Merino Ballesteros. Madrid. 1852.
Tercera edición: Fundamento, etc. con adiciones de D. Juan Pérez Villamil y algunas notas y un prólogo por D. Antonio María Fabié, de la Academia de la Historia. Madrid. librería de Leocadio López, 1886.

La introducción o prólogo del Sr, Fabié, que ocupa CXLIII páginas, contiene preciosas observaciones críticas e históricas relativas a la filología castellana. Es un trabajo de mucho estudio y erudición.

Trata el primer tomo de la obra del Padre Garcés de las partículas. Va su estudio distribuido por riguroso orden alfabético, mostrando el autor con abundantes y escogidos ejemplos la fuerza y valor que dan a la frase cada uno de estos elementos gramaticales. A este cuerpo de la obra precede un prólogo donde discúrrese prolijamente acerca de los orígenes y formación de los idiomas en particular y del modo como se perfeccionaron el latino y el castellano. El P. Garcés introduce al segundo tomo, tratando en general de la genuina y propia elocución, de las calidades de las voces, de lo mucho de admirable que tiene nuestra habla a juicio de los extranjeros y nacionales, del daño que puede causarle el continuo trato con extrañas naciones, de la autoridad del uso para introducir o desechar vocablos, y, en fin, de cuáles son las autoridades de la lengua castellana por él reconocidas. El texto se divide en dos partes: en la primera se estudia el propio y vario uso de nuestros nombres y pronombres, empezando por el artículo; sin detenerse el autor en el mecanismo de las declinaciones y concordancias (para lo cual se remite a la Gramática de la Real Academia Española), limítase a señalar con muchos ejemplos nada más que el correcto y autorizado empleo de dichas partes gramaticales, a fin de que al valemos de ellas sepamos siempre emplearlas con todo su vigor y elegancia. En la segunda parte trátase de la harmonía y excelencias de nuestras conjugaciones y construcciones, señalando a la vez muchas particularidades gramaticales que sirven para esclarecer y fijar nuestra elocución.
El mérito de esta obra es tanto mayor, Cuanto que aún no era finado el siglo XVIII cuando se publicó. Por esto la Real Academia Española, teniendo de ella conocimiento, no bien se hubo escrito, la publicó a su cuidado y expensas, regalándole toda la edición a su autor.

Nada dice el Sr. Fabié en la introducción con que ha enriquecido la tercera impresión de este libro, de la vida de D. Gregorio Garcés, por lo cual no será ocioso consignar aquí algunos breves datos biográficos de este eximio filólogo. Nació en la villa de Hecho, que se halla en el Pirineo de la provincia de Huesca, diócesis de Jaca. Ingresó en la Compañía de Jesús el año de 1749, y consagróse al santo ministerio en 1767. Enseñó Gramática durante un año en la ciudad de Tarazona; estudió luego Artes y Gramática en Calatayud y en Zaragoza respectivamente; en esta última ciudad volvió a enseñar Gramática por tres años, hasta que los Superiores le destinaron a misiones en varios pueblos de las diócesis aragonesas. Cuando acaeció la expulsión de los jesuitas marchó con sus compañeros a Italia, y en la ciudad de Ferrara vivió durante treinta y dos años, siendo muy considerado y querido del Arzobispo de aquella diócesis, quien le confió varias piadosas comisiones a la vez que ejercía el ministerio de confesor en una de las más concurridas parroquias de Ferrara. Durante su estancia en Italia, el P. Garcés propagó mucho la afición y el estudio de la lengua castellana. Allí compuso el Vigor y fundamento de su elegancia, y otras obras que me parece que no llegaron a publicarse; entre ellas una intitulada Introducción filosófica a la elocuencia mediante el buen uso de las ideas, y otra que era una colección de modelos de humana y sagrada elocuencia, ilustrada con varias observaciones y con un discurso filosófico preliminar sobre la invención de las
voces o signos, con los maravillosos efectos y provechos que ha producido.

El P. Garcés regresó a España el año de 1798, en virtud del segundo decreto de Carlos IV que autorizó a los jesuitas para volver a la Península; pero habiendo marchado nuevamente a Italia, murió en Roma el 16 de Julio de 1805 en la casa profesa de la Compañía.

1795.

156. Curso de humanidades castellanas por D. Gaspar Melchor de Jovellanos. Impreso en el tomo I (págs. 101 -150) de sus obras completas (publicadas e inéditas): edición Rivadeneyra. Madrid. 1858 (Biblioteca de Autores Españoles).

D. Cándido Nocedal, que es coleccionador de ellas, no fija la fecha en que se compuso este tratado, ni cita ninguna otra edición del mismo, ni dice si por primera vez se publican.

Después que Jovellanos fué desterrado de Madrid, el año 1790, sabido es que entre los frutos que en los años sucesivos rindió aquel ingenio, fué uno de ellos la erección del Real Instituto Asturiano. Jovellanos hizo el plan de estudios y regentó él mismo sus cátedras cuando fué necesario, componiendo varios tratados, entre los cuales se cuenta el presente, que contiene unos Rudimentos de Gramática general y otros de Gramática castellana.

No da Jovellanos cabida a la Ortografía en la Gramática, supuesto que la define: arte de hablar bien una lengua. En sus Rudimentos de Gramática general, o sea introducción al estudio de las lenguas, como él titula la primera parte, refiérese, en todos sus ejemplos, al castellano. Constituyen dicha introducción unas cuantas observaciones de sintaxis castellana que apenas ocupan una hoja.

En los Rudimentos de Gramática entremezcla las ideas de sintaxis con las de analogía, no siguiendo, por lo tanto, método alguno y quedando a veces incompleta la idea o raciocinio. Son en realidad una colección de apuntes, de los cuales dícese que se valió Jovellanos para las amplias
explicaciones o lecciones que sobre esta materia dio en el Instituto Asturiano.

Dice que son adjetivos determinativos: mi, este, un…

Quiere, siguiendo a otros primitivos gramáticos, reducir a reglas el género de los nombres, según su letra inicial o final.

El tratado de los verbos irregulares, aunque breve (como toda la Gramática, que tiene cuatro hojas), es muy estimable, si bien hay bastantes omisiones. En cambio, en la lista de los participios que por duplicado tienen algunos verbos, hállanse algunos no incluidos hasta nuestros días: ingerido e ingerto, de ingerir; marchitado y marchito, de marchitar; omitido y omiso, de omitir; perfeccionado y perfecto, de perfeccionar; prescribido y prescrito, de prescribir.

Con algunas ideas generales de sintaxis o construcción ya directa, ya figurada, termina este tratado: en él nada se dice de ortología ni prosodia.

El Curso de humanidades castellanas lo completan unas Lecciones de Retórica y Poética y un Tratado de Declamación.

Compuso también Jovellanos, con el mismo indicado objeto que el Curso, a que nos hemos referido, un Tratadito del análisis del discurso considerado lógica y gradualmente, y unos Rudimentos de Gramática francesa e inglesa.

1798.

157. Curso de gramática castellana, en solos ochenta días, establecido y dispuesto, con las licencias necesarias, por el catedrático de primera educación Don Guillermo Antonio de Christobal y Xaramillo, individuo del Real Colegio Académico de esta Corte, con su escuela pública en la calle de la Concepción Gerónima. Madrid. En la oficina de Don Gerónimo Ortega. Año de MDCCXCVIII.

8.°-40 págs.

Anteport. -Port. -Al lector: … determiné establecer el presente curso, reduciendo la gramática castellana a ciertas reglas, que la hiciesen comprehensibleen solos 80 días, y para ello auxiliado por una parte de las obras de la Real Academia Española, las del Brocense, Gayoso, Nebrija, Alderete, y otras de clásicos autores; y por otra de las Advertencias y particulares avisos de los señores Don Luis Gabaldon y Lopez, Juez- Protector del Real colegio académico de primeras letras de esta corte, especial favorecedor de esta enseñanza, y su presidente, y D. Juan Antonio Enciso, Síndico personero de Madrid el año de 97, y otros muchos sujetos instruidos. Aquí se habla de todos los individuos de dicho Real Colegio, y particularmente de los Sres. Don Antonio Cortés Moreno, D. José de la Fuente, D. Plácido Ruarte, D. Manuel Prieto, Francisco Zazo, D. Diego Narciso Herranz, D. Antonio del Olmo, D. Pedro Alcántara Serrá y D. Domingo Cuet, y también del P. Manuel Pinto, Sacerdote en su Real Colegio de San Antonio Abad de esta corte, y de D. Juan Rubio, Director de las Escuelas Reales, sujetos todos, como los demás individuos del Colegio, de extremada y conocida literatura en los vastos ramos del magisterio, y con quienes trató el autor alguna vez sobre estos particulares, me propuse dar a luz esta pequeña obra, que contiene el motivo de este establecimiento, sus capítulos, método de las 80 lecciones de que ha de constar, y el que se ha de llevar en el examen que se celebrará al fin de él, ofreciendo, baxo las muchas esperiencias que tengo, de que qualquiera podrá instruirse en dichos elementos en solos los referidos 80 días, asistiendo al aula con aplicación, y observando en un todo los preceptos que prescriben sus capítulos y lecciones, como lo han conseguido varios en los dos últimos cursos que se han tenido en mi casa. -Motivo de este establecimiento. -Método de las 80 lecciones (Analogía, Sintaxis, Ortografía). -Examen público. -Nota.

158. Arte de escribir por reglas y con muestras, según la doctrina de los mejores autores antiguos y modernos, extrangeros y nacionales: acompañado de unos principios de Aritmética, Gramática Y Ortografía castellana, Urbanidad. y varios sis temas para la formación y enseñanza de los principales caracteres que se usan en Europa. Compuesto por D. Torquato Torio de la Riva y Herrero… Madrid MDCCLCVIII. 1 En la imprenta de la Viuda de Don Joaquin Ibarra. Con las licencias necesarias.

Folio menor. -XXVIII + 418 págs. + 58 láminas grabadas por Asensio, Castro y Gangoiti + un precioso retrato, grabado por Ametller, del Conde de Trastamara, al cual va dedicado el libro.
Port. -Retrato del C. de Trastamara. – Dedicatoria. -Priv. -Introd. -Lista alfabética de los maestros, escritores y aficionados al arte caligráfico y de otros nombres propios de personas citadas en el libro. -Tabla de los capítulos y materias que contiene la obra. -Erratas.

El Epítome de la Gramática castellana, que comprende desde la pág. 344 a la 386, está compuesto en forma dialogada entre maestro y discípulo, y dividido en cuatro partes: Etimología (págs. 34.4-369), Sintaxis (366-371), Prosodia (371-372), Ortografía (373-396).

1800.

159. Lecciones de Gramática -Ortografía castellana, según y como la enseña en su Real estudio D. Guillermo Antonio de Cristóbal y Xaramillo, individuo del Real colegio académico de primera educación de esta corte, y director de la escuela numeraria de la calle de Relatores de ella. Madrid: por D. Gerónimo Ortega. 1800.

8.°-8 hs. prels. + 262 págs. + 8 finales. Anteport. -Port. – Ded. -Introd. -Advs. – Ind. – Texto, en diálogo. -Notas.

1803.

160. ¿Hay en las lenguas verbos realmente impersonales? Por José Miguel Alea.

Artículo publicado en las Variedades de ciencias, literatura y artes. Tomo I, páginas 238-243.

El autor, refiriéndose en todos sus ejemplos al castellano, dice que la denominación de impersonales no es exacta, debiendo llamarse a tales verbos verbos sin sujeto o persona expresa. Por lo cual afirma que no hay ni puede haber en las lenguas verbos realmente impersonales, y que en la expre-sión há un año, el há, tercera persona de haber, no se toma en el sentido auxiliar, sino como verbo de la segunda conjugación, equivalente a tener.

1804.

161. Cartas sobre si hay ó no verbos impersonales en castellano, por A. M. J, y José Miguel Alea.

Razones en sentido negativo expuestas en las Variedades de ciencias, literatura y artes. Tomo II: Madrid, en la oficina de Don Benito García y Compañía. 1804. -Páginas 373-376.

1818.

Elementos de gramática castellana, por D. Juan Manuel Calleja. Bilbao, 1818.

El autor procuró aplicar a nuestra lengua los principios de Destutt-Tracy y Sicard, escribiendo una Gramática castellana conforme al sistema ideológico, por lo cual trata algunos puntos con cierta obscuridad y anfibología, pues no estamos aún, sin duda, muy acostumbrados al lenguaje metafísico en achaques de gramática particular o arte para enseñar nuestra lengua, antes nos atenemos siempre a la nomenclatura, divisiones y subdivisiones de los gramáticos antiguos.

1819.

163. Gramática de la lengua castellana dirijidaa las escuelas por el D. D. Josef Pablo Ballot presbítero. Quinta impresión. Arreglada a la última ortografía de la Real Academia Española,
y mejorada y añadida por el mismo autor. Con Licencia: año 1819. Barcelona: En la oficina de Juan Francisco Piferrer.

8.°-14 hs. prels. + 306 págs. + 3 hs.

Port. – Ded. a D. Eustaquio de Azara, Obispo de Barcelona: … Ha mucho tiempo que nos quejamos de que se enseña mal esta lengua (la latina), pues salen muy pocos latinos; y el defecto está en que no se entiende bien la propia. Por esta razón el célebre maestro Antonio de Nebrija, cuyo nombre será inmortal y respetado de todas las naciones, empezaba a enseñar a sus discípulos por el estudio de la lengua materna; a cuyo fin imprimió una Gramática castellana, que dedicó a la reina Doña Isabel. Siguieron el mismo camino los maestros Pedro Simón Abril, Francisco Sánchez, Alfonso Torres, Gonzalo Correas y Bartolomé Ximénez, con tan maravilloso fruto, como lo acreditan las obras de Martín Azpilcueta, Luis de Granada, Melchor Cano, Pedro Fuentidueñas y de otros insignes españoleada aquel tiempo.

(No sabemos si el Brocense y Alfonso Torres compondrían alguna Gramática castellana. A nuestra noticia ni a nuestras manos no han llegado.)

Pról. -Nota. -Excelencia de la lengua castellana. – Texto en preguntas y respuestas, pues el libro está escrito para enseñar a los jóvenes. -Breve tratado del discurso gramatical.
-Cartas de varios autores, como práctica de la doctrina expuesta. – Hay varias cruzadas entre D. Pablo Torres y el autor sobre ortografía castellana, en las cuales el primero se muestra partidario de la ortografía fonética, y el segundo afirma cuerdamente que hay que considerar en ella los tres principios: pronunciación, uso constante y origen. – Indice. -Libros del autor.

El autor fué profesor de Retórica en el Seminario conciliar de Barcelona y luego de Gramática castellana y latina, y dice en esta edición de su libro que lleva catorce años de enseñanza pública.

En la nota final anuncia estos libros suyos de filología:
Lecciones de leer y escribir, ortografía y estatutos de la escuela real del Hospicio de la ciudad de Barcelona.
Cartilla metódica de la lengua castellana y latina.
Gramática primera y única de la lengua castellana.
Gramática filosófica y razonada de la lengua castellana. 5a impresión.
Compendio de esta Gramática para la mayor facilidad de los niños.
Principios de la lengua castellana con la correspondencia francesa para los extrangeros.

1821.

164. Institut royal de Franca. Rapport sur la Grammaire Espagnole De M. Chalumeau de Vernenil, extrait du Journal des Savants. Mars 1821.

4.°-16 págs.

165. Gramática latina facilitada para el uso de principiantes, con algunas advertencias para su enseñanza… por el Doctor Don Manuel de Pombo. Madrid. 1821.

Aunque este libro está escrito para la enseñanza de la lengua de Cicerón, contiene las principales reglas de la Gramática castellana como introducción o base del estudio de la latina, y muchos ejemplos convenientes para el conocimiento de nuestro idioma y necesarios para el del Lacio.

D. Manuel de Pombo fué antiguo Ministro -Contador de la Casa de Moneda de Bogotá, y a pesar de que su obra imprimióse en Madrid, su autor la había escrito en Colombia muchos años antes de su publicación. El Gobierno de aquella República declaró la Gramática de Pombo, el año 1826, libro de texto para la enseñanza elemental del latín en los establecimientos oficiales, y en el de 1872 los Padres lazaristas, directores del Seminario de Popayan, alguno de los cuales hubo visto en Roma un ejemplar de dicha obra, la adoptaron con igual objeto que el Gobierno nacional, a cuyo efecto hicieron nueva edición en la ciudad nombrada.

Esta Gramática ha sido reimpresa dos veces: en Bogotá (Colombia), año de 1825 y en Popayan, año de 1872.

1822.

166. Catecismo de Gramática Castellana por José Joaquín de Mora, 1822.

Aunque habla el autor en el prólogo contra la Gramática de la Academia, su Catecismo no es más que un extracto de aquélla.

1825.

167. Elementos de la Gramática Universal aplicados a la lengua española, por D. Lamberto Pelegrin, Marsella. En la imprenta dAchard. calle de St Ferreól, n.° 64. 1825.

4.° menor. -IV -263 Págs.

El autor de esta obra usa un método más bien lógico que gramatical, y propone una nueva Ortografía castellana, puramente fonética.

1826.
168. Gramática y Ortografía de la lengua castellana para el uso de los niños de las escuelas de primeras letras del Departamento del Cauca, por un amigo de la buena educación. Bogotá, 1826.

Es en el fondo un compendio de la Gramática de la Academia, si bien su autor (D. Santiago Arroyo) muéstrase original e ingenioso a veces, revelando al par una no vulgar cultura.

1827.

169. Verdaderos principios de la lengua castellana. Por J. Borrás. Belfast, 1827. -12.°

1828.

170. Compendio de Gramática castellana, por el Dr. D. Antonio Puigblanch.

No llegó a imprimirse, que yo sepa, tal Compendio anunciado en el prospecto de sus Observaciones sobre el origen y genio de la lengua castellana, en donde se decía que había de publicarse antes que éstas.

Al fin del segundo tomo de sus Opúsculos dice Puigblanch: No se pone prospecto de la nueva Gramática castellana, por razón de que en su Prólogo se indican las muchas mejoras que lleva, radicales algunas de ellas, sobre cuantas Gramáticas de esta lengua se han publicado hasta ahora; basta decir aquí que en ella se presenta esta arte poco menos que creada de nuevo, y que varias de sus observaciones y reglas pueden también servir para mejorar la Gramática de las demás lenguas vivas, y en particular de las que son de prosapia latina; debiendo el Autor el estado en que se halla de poder contribuir de un modo eficaz a los adelantamientos de este ramo del saber humano, al estudio que ha hecho durante muchos años en la filosofía de los idiomas, y a su calidad de público profesor que ha sido de Lenguas orientales, cuya teoría le ha sido de grande uso, y a la práctica que también ha tenido de enseñar privadamente la Lengua castellana.

Pero en los Opúsculos gramático-satíricos hay tal abundancia de opiniones propias y de reglas gramaticales, tal número de ideas críticas sobre las obras de esta índole publicadas por otros autores, que nos creemos obligados a exponer aquí algo de lo que en aquéllos consignó el Dr. Puigblanch.

Habla éste de publicar una Historia de la Gramática castellana, que precedería a la edición extensa de la misma. Por lo mucho que urge, y antes que ésta, dice que su intento era el de publicar un Compendio lo primero, -(Se pareció el Doctor bastante a Gallardo en proyectar mucho y no realizar nada, en reunir datos para obras que no llegó a escribir; y, sobre todo, ambos pueden juntos ir por su mala lengua.)

Encarece la necesidad de escribir una Gramática con principios filosóficos; y por serlo tanto la del hebreo, dice que es muy necesario conocer esta lengua.

ANALOGÍA.

Verbos. -Los en ecer no hacen todos el subjuntivo en ezca, como sin excepción lo preceptúan las gramáticas. Ejemplo: mecer, sub. meza; empecer, sub. empeza y no empezca.

Género. -Cuando van juntos dos nombres sustantivos de distinto género y llevan adjetivo, concuerda éste con el que expresa una idea muy principal respecto del otro.

Diminutivos. -Los en eteson de origen provenzal o lemosino. Suelen los diminutivos significar centro o extremidad, como cerebrum de *g, cabeza; nucleus de nucus, nuez; digituli, la punta de los dedos; aurícula, la punta inferior de la oreja humana. A la terminación en ó con acento agudo, que es una de las diminutivas del lemosín, corresponde la nuestra en on, así: pichón, perdigón, artesón, ratón, cajón, tapón, escalón, talón, alón, puñón, pelón, rabón, lechón, y hasta corazón.

SINTAXIS.

-El adverbio de tiempo debe ir por lo general al principio de la oración o miembro de ella. (Ya yo no soi D. Quijote de la Mancha, sino Alonso Quijano. (Part. II, cap. LXIV.) -Ya yo tengo noticia de este libro, dijo D. Quijote. Ib. cap. LXII.)

-De. Es muy propenso nuestro idioma a suprimir esta preposición y a equivocar su régimen, de la misma manera que el de las otras preposiciones a y en.

-El gerundio de un verbo no puede construirse con el verbo de donde procede, sino hablando de tiempo futuro y no de presente.

-El verbo querer, a diferencia del verbo desear, siendo determinante de infinitivo, concuerda a veces con un supuesto de cosa inanimada.

-Cuando el verbo lleva dos supuestos, se pone en singular y no en plural, siempre que el primero es muy principal respecto del segundo.

171. Compendio de la Gramática Castellana para el uso de las escuelas de primeras, nuevamente correjiday aumentada. Santiago (de Chile), 1828, imprenta de Ambrosy i Ca.
12° -92 págs.

1829.

172. Carta de D. I. L. Villanueva al Señor Don Antonio Puigblanch. Londres, Carlos Wood é hijo, 1829. 12°

173. Don Termópilo ó defensa del Prospecto del Doctor Puigblanch. Por Perico de los Palotes. (D. Joaquín Lorenzo Villanueva.) Londres, Cárlos Wood é hijo, 1829.

1830.

174. Gramática de la lengua castellana según ahora se habla, ordenada por D. Vicente Salvá. París, Demonville, 1830.
8.° mayor.
Segunda edición, notablemente corregida y aumentada. Valencia, J. Ferrer de Orga, 1835.
8.° mayor.
Tercera edición. Valencia, J. Ferrer de Orga, 1837.
8.° mayor.
Hay ejemplares de esta edición que llevan en la portada el nombre de París y la razón comercial de la casa Salvá, la cual hacía aquellas impresiones en España. Cuarta edición, mucho más aumentada que las anteriores. París, librería de D. Vicente Salvá, 1839.
8.° mayor.
Esta impresión se hizo en Valencia por Ferrer de Orga.
Quinta edición, mucho más aumentada que las anteriores. París, N. Fournier, 1840.
8.° mayor.
Sexta edición, mucho más aumentada que las anteriores. París, Bureau, 1844.
8.° mayor.
Séptima edición, mucho más aumentada que las anteriores. París, Bureau, 1846.
8.° mayor.
Octava edición, publicada pocos meses después que la anterior. París, Bureau, 1846.
8.° mayor.
Novena edición. Valencia y París, 1852. -Este mismo año se hizo en Bogotá (Colombia) una edición de la Gramática de Salvá.

Esta novena edición de Europa la hizo el hijo de Salvá; las sucesivas las han hecho los Sres. Garnier hermanos, de París, sucesores de la librería del ilustre filólogo español.

Otra edición novena ha aparecido en 1883.

Décima edición. Gramática de la lengua castellana según ahora se habla, ordenada por D. Vicente Salvá. Obra propuesta varias vezes para la enseñanza por la Dirección general de instrucción pública de Madrid, asignada como libro de texto en el último plan de estudios y adoptada en los
colegios y universidades de España. Décima edición con todas las mejoras de las anteriores. París, librería de Garnier hermanos, 1883.

8.°-XI -471 págs.

Era Salvá enemigo del sistema ideológico para escribir la Gramática del idioma castellano, y, por consiguiente, de todo abuso de lenguaje metafísico. Véase cómo explica este punto, y las demás novedades que encierra su Gramática, así como las variaciones que introdujo en las primeras ediciones, en los siguientes párrafos de la introducción o prólogo, que lleva la impresión de 1849; la cual fué el último que compuso Salvá y hoy se reproduce en todas las ediciones que se hacen de su Gramática.

Se notará acaso que yo he cuidado demasiado de emplear un lenguaje mui conocido, y que recurro para ello a largos rodeos y a frecuentes repeticiones, de modo que son mui contadas las vezes que he empleado las frasas de complemento directo e indirecto, y aun esto después de explicada su significación.

Nada parece a algunos más sencillo que hacer de un golpe todas las mejoras imaginables en la Gramática y escribirla de una manera enteramente filosófica. Así debiera ser sin disputa, si mientras el sabio examina en pocas horas los diversos sistemas de una ciencia y aun crea nuevas hipótesis, no costase muchos años a la mayor parte de los hombres el adelantar un solo paso. El análisis del lenguaje, de que tantas ventajas reporta la metafísica, puede mui bien ser perjudicial aplicado a los elementos para enseñar la gramática de una lengua. ¿Qué inconveniente presenta a primera vista que sentado el principio de un significado único para cada voz, miremos a la dicción que sólo como un relativo, aun cuando parece hacer las vezes de conjunción? Las frases Manda que no salgas, Ordenó que atacasen, son en realidad el compendio de estas otras: No salgas, es la cosa que manda; Ataquen, es la cosa que ordenó. Si un principiante infiriese de estos ejemplos, como podía muy bien suceder, que le era permitido decir Ordenó que ataquen, al modo que se dice Manda que no salgas, habría perdido mucho en creer que puede emplear un tiempo que el uso repugna, al paso que ningún mal resulta de que denomine al que, ya relativo, ya conjunción, según los diversos oficios que desempeña. No puede ponerse en duda la utilidad de hacer conocer insensiblemente los fundamentos y el origen de ciertas locuciones; paro sea esto valiéndonos de términos que no embrollen ni oscurezcan las materias que nos proponemos aclarar. Los que pretenden que los jóvenes pueden recibir toda doctrina de cualquier modo y en cualquiera dosis que se les suministre, se olvidan de las muchas vigilias que les ha costado desempeñar y poner en claro la de los autores que han leído. Y ciertamente los hombres, que siendo maestros en facultad y estando acostumbrados a desentrañar sus principios, emplean largos ratos de meditación para penetrar los sistemas de los otros, no debieran figurarse que el suyo, por nuevo que sea, logrará la prerrogativa de ser comprendido con facilidad por cualquiera principiante.

Cuando Francisco Sánchez, al notar de bárbaras las locuciones, Dico quod credo quod, sciendum est quod, observa que el quod, reputado conjunción en varios pasajes de los clásicos latinos, era la terminación nuestra del qui quae quod, y que faltaba algo para la elipsis; anunció una idea que todos pudieron entender más si hubiese añadido que uttampoco era conjunción; que se escribía utiantiguamente, y que no era otra cosa que el *g, terminación neutra del relativo griego, según lo explica Horne Tooke: pocos le hubieran comprendido ni seria dado adivinar las ventajas que puede
sacar de tal explicación el que empieza a aprender la lengua latina.

Con igual paridad. después de saber el que se propone estudiar el español, que las partículas indeclinables han sido primitivamente otros tantos nombres con significación determinada; después de haber investigado que los adjetivos no son nombres sino verbos, o, por el contrario, que el verbo es un verdadero nombre, de cuya composición con otros han resultado las terminaciones de la conjugación; después de hallarse, en una palabra, rodeado de confusión por chocar estas nuevas nociones con las que ha oído desde la infancia y no le será fácil olvidar, ¿habrá adelantado mucho para conocer el uso de los tiempos ni el empleo oportuno de todas las partes del discurso, esto es, para hablar bien y propiamente la lengua castellana? ¿Le facilitará al menos el camino para conseguirlo poseer los conocimientos de todos los ideólogos que han existido, y aun mayores si se quiere? ¿No habrá algunos de los que miramos como modelos de lenguaje, que jamás hayan saludado la moderna metafísica? ¿Se conocía, cuando brillaron los célebres escritores, sin cuyo estudio siempre quedaría manco e imperfecto el que se hiciera de nuestra lengua? No vacilaré en afirmar que la lectura de una página de Iriarte, Clavijo, Moratín o Jovellanos, o la de un solo capítulo de este ensayo mío, cuyas imperfecciones reconozco, servirán infinitamente más para saber en qué consiste la buena locución castellana, que la sublime doctrina contenida en los muchos volúmenes de ideología y de gramática general, que de un siglo acá se han publicado.

Tratemos siempre las artes y las ciencias de un modo que las haga útiles al linaje humano, no tomando la puntería sobrado alta, porque como dice el cómico latino,
id arbitror
Apprime in vita esse utile, ut ne quid nimis.

No olvidemos que hai unos límites prefijados a nuestro entendimiento, como los tiene la ligereza de los ciervos y la fuerza de los leones. Quizá por este motivo la tal cual perfección de las cosas humanas precede tan de cerca a su decadencia.

El estado de barbarie en que yacen Gre-cia y África, depósitos un tiempo del saber, y el atraso en que Hernán Cortés encontró a los mejicanos, olvidados enteramente de las artes que habían cultivado sus mayores, prueban que tal es, por desgracia, la alternativa en que están constituidas todas las cosas de este globo.
Puede ser que el admirable descubrimiento de la imprenta lo estorbe; pero sin ella, ¿qué obstáculo se le ofrece al hombre pensador para que los cultos europeos reemplacen dentro de mil años a los beduinos y a los hotentotes? Sin salir de la materia que me ocupa en este libro ni de nuestra casa,
¿no anunciaba el siglo de los Ávilas, de los Mendozas y los Granadas y los Cervantes, que pronto los seguirían Góngora, Quevedo, Paravicino, Gracián, Polo de Medina y la demás comparsa de culteranos? Apenas habían renacido las buenas letras a mitad del siglo último, y llegó la lengua a su madurez; en los escritos de un Jovellanos, un Iriarte y un Muñoz, ¿no vimos ya aparecer un Cienfuegos, que tantos imitadores ha tenido, y que aún encuentra quien le excuse y le elogie? ¿Qué prueba todo esto sino lo limitado de nuestra inteligencia, la detención con que debemos desarraigar las preocupaciones, y la diferencia que ha de hacerse en todos los ramos entre el hombre que posee profundamente una facultad. y el común de los que la profesan? En todas hai verdades abstrusas, una recóndita filosofía y un santuario, por valerme de este símil de arcanos reservado al sabio que los profundiza, e impenetrable a la generalidad de los alumnos que las cultivan; y esta parte elevada y misteriosa de la Gramática, poco útil y acaso perjudicial a los que deseen aprender un idioma, se halla precisamente en las profundas investigaciones sobre el lenguaje. Llegan éstas a formar un género de escolasticismo, como los cálculos mui sublimes e inaplicables a ningún cómputo ni demostración usual lo son en las ciencias matemáticas.

Para que se vea de un modo más palpable el inconveniente que tiene la aplicación indiscreta de los principios ideológicos, y el hacer más caso de ellos que de la lectura de los autores clásicos para estudiar la lengua en que han escrito, no será fuera del caso observar que Noboa, el cual no ha dejado de dedicarse con alguna detención a la española, falta a sus cánones en la práctica, propone locuciones viciosas, y comete desaciertos increíbles, por quererlo deducir todo por la analogía. Leemos en la pág. 21: El azúcar es dulce; tanto como lo sea (en vez de lo es o puede serlo) la miel; pág. 55, te se (se te) espera; pág. 84, tú puedes ver el caballo, y si te gusta le compras, en lugar de puedes ver el caballo, y si te gusta le comprarás; pág. 91, se ve como (que) todos los tiempos compuestos son pretéritos; pág. 136, yo voi á ir, tú vas á ir, yo iba á ir (vulgaridades que deben censurarse en una Gramática); pág. 188, te se (se te) quita; pág. 201, al correo se (falta le) está
esperando; pág. 234, pregunta que qué (este que qué es un desatino que no debe proponerse, aunque se halle en nuestros buenos escritores); pág. 265, me se (se me) manda, te se (se te) manda; pág. 292, a no (falta un ser) que produzcan, y pág. 511, gran (grande) obstáculo. En mi Gramática he desaprobado de paso, y a veces citando los mismos ejemplos de Noboa, algunas doctrinas suyas;
v. gr. en la pág. 151 lo de poderse usar el le por el la, según él lo admite en la pág. 49; en la 162 lo que sienta en las 78 y 82 sobre el participio pasivo; en la nota E su clasificación de los verbos pronominales desde la pág. 65 hasta la 71; en las 182 y 183 lo de la terminación ra de la 88; en la 209 la explicación que da en las págs. 119 y 198 sobre el supuesto que puede suplirse a ciertos
verbos impersonales; en la 165 lo que respecto de la fuerza del gerundio dice en la 121; en la 207 repruebo que se diga haber que partir, habiendo que partir, que pone Noboa en la 127, y en la 248 su error de las págs. 129 y 225 sobre la frase deber de. En la 221 manifiesto que es indispensable el no
en el ejemplo en que lo supone redundante Noboa al núm. 3: de la pág. 207; en la 325 diciendo de él respecto del hasta para de la pág. 229, y de la doctrina del aparte que empieza sin embargo en la 231; en la 103 y 104 califico de contrarias a la buena sintaxis las concordancias que él aprueba en las páginas 240 y 243; en la 149 rebato los dos apartes primeros de la 265, y para fin, en la 362, doi a entender que nadie pronuncia hoi esacto como lo escribe constantemente Noboa, y lo mismo puede afirmarse del astracto y susistir que se hallan en las páginas 167 y 197, por un deseo de suavizar la pronunciación que va mui poco acorde con el obscuro que vemos en la pág. 211. Conviene además notar que no son idénticas las locuciones Empeñarse en ir o en que vaya; Contentarse con verle o con que se vea, que parece se dan por tales en la pág. 238, y que no se asignará fácilmente el verbo de donde se ha sacado el participio activo saliente de la página 77, ni se producirá autoridad alguna del partiente de la 98. Pero donde resultan singularmente los extravíos en que puede caer un ideologista, es en las conjugaciones de los verbos anómalos andar, traer y conducir. En cuanto al primero, nos asegura Noboa en la pág. 144 que no disuena tampoco el pretérito andé, andaste, ni sus derivados andara, andase, andare, etc. Algunos siglos atrás tendríamos que volver para que no disonase el tal pretérito, ni los otros tiempos que de él se forman. Del segundo dice el mismo, pág. 148, que no repugna decir traí, traíste, etc. igualmente que los derivados trayera, trayese, trayere, y lo mismo sus compuestos, v. gr. atraí, atraiste, atrayera, atrayese, etc. Yo traí eso de la plaza, no lo ha oído de fijo Noboa sino a algún gallego cuando vuelve de ella con la compra. Cien veces me he restregado los ojos por si me presentaban en la pág. 157 lo que no hai en ella; pero siempre leo: No repugna (antes suena mejor) conducí, conduciste, y sus
derivados conduciera, conduciese, etc. Igualmente sus semejantes, inducí, induciste, induciera, induciese, induciere, etc. Para casos tales es mui cómodo el sistema de no querer comprobar las reglas con ejemplos entresacados de los autores clásicos (página VII del prólogo), porque trabajo le mandaba yo a Noboa de que citase alguno de un escritor mediano en que se hallen tan garrafales desatinos.

He aquí patente la necesidad de que los autores de Gramáticas se persuadan, al escribirlas, de que no van a formar y plantear una lengua a su sabor, sino a explicar de qué manera la hablan y escriben los que respetamos como sus modelos. No es lo mismo trazar una Gramática general, que escribir la de una lengua particular. El ideólogo toma una especie de este idioma y otra de aquél, y analizando el rumbo y progresos del discurso humanos, describe las lenguas como cree que se han formado o que debieron formarse. Pero al escritor de la Gramática de una lengua no le es permitido alterarla en lo más mínimo: su encargo se limita a presentar bajo im sistema ordenado todas sus facciones, esto es, su índole y giro, y la Gramática que reúna más idiotismos y en mejor orden, debe ser la preferida.

Al retratista nunca se le pide una belleza ideal, sino que copie escrupulosamente su modelo. Cuantas más facciones suyas traslade al lienzo, cuanto mejor retenga su colorido, y cuanto la expresión de los ojos y de todo el semblante, la actitud del cuerpo y el vestido mismo se acerquen más a la verdad. tanto más perfecto será el retrato.

Los modismos constituyen un carácter tan esencial de las lenguas como las mismas palabras. Porque no sólo el que dice la empresa no tuvo suceso (buen éxito); Vd, es demasiado honesto (atento), empleando estas dos voces en un sentido que nosotros no conocemos, habla mal el español, sino que haría lo propio el que dijese no soy que un torpe; todo anticuario que era, donde las palabras son castellanas, aunque ordenadas según el giro francés, o bien se apartase del régimen que ciertos verbos piden, falta que cometen los que anuncian con mucha seriedad, que pueden pasarse de una cosa, o que van a ocuparse de tal negocio. Por esto, tanto el que escribe en una lengua, como su gramática, no pueden desviarse del uso, el cual no es siempre filosófico, sino que tiene mucho de caprichoso, cuando vemos que es corriente insepulto, y que no lo es sepulto, y menos el verbo insepultar; que son castizos inconsútil, inmaculado, insólito, insulto, invicto, posesionarse, y que no lo son consútil, maculado, sólito, sulto, victo, posesionar; que decimos batalla figurada y no fingida; piedra arenisca y no arenosa; que está dicho con propiedad para mí es todo uno, me es indiferente, mientras no lo estaría me es todo uno, para mí es indiferente; que se habla con o por la nariz, y sólo por boca de ganso; que heredar a uno quiere decir, ya ser un heredero, ya darle heredades; y finalmente, que informar significa dar forma, al paso que es informe lo que carece de ella: ¿podremos poner en duda el grande influjo que tiene en escribir bien la observancia de la propiedad con que se emplean y colocan todas las partes, aun las más pequeñas, del discurso? Este uso no está sujeto a leyes: es hijo del habla del vulgo; fórmale también el roze que nos proporcionan con otros países el comercio, los nuevos descubrimientos y las mismas guerras. Contribuyen a él igualmente, así el gusto que domina entre los literatos, como las ciencias que suele cultivar con especialidad cada una de las naciones. Por eso no debe extrañarse que esté expuesto a continuas vicisitudes, si bien apoyadas siempre en fondo nacional.

Este tipo forma la base de la lengua, como la forman en nuestro traje la capa y la mantilla. Dense a la primera todas las variaciones imaginables en las vueltas, esclavina y cuello: por la capa y por el modo de embozarnos, somos distinguidos entre todos los pueblos de Europa, así como la elegante mantilla, cualesquiera que sean su tela y hechura, imprime a muchas mujeres la gracia que con más singularidad las caracteriza.

Cuando estas novedades varían notablemente la lengua, cosa que apenas puede dejar de suceder a la vuelta de cien años, según observo al fin de este libro en la nota B, se requiere una nueva gramática que las explique. Esta reflexión, que me parece de una exactitud incontestable, evidencia la falta en que han incurrido los gramáticos, cuyos preceptos pueden aplicarse igualmente al modo de hablar de D. Alonso el Sabio, que al de Granada, al de Soto Marne y al de González Carvajal, no obstante que cada una de las épocas en que han florecido estos cuatro escritores tiene una fisonomía peculiar que la diversifica de las otras. Por no haber atendido a esta distinción, nos mueve a risa Garcés con su empeño de resucitar en el tratado del Fundamento del vigor y elegancia de la lengua castellana, el giro rancio de fines del siglo XVI.

Esta falta no es peculiar de los que han querido sujetar los caprichos de una lengua hablada a las reglas sistemáticas de la ideología, sino que han incurrido también en ella cuantos han escrito entre nosotros algún ensayo sobre los sinónimos, y todos los extranjeros que yo he leído acerca de esta materia. No parece sino que se les ha autorizado para que corten y trinchen a su antojo, según el magisterio con que señalan los límites de cada voz, sin ocurrirles nunca si esos límites son los mismos que han guardado los correctos hablistas de su nación. Por esta causa no he podido aprovechar ningún artículo, ni aun de García de la Huerta, que es el más atinado, en el Diccionario de sinónimos castellanos que estoy formando años hace, y que desearía terminar en breve, porque éste debe preceder, en mi sentir, al Diccionario general de la lengua.

El otro defecto que se echa de ver en todas las gramáticas puramente castellanas, es lo poco que se detienen sus autores en desentrañar las frases usuales, de que debieran hacer una exacta anatomía, para señalar a cada una de sus partes el sitio que reclaman el uso y el oído delicado de los que hablan bien la lengua. Habituados a ella los que las compilan, y con la idea de que escriben para sus compatriotas, pasan por alto muchas de las circunstancias que constituyen el estado presente del idioma. Tampoco hubiera yo reparado en algunas, si mi larga residencia en diversos países extranjeros, la lectura de los libros que se han escrito para enseñar la lengua castellana a los franceses, italianos e ingleses, y las preguntas de las personas que la estudiaban, no me hubiesen hecho advertir ciertos pormenores que se escapan fácilmente al que está rodeado desde su infancia de los que conversan siempre en español.

Si mis lectores convienen conmigo en la verdad de las observaciones que preceden, no extrañarán que con la afición de toda mi vida a las buenas letras, y con el estudio de las lenguas principales entre las muertas y las vivas, se me excitase, durante mi prolongada permanencia (desde 1824 a 1830) en Inglaterra, el deseo da llenar de algún modo el vacío de una Gramática de la actual lengua castellana. El amor a las cosas patrias se aviva además mucho con la distancia, y llega casi a delirio la predilección al propio idioma, cuando se ve el hombre rodeado de los que no lo hablan..

Habiéndome decidido a manifestar por medio de este corto trabajo, que no me son indiferentes mi lengua ni mi patria, formé el primer bosquejo sin auxilio de libros. La práctica de enseñar mis estudios me habían proporcionado, no sólo una copia regular de noticias, sino aquella especie de tacto, que se siente más bien que se explica, en los conocimientos humanos; y así no era una
temeridad emprender esta jornada sin lazarillo que me guiase. Ya que no debiera prometerme llevar al cabo de esta manera la obra según la había concebido, tenía la ventaja de no exponerme a copiar a ninguno de los que me habían precedido, ni en el plan general ni en los pormenores. No se hallará, en efecto, en mi libro un capítulo, ni una serie siquiera de nombres o verbos, en que yo concuerde exactamente con los otros gramáticos.

No quiero decir con esto que mi doctrina sea original, pues no puedo menos de coincidir en muchos puntos con lo que ellos establecen, y es indispensable que camine acorde con lo que asienta la Academia en su última Ortografía, habiéndome propuesto explicar su sistema, por ser el seguido generalmente en las mejores ediciones. Creo, no obstante, haber simplificado mucho sus reglas, y que en las de la acentuación he expuesto metódicamente los principios, que es probable tuvo a la vista aquel Cuerpo al tratar de esta materia.

Me parece por ahora peligroso introducir más novedades en nuestra ortografía, y ojalá que cada treinta años se den tantos pasos para significarla, como se han dado fructuosamente desde el 1808. No se necesita gran saber para formar en un cuarto de hora un sistema más sencillo y racional, que el trazado por Noboa en el apéndice de su Gramática filosófica. El trabajo en tales negocios no está en señalar lo mejor, sino lo que es hacedero; y a millares, y aun millones de personas acostumbradas a una práctica no se las separa de ella en un golpe y con una orden autoritativa, sino con maña y dejando trascurrir dos o tres siglos. El mismo Noboa se hallarla embarazadísimo para escribir, según su visionario sistema, y, sin embargo, tiene por mui factible que se formen maestros de repente y que los habitantes de ambos mundos que hablan el español, escriban de un modo mui diverso del que observan en todos los libros que andan impresos.

Me atreveré a asegurar a Noboa que sería inútil su empeño y el de cualquiera que lo intentase; y como especulador de estoy acostumbrado a consultar el gusto y preocupaciones de los lectores, le aconsejaré no imprima libro alguno con muchas y simultáneas novedades ortográficas, si quiere que lo compren y lo lean.

He vivido seis años en la capital de Inglaterra, y desde el 1830 trasladé mi establecimiento a la de Francia, es decir, que he residido bastante tiempo en estas dos grandes ciudades, que son miradas como el prototipo de los adelantamientos diarios, para estudiar cuáles pueden hacerse en un año, y cuáles no son obra sino del lento curso del tiempo…

En los tres años que dejé reposar mi bosquejo antes de publicarlo, y en los quince que después han trascurrido, he intercalado en sus lugares cuantas observaciones me han parecido adecuadas de las que se hallan en las demás gramáticas y en los escritos de Aldrete, Mayans, Burriel, López de la
Huerta, Garcés, los dos Iriartes, Jovellanos, Capmany, Marina, Vargas Ponce, Clemencin, Sicilia, Gómez Hermosilla, Martínez de la Rosa, y, en fin, de los pocos que directa o indirectamente han tratado de la propiedad o sintaxis castellana. No obstante el cuidado que he puesto en reunir los materiales diseminados en estos autores, me lisonjeo de que la mayor parte de los que contiene el presente volumen, es fruto de mi larga meditación sobre nuestros buenos escritores.

Deseando seguir el camino común y trillado, mientras no se saquen grandes ventajas de su abandono, he dividido mi obra en los cuatro tratados, que comprenden de ordinario las Gramáticas, En el intitulado Analogía expongo, ante todas cosas, las reglas para leer y pronunciar correctamente, y en seguida trato de las partes de la oración, limitándome a poner la declinación del nombre, sus géneros, las modificaciones que sufre para pasar a comparativo, superlativo, aumentativo o diminutivo, o en razón de ser derivado o compuesto; a la conjugación de los verbos, así regulares como irregulares, y a dar una idea mui en globo de las partículas indeclinables. Explicar el uso que ha de hacerse de estas mismas partes, cómo han de colocarse en el discurso, y las mutaciones que sufren según que van antepuestas o pospuestas, es oficio propio y exclusivo de la Sintaxis; como también el señalar las delicadas y casi imperceptibles diferencias que hai en los diversos modos de decir. Para esto me he dilatado en el uso general de las preposiciones y en la lista de las que rigen particularmente algunos nombres, verbos y adverbios. Noto varios usos que parecerán menos necesarios a los castellanos; pero que pueden ser provechosos a los demás españoles, para evitar losprovincialismos en que más de ordinario incurren. En la Sintaxis he tratado también de los caracteres principales del lenguaje castellano de nuestros días, haciéndolo resaltar con la contraposición del que se usaba en el siglo XVI y con el de otras naciones, porque con arreglo a las ideas que llevo expuestas en el presente prólogo, debo mirar como incompleta aquella parte de la gramática, si le falta este capítulo. Siguen en la parte tercera las reglas de la Ortografía, y en la cuarta y última las de nuestra Prosodia, con algunas nociones acerca del metro y de las composiciones en verso.

He procurado no embarazar al principiante, sobre todo en la Analogía, con un gran número de reglas, y menos con largas excepciones; por lo que las he colocado frecuentemente en notas al pié, a fin de que pueda leerlas una o dos vezes, sin abrumar la memoria con una árida e inconexa lista de nombres, tan costosa de aprender como fácil de olvidar. Otras notas que le son de menos importancia, aunque la tienen para esclarecer los fundamentos de mi sistema, se han reservado para el fin del libro.

Apoyado en los mismos principios de sencillez, y con el objeto de que no aprendan los jóvenes sino lo que les sea indispensable, o sobremanera útil, he omitido por entero la doctrina que sobre Las figuras de dicción se nos enseña con tanto aparato en las escuelas, contentándome con explicar algunas, o la cosa misma, por incidencia. Poco importa que uno ignore qué es hipérbaton, pleonasmo, etc. (palabras cuyo significado sólo se retiene con facilidad sabiendo la lengua de que se han tomado), si al cabo conoce cómo y por qué se emplea la trasposición o la redundancia de las vozes.

Los principios que me han guiado en la formación de estos elementos, justifican suficientemente su título de Gramática de la lengua castellana según ahora se habla, y el que haya citado casi siempre, para comprobación de sus reglas, ejemplos de los autores que han florecido después de mediado el siglo último…

El primer borrador de este ensayo, que emprendí como cosa de entretenimiento, quedó concluido a mediados de 1827; y lo hubiera guardado inédito los nueve años por lo menos que aconseja el preceptista más juicioso de la antigüedad. si no hubiese tenido que sacarlo a luz en 1831, más bien para poner cotos al estado casi de delirio en que me había constituido el empeño de perfeccionarlo, que por estar satisfecho de mi trabajo. No pudiendo descansar ni dormir por el cúmulo de especies que me ocurrían a cada paso, resolví darlo a la prensa sin corregirlo ni limarlo más, para recobrar la
tranquilidad que había perdido, y someterlo al examen de los peritos, aguardando de ellos y del tiempo las muchas enmiendas que podía recibir.
Ya se deja entender que no omitiría ofrecerlo antes a la censura de los pocos españoles residentes a la sazón en Londres, que eran en mi sentir juezes idóneos en la materia, y con cuya complacencia podía yo contar para cometerles un encargo tan fastidioso. Fué el primero mi paisano D. Joaquin Lorenzo Villanueva, uno de los sujetos que más se han distinguido en nuestros días por haber escrito correcta y fluidamente el castellano. Me dispensaron después el favor de inspeccionar y corregir mi manuscrito Don Pablo Mendíbil, D. Antonio Alcalá Galiano y mi amigo D. Mateo Seoane.
Con el favorable voto de estas cuatro personas, cuyos nombres son bien conocidos dentro y fuera de la Península, me atreví a publicar este libro entre los primeros que salieron de la librería que a fines de 1830 establecí en París.
Tanto por ser la impresión extranjera, como por la clase del Gobierno que existia entonces en España, circularon por ella pocos ejemplares; y así puede afirmarse que la consumieron por entero las nuevas Repúblicas hispano -americanas en el espacio de tres años escasos, acogiéndola con un entusiasmo que sobrepujó mucho mi esperanza.

Al verificar la reimpresión en 1834 aproveché los apuntes que mis propias observaciones me sugerían diariamente, y los que pude sacar de los Rudimentos, compuestos por Puig, y publicados de orden del Sr. Climent en Barcelona el año 1770; de los tratados gramaticales de Jovellanos que están mui lejos de corresponder debidamente a la ilustración y delicado tacto de su autor; de la Gramática elemental de D. Jacobo Saqueniza, nombre con que disfrazó el suyo D. Joaquin Cabezas; de los tomos publicados hasta entonces del Comentario de Don Quijote, por Clemencin, y de la Nomenclatura geográfica de España, por Caballero. D. José Garriga, que se sirvió comunicarme
algunos reparos sobre la primera edición; D. José Gómez Hermosilla, que tuvo la bondad de revisarla detenidamente y de responder a varias dudas que le propuse, y D. Agustín Aicart, con quien corregí las pruebas de la segunda, contribuyeron no poco a mejorarla. En ella abrazé, respecto de los modos y tiempos del verbo, una senda mucho más ideológica y sencilla que en la primera.

Con el continuo empeño que tenía de ir completando mi trabajo, salió mui aumentado en la tercera edición, que cuidé desde Madrid en 1837, consultando varias dificultades con el mencionado Gómez Hermosilla. Sin embargo, por la circunstancia de no hacerse a mi vista y por hallarme des-empeñando el encargo con que por segunda vez me habían honrado mis conciudadanos, no pude emplear todo el esmero que acostumbro en las impresiones que se ejecutan bajo mi inspección.

En los considerables aumentos que recibió la cuarta edición, ya manifesté con cuánta especialidad había estudiado los Diccionarios que existen de la lengua castellana, para ir preparando mis adiciones al de la Academia, a las que ha llegado por fin su turno en la reimpresión que estoi haciendo del que en el año próximo pasado ha dado a luz aquel Cuerpo. Rectifiqué muchas reglas a consecuencia de las observaciones que se sirvió comunicarme D. Juan Nicasio Gallego; pero no adherí entonces algunas, ni me he decidido posteriormente a adoptarlas, porque si bien abrazo con preferencia la opinión de los demás, cuando estoi un poco vacilante en la mía, juzgo de mi deber mantenerla, siempre que no me suscitan una duda fundada los argumentos contrarios. Algo ha de concederse al criterio de quien como yo está dedicado, muchos años hace, a desenmarañar las cuestiones de la gramática castellana.

Tanto ahora como las otras vezes que he reimpreso la mia, siempre que he variado de dictamen o creido conveniente templar mi crítica, he dejado subsistir el lugar del autor que citaba para que se note mejor mi retractación o duda…

El trascurso de quince años me ha dado lugar para examinar muchas cosas a mejor luz, y para oir o leer las reflexiones de personas instruidas en la materia. Esta ha sido la única causa de las notables novedades que he introducido sucesivamente en mi gramática.

Señalé a su tiempo las hechas en la quinta edición, de la que se agotaron en menos de cuatro años sus seis mil y quinientos ejemplares, por haber competido en apadrinarla los peninsulares y nuestros antiguos hermanos de Ultramar. La Sociedad de Amigos del País de Valencia, no contenta con nombrarme, sin haberlo yo solicitado, su socio di mérito, ofreció anualmente premios a los jóvenes más adelantados en la gramática con arreglo a los principios de la mía; el Gobierno de Caracas mandó que sirviese de texto en todas las escuelas de aquella República, y por mi Compendio se
estudia en las del Perú y Chile. D. Antonio Benedeti publicó en la Nueva Granada una Gramática española arreglada por el sistema productivo, y previno en el prólogo que el título de El nuevo Salvá que le había dado era una declaración auténtica de que estaba fundada principalmente en los principios y observaciones de la mía. Y lo que principalmente aprecio, por ser prueba excepcional a favor de mi trabajo, es que la Dirección general de estudios de Madrid lo haya propuesto varias vezes para la enseñanza pública, y que en el último plan de estudios esté asignado como libro de texto, no habiendo mediado nunca gestión mía, directa ni indirecta, para conseguir una distinción tan honrosa. De ningún modo puedo corresponder a ello mejor que redoblando mi zelo por limar
y perfeccionar una obra cuya venta pudiera mirarse como asegurada aun cuando no se retocase.

El haberse consumido en menos de dos años los cuatro mil ejemplares de la sexta edición, se debe probablemente a la futilidad con que se impugnó mi doctrina y a la grosería con que se habló de mí en los Principios de la lengua castellana, impresos en Madrid en 1841 a costa de la viuda de Calleja e Hijos. Esta ridícula diatriba, escrita por quien no ha oído tal vez hablar de la propiedad de nuestro idioma, sino los pocos meses que por caridad le acogí en mi establecimiento el año de 1830, destinándole al trabajo material de cotejar las pruebas de imprenta, no habrá dejado de servir, para los pocos que la hayan recorrido, como de anuncio y recomendación de mi libro; y si debiera agradecerse a los hombres el bien que resulta de sus hechos contra su intención, no omitiría yo el manifestarme reconocido a su autor y a la oscura criatura que le ha pagado.

En los prólogos de las dos ediciones de 1844 y 46 señalé los principales retoques que hice en cada una, ya corrigiendo varias equivocaciones, ya rehaciendo páginas enteras; pero habiendo mediado tan poco tiempo desde la última, no debe extrañarse que me limite ahora simplemente a reproducirla, sobre todo cuando no me da lugar para reverlala instancia con que se pide de todas partes para la enseñanza de las universidades, colegios y escuelas particulares.

Ni en las dos ediciones anteriores ni en la presente he querido descender a analizar los Principios poco há mencionados, hacien-do ver lo destornillado del plan de la obra, los galicismos y demás faltas de lenguaje en que hierve y lo infundado de sus ataques contra la mía. Ni se acordaría semejante polémica con mi propósito de no responder a las críticas que se me dirijan, bien que
aprovechando las advertencias útiles que cualquiera me haga, ni seria cordura entablarla con quien carece de los conocimientos necesarios para entenderla. Con todo, cuando me ha venido a la mano, como en las págs. 133 y 148, he puesto en claro algunos de sus muchos desaciertos…

1830.

175. Elementos de la Gramática latina, redactados para la juventud que se educa en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Bogotá. Bogotá, 1830.

El autor de este libro, el virtuoso sacerdote y Dr. D. Juan Fernández de Sotomayor y Picón, Rector del citado Colegio el año en que publicó su obra, nació en Cartagena de Indias, de cuya ciudad fué Obispo años después del 30.
El latín se enseña en estos Elementos a la vez que los principios gramaticales de nuestra lengua.

176. Cuatro palmetazos bien plantados por el Dómine Lúcas a los Gazeteros de Bayona, por otros tantos puntos garrafales que se les han soltado contra el buen uso y reglas de la Lengua y Gramática Castellana, en su famosa Crítica de la Historia de la Literatura Española, que dan a luz los Señores Gómez de la Cortina y Hugalde -Mollinedo… Cádiz, 1830. Con licencia, en la imprenta de D. Estevan Picardo, plazuela del Palillero.
4.°-29 págs. la Port. inclusive + 2 de citas y remisiones + 2 de Apénd. + 8 págs. con foliación completa y este epígrafe en la 1: Cuestión logosófica: ¿Cuál es el mas adecuado oficio de los casos oblicuos le, la, lo, los, las, les, (ge se) del Pronombre el ella ello?- Sign. 1 -4.

Bajo el pseudónimo del Dómine Lucas se oculta D. Bartolomé José Gallardo, quien mueve, en esta ocasión, su virulenta pluma contra D. Félix José Reynoso, tratando del uso más acertado de la conjunción que.

1832.

177. Gramática castellana. Artículo crítico sobre la de la Academia Española, por D. Andrés Bello, publicado en el Araucano, año de 1832, y reimpreso en el vol. V (págs. 457-465) de las Obras completas de D. Andrés Bello; edición hecha bajo la dirección del Consejo de Instrucción pública, en cumplimiento de la lei de 5 de Setiembre de 1872. Santiago de Chile. Impreso por Pedro G. Ramírez. 1884.

Este tomo V de las Obras completas de Bello, ha sido reimpreso en dos volúmenes en la Colección de escritores castellanos (86 y 89): Madrid, imprenta y fundición de Manuel Tello, años de 1890 y 1891.
El artículo de Bello, a que nos hemos referido, está en el tomo 89, págs. 325-338.

178. Lecciones de Gramática castellana, redactadas por don J. Herrera Dávila i don A. Alvear. (Reimpresión chilena.) Santiago (de Chile), imprenta de la Independencia, 1832.
8.°-164 págs.
Otra edición: Santiago (de Chile), imprenta de la Independencia, 1835.
8.°-132 págs.
Otra edición: Con variaciones i adiciones por el profesor del ramo en el Liceo de la Serena. Serena (Chile). Imprenta del Colegio, 1845.
4.°-176 págs.
Otra edición: Quinta, Santiago (de Chile), imprenta de la Independencia, 1845.
8.°-132 págs.

1835.

179. De la proposizion, sus complementos i ortografía. Obra escrita por el Lizenziadoi lector jubilado en Teología, canónigo supernumerario Don Francisco Puente. Santiago (de Chile). Imprenta del Mercurio, 1835.
8.°-43 págs.

1836.

180. Juicio de los opúsculos gramático -satíricos de D. Antonio Puigblanch, por D. Joaquín Lorenzo Villanueva. Dublin, Guillermo Powel, 1836.

1838.

181. Compendio de la Gramática castellana de D. Vicente Salvá, arreglado por el mismo para el uso de las escuelas. París, Moessard. 1838.
8.°

-Segunda edición. Con un apéndice mui útil para los niños de la provincia de Valencia. Valencia, J. Ferrer de Orga, 1838.

-Tercera edición. (Según la primera.) Paris, H. Fournier y Cia, 1844. 8°
Hay ejemplares de esta edición que aparecen impresos en Valencia, casa de Mallén.

1839.

182. Nueva Gramática de la Lengua Castellana según los principios de la filosofía gramatical, con un apéndice sobre el arreglo de la Ortografía, por el Br. D. A. M. de Noboa. Madrid: imprenta de D. Eusebio Aguado, 1839.

8.°-VIII -332 págs. + 4 de índ.

Merece el autor de este libro bien de las letras por las causas que le movieron a escribirlo, y por su ilustración y buen ingenio. Anheloso de que las Gramáticas rutinarias; basadas en un fiel servilismo de las latinas, fuesen desterradas y de que se compusieran esta clase de obras lo mismo con la observación de la estructura material de la lengua, que con un espíritu filosófico escudriñador de los principios en que la calidad y escritura de las palabras y la composición de las mismas debe fundarse, escribió Noboa su tratado, en el cual muéstrase como gran innovador, principalmente en lo que dice relación a la ortografía, de la que trataremos en su lugar.

La Gramática (escribe el autor) tiene que considerar las palabras en cuanto a su significado i en cuanto a su formación. -Considerándolas en su significado se divide en dos partes, la una que trata del significado que cada palabra tiene por si, i la otra del que tienen unidas formando la oración: considerándolas también en su formación se divide también en dos partes, una que trata de la formación de los signos pronunciados i otra de la formación de los signos escritos. -De aquí resulta la división que naturalmente se hace de la Gramática en cuatro partes, llamadas Análisis, Sintaxis, Pronunciación i Ortografía.

Por lo que a la Analogía, o Análisis como dice Noboa, se refiere, es de advertir que en la clasificación de las palabras se cuentan, entre los artículos, todos los pronombres, menos los personales; así que se clasifican en artículos comunes o especificativos: el, la, los, las, lo, y en artículos individuativos, subdivididos en numerales, posesivos y demostrativos. Posesivos: mi, mis, tu, tus, su, sus, nuestro, nuestros, vuestros, vuestras. Demostrativos: este, ese, aquel, con sus correspondientes géneros y números. Hablase también de artículos conjuntivos: que, quien, cual, cuyo, cuya, entre los cuales se usan como artículos interrogativos y admirativos: que, cual, quien. Síguense en esto los principios y la clasificación que estableció D. José Gómez Hermosilla en el art. 2: del capítulo I de sus Principios de Gramática general.

Define Noboa el verbo: La parte de la oración que declara o afirma que nosotros percibimos que los seres existen i obran de cierto modo. O la parte de la oración que sirve para declarar que nosotros percibimos las cosas como simplemente existentes o como operantes de un modo particular. En la
división de este tratado también ofrece el autor alguna novedad. clasificando más ampliamente esta parte de la oración. Por su naturaleza o significación (escribe) puede dividirse el verbo en transitivo, intransitivo, sustantivo, auxiliar e impersonal; pero todos estos pueden ser, además, pronominales… Para que el verbo sea pronominal, ha de ser precisamente el pronombre objeto sin preposición de la misma persona que el sujeto, i ademas ha de ser pleonástico.

Los verbos pronominales pueden ser fijos, esto es, que nunca se usan sino acompañados del pronombre, como amañarse; i variables, esto es, que unas veces se usan como pronominales i otras no, como estar o estarse.

Verbos con pronombre pleonástico indirecto: comerse un pan.

Verbos con pronombre pleonástico directo:
a). Pronominales fijos: arrepentirse.
b). Pronominales variables: morirse.

Verbos pronominales inversos o pasivos: quemarse.

El autor pone empeño en el estudio de estos verbos genéricos (en el sentido clasificativo), que ciertamente por la abundancia que de ellos existe en castellano, merecen una atención que no les habían consagrado anteriores gramáticos, por buscar modelos exclusivos a sus obras en los tratados latinos, cuyo idioma carece de tales verbos.

En la Sintaxis entiende Noboa que son cosas diversas la construcción y la colocación de las palabras, supuesto que por construcción naturalmente se significa la formación o composición de un todo que consta de diversas partes o principios, y por colocación uno de estos principios o condiciones que, juntamente con los otros dos, el régimen, la concordancia, concurren a formar el discurso claro, expresivo y harmonioso. Por esto se explica la división en cuatro tratados de esta parte de la Gramática de Noboa. Ocúpase de los elementos de las oraciones en el primero, y las distribuye en clases, según la naturaleza del verbo o verbos y según su forma; pero muchas veces no define ni explica con exactitud la naturaleza de aquéllos, como por ejemplo, al hablar de las oraciones inversas, cuando el sujeto pasivo es de persona, en las cuales el verbo no concierta ni en el número ni en la persona, con el que debe de ser el sujeto, ni éste se presenta en forma de tal, sino en la de objeto, por lo cual muchos han colocado, con razón, estas oraciones entre las impersonales.

En la parte de la colocación, en donde la claridad y sencillez es la norma, se trata primero de la colocación directa o inversa en general y se particulariza luego a cada elemento de la oración. De su brevedad hace mal en excusarse el autor, así como también de no haberse extendido a la colocación de los períodos; pues, además de que esta materia es inagotable, hubiera traspasado entonces los límites de la Gramática para entrar en el dominio de la Retórica y de la Elocuencia muchas veces, cuya es en principio esta materia, por más que haya procurado Noboa ajustaría en lo posible al carácter de su obra.

En resumen, la obra de que nos ocupamos, por el sistema filosófico con que está escrita (no ciertamente aceptable, a nuestro juicio, para las Gramáticas destinadas a la enseñanza de una lengua viva) es digna de particular estudio. Hay que exceptuar, sin embargo, la parte que trata de la ortografía, en la cual, formando el autor en la misma hueste en donde se hallan, entre otros muchos, el gran revolucionario en la materia Gonzalo Correas, y en nuestros días Cubí, Baliente, Gallardo y Saabedra y cien más, échase a inventar nuevos signos o letras correspondientes a cada uno de los sonidos simples de la lengua castellana, manifestando ser Noboa además ciego partidario del
fonetismo, con exclusión absoluta del origen y del uso, cuyos principios ortográficos desecha. De aquí que, con razón, calificara este sistema de visionario D. Vicente Salvá, en el prólogo que puso a su Gramática, edición de 1849.

183-184. Ueber der Ursprung des Futurs und Condicionale im Spanischen und Portugiesischen. Von E. Wiens. Münster, 1839.
1841.

185. Análisis ideológica de los tiempos de la conjugación castellana, por A. B. (Andrés Bello). Valparaíso, M. Rivadeneyra, 1841.
4.°-57 págs.

Dedúcese que el autor escribió en Caracas este original y profundo tratado filosófico, por las siguientes palabras del prólogo: Seguro de que la experiencia que voy a dar de una parte no menos difícil que interesante del lenguaje descansa sobre bases ciertas, me he determinado a sacar esta obrilla de la oscuridad en que hace más de treinta años que la he tenido sepultada.

Otras ediciones. -Con notas por Juan V. González, para uso del Colegio de El Salvador del mundo. Caracas: Corser, 1870. -8.°, 62 págs.
-Bogotá, imprenta de Echevarría hermanos, 1871.
-En los Anales de la Universidad de Colombia, núms. 28 y 29, correspondientes a los meses de Abril y Mayo de 1871.
-Madrid, establecimiento tipográfico de los Sucesores de Rivadeneyra, 1883. -8,°, 136 págs.
-Págs. 231 a 302 de los Opúsculos gramaticales, tomo V de la colección completa de las obras de Bello, publicada por el Gobierno Nacional de Chile. Santiago de Chile, impreso por Pedro G. Ramírez, 1884.
-Págs. 1-98 del tomo 89 de la Colección de escritores castellanos. Obras completas de D. Andrés Bello. Opúsculos gramaticales. II. Madrid, imprenta y fundición de M. Tello, Don Evaristo, 8. 1891. -8.°

La lectura que, por casualidad. hizo el año de 1810 D. Andrés Bello del tratado de Condillac sobre el verbo, promovióle afición a estudiar esta materia y le decidió a escribir su Análisis ideológica de los tiempos de la conjugación castellana, proponiendo en él una nueva teoría para explicar, mediante ella y por modo más racional que Condillac en su libro, el uso de las formas verbales.
D. Andrés Bello en esta obra (dice su biógrafo el Sr. D. Miguel Luis Amunátegui) ha aplicado la análisis a un punto obscuro e intrincado, y después de haber investigado con mucha paciencia y perspicacia la ilación metafísica del significado de los tiempos e inflexiones verbales, ha sustituido al antiguo desorden un sistema de leyes generales que no están sujetas a excepciones, y que son susceptibles aun de expresarse por fórmulas algebraicas. La unidad y la harmonía de la teoría propuesta son los argumentos más fuertes que pueden alegarse en favor de su verdad. El autor tiene así la gloria de haber alcanzado lo que no consiguieron Condillac, Beauzée y otros eminentes filósofos.

No creemos ocioso (porque tal vez haya llegado a conocimiento de muy pocos) copiar a continuación el juicio que, sobre la obra de Bello que nos ocupa, escribió y publicó en la Revista de España, de las Indias y del extranjero, el Sr. D. Buenaventura Carlos Aribau:

Filolojía. Análisis ideolójica de los tiempos de la conjugación castellana, por D. Andrés Bello. -Al discurrir sobre las varias consecuencias de aquella lamentable fatalidad, que ha separado de la comunión española las vastas regiones que en el continente americano formaban parte, más bien que apéndice de esta gigantesca monarquía, nos ha sobrecogido cierto temor de que la lengua castellana, que, después de la luz del Evangelio, fué en aquellos pueblos el agente más poderoso de civilización, sufriese notable detrimento, hasta llegar a corromperse y a perder sus magníficas formas primitivas. Y no era éste un sentimiento de estéril orgullo nacional y preocupación literaria, porque bien se nos alcanza cuánto puede la unidad del lenguaje contribuir a la conservación, facilidad y fomento de otras relaciones de más positiva e inmediata ventaja que han de compensar la pérdida sufrida. Veíamos venir el daño, no de la confusión de las lenguas habladas por los indígenas (pues no dio la Providencia tal poder a la rusticidad sobre la cultura), sino del roce y comunicación continua con las naciones extrañas, que, validas de nuestra ausencia y descuido, acudían a monopolizar aquellos mercados, y a influir tanto en su política como en sus costumbres.

Pero después que nuestro pabellón ha sido saludado con entusiasmo, y que, sueltos los vínculos de la dependencia, se han anulado los de la amistad. hemos visto que el mal no era tan grande como habíamos recelado, y que en la mayor parte de aquellas nuevas repúblicas se ha cultivado el idioma con el estudio de los buenos autores, y aun con el ejercicio de algunas plumas, que no nos desdeñaríamos de contar entre las nuestras. Más copiosos hubieran sido probablemente los frutos de los buenos ingenios americanos, si las intestinas discordias que han destrozado al país no hubiesen distraído por otros caminos la actividad de los espíritus, contrariando el progreso de unas artes que sólo medran y florecen a la sombra de la paz y de la seguridad; observación que se confirma con el ejemplo de la república de Chile, que, defendida por los peligros del paso de Magallanes, por las olas del Pacífico y por la protectora fragosidad de los Andes, ha podido librarse de la rivalidad de sus vecinos, al paso que la cordura poco común de los promovedores de su emancipación, ha logrado conjurar las perturbaciones que en semejantes crisis suelen atajar el progreso de los pueblos.

Allí, bien quisto de todas las clases, honrado a cada paso por la confianza del Gobierno, escuchado con respeto por la juventud. cuyos estudios solícitamente promueve, se da a conocer por sus escritos Don Andrés Bello, autor del opúsculo de que vamos a hablar. Natural de Caracas, pasó en Inglaterra una buena parte de su juventud. hasta que fué llamado a su patria adoptiva, que le respeta como uno de sus mejores ciudadanos. Dotado de gran fuerza de observación, se propuso llevar hasta sus últimos elementos el análisis del verbo, de esta palabra por excelencia, la cual, singularmente en la lengua castellana, ofrece tanta multitud. variedad y delicadeza de formas, accidentes y matices, que en cada inflexión suya, y aun en el orden de su colocación, se von expresados como en abreviatura numerosos conceptos. Treinta años dejó dormir su primer borrador; y al cabo de ellos, decidióse a publicarlo, después de madurar la idea por medio de diarias comparaciones con lo que oía y leía.

El significado de los tiempos en el verbo castellano, merecía esta profunda investigación, y la necesitaba. Los tratados gramaticales de uso más común dan sobre esta materia ideas equivocadas, y los más perfeccionados las dan incompletas. Nuestro Don Gregorio Garcés, que, con inmensa erudición y mediana filosofía, escribió en Ferrara, a fines del siglo pasado, su Fundamento del vigor y elegancia de la Lengua castellana, omitió, en la conjugación de los verbos, aquellos trabajos generales y abstractos con que ilustró la teoría del nombre; y lo que en la propia cuna y asiento de nuestra lengua apenas ha llamado la atención de los hablistas, ha sido objeto de meditación y estudio en uno de los más remotos países de los antiguos dominios españoles inmortalizado por
el canto de D. Alonso de Ercilla.

No es nuevo en la historia de las lenguas este fenómeno que, aunque sorprende a primera vista, puede ser plausiblemente explicado. Lope de Vega decía de los dos hermanos Argensola que parece que vinieron de Aragón a reformar en nuestros poetas la lengua castellana; y en nuestros tiempos
hemos conocido a dos esclarecidos catalanes, D. Antonio Capmany y D. Antonio Puigblanch, que a nadie cedieron en el profundo conocimiento de un idioma que no habían mamado con la leche materna.

El punto de vista bajo el cual el Sr. Bello considera el oficio que desempeña el verbo en la oración es enteramente nuevo, y resuelve una porción de cuestiones hasta ahora pendientes ú oscuramente determinadas. De su definición deduce consecuencias, alguna de las cuales (sea dicho con la modestia y respeto que el autor nos inspira) no nos parecen necesariamente ajustadas a la idea matriz que intenta explicar; tal es, por ejemplo, la de que el infinitivo no es en su opinión verdadero verbo, cuando en la nuestra constituye un modo de él, defectivo si se quiere, análogo a otras partes de la oración con las cuales se confunde, dotado de circunstancias peculiares y características que le distinguen de los demás modos, pero revestido de todas aquéllas que necesita para expresar el atributo de una proposición subalterna. Tampoco adoptamos en toda su latitud la división que establece de los modos, clasificándolos en indicativo, subjuntivo común, subjuntivo hipotético y optativo. Pero no es nuestro ánimo consagrar el presente artículo a un examen de la obra, que precisamente habría de ser minucioso y poco acomodado a la naturaleza de nuestra publicación, sino excitar el interés de los aficionados a tales materias hacia un adelantamiento que, tal consideramos, ha logrado el arte con la discusión de un punto tan importante como poco explorado.

Donde principalmente luce y campea el exacto juicio y sagacidad del autor, es en el uso de los tiempos, objeto principal de su escrito. Las relaciones de coexistencia, de anterioridad y de posterioridad en sus diversos grados, forman la base natural de una exposición que nada deja que desear por lo luminosa, y puede desde luego copiarse en toda Gramática castellana con la seguridad de dejar satisfecha cualquiera duda de parte del discípulo. La nomenclatura es tan sencilla, como clara la idea de las diferencias.

Pero toda explicación seria incompleta si prescindiese el autor de aquellas locuciones en que, para dar o quitar energía a la frase, se trastruecan los tiempos de los verbos, sustituyéndose los unos a los otros. Esta parte del tratado, que tiene por título Valores metafóricos de las formas verbales, está
llena de finísimas observaciones, que descubren otros tantos recursos peculiares de una lengua admirablemente flexible para los que saben manejarla con gusto e inteligencia.

Todas las proposiciones que se sientan vienen confirmadas con ejemplos bien escogidos de los autores castellanos más ilustres y acreditados: Cervantes, Calderón, Lope de Vega, Coloma, el P. Isla, Moratín y otros, en lo cual da muestras el Sr. Bello, no sólo de su espíritu eminentemente analizador, sino también de su varia y bien digerida lectura…

186. El Nuevo Salvá o Gramática Española… por Don Antonio Benedeti. New-York, 1841.

Escribió Benedeti su obra en Cartagena de Indias y empleó en ella el sistema o método denominado productivo, que el norteamericano R. C. Smith había adoptado en su Gramática inglesa y en el cual tienen preferente puesto los ejercicios prácticos. Esta es la parte más notable e importante en la obra del distinguido maestro colombiano.

Por el título parece que su autor se atuvo exclusivamente a las doctrinas de Salvá; mas no fué así, pues hay en este libro algunas propias del autor y otras de las antiguas de la Academia Española.

Como el Nuevo Salvá se publicó cuando acababan de llegar a América los libros de aquel ilustre filólogo español y eran aceptados por textos de las escuelas; como el tratado extenso y el compendio tenían ciertos defectos externos o de forma apercibidos en la enseñanza en las aulas; y finalmente, como no se aceptaron íntegras las nuevas doctrinas desenvueltas en aquellos libros, pensaron varios maestros americanos en compendiarlos y reformarlos. De aquí la oportunidad de la publicación del libro de Benedeti y la extraordinaria boga de que gozó, sirviendo de texto a casi todos los establecimientos de enseñanza de los Estados de Colombia.

Este filólogo americano varió más tarde de doctrinas gramaticales en cuanto al castellano.
De este mismo autor son también una Gramática francesa, reducida a un curso de veinte y dos lecciones, seguidas de sus respectivos temas, destinada al uso de la juventud granadina (Cartagena, 1837), y un Nuevo curso práctico, analítico, teórico y sintético de la lengua francesa, según el método Robertson (Cartagena, 1846).

187. Principios de la lengua castellana o prueba contra todos los que asienta D. Vicente Salvá en su Gramática. Segunda edición notablemente aumentada, y mejorado el plan de enseñanza. Por Don
Pedro Martínez López. Madrid: Librería de la Señora Viuda de Calleja e hijos, Calle de Carretas.
(A la vuelta de la anteportada:) Imprenta de A. R. Calleja: 1841.

8.° may. -XI.IV + 251 págs. + LVI. Anteport. -Port. -Al público. -Al Maestro. – Texto. – Ind. -Notas. -Erratas.

Esta Gramática, escrita por el método filosófico y que ha ejercido una influencia muy grande en América, donde ha compartido con la de Salvá y la de la Academia la influencia y predominio ejercidos por éstas en los estudios filológicos, y, sobre todo, en la enseñanza, es principalmente, según que el título lo dice, una violenta y procaz refutación de la Gramática de Salvá y una serie de ataques personales a este distinguido librero y literato. El Sr. Martínez López demuestra gran conocimiento de la lengua castellana. Del método por él propuesto y ardientemente defendido, nos darán razón los siguientes párrafos del prólogo al lector:

… De todos los sistemas, el más malo, el más impropio, el más dañoso a la enseñanza es aquél que asienta los preceptos por medio de preguntas y respuestas entre el discípulo y el maestro.
¿Qué se pretende conseguir por tal medio?…
… Que el discípulo aprenda de memoria una retahíla de frases o de períodos, de ordinario sin verdadero, o cuando menos, inexacto significado. La memoria es una cosa, y otra el entendimiento: aquélla recoge hoy para perder mañana; éste busca, halla y guarda. De un niño, de un hombre que me reciten de memoria todo cuanto contiene el Diccionario, diré que tienen una memoria feliz; pero de aquí al entendimiento la distancia es inmensa. También los Papagayos charlan… ¿Es charlar, analizar? Y ¿no vale más aprender el análisis que el charlatanismo del que analiza o explica aquel análisis?
Los frutos del entendimiento son constantes: jamás se olvidan ni se pierden, porque sabe formar una memoria muy distinta de la que buscamos en los principiantes por medio de la palmeta, de las disciplinas o del encierro, recursos cuyo origen es tan odioso, cuanto opuesto al verdadero régimen de la enseñanza. De aquí nace una memoria violenta, que retiene mientras la amenaza guarda el miedo, y éste perdido, el afán de aquélla no tarda en morir para nunca resucitar.

Un niño, me dirán, no tiene harta dosis de razón para buscar lo de los objetos que le ponemos a la vista.
Pues llévesele en busca de esa razón por medios sencillos y claros, no para recargar su memoria, sino para formar e ilustrar poco a poco su entendimiento,
Supongamos a un niño en el estudio de la Lexigrafía, donde se le enseña la forma de las palabras, al paso que el nombre gramatical de cada una de ellas. Recita desde la primera línea hasta la última el contenido de esta parte tan bien como el Padre nuestro (permítasenos esta vulgar comparación).
¿Estará ya instruido en lo concerniente a esta parte? Nada de eso; es como los malos comediantes: oye, pero no siente; habla, pero su entendimiento permanece mudo, y si bien acierta a repetir que substantivo es un ente de substancia real o ficticia, como haya quien le pregunte por la significación de real o ficticia, ya se para, se pierde y vuelve a entrar en el caos en que yacía antes de comenzar a llenar su memoria con un millar de renglones que el maestro pudo muy bien necesitar para enseñar, pero que el discípulo puede también reducir a cincuenta para comprender.

Si esto es verdad. creemos que el mejor método para la enseñanza de una ciencia es aquél que da a conocer las leyes distinta y separadamente. Si en el tratado no pueden existir todas cuantas explicaciones fueren de desear, al profesor toca el explicarlas sucesivamente, facilitando a sus discípulos el modo de llenar la tarea por sí propios; y es tan sencillo esto, cuanto que basta la no-ción general de la palabra, o parte sujeta a examen, para ir en busca de sus semejantes. Ejemplo:

Aprende el niño que sustantivo es todo aquello que explica substancia; en fin, un ser existente en la naturaleza o en nuestra imaginación, y ve, en corroboración de ésta o semejante doctrina, los nombres Hombre, Gallo, Fuerza, Hermosura, etc.

No se le pasa a otra lección; hágansele escribir cada día ciento, doscientos nombres que él mismo ha de inventar y dar por tales sustantivos, corrigiéndole después aquéllos que no lo sean, porque algunos parecerán probablemente en este caso.

Cuando se le ve marchar sin tropiezo por esta serie de palabras, dígasele lo que es número y género, y ejercítesele haciéndole escribir singulares y plurales, masculinos y femeninos, todo, por supuesto, de caudal de propia invención y privándole durante este trabajo de cualquier libro o papel donde hacer pudiera su acopio.

Este mismo método habrá de seguirse repasando todas las partes que entran en la oración, y pudiera adelantarse mucho si adoptáramos, a lo menos, cuatro tablas con sus correspondientes casillas, cuyo costo pasarla poco al del papel ordinario, llevando sobre éste la ventaja de la claridad. y por decirlo de una vez, el orden analítico que la Gramática prescribe, ya que el lógico no se presta a tal prueba (pueba en el original) por demasiado complicado.

La primera de estas cuatro tablas se podría distinguir de las otras con el nombre de Partes de la oración; la segunda con el de Formas de número y de género; la tercera con el de Descomposición gramatical; la cuarta, en fin, con el de Ejercicios analíticos, todo conforme a los modelos siguientes:

PARTES DE LA ORACIÓN.

No hacemos caso de la interjección, porque en su lugar decimos lo que pensamos de ella.

Substantivo. Adjetivo. Verbo. Adverbio. Preposición. Conjunción.
Año. Cuesta. / Malo. Este. / Hacer. Pedir. / Después. Ya. / Con. De./ Sin. Que.

Aquí debe el discípulo llenar las casillas con nombres buscados en su memoria, o tomados de los objetos que ve delante, y poniéndolos a ejemplo del modelo; siendo para el maestro el cuidado de corregir aquellas palabras que, por poca reflexión del principiante o por ignorancia, no estuvieren en su lugar correspondiente.

FORMAS DE NUMERO Y GENERO.

Aquí debe el discípulo cuidar de alterar el número y el género de los nombres, pasando también de los infinitivos de los verbos a la inflexión así temporal como personal, y este trabajo también ha de ser de memoria.

DESCOMPOSICIÓN GRAMATICAL.

Esta tabla ha de llenarse con las palabras de una frase dada, llevándolas a su casilla correspondiente. Ejemplo: Dios es clemente y espero en su misericordia. La lección, bien desempeñada, da a entender aquí que el discípulo está apto para pasar a formar por sí mismo un todo de aquellas diversas partes. Le faltan, sin duda, las nociones necesarias para construir, aunque conoce los materiales para la construcción: pero venga al cuarto modelo, donde habrá de darnos nuevas pruebas de su saber.Ejercítese al discípulo conforme a la siguiente tabla cuarta, al cual traerá las partes de la oración por su orden correspondiente, haciendo además que explique, por medio de notas, las palabras o proposiciones omitidas en el período, como lo hicimos nosotros analizando la primera parte del que sigue:
Recibe el plectro ya, profana Clio,
Que de Betis me diste en la ribera,
Do con labios de risa el canto mío
Remedaron sus ninfas placenteras.
Reinoso

Ejercicios analíticos.

SUJETOS.

VERBOS.

T.

I
I.

Complemento
directo.

Complemento
indirecto.

sustantivoS.

CHo

Nuestro sistema, sobre ser claro, sencillo y breve, ha de excitar en el discípulo el interés que el estudio pide para no parecer engorroso ni quedarse estéril.
Tal es el método que el famoso gramático Lemare seguía con sus discípulos, aunque no habló de él en sus obras por motivos que conocemos y respetamos aquí; y tan satisfecho estaba, que no solamente ofrecía, sino que lograba inculcar estos conocimientos, en menos de dos meses, aun a aquellos jóvenes más distraídos y de menos disposición que la suerte traía a su cuidado.

Por nuestra parte también aseguramos que cualquier maestro que adopte este sistema, sobre hallar para sí mismo mayor descanso, sacará en un año discípulos más aventajados que otros maestros en tres…

1842.

188. Compendio de Gramática castellana, según Salvá i otros autores, por D. Juan Vicente González. Caracas, 1842.

En la cuarta edición, hecha en Bogotá, año de 1849, el autor modificó y aumentó el libro, aceptando y desenvolviendo con preferencia las teorías de Bello, a pesar de lo cual no varió el primer título que puso a la obra.
La séptima edición la hizo el autor en Caracas, año de 1855. En el de 1856 se reimprimió en Cartagena (de Indias): hiciéronse en años sucesivos otras varias; en 1868 publicóse en Bogotá, por Echeverría Hermanos la undécima (4.°, XII-144 págs.), y en el año 1871 apareció de nuevo este
Compendio, corregido por el eminente colombiano D. Rufino J. Cuervo.

En suma, hasta el día se han hecho catorce ediciones de esta obra.

Conviene trasladar aquí la advertencia que el autor puso al frente de la cuarta edición, fechada en Caracas el 10 de febrero de 1849. Es la mejor exposición que podrá hacerse de la doctrina aceptada y expuesta por el Sr. González en su Gramática y de las modificaciones que realizó con respecto al primer método y principios adoptados en la primera edición. Desde que hace seis años publiqué la tercera edición de este Compendio (dice este ilustre americano), he trabajado con tal perseverancia en su mejora, que espero hallará en él la juventud estudiosa, no leves variantes o correcciones de estilo, sino alteraciones fundamentales, nuevas reglas, en que las prácticas de la lengua se explican con más sencillez i de un modo más completo. Durante este espacio, largo para quien diariamente se ejercita en la enseñanza, he podido observar lo que tenían de triviales o estériles algunas doctrinas, qué materias podían alcanzar la perfección, i, sobre todo, cuáles explicaciones se adaptan más a la incipiente capacidad de los alumnos. Ya desde el principio me había separado algo del sistema de D. Vicente Salvá, aprovechando bajo otro diferente la riqueza de sus importantes observaciones; en la última edición rehíce aquella parte en que le había seguido con más confianza, i preparaba, al dar a luz una nueva, cambiamientos sustanciales en toda la obra, cuando la aparición de la Gramática del señor Andrés Bello, célebre humanista venezolano, vino a darme los medios de hacer este Compendio más exacto i más digno de la juventud a que está consagrado.

El Sr. Andrés Bello, que había publicado desde 1835 la Ortología i Prosodia completa, con su Etimología i Sintaxis, dadas a luz en 1847, un curso de Gramática que excede en mucho a las que posee la Península, i que nada tiene que envidiar a las de otras naciones. Sin perderse en las abstracciones ideológicas, señala el valor preciso de las inflexiones i combinaciones de las palabras, i sin entrar en caprichosas nomenclaturas, fija los preceptos a que se conforma el buen uso, definiendo de paso i clasificando con admirable propiedad. Lo que, a causa de lo nuevo, debe llamar la atención en la terminología, son los nombres que ha dado a los tiempos de la conjugación castellana, novedad que no ha consignado en su Gramática, sino después de haber expuesto los fundamentos en un opúsculo sobre el verbo, impreso en 1845, esfuerzo de análisis i filosofía, i fruto de un trabajo que él mismo confiesa data desde su juventud. Con todo esto, i a pesar de su sencillez, de hallarse en buenas gramáticas de la lengua inglesa (I) i de no ser más que la expresión clara del significado íntimo de los tiempos, habría dudado adoptar la nueva nomenclatura, temeroso de ponerme en contradicción con los gramáticos de la Península, i de introducir en estos estudios la confusión, si razones de mayor peso no me hubiesen obligado a ello. Pasó el tiempo de usar la nomenclatura latina que adoptó la Real Academia Española, a imitación de toda la Europa, que fundió sus gramáticas en las formas de aquella lengua. Mientras las sociedades literarias que cuidan del idioma han adoptado sistemas peculiares a cada uno, aquel Cuerpo ha renunciado a sus derechos, contentándose con celar débilmente los fueros de la Ortografía; por manera que desde 1796 no corrige su Gramática i la deja reimprimir por codiciosos especuladores, que la alteran sin tino i sin otro propósito que la ganancia. I en tal descrédito ha caído, que al escoger la dirección de estudios española un texto para la enseñanza, sin recordarla siquiera, contrajo su examen a las de los Sres. D. Vicente Salvá i D. Pedro Martínez López.

I: Véanse las de Webster i Pierce, i la mui apreciable del reverendo Bradford Frazze,
El fallo recayó en favor de la de López, acaso por lo filosófico del método, casi igual al que sigue el Sr. Bello; i nuestra nomenclatura de los tiempos, tomada de Salvá, ha venido en consecuencia a ssr un sistema particular, que teniendo mucho de arbitrario, deja de empeñarnos a sostenerla por el amor a la uniformidad. La de López, que adolece del mismo defecto, tampoco debe preferirse porque goce hoi del privilegio de la enseñanza, ya que ni aquel deseo nos obliga a tener siempre vueltos los ojos a España para seguir sus lecciones, acaso alguna vez caprichosas i principalmente
cuando existe otra que a la verdad i sencillez reúne las ventajas de ser más filosófica y más clara. Lejos de. pensar que sólo tendrán méritos los escritores trasatlánticos, yo espero, al fijar bajo la autoridad de nuestro primer literato una nomenclatura importante, verla adoptada por los mismos que se disputan en la Península el campo de la enseñanza.

I pues es la ocasión, diré de paso mi sentir sobre la encarnizada polémica que llena la mitad de la Gramática de López contra la persona i escritos de Salvá; polémica acre que recuerda las de Escalígero i Scioppio. Las letras no son un campo abierto a la ani-mosidad de rivales, i las cuestiones ganan en interés tratadas con urbanidad i cultura. Ni es para entregarse a la juventud una díatriba cruel, en que se dan lecciones, no con sencillez i candor, sino en tono de sátira, como en amargo desquite i provocando al menosprecio del adversario. Sin su exaltación tendría más aprecio i lectores D. Pedro Martínez López, cuyos buenos principios gramaticales i claro talento son incontestables. I aun doblando esfuerzos, lograrla aventajar a la Gramática de D. Vicente Salvá; no oscurecer su mérito, ya que fué la primera a despertar el amor a esos estudios en la Península i en América, i porque, como dice mui bien el sabio i modesto Andrés Bello, ella es el depósito más copioso de los modos de decir castellanos: un libro que ninguno de los que aspiren a hablar i
escribir correctamente nuestra lengua, debe dispensarse de leer i consultar a menudo.
Sobre la ortografía continúo ateniéndome, como es debido, a la de la Real Academia Española, con las reformas que le ha hecho en su Prontuario, publicado en 1845,
conforme con los buenos principios que estampó el Sr. Bello en su Ortología.
He añadido un tratado sobre la Prosodia, que no se hallará en Salvá ni en Martínez López, i que comprende cuanto hai averiguado sobre la cantidad de las palabras i lo más importante que ha escrito sobre la Métrica el ilustre autor de la Silva á la zona tórrida: es la causa de haberse aumentado esta edición en algunas páginas. Conservaré, sin embargo, el mismo título con que publiqué por primera vez este Compendio, así porque con él obtuve el privilegio, como porque siendo esta edición el resaltado del estudio progresivo del idioma, quiero que quede, en el nombre al menos, un recuerdo del punto de que partí. I como había querido imprimirlo hasta ponerlo a prueba, durante un año, en la enseñanza, puedo asegurar a los maestros i padres de familia, que si los jóvenes reportarán ahora mayor provecho, lo alcanzarán también en menos tiempo i con menos esfuerzos i fatigas.

A la séptima edición, última que revisó el Sr. González, le puso esta breve advertencia, fechada en Caracas, junio 10 de 1855: Ninguna alteración sustancial: lo único que nos hemos propuesto en esta edición es perfeccionar las anteriores, simplificar las reglas y dar más claridad a los principios, más
precisión al estilo. Tenemos a la vista la segunda edición de la Gramática del ilustrado Bello; pero sólo hemos tomado de las novedades que trae, alguna que otra pincelada que sirve a los fines dichos: nada que obligue a los alumnos a olvidar antiguas definiciones i sistemas para aprender otros nuevos. Sólo en los ejemplos, que no hemos temido aumentar considerablemente, encontrarán alguna variación útil, que esperamos nos agradezcan los buenos maestros i discípulos. Podemos asegurar que este Compendio está hoi basado sobre los progresos que hacen las letras en la Gramática i en la Filología.

Los Sres. Echeverría hermanos, editores de la undécima reimpresión de esta Gramática, han puesto al frente de ella estas palabras: El Sr. Juan Vicente González, antiguo i mui acreditado profesor en los colegios de Caracas, publicó en 1855 la séptima i última edición que hizo de su excelente Compendio de la Gramática castellana, que ha merecido los honores de obra clásica i su adopción general para texto de enseñanza. Vino esta obra a Nueva Granada en el citado año, i en el acto, conocida su importancia, fué reimpresa, poniendo en la portada octava edición, lo que no dejarla de
sorprender al autor, que aún vivía, de que manos extrañas le fabricaran nuevas ediciones. Sin embargo, pareció bueno el intento, i sucesivamente se han hecho aquí dos reimpresiones más, apellidándolas novena edición i décima edición, con la particularidad de que, siendo lo corriente que una obra mejore en cada nueva edición, el malaventurado Compendio fué empeorando con los errores trasmitidos de una a otra reimpresión, hasta el punto que puede verse si se compara la que hoi lleva el apellido de décima edición con la que damos a luz esmeradamente corregida, como lo habría hecho el autor mismo… Presentado nuestro Compendio al juicio de la Escuela de Literatura i Filosofía de la Universidad nacional, lo halló tan correcto, que lo ha adoptado para texto en la enseñanza oficial de nuestra lengua, lo que significa también que lo recomienda a los Institutos particulares de educación, quedando al alcance de todos los estudiantes por su módico precio.
El Sr. González, que disfrutó en su patria de gran nombradía como literato y, sobre todo, como polemista político (Vid. Biblioteca de escritores venezolanos, por Rojas, y Perfiles, por Tejera), escribió este Compendio de Gramática en forma dialogada, y lo dividió, según ha podido colegirse de lo anteriormente dicho, en cuatro partes: Analogía, Sintaxis, Ortografía, Prosodia.

1843.

189. Revista gramatical de la lengua española. Publicación particularmente útil a los jóvenes que teniendo ya algún conocimiento de las teorías gramaticales, se dedican con esmero al estudio práctico de la lengua; y muy conveniente a las personas de cualquier edad que desean corregir vicios debidos a una enseñanza defectuosa. Parece a mediados de cada mes en un cuaderno de 32 páginas en 4.°, de hermoso papel y esmerada impresión… Madrid. 1843. Carrera de San Jerónimo, núm. 43, esquina a la calle de Cedaceros.

De esta Revista, fundada y escrita por D. Juan Calderón, no se publicaron más qué tres números (febrero, marzo y abril), que contienen 48 págs. en las cuales hay un largo estudio crítico del Panléxico o Diccionario universal de la lengua castellana; una carta del dómine Lucas (D. Bartolomé José Gallardo) al dómine C…(Calderón) sobre la obra que el Sr. Calderón publicaba a
la vez que su Revista gramatical: Diccionario gramatical de la lengua española (del que no publicó más que 48 págs. hasta la palabra Acusativo), y sobre el texto del primer número de la Revista. El dómine C… defiéndese en dos cartas dirigidas al dómine Lucas de las faltas contra la Gramática y contra la lengua que se le achacaban.

El Sr. Calderón publicó, como Apéndice de su Revista, el siguiente tratado, del cual también hizo edición separada para la venta.

190. Análisis lógica y gramatical de la lengua española. Por D. Juan Calderón, autor de la Revista gramatical. Madrid. Carrera de San Jerónimo, número 43. Mayo de 1843.
4.°-100 págs. + 1 final.
Port. -Adv.: “… Nuestro plan es muy sencillo y enteramente analítico: empezamos a descomponer lo más compuesto para llegar a los más simples elementos del lenguaje. Analizamos el razonamiento en períodos; descomponemos el período en proposiciones, y descomponemos la proposición en sus partes o elementos inmediatos. A este trabajo damos el nombre de análisis lógica. Analizamos, finalmente, cada una de las partes de la proposición en las palabras de que se compone. A esto llamamos análisis gramatical. Damos de todas estas análisis numerosos ejemplos, sacados casi en su totalidad de nuestros más célebres y clásicos escritores. Por fin, para hacer ver
prácticamente la utilidad del análisis, propondremos varios ejemplos, cuyos defectos de construcción no aparecen, o aparecen poco a primera vista, pero que la análisis, desmenuzando la expresión, sabe hacer patentes. También tomamos los ejemplos de estos análisis de los mismos escritores modelos, para que, ya que con tanta razón lo son en lo que hemos de seguir, lo sean también en lo que hemos de evitar. (Este plan está desarrollado por el Sr. Calderón con bastante acierto. – Texto. – Ind. – Errat.

El Sr. D. Francisco Merino Ballesteros publicó, en Madrid, librería de D. León Pablo Villaverde, año de 1861, la tercera edición de esta obra de D. Juan Calderón, adicionada por dicho Sr. Ballesteros con algunas notas de escasa importancia. -8.° 102 págs.

191. Conferencias gramaticales sobre la lengua castellana o elementos explanados de ella. Obra especialmente destinada a la enseñanza de los alumnos del Seminario de la Escuela Normal de Instrucción primaria de Madrid. y acomodada para todos los establecimientos de educación. Por D. Mariano de Rementería, profesor de Gramática castellana en dicho Seminario. Segunda edición, corregida y aumentada. Madrid. Imprenta de Fuentenebro. 1843. Se hallará en la librería de Cuesta, calle Mayor.
4.°-380 págs. + 3 de índ.

Port. -Adv. -Prel. – Texto: (Analogía, Sintaxis, Prosodia, Ortografía.) -Apéndice: (De la recitación leída. Reseña histórica de la lengua y de la literatura castellana.) – Ind.

Nada nuevo dice el autor. La gramática de la Academia, a pesar de lo que el Sr. Rementería escribe en la advertencia de su obra, le sirve de base para su estudio; y antes de prescribir reglas al castellano, propone este profesor los principios de la Gramática general.

192. Apéndice a las Lecciones de Gramática castellana de los Sres. Dávila i Alvear, extractado de la Gramática de D. Vicente Salvá, para el uso de los alumnos del Instituto Nacional. Santiago (de Chile), imp. de la Independencia, 1843.
8.°-29 págs.

193. Compendio de Gramática española, dedicado al vencedor de Ingavi. Paz de Ayacucho. 1843. Imprenta del Colegio de Artes.
8.°-52 págs. 4-2 prels.
Port. – Dedicatoria: Al Excmo. Sr. José Ballivian, Capitán general y Presidente de Bolivia, etc. En testimonio de la más justa gratitud. del más sincero afecto, dedica este pequeño ensayo -Pablo Rodrigueç, Machicao.

He aquí cómo el autor se expresa en una advertencia preliminar acerca del plan y de las innovaciones que su obra contiene: Las expresiones empleadas para la clasificación de las voces, deben tener una aplicación análoga a su significado; deben ser en lo posible tomadas de nuestro idioma, y en cada clase de voces sólo se debe incluir aquéllas a que se pueda adaptar la definición de aquélla. Estos motivos nos han movido a algunas innovaciones:

1: Colocamos entre los pronombres las voces este, aquel, quien, que, etc. que el Licenciado Mora añadió a los adjetivos. Porque no designan proximidad o lejanía como una cualidad. sino como circunstancia o situación mutable; pues yo no significa una cualidad locutiva, ni tú una auditiva, sino la circunstancia de hablar ú oir. Del mismo modo se explica la significación de este, aquel, otro, etc.

2: En la nomenclatura de los tiempos del verbo sólo hemos empleado voces que pudieran significar el oficio que tiene cada tiempo. Las expresiones simple, compuesto, pueden indicar que un tiempo consta de una o dos voces, no que es más o menos pasado o futuro. Al condicional “triunfaría” lo llamamos simple, no por constar de una sola voz, sino porque denota una simple condición,
adaptable a un tiempo presente o pretérito.

3: En lugar de la voz conjugación (conjugación no tiene significado en nuestro idioma; y si antes lo tenía, era el de cotejo o comparación), usamos la expresión de variación de las terminaciones.

4: Omitimos las figuras de Sintaxis. Porque: primero, consistiendo la construcción lógica en un cierto orden de la colocación de las palabras, y la variada en la alteración conveniente de este orden, las repeticiones o supresiones en nada lo alteran; y segundo, estas repeticiones y supresiones son necesarias: las supresiones evitan una repetición molesta sin causar equívoco; las repeticiones tienen por objeto evitar el equívoco. Así, si en lugar de las expresiones su amigo de usted, su amigo de él, sólo dijese su amigo, la expresión seria equívoca.
Entre las figuras de Sintaxis, la hipérbaton era, pues, la única que pertenece a la construcción variada,

5:En la ortografía de las letras, en los casos que no admiten reglas, no nos remitimos al idioma latino, sino a la lectura del nuestro, pues aquello seria obligar a estudiar dos idiomas en lugar de uno. Así como el uso de esas letras se aprendía antes en el latín, sin necesidad de reglas, así se puede aprender ahora el español.
En Sucre se escribe esterno, ecsamen; en la Paz, externo, examen (cuyo sonido es más áspero). Las reglas que damos en este artículo necesitan para su sanción de un uso uniforme.
Este compendio está dividido en tres partes: Lexicología, Sintaxis y Ortografía.

1844. .

194. Observaciones sobre el uso del pronombre la, le, lo. Por D. Juan Gualberto González. Estudio incluido en el tomo III de sus Obras en verso y prosa. Madrid, imp. de Alegría y Charlain, 1844.
4.°-Págs. 203-227.

El autor ilumina con claras observaciones y autoridades este difícil punto gramatical; y en las reglas que propone para el uso fijo y distinto del la y el le para el acusativo y el dativo en los femeninos, y del le y el lo para los mismos respectivos casos en los masculinos y en los llamados neutros, procura aproximarse lo más posible a la fuente latina, de donde se derivan nuestros casos. Sin embargo, concluye el autor que él mismo, a pesar de todas sus observaciones, se halla muchas veces perplejo al usar de estos pronombres, no sabiendo por cuál decidirse, según que sus escritos lo demuestran.

195. De los artículos gramaticales, por D. Alberto Lista y Aragon. -Páginas 38-40 de sus Ensayos literarios y críticos, con un prólogo por D. José Joaquín de Mora. Tomo primero. Sevilla, Calvo-Rubio y Compañía, editores: Plaza del Silencio, núm. 23. 1844.

196. Cuestión del verbo único, por D. Alberto Lista y Aragon. -Págs. 40-42 de sus Ensayos citados en el número anterior, tomo primero.

197. Tratado de Gramática Castellana, dedicado a la juventud americana de los pueblos que hablan la lengua española, por el Licenciado D. Fernando Zegers. Santiago (de Chile), imp. del Crepúsculo, 1844.
4.° -109 págs.

Expónense las doctrinas de la Academia y las de Salvá.

198. Elementos de Gramática Castellana, por D. Joaquín de Avendaño. Madrid. 1844.

Hasta el año 1871 se han hecho siete ediciones. Contiene al principio un resumen histórico del Origen y progreso del idioma castellano en España.

Novena edición: Elementos de Gramática castellana, con unas ligeras nociones de lingüística y apuntes de retórica y poética, por D. Joaquín de Avendaño, Madrid -Barcelona, 1886.
4.° men. -500 págs.

1845.

199. Manual práctico de Gramática y retórica castellana, o compendio de oraciones, ejemplos, frases, locuciones, idiotismos y figuras de la lengua española.
Contraído a las reglas teóricas, por el licenciado D. Plácido Marín Orodea, individuo de varias corporaciones literarias. Valladolid. 1845: imp. de J. Pastor. Madrid. lib. de Hurtado.

200, Compendio de Gramática Castellana, por Herranz i Quirós, profesor de primera educación en Madrid. Reimpresión con algunas correcciones sobre la última edición publicada en aquella Corte. Valparaíso: imp. del Mercurio, 1845.
8.°, -132 págs.
Otra edición: Valparaíso, imp. del Mercurio, 1859.
8.°-151 págs.
201. Cuadros de Gramática española, según las doctrinas de Salvá. París, 1845.

El Gobierno general de los Estados de Colombia, en virtud de varios decretos publicados desde 1842 a 1844 por el Secretario de Estado D. Mariano Ospina, en que éste reformaba el plan de enseñanza oficial, acordó la composición de cuadros de lectura, gramática, aritmética, geografía, etc. para las escuelas elementales, casas de asilo, escuelas-talleres, seminarios, colegios provinciales, bibliotecas públicas y otros establecimientos de enseñanza, que entonces se fundaron. Todos estos cuadros se imprimieron en París, y los de Gramática se escribieron según las teorías de D. Vicente Salvá.

1846.

202. Salvá reformado o Compendio de la Gramática Castellana de D. Vicente Salvá, arreglado para el uso de las escuelas y reformado, con aprobación de la Dirección general de Instrucción pública
de la Nueva Gramática, por D. Ulpiano González. Bogotá, 1846.

A pesar de lo que el autor dice en el título de su libro, no expone en él reforma substancial de la doctrina de Salvá; antes se atiene a ella, sin que varíe más que los accidentes. Tiene la forma de catecismo.

Sirvió esta obra de texto en las escuelas americanas y adquirió por ello cierta celebridad, habiéndose impreso por cuarta vez el año de 1866.

203. Lecciones de Gramática Castellana, recopiladas de los mejores autores, por D. Manuel Cortés, profesor de este ramo en la Academia Militar, (etc.) Santiago (de Chile). Imprenta de La Opinión. 1846.
4.°-200 págs.

Otra edición se hizo en 1851 por la imprenta del Ferrocarril, también en Santiago.
Tercera edición, corregida y aumentada: Valparaíso, imprenta del Mercurio, 1853.
8.° -229 págs.

Cuarta edición: Santiago (de Chile), imprenta de Belín y Compañía, 1855.
4.0-184 págs.

Quinta edición: Santiago (de Chile), imprenta del Ferrocarril, 1859.
4.°-192 págs.

204. Gramática filosófica de la Lengua castellana.

Obra que dejó sin concluir el Sr. D. José Fernández-Guerra, Catedrático de Historia y Antigüedades en la Universidad de Granada, su patria. Lástima grande fué para la Filología castellana que este docto Profesor, a la vez jurisconsulto distinguido, poeta y orador felicísimo, no terminara y hubiera
publicado su trabajo, así como también una Historia analítica del teatro español, pues ciertamente en ellos habría legado nuevas y preciosas muestras de su noble y bien cultivado ingenio y de su elegante pluma.

D. José Fernández-Guerra, nacido en el año 1791 y muerto en el de 1846, fué ejemplo de cristianos caballeros, y si no fecundizó las patrias letras con muchos escritos, concedióle la Providencia el honor de ser padre de los dos ingenios D. Aureliano y D. Luis Fernández-Guerra y Orbe, de quienes podemos afirmar, como de los Argensolas, que son tan hermanos por la sangre como por sus entendimientos.

205. Nueva Gramática de la Lengua Castellana, compuesta por el presbítero D. Braulio Amézaga, profesor de este idioma, etc. -Madrid. Imprenta de Sánchez, 1846.
12:, pasta. -146 págs.

Es una Gramática que puede llamarse filosófica de la lengua, a pesar de su poca extensión.

206. Lecciones de Gramática Castellana arregladas al método de enseñanza mutua, aprobadas por la Dirección general de Instrucción pública, y mandadas enseñar en las escuelas de la Nueva Granada, por D. José María Triana. Bogotá, 1846.

En los preliminares expónense las doc-trinas del autor para la enseñanza de la Gramática, y siguen después una serie de cuadros, según la Gramática de Salvá, escritos de orden del Gobierno colombiano.
Se publicó una segunda edición de estas Lecciones en Bogotá, año de 1849.

1847.

207. Nuevo catecismo de Gramática española, o Extracto metódico y compendiado del Nuevo Salvá, por el Doctor Mauricio Verbel. Cartagena (de Indias), 1847.

Esta obra compartió con el Nuevo Salvá, de Benedeti, la popularidad en los Estados de Colombia, y de ella se hizo la quinta edición en Bremen, año de 1869, imprenta de Carl Schünemann, librería de Torres Caicedo, de Bogotá, 214 págs. Hay una advertencia del autor en esta quinta edición, donde dice que se ocupaba en redactar una nueva obra, y que por eso no hubo corregido algunos errores que reconoce en la presente. Fecha en Ovejas (Colombia) a 20 de enero de 1869. -En el prólogo el autor declara que aunque es un extracto de Salvá, ha consultado también a otros autores, y en especial a Bello, del cual ha tomado, en efecto, una parte de la ortografía y casi toda prosodia.

1847-1891.

208. Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, por D. Andrés Bello. Santiago (de Chile), imprenta del Progreso, 1847.
4.° -337 Págs.
La grande incorrección con que era hablada y escrita la lengua castellana por la mayor parte del pueblo chileno, sin distinción de clases, cuando arribó a su territorio el año 1829 el Sr. D. Andrés Bello, puede decirse que engendró en el ánimo de este cultísimo varón el empeño de recomendar y promover el estudio de nuestro idioma, tan corrompido allí, así en su pronunciación como en su ortografía. Para lograr sus propósitos, comenzó Bello por publicar en el periódico El Araucano (13 y 20 de diciembre de 1833, y 3 y 17 de febrero y 28 de marzo de 1834) una serie de artículos intitulados Advertencias sobre el uso de la lengua castellana, dirigidas a los padres de familia, profesores de los colegios y maestros de escuelas, en las cuales, al par que ponía de manifiesto los desatinos y vicios de lenguaje usados en Chile, aun por las personas mejor educadas, desechaba la vulgar creencia de ser innecesario el estudio de la lengua patria por arte, y de que el de la latina y la propia naturaleza eran suficientes para aleccionarnos en el idioma castellano. Así se expresaba acerca de este particular:
La atención que el Gobierno y el público de esta ciudad prestan actualmente al interesante objeto de la educación literaria, hace esperar que no parecerán inoportunas las observaciones siguientes sobre el primero de los estudios juveniles, que es al mismo tiempo uno de los más necesarios y de los más abandonados. Hablamos del estudio de la lengua patria.

Hay personas que miran como un trabajo inútil el que se emplea en adquirir el conocimiento de la Gramática castellana, cuyas reglas, según ellos dicen, se aprenden suficientemente con el uso diario. Si esto se dijese en Valladolid o en Toledo, todavía se pudiera responder: que el caudal de voces y frases que andan en la circulación general, no es más que una pequeña parte de las riquezas de la lengua; que su cultivo la uniforma entre todos los pueblos que la hablan, y hace mucho más lentas las alteraciones que produce el tiempo en ésta como en todas las cosas humanas; que a proporción de la fijeza y conformidad que adquieren las lenguas, se disminuye una de las trabas más incómodas a que está sujeto el comercio entre los diferentes pueblos, y se facilita asimismo el comercio entre las diferentes edades, tan interesantes para la cultura de la razón y para los goces del entendimiento y del gusto; que todas las naciones altamente civilizadas han cultivado con un esmero particular su propio idioma; que en Roma, en la edad de César y Cicerón, se estudiaba en latín; que entre preciosas reliquias que nos han quedado de la literatura del Lacio, se conserva un buen número de obras gramaticales y filológicas; que el gran César no tuvo a menos componer algunas, y hallaba en este agradable estudio una distracción a los afanes de la guerra y los tumultos de las facciones; que en el más bello siglo de la literatura francesa, el elegante y juicioso Rollin introdujo el cultivo de la lengua materna en la Universidad de París: citaríamos el trillado Haec studia adolescentiam alunt, etc. y, en fin, nos apoyaríamos en la autoridad de cuanto se ha escrito sobre educación literaria. De este modo pudiera responderse, aun en los países donde se habla el idioma nacional con pureza, a los que condenan su estudio como innecesario y estéril. ¿Qué diremos, pues, a los que lo miran como una superfluidad en América?

Otros alegan que para los jóvenes que aprenden el latín, no es necesario un aprendizaje particular del castellano, porque en conociendo la Gramática de aquella lengua, se sabe ya también la del idioma patrio; error que no puede provenir sino del equivocado concepto que tienen algunos de lo que constituye el conocimiento de la lengua materna. El que haya aprendido el latín mucho mejor de lo que generalmente se aprende entre nosotros, sabrá el latin, y además habrá formado una mediana idea de la estructura del lenguaje y de lo que se llama Gramática en general; pero no sabrá por eso la Gramática castellana, porque cada lengua tiene sus reglas peculiares, su índole propia, sus genialidades, por decirlo así, y frecuentemente lo que pasa por solecismo en una es un idiotismo recibido, y tal vez una frase culta y elegante en otra. Las nociones generales de Gramática son un medio analítico de gran utilidad. sin du-da, para proceder con método en la observación de las analogías que dirigen al hombre en el uso del habla; pero pretender que porque somos dueños de este instrumento conocemos la lengua nativa, sin haberlo jamás aplicado a ella, es lo mismo que si dijéramos que para conocer la estructura del cuerpo animal basta tener un escalpelo en la mano…

Tal vez ha contribuido a este error (el de que el conocimiento de la Gramática latina hacia innecesario el de la Gramática castellana), la imperfección de las Gramáticas nacionales. Los que se han dedicado a escribir Gramáticas, o se han reducido a límites demasiado estrechos, creyendo, infundadamente según pensamos, que, para ponerse al alcance de la primera edad, era menester contentarse con darle una ligera idea de la composición del lenguaje; o si han aspirado a una Gramática completa, han adherido, con excesiva y supersticiosa servilidad a los principios vagos, la terminología insustancial, las clasificaciones anejas sobre que la filosofía ha pronunciado tiempo há la sentencia de proscripción. La Gramática nacional es el primer asunto que se presenta a la inteligencia del niño, el primer ensayo de sus facultades mentales, su primer curso práctico de raciocinio: es necesario, pues, que todo dé en ella una acertada dirección a sus hábitos; que nada sea vago ni oscuro; que no se le acostumbre a dar un valor misterioso a palabras que no comprende; que
una filosofía, tanto más difícil y delicada cuanto menos ha de mostrarse, exponga y clasifique de tal modo los hechos, esto es, las reglas del habla, que, generalizándose, queden reducidas a la expresión más sencilla posible.

Para dar una idea de lo que falta bajo este respecto, aun en la Gramática de la Academia, que es la más generalmente usada, bastará limitarnos a unas pocas observaciones. Estamos muy distantes de pensar deprimir el mérito de los trabajos de la Academia. Su Diccionario y su Ortografía la hacen acreedora a la gratitud de todos los pueblos que hablan el castellano; y aunque la primera de estas obras pasa por incompleta, quizá puede presentarse sin desaire al lado de otras de la misma especie que corren con aceptación en Inglaterra y Francia. Payne Knight, que es voto respetable en materia de filología, tiene el Diccionario de la Academia (el grande de seis tomos, que creemos habrá sido la primera obra que dio a luz este Cuerpo) por superior a todo lo que existe en su línea. En la Gramática misma hay partes perfectamente desempeñadas, como son por lo regular aquéllas en que la Academia se ciñe a la exposición desnuda de los hechos. El vicio radical de esta obra consiste en haberse aplicado a la lengua castellana sin la menor modificación la teoría y las clasificaciones da la lengua latina, ideadas para la exposición de un sistema de signos que, aunque tiene cierto aire de semejanza con el nuestro, es diferente de él en muchos puntos esenciales…

En estos artículos comenzaba ya a exponer Bello los principios en que había de fundarse su Gramática castellana, y preparaba, por consiguiente, al público para su estudio y aprovechamiento.

No tardó esta campaña de Bello en producir los resultados que el autor se había propuesto, pues en 1835 se separaron oficialmente en el Instituto nacional chileno las clases de latín y de gramática castellana, poniéndose en el estudio de ésta particular atención. Léase la noticia de esta providencia del Gobierno, que está en el periódico El Araucano, número del 2 de enero de 1835;

El martes último, a las seis de la tarde, asistió el Presidente, acompañado de los Ministros de Estado y de la Junta de Dirección del Instituto nacional, al examen de la clase de derecho civil de este Cuerpo. Nos reservamos para más adelante dar noticia de éste y los demás exámenes que sucesivamente se rendirán por los alumnos de este Instituto.

Su Excelencia ha dispuesto que en el próximo año escolar se abra una nueva cátedra para la enseñanza del idioma patrio, mezclada hasta el día, según el reglamento del Instituto, con los estudios de la primera clase de Latinidad. El cultivo de nuestra lengua tendrá ahora en el primer establecimiento literario de la república todo el lugar que merece, y no se permitirá que pasen a las
clases superiores los alumnos que no hayan aprendido a hablar y escribir correctamente el castellano, ramo tan necesario a toda persona de regular educación y tan indispensable en el ejercicio de los empleos políticos y profesiones literarias.

Incansable Bello en su afán de que los americanos se esmerasen en el uso de nuestro patrio idioma y de aficionarlos a su estudio, publicaba en el ya referido periódico El Araucano (6 de mayo de 1836) otro artículo exponiendo al público las ventajas del método experimenta) y filosófico combinado, para el mayor aprovechamiento en la enseñanza de la Gramática castellana. Y decía así:

Hay muchos que creen que el estudio de la lengua nativa es propio de la primera edad, y debe limitarse a las escuelas de primeras letras. Los que así piensan no tienen una idea cabal de los objetos que abraza el conocimiento de una lengua y del fin que deben proponerse estudiándola.

El estudio de la lengua se extiende a toda la vida del hombre, y sé puede decir que no acaba nunca. En las escuelas primarias no se puede hacer más que principiarlo por medio de un libro elemental, que dé al niño ciertos rudimentos proporcionados a su comprensión; libro que debe estar escrito con aquella filosofía delicada que consiste toda en ocultarse, poniéndose al nivel de una inteligencia que apenas asoma, y libro que, por desgracia, no existe.
Las definiciones de las Gramáticas comunes distan mucho del rigor analítico que se mira como indispensable en todas las artes y ciencias, y que en ninguna clase de obras es tan necesario como en aquéllas que ofrecen el primer pábulo a las facultades intelectuales. Allí es donde debe evitarse con más cuidado el acostumbrar al entendimiento a pagarse de ideas falsas o inexactas. Los hábitos viciosos que se adquieren en esta edad temprana van a influir en toda la vida.

Quo semel est imbuta recens servavit odorem Testa diu…

Nada se ganará, pues, con poner en mano del niño una Gramática, y hacerle aprender de memoria frases que no entiende ni puede entender, y que absolutamente no le sirven para distinguir lo bueno de lo malo en el lenguaje. ¿Qué provecho le resulta de tener la cabeza nublada de definiciones y de no saber analizar una frase en la pizarra, diciendo que la es artículo, tierra sustantivo, es verbo y extensa adjetivo, si realmente no sabe distinguir, sino a tientas y a bulto, al nombre del verbo y al sustantivo del adjetivo, y si al salir de la escuela sigue diciendo, como antes de haber entrado en
ella, yo tuezo, yo forzo, yo cuezo, yo copeo, yo vaceo, tú sois, vos eres, hubieron hombres, etc.? En las escuelas primarias nos parece que la enseñanza del idioma debe ser enteramente práctica, reducida a dar a conocer al niño, para que los evite, los vicios de que está plagada el habla del vulgo. Debe primeramente corregirse su pronunciación, haciéndole proferir cada letra con el sonido que le es propio. Deben hacérsele notar las malas concordancias, instruyéndole lo que es el género de los nombres, que sólo tiene por objeto evitarlas, y manifestándole, por ejemplo, que la palabra vos, aunque dirigida a una sola persona, termina siempre con las terminaciones plurales del verbo. Debe hacérsele conjugar a menudo los verbos regulares e irregulares, tanto los familiares en que el habla popular es viciosa, como aquéllos en que, por serle extraños o desconocidos, puede vacilar el niño. Sobre todo, nada debe decírsele que no esté a su alcance; ninguna palabra debe citársele cuyo significado no se le explique. A éstos y otros ejercicios prácticos semejantes debe reducirse, si no nos equivocamos, la Gramática del idioma patrio en las escuelas primarias. El estudio del mecanismo y genio de la lengua pueden hacerlo más tarde, en clases destinadas a este solo objeto, las personas que cultivan las profesiones literarias, o que aspiren a una educación esmerada. La lengua será para ellas un ramo interesante de literatura y de filosofía.

Este método racional había de ser el que adoptara Bello para la composición de su Gramática castellana, la cual creyó ya oportuno echar en público el año de 1847. Con esta obraverdaderamente notable, así por el caudal inmenso de experiencia que revela, como por la alteza del ingenio filosófico que proclama, cumplía el autor un fin patriótico y un fin literario. El prólogo de la misma Gramática lo probará así, mejor que cualquier extracto que de él pudiéramos hacer. Helo aquí:

Aunque en esta Gramática hubiera deseado no desviarme de la nomenclatura y explicaciones usuales, hay puntos en que me ha parecido que las prácticas de la lengua castellana podrán representarse de un modo más completo y exacto. Lectores habrá que califiquen de caprichosas las alteraciones que en estos puntos he introducido, o que las imputen a una pretensión extra-vagante de decir cosas nuevas: las razones que alego probarán, a lo menos, que no las he adoptado sino después de un maduro examen. Pero la prevención más desfavorable, por el imperio que tiene aún sobre personas bastante instruidas, es la de aquéllos que se figuran que en la Gramática las definiciones inadecuadas, las clasificaciones mal hechas, los conceptos falsos, carecen de in-conveniente, siempre que por otra parte se expongan con fidelidad las reglas a que se conforma el buen uso. Yo creo, con todo, que esas dos cosas son inconciliables; que el uso no puede exponerse con exactitud y fidelidad sino analizando, desenvolviendo los principios verdaderos que lo dirigen;
que una lógica severa es indispensable requisito de toda enseñanza, y que en el primer ensayo que el entendimiento hace de sí mismo, es en el que más importa no acostumbrarle a pagarse de meras palabras.

El habla de un pueblo es un sistema artificial de signos, que bajo muchos respectos se diferencia de los otros sistemas de la misma especie; de que se sigue que cada lengua tiene su teoría particular, su Gramática. No debemos, pues, aplicar indistintamente a un idioma los principios, los términos, las analogías en que se resumen bien o mal las prácticas de otro. Esta misma palabra idioma (I), está diciendo que cada lengua tiene su genio, su fisonomía, sus giros; y mal desempeñarla su oficio el gramático que explicando la suya se limitase a lo que ella tuviese de común con otra, o (todavía peor) que supusiera semejanzas donde no hubiese más que diferencias, y diferencias importantes, radicales. Una cosa es Gramática general, y otra la Gramática de un idioma dado; una cosa comparar entre sí dos idiomas, y otra considerar un idioma como en sí mismo. ¿Se trata, por ejemplo, de la conjugación del verbo castellano? Es preciso enumerar las formas que toma, y los significados y usos de cada forma, como si no hubiese en el mundo otra lengua que la castellana; posición forzada respecto del niño a quien se exponen las reglas de la sola lengua que está a su alcance: la lengua nativa. Este es el punto de vista en que he procurado colocarme, y en el que ruego a las personas inteligentes, a cuyo juicio someto mi trabajo, que procuren también colocarse, descartando, sobre todo, las reminiscencias del idioma latino. En España, como en otros países de Europa, una admiración excesiva a la lengua y literatura de los romanos dio un tipo latino a casi todas las producciones del ingenio. Era ésta una tendencia natural de los espíritus en la época de la restauración de las letras. La mitología pagana siguió suministrando imágenes y símbolos al poeta, y el período ciceroniano fué la norma de la elocución para los escritores elegantes. No era, pues, de extrañar que se sacasen del latín la nomenclatura y los cánones gramaticales de nuestro romance.

I: En griego peculiaridad. naturaleza propia, índole característica.

Si como fué el latín el tipo ideal de los gramáticos, las circunstancias hubiesen dado esta preeminencia al griego, hubiéramos probablemente contado cinco casos en nuestra declinación, en lugar de seis; muchos verbos hubieran tenido, no sólo voz pasiva, sino voz media, y no habrían faltado aoristos y paulo-post-futuros en la conjugación castellana (2).

Obedecen, sin duda, los signos del pensamiento a ciertas leyes generales que, derivadas de aquéllas a que está sujeto el pensamiento mismo, dominan a todas las lenguas y constituyen una Gramática universal. Pero si se exceptúa la resolución del razonamiento en proposiciones y de la pro-posición en sujeto y atributo, la existencia del sustantivo para expresar directamente los objetos, la del verbo para indicar los atributos y la de otras palabras que modifiquen y determinen a los sustantivos y verbos, a fin de que, con un número limitado de unos y de otros, puedan designarse todos los objetos posibles, no sólo reales, sino intelectuales, y todos los atributos que percibamos o imaginemos en ellos; si exceptuamos esta armazón fundamental de las lenguas, no veo nada que estemos obligados a reconocer como ley universal de que a ninguno sea dado eximirse. El número de las partes de la oración pudiera ser mayor o menor de lo que es en latín o en las lenguas romances. El verbo pudiera tener géneros, y el nombre tiempos. ¿Qué cosa más natural que la concordancia del verbo con el sujeto? Pues bien: en griego era no sólo permitido, sino usual, concertar el plural de los nombres neutros con el singular de los verbos. En el entendimiento dos negaciones se destruyen necesariamente una a otra, y así es también casi siempre en el habla, sin que por eso deje de haber en castellano circunstancias en que dos negaciones no afirmen.

2: Las declinaciones de los latinizantes me recuerdan el proceder artístico del pintor de hogaño, que, por parecerse a los antiguos maestros, ponía golillay ropillaa los personajes que retrataba.

No debemos, pues, trasladar ligeramente las afecciones de las ideas a los accidentes de las palabras. Se ha errado no poco en filosofía suponiendo a la lengua un trasunto fiel del pensamiento, y esta misma exagerada suposición ha extraviado a la Gramática en dirección contraria: unos argüían de la copia al original; otros del original a la copia. En el lenguaje, lo convencional y arbitrario abraza mucho más de lo que comúnmente se piensa. Es imposible que las creencias, los caprichos de la imaginación y mil asociaciones casuales, no produjesen una grandísima discrepancia en los medios de que se valen las lenguas para manifestar lo que pase en el alma; discrepancia que va siendo mayor, y mayor a medida que se apartan de su común origen. Estoy dispuesto a oir con docilidad las objeciones que se hagan a lo que en esta Gramática pareciere nuevo, aunque si bien se mira, se hallará que en eso mismo algunas veces no innovo, sino restauro. La idea, por ejemplo, que yo doy de los casos en la declinación, es la antigua y genuina; y en atribuir la naturaleza de sustantivo al infinitivo, no hago más que desenvolver una idea perfectamente enunciada en Prisciano:
Vim nominis habet verbum infinitum; dico enim bonum est legere, ut si dicam bona est lectio.
No he querido, sin embargo, apoyarme en autoridades, porque para mí la sola irrecusable en lo tocante a una lengua, es la lengua misma. Yo no me creo autorizado para dividir lo que ella constantemente une, ni para identificar lo que ella distingue. No miro las analogías de otros idiomas sino como pruebas accesorias. Acepto las prácticas como la lengua las presenta, sin imaginarias elipsis, sin otras explicaciones que las que se reducen a ilustrar el uso por el uso.

Tal ha sido mi lógica. En cuanto a los auxilios de que he procurado aprovecharme, debo citar especialmente las obras de la Academia Española y Gramática de D. Vicente Salvá. He mirado esta última como el depósito más copioso de los modos de decir castellanos; como un libro que ninguno de los que aspiran a hablar y escribir correctamente nuestra lengua nativa debe dispensarse de leer y consultar a menudo. Soy también deudor de algunas ideas al ingenioso y docto D. Juan Antonio Puigblanch en las materias filológicas que toca por incidencia en sus opúsculos; ni fuera justo olvidar a Garcés, cuyo libro, aunque sólo se considere como un glosario de voces y frases castellanas de los mejores tiempos, ilustradas con oportunos ejemplos, no veo que merezca el desdén con que hoy se le trata. Después de un trabajo tan importante como el de Salvá, lo único que me parecía echarse de menos era una teoría que exhibiese el sistema de la lengua en la generación y uso de sus inflexiones y en estructura de sus oraciones, desembarazada de ciertas tradiciones latinas que de ninguna manera le cuadran. Pero cuando digo teoría no se crea que trato de especulaciones metafísicas. El Sr. Salvá reprueba con razón aquellas abstracciones ideológicas que, como las de un autor que cita, se alegan para legitimar lo que el uso proscribe. Yo huyo de ellas, no sólo cuando contradicen al uso, sino cuando se remontan sobre la mera práctica del lenguaje. La filosofía de la Gramática la reducirla yo a representar el uso bajo las fórmulas más comprensivas y simples. Fundar estas fórmulas en otros procederes intelectuales que los que real y verdaderamente guían al uso, es un lujo que la Gramática no há menester. Pero los procederes intelectuales que real y verdaderamente le guian, o en otros términos, el valor preciso de las inflexiones y las combinaciones de las palabras, es un objeto necesario de averiguación, y la Gramática que lo pase por alto no desempeñará cumplidamente con su oficio. Como el Diccionario da el significado de las raíces, a la Gramá-tica incumbe expresar el valor de las inflexiones y combinaciones, y no sólo el natural y primitivo, sino el secundario y el metafisico, siempre que hayan entrado en el uso general de la lengua. Este es el campo que privativamente deberán abrazar las especulaciones gramaticales, y al mismo tiempo el límite que las circunscribe. Si alguna vez ha pasado este límite, ha sido en brevísimas excursiones, cuando se trataba de discutir los alegados fundamentos ideológicos de una doctrina, o cuando los accidentes gramaticales revelaban algún proceder mental curioso; trasgresiones, por otra parte, tan raras, que seria demasiado rigor calificarlas de importunas.

Algunos han censurado esta Gramática de difícil y oscura. En los establecimientos de Santiago que la han adoptado, se ha visto que esa dificultad es mucho mayor para los que, preocupados por las doctrinas de otras Gramáticas, se desdeñan de leer con atención la mía y de familiarizarse con su lenguaje, que para los alumnos que forman por ella sus primeras nociones gramaticales.

Es, por otra parte, una preocupación harto común la que nos hace creer llano y fácil el estudio de una lengua, hasta el grado en que es necesario para hablarla y escribirla correctamente. Hay en la Gramática muchos puntos que no son accesibles a la inteligencia de la primera edad; y por eso he
juzgado conveniente dividirla en dos cursos, reducido el primero a las nociones menos difíciles y más indispensables, y extensivo el segundo a aquellas partes del idioma que piden un entendimiento algo ejercitado. Los he señalado con diverso tipo y comprendido los dos en un solo tratado, no sólo para evitar repeticiones, sino para proporcionar a los profesores del primer curso el auxilio ile las explicaciones destinadas al segundo si alguna vez las necesitaren. Creo, además, que esas explicaciones no serán enteramente inútilesá los principiantes, porque, a medida que adelantan, se les irán desvaneciendo gradualmente las dificultades que para entenderlas se les ofrezcan. Por este medio queda también al arbitrio de los profesores el añadir a las lecciones de la enseñanza primaria todo aquello que de las del curso posterior les pareciere a propósito, según la capacidad y aprovechamiento de los alumnos. En las notas al pié de las páginas llamo la atención a ciertas prácticas viciosas del habla popular de los americanos, para que se conozcan y eviten, y dilucido algunas doctrinas con observaciones que requieren el conocimiento de otras lenguas. Finalmente, en las notas que he colocado al fin del libro me extiendo sobre algunos puntos controvertibles, en que juzgué no estarían de más las explicaciones para satisfacer a los lectores instruidos. Parecerá, algunas veces, que se han acumulado profusamente los ejemplos; pero sólo se ha hecho cuando se trataba de oponer la práctica de escritores acreditados a novedades viciosas, o de discutir puntos controvertidos, o de explicar ciertos procederes de la lengua a que creia no haberse prestado atención hasta ahora.

He creído también que en una Gramática nacional no debían pasarse por alto ciertas formas y locuciones que han desaparecido de la lengua corriente, ya porque el poeta, y aun el prosista, no dejan de recurrir alguna vez a ellas, y ya porque su conocimiento es necesario para la perfecta inteligencia de las obras más estimadas de otras edades de la lengua. Era conveniente manifestar el uso impropio que algunos hacen de ellas, y los conceptos erróneos con que otros han querido explicarlas; y si soy yo el que ha padecido error, sirvan mis desaciertos de estímulo a escritores más competentes para emprender el mismo trabajo con mejor suceso.

No tengo la pretensión de escribir para los castellanos. Mis lecciones se dirigen a mis hermanos, los habitantes de Hispano-América. Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como un medio providencial de comunicación y un vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes. Pero no es un purismo supersticioso lo que me atrevo a recomendarles. El adelantamiento prodigioso de todas las ciencias y las artes, la difusión de la cultura intelectual y las revoluciones políticas, piden cada día nuevos signos para expresar ideas nuevas, y la introducción de vocablos flamantes, tomados de las lenguas antiguas y extranjeras, ha dejado ja de ofendernos, cuando no es manifiestamente innecesaria o cuando no descubre la afectación y mal gusto de los que piensan engalanar así lo que escriben. Hay otro vicio peor, que es el prestar acepciones nuevas a las palabras y frases conocidas, multiplicando las anfibologías de que por la variedad de significados de cada palabra adolecen más o menos las lenguas todas, y acaso en mayor proporción las que más se cultivan, por el casi infinito número de ideas a que es preciso acomodar un número necesariamente limitado de signos. Pero el mayor mal de todos, y el que, si no se ataja, va a privarnos de las inapreciables ventajas de un lenguaje común, es la avenida de neologismos de construcción que inunda y enturbia mucha parte de lo que se escribe en América, y alterando la estructura del idioma, tiende a convertirlo en una multitud de dialectos irregulares, licenciosos, bárbaros; embriones de idiomas futuros, que durante una larga elaboración reproducirían en América lo que fué la Europa en el tenebroso período de la corrupción dei latín. Chile, el Perú, Buenos Aires, Méjico hablarían cada uno su lengua, o por mejor decir, varias lenguas, como sucede en España, Italia y Francia, donde dominan ciertos idiomas provinciales; pero viven a su lado otros varios, oponiendo estorbos a la difusión de las luces, a la ejecución de las leyes, a la administración del Estado, a la unidad nacional. Una lengua es como un cuerpo viviente. Su vitalidad no consiste en la constante identidad de elementos, sino en la regular
uniformidad de las funciones que éstos ejercen, y de que proceden la forma y la índole que distinguen al lodo.

Sea que yo exagere o no el peligro, él ha sido el principal motivo que me ha inducido a componer esta obra, bajo tantos respectos superior a mis fuerzas. Los lectores inteligentes que me honran leyéndola con alguna atención, verán el cuidado que he puesto en demarcar, por decirlo así, los
linderos que respeta el buen uso de nuestra lengua, en medio de la soltura y libertad de esos giros; señalando las corrupciones que más cunden hoy día, y manifestando la esencial diferencia que existe entre las construcciones castellanas y las extranjeras, que se les asemejan hasta cierto punto, y que solemos imitar sin el debido discernimiento.

No se crea que recomendando la conservación del castellano sea mi ánimo tachar de vicioso y espúreotodo lo que es peculiar de los americanos. Hay locuciones castizas que en la Península pasan hoy por anticuadas, y que subsisten tradicionalmente en Hispano-América. ¿Por qué proscribirlas? Si según la práctica general de los americanos es más analógica la conjugación de algún verbo, ¿por qué razón hemos de preferir lo que caprichosamente haya prevalecido en Castilla? Si de raíces castellanas hemos formado vocablos nuevos, según los procederes ordinarios de derivación que el castellano reconoce, y de que se ha servido y se sirve continuamente para aumentar su caudal, ¿qué motivos hay para que nos avergoncemos de usarlos? Chile y Venezuela tienen tanto derecho como Aragón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias, cuando las patrocina la costumbre uniforme y auténtica de la gente educada. En ellas se peca mucho menos contra la pureza y corrección del lenguaje, que en las locuciones afrancesadas, de que no dejan de estar salpicadas hoy día aun las obras más estimadas de los escritores peninsulares.

He dado cuenta de mis principios, de mi plan y de mi objeto, y he reconocido, como era justo, mis obligaciones a los que me han precedido. Señalo rumbos no explorados, y es probable que no siempre haya hecho en ello las observaciones necesarias para deducir generalidades exactas. Si todo lo que propongo de nuevo no pareciere aceptable, mi ambición quedará satisfecha con que alguna parte lo sea, y contribuya a la mejora de un ramo de enseñanza que no es ciertamente el más lucido, pero es uno de los más necesarios.

La lectura de los párrafos precedentes bastarán para demostrar que D. Andrés Bello empleó en su trabajo el método experimental, explicando asi científicamente la realidad. sin excederse en vagas y filosóficas abstracciones que pudieran convertir la Gramática castellana en Gramática de todas las
lenguas, y sin limitarse a hacinar hechos y hechos, frases y palabras sin orden ni sistema. Bello supo harmonizar en su libro los procedimientos intelectuales y el uso del lenguaje, dando a cada uno de estos términos su justo valor.

Otro mérito muy principal también de la obra de Bello, fué el haber emancipado la Gramática castellana de las tradiciones clásicas a que venía constantemente subyugada. Por él fueron deshechas todas las reminiscencias latinas que habían guiado en sus investigaciones filológicas castellanas a cuantos gramáticos le habían precedido. Y he aquí que más bien puede por esto calificarse de revolucionario en materia filológica a quien se ha tratado de presentar por alguno como el renovador de las viejas doctrinas literarias.
D. Andrés Bello alcanzó a hacer hasta cinco ediciones de su Gramática, en cada una de las cuales introdujo muchas e importantes variaciones; pues siempre tenía a la mano, sobre su mesa, un ejemplar en cuyas márgenes apuntaba las enmiendas que la reflexión o la práctica le sugerían.

Citaremos, para concluir, todas las impresiones que hasta el día se han hecho de la Gramática de D. Andrés Bello.
Sucesivas ediciones:
-Caracas. Reimpresa en la imprenta de V. Espinal (por la primera edición, hecha en Santiago de Chile en 1847), 1850.
8.°-XVI -333 págs.
Edición correctísima, como otra de Caracas de la misma época. El impresor, Sr. Espinal, después de repetir el último párrafo del prólogo del autor, que dice así: Concluyo advirtiendo que la ortografía de este libro no es la del autor: habiendo cedido su manuscrito para la presente edición, tuvo que aceptar, porque le parecieron razonables, las condiciones de los editores, etc. añade en nota lo siguiente: Por la respetuosa exactitud que nos hemos creído obligados a observar con todo lo que ha salido de la preclara pluma del Sr. Bello, hemos copiado este último párrafo que se refiere a la edición de Santiago de Chile, que nos ha servido de original, y el cual, sin duda, no puede referirse a la presente. Porque nosotros pensamos que el ilustrado autor de esta excelente obra quedará más satisfecho con la ortografía que en esta reimpresión hemos seguido, que no es otra sino la autorizada hasta el presente por la Real Academia Española… Nosotros la hemos observado siempre en nuestra imprenta, porque en medio de la confusión que los diversos pareceres han introducido en esta materia, hemos tenido por lo más acertado conformarnos a las reglas del Cuerpo científico que
está instituido para fijar y gobernar el lenguaje castellano… En lo demás nos lisonjeamos también de presentar al público una edición muy mejorada de un libro que sobre interesar como producción de un célebre compatriota nuestro, merecerla, por su propio mérito y utilidad, estamparse en dorados caracteres. No sólo están corregidas en ella las copiosas erratas de imprenta que el autor anotó, sino otras muchas, si no de más gravedad. muy superiores en número. ¡Ojalá que nuestro pequeño trabajo tipográfico sea grato al ilustre venezolano!…

-Gramática castellana para uso de las escuelas, por D. Andrés Bello. Santiago, imprenta de El Progreso, 1851.
8 °-55 págs.
Es un extracto de la Gramática extensa.
-Nueva edición anotada por D. Francisco Merino Ballesteros, Inspector general de Instrucción primaria. Madrid, imprenta de la Biblioteca de educación y enseñanza, Cervantes, 38, 1853.
8.°-VII -278 págs.
Está dedicada a D. José Joaquín de Mora, que fué quien dio a conocer a Ballesteros la Gramática de Bello.
-Valparaíso, imprenta del Mercurio, 1853.
4.°-348 págs.
-Gramática castellana para uso de las escuelas, por D. Andrés Bello. Segunda edición. Santiago (de Chile), imprenta chilena, 1854.
8.°-54 págs.
Extracto de la Gramática extensa.
-Valparaíso, imprenta del Mercurio, 1857. Cuarta edición.
4.°-378 págs.
Hay en ella importantes variaciones.

Léese en el prólogo: … He suprimido en el capítulo III la exposición del significado de las partículas compositivas, no porque no me parezca asunto muy propio de la Gramática, sino porque me reservo presentarlo bajo una forma algo más ordenada y metódica. (Tal vez tuviera Bello hechos algunos estudios sobre este particular; pero hasta el día ignoro que se hayan encontrado estos borradores, ni tampoco da noticia de su existencia el diligentísimo biógrafo de Bello, D. Miguel Luis Amunátegui.) Otras variaciones importantes introdujo Bello en esta edición, como por ejemplo en
el capítulo XXI, acerca de la manera de distinguir y de conocer los modos del verbo. En la primera edición definió el modo: La forma que toma el verbo para indicar operaciones del entendimiento o emociones del ánimo. Y en la presente sustituyó esta definición ideológica con la siguiente, que es más gramatical y exacta: Modos: las inflexiones del verbo en cuanto provienen de la influencia y régimen de una palabra o frase a que esté o pueda estar subordinado. También reformó en esta impresión explicaciones relativas a quien y a cuyo, y llamó participio sustantivado al que antes había denominado participio sustantivo.

-Bogotá. Reimpresa por Echeverría Hermanos (de la cuarta edición de Valparaíso, 1857), 1860.
8.°-XV-315 + 2 hs. de Indice.
-Compendio de Gramática castellana para uso de las escuelas, por D. Andrés Bello, Santiago (de Chile), 1862.
-Bogotá. Reimpresa por Echeverría Hermanos (de la cuarta edición de Valparaíso, 1857), 186g.
-Valparaíso, 1870. Novena edición: es reimpresión de la última que revisó Bello.
-Nueva edición hecha sobre la novena de Valparaíso (1870), con notas y un copioso Indice alfabético, por Rufino José Cuervo. Bogotá, Echeverría Hermanos, editores, 1874.
8.°-XIII -414 págs.

Las notas del Sr. Cuervo comienzan en la pág. 357, y el Indice en la 399. Estas adiciones son portento de erudición filológica y sagacidad crítica, y realzan y amplían considerablemente las doctrinas de Bello, aunque unas veces confirma el Sr. Cuervo las ideas en la Gramática expuestas, y otras las discute e impugna.
Esta edición y sus reimpresiones de la obra de Bello, son las más correctas de todas las que hasta el día se han hecho.
-Décima edición. Madrid, imprenta, est. y galv. de Aribau y Compañía. Madrid. librería de Leocadio López. Valparaíso, librería de los Sres. Ternero y Torres, 1875.
8,°-XV-400 págs.
Es reimpresión de la novena edición de Valparaíso.
-Undécima edición. Madrid, imprenta de Aribau y Compañía, 1877.
-Madrid, imprenta de Aribau y Compañía, 1878.
-Nueva edición, hecha sobre la novena de Valparaíso (1S70), con notas y un copioso Indice alfabético por Rufino José Cuervo. Cuarta impresión hecha en Bogotá, por Echeverría Hermanos, editores, 1881.
4.°-XIV -401 págs.

El Sr. D. Miguel Antonio Caro, dando cuenta de las novedades que había de contener esta reimpresión de la Gramática de Bello, hecha por D. Rufino J. Cuervo, an-tes de que se publicara, se explica de esta manera (A la memoria de Andrés Bello en su centenario. Homenaje del Repertorio Colombiano; Bogotá, Librería Americana, MDCCCLXXXI, págs. 110, 111):
Hemos visto en capillas la parte impresa, y podemos asegurar que en punto de corrección y escrupulosa revisión literaria y tipográfica, nada deja que desear esta nueva edición bogotana…

Sin las particularísimas circunstancias en que se halla el revisor Sr. Cuervo, enfrascado en el estudio minucioso de los clásicos castellanos, el más entendido, paciente y laborioso revisor no habría osado ni podido ejecutar el trabajo de verificación de citas que por pasatiempo de erudición, a
medida que corregía las pruebas de imprenta, y auxiliado de su prodigiosa memoria, ha desempeñado el filólogo bogotano.

Hoy en obras de investigación, y mayormente en las filológicas, se escrupuliza mucho en citar las autoridades con referencias completas y señas ciertas del lugar de donde se ha tomado cada trascripción, de suerte que sea facilísimo a cualquier lector verificar por sí mismo cualquiera cita.

Bello (quizá por temor de erizar de citas menudas las páginas de un libro destinado a la enseñanza) se contenta con poner el nombre de cada autor, sin añadir ninguna indicación bibliográfica. Y como en la Gramática se citan no pocos autores y se copian cerca de mil pasajes, se comprende que Bello pudo dejar, como dejó correr, desde la primera edición, algunas trascripciones alteradas, sin que él mismo tuviese después medio de comprobar el punto o de rectificar el yerro.

Cuervo, verificando la mayor parte de las citas que trae Bello, ha descubierto muchísimas alteraciones, que pudieran clasificarse así:

(a) Erratas que se deslizaron desde las primeras ediciones, como Sabeto en vez de Sebeto, en un pasaje de la conocidísima égloga de Figueroa.

(a1) Erratas que se introdujeron sólo en algunas ediciones, acaso por correctores que enmendaron lo que no entendían, tales como rubíspor tabísen este pasaje de Tirso:
La Pascua…
viste bizarra los campos
de felpas y de tabís.

(b) Pasajes que Bello alteró adrede introduciendo alguna voz que le pareció más propia, más oportuna y más clara, como trbajos en vez de vidas, en Divididos estaban caballeros y escuderos, éstos contándose sus vidas y aquéllos sus amores, Cerv.; o un término más conciso y usado (arrodillada en vez de arrojada a sus pies, Coloma; o quitando una repetición, Qué ingenio puede haber en el mundo que pueda presumir… Cerv.; qué ingenio habrá… Bello; o, en fin, entresacando de un largo y embrollado período una frase bien hecha, como una tomada de Alfonso Onceno, en el párrafo 112 de la Gramática. Todo ello con el manifiesto propósito de dar la mejor forma a pasajes que han de encomendarse a la memoria.

(b2) Otros pasajes en que la corrección o alteración es de dudoso origen y acaso inconveniente.

No hay paz que no alteres
ni honor que no turbes;

dice Tirso de Molina, y Bello lee enturbies.
¿Los reyes tenéis por santo y por honesto
lo que os viene más a cuento para reinar?
es interrogación que Mariana introduce en boca de otro; Bello lee justo en vez de santo; no advierte quién habla en Mariana, y quita la forma interrogativa, de donde resulta convertirse en aforismo absoluto del escritor (y de un jesuita) un pensamiento indirecto, figurado y dubitativo.

Por nimio respeto, el Sr. Cuervo no ha corregido en el texto sino algunas de las erratas patentes, salvando las demás en sus notas, donde advierte asimismo muchas particularidades, por el estilo de las que aquí hemos consignado como muestra de la memoriosa y sagacísima investigación de este
fecundo y respetado amigo.

Mayor libertad ha debido usar el señor Cuervo en cuanto a la corrección de los pasajes que en la precedente clasificación hemos marcado, pues la ligereza con que Bello citaba a veces está comprobada por la confesión que en la última nota de la edición primera estampó acerca de esta cita de Cervantes: El sosiego, el lugar apacible… son parte para que los poetas más estériles se muestren fecundos… Observo de paso, dice en la nota mencionada, que en el ejemplo de Cervantes, por un desliz de la memoria, he puesto los poetas en lugar de las Musas, y fecundos por fecundas, no sin detrimento de la hermosura del pasaje.

-Décimatercia edición. Madrid, imprenta de Aribau y Compañía, 1883.
-Santiago de Chile. Impreso por Pedro G. Ramírez, 1883.
4.°-XLII -494 págs.

Constituye el volumen IV, 1883, de las Obras Completas de Bello que el Gobierno nacional ha publicado en Santiago de Chile, bajo la dirección del Consejo de Instrucción pública. Lleva las notas de D. Rufino J. Cuervo, un índice de materias y otro alfabético; y además, al comienzo, un discurso pronunciado por el Decano de la Facultad de Humanidades de Chile, D. Francisco Vargas Fontecilla, en el primer centenario del nacimiento de D. Andrés Bello. -En el tomo V de esta misma colección de las Obras Completas de Bello, publicadas por el gobierno chileno, insertóse (págs. 303-378) el Compendio de gramática castellana para el uso de las escudas primarias.

-Décimacuarta edición. Madrid. librería de Leocadio López, 1887.
8.°-XV -400 págs.

-Edición hecha sobre la última del autor, con extensas notas y un copioso Indice de D. Rufino José Cuervo. París, A. Roger y F. Chernoviz, editores, 1891.
4.°-VIII + 364 + 112 págs.

-Compendio de gramática castellana escrito para el uso de las escuelas primarias, por D. Andrés Bello. Págs. 99-207 del tomo 89 de la Colección de escritores caslellanos. Obras completas de D. Andrés Bello. Opúsculos gramaticales. II. Madrid, imprenta y fundición de M. Tello, 1891.

1848.

209. Observaciones curiosas sobre Lengua castellana, o sea Manual práctico de la Gramática de dicha lengua, por D. Ulpiano González. Bogotá, 1848.

Dice el autor en la introducción: Para la formación de este libro he consultado las Gramáticas de Salvá y de Martínez López; los Principios de Ortología, Prosodia y Métrica de Bello, y el Diccionario de la Academia Española, publicado por el primero en 1846, copiando muchos de los pasajes de tales obras íntegramente cuando lo he conceptuado necesario.

Lo más notable y original de este libro es el cuadro de errores que va al final, y en el que se hallan coleccionados muchos de los dichos o frases populares de Colombia con su correspondiente corrección. Cábele la honra a D. Ulpiano González de haber iniciado este estudio auxiliar de la Gramática para los Estados colombianos, que ha llegado a la suma perfección en las Apuntaciones del Sr. Cuervo.

210. Nuevo epítome de Gramática Castellana, o método sencillo de enseñar la lengua castellana por los principios generales a la filosofía común de las lenguas, arreglada también a la latina para
facilitar su estudio. Novísima edición.
Puesta en diálogo, i siguiendo los principios de la Academia Española, por Don Juan de Mata i Araujo, Catedrático de Humanidades de la extinguida Real casa de Caballeros Pages de S. M. i actualmente de Literatura i perfección de Latín en la Universidad de Madrid. Director de la Academia Nacional Greco-Latina… Madrid. 1848. Imprenta de Don Norberto Llorenci…
8.°-135 págs. – Texto: Analogía, Sintaxis, Ortografía y Prosodia.

En el año de 1886 se hacía ya la décima-quinta edición de este libro.
8.°-128 págs.

1850.

211. Compendio de Gramática Castellana, según las doctrinas de D. Pedro Martínez López, por el Doctor Antonio González Carazo. -Artículos publicados, el año 1850, en la Gaceta Mercantil de
Santamarta y en La Democracia de Cartagena de Indias.

El autor parece que compuso el año 1849, en Santamarta, un libro, del cual formaban parte los estudios que dió a la prensa periódica; pero aunque obtuvo privilegio ea 1850, no llegó a publicarlo.
González Carazo sirvióse solamente de su compendio para la enseñanza de nuestra lengua.

212. Compendio de Gramática castellana, según las doctrinas de Don Pedro Martínez López, por el Doctor Juan Manuel Pérez. Santamarta (Colombia), 1850.

Empleábalo el autor para la enseñanza del castellano, a que se dedicaba. A pesar de esto circuló muy poco, y hoy son rarísimos los ejemplares de este compendio.

El Dr. Pérez sostuvo en la Gaceta Mercantil, de Santamarta, una controversia con González Carazo, a propósito de este tratado gramatical.

213. Compendio de Sintaxis Castellana, arreglado por D. José Ortega y Espinos, catedrático de latín y castellano en la Universidad de Barcelona. Barcelona, imprenta de Tomás Gorchs… 1850.
8.°-56 págs.
El autor sigue las teorías de la Academia Española.

1851.

214. Cuadro filosófico elemental de la lengua española; analítico de las aberraciones sancionadas en los Diccionarios impresos hasta el día. Su autor D. J. M. Álvarez Moreda. Madrid. 1851: imprenta de José Rodríguez.
Un pliego doble de marca imperial.
Tiene 15 columnas: en la primera y decima quinta se explica el objeto y manera de usar del cuadro. Las restantes contienen la lista alfabética de 580 elementos (desinencias, prefijos y voces radicales), tomados por nuestra lengua del griego y del latín.

1852.

215. Elementos de Gramática castellana con los principales procedimientos que para su enseñanza deben emplear los profesores, por D. Leandro Boned. Inspector de instrucción primaria de la provincia de Zaragoza. Zaragoza, imprenta de Antonio Gallifa, 1852.
4.°-96 págs. + 1 de erratas.
216. Compendio de Gramática Española, basado en principios lógicos y arreglada su ortografía a la de la Academia, por Don Antonio Valcárcel y Cordero. -Segunda edición, corregida. -Madrid: imprenta de A. Vicente, calle de Lavapiés, núm. 40. -1852.
8.°, rústica. -93 págs.

En este compendio nótase cierta originalidad de doctrina y de plan; pues el autor ha querido hacer un tratadito filosófico con no mucha fortuna por cierto, y desatendiendo lo más comúnmente aceptado.

217. Principies of grammar (Spanish, etc.) By S. Barrett. Philadelphia, 1852. 8°.

218. Gramática castellana elemental para niños, por el Dr. D. Jerónimo E. Blanco. Caracas, 1852.
La segunda y la tercera edición de esta Gramática se hicieron también en Caracas, años 1856 y 1866 respectivamente; la tercera notablemente corregida y mejorada y seguida de un Apéndice sobre la historia de la lengua castellana.
Séptima edición:
-Gramática castellana elemental para niños, por el Dr. Jerónimo E. Blanco, Catedrático benemérito por la Facultad de Filología y la de Ciencias médicas de la ilustre Universidad de Caracas, Miembro de la Academia Española en la clase de Correspondiente extranjero. Obra aprobada por la Dirección general de Instrucción pública y adoptada por los Profesores de primeras letras. -Séptima edición, corregida y mejorada. -Caracas, Rojas hermanos, libreros-editores. 1879, -Imprenta de J. A. Segrestáa. Puerto Cabello (Venezuela), 1879.
Libro empastado de 193 págs, en 8.° mayor.
Privilegio del Gobierno de Venezuela a 5 de diciembre de 1851.
El acuerdo aprobatorio de la Dirección general de Instrucción pública de Caracas está fechado a 22 de octubre de 1852.
En una de las dos advertencias que tiene del autor, dice éste que no ha hecho otra cosa que presentar en cierto orden y en forma de catecismo las reglas del lenguaje, tratadas por la Academia y por personas tan ilustradas en la materia, como Salvá, Martínez López, Bello, etc. autoridades legítimas en verdad, porque han contribuido con ideas propias más o menos felices a perfeccionar la buena locución castellana.

1853.

219. Compendio de la Gramática castellana, por un granadino (D. Santiago Pérez), Bogotá. 1853.
Otra edición: Cartagena (de Indias), 1860.
Compuesto con las doctrinas de Salvá,
Sicilia, Bello y Martínez López; nuevo en la forma, copioso en reglas, muy metódico y completo en las partes gramaticales.

220. Gramática filosófica de la lengua española. Obra basada principalmente en la que escribió el Bachiller Don A. M. de Novoa, por D. José Segundo Florez. París, 1853.

Una segunda edición, corregida y aumentada, fué publicada en París, año de 1856.

1854.

221. Catecismo de Gramática castellana, por D. José de Urcullu. Bogotá, 1804.
Este fecundo autor de libros didácticos, muy conocido en la América española desde los primeros años de su independencia, adoptó las doctrinas de la Academia para componer su epítome, ilustrado con apéndices y notas importantes. Los editores añadieron al Catecismo un breve Tratado de Prosodia y otro de Ortografía en que hay algunas novedades.

222. Compendio de Gramática castellana, compuesto con arreglo a las doctrinas de la Gramática de Bello, por D. José Olegario Reyes, para uso de las escuelas municipales de Valparaíso. Valparaíso, imp. de El Diario, 1854.
8.°-126 págs.
Otra edición: Valparaíso, imprenta del Comercio, 1856.
8.°-119 págs.
Otra edición: Novena. Valparaíso. Librería Española, 1865.
8.°-128 págs.

223. Curso elemental de la lengua española, redactado con la posible sujeción a los principios de la Gramática general, por el Profesor D. Isidoro Fernández Monje. Madrid. librería de Don León Pablo Villaverde, 1854. Imprenta de Julián Peña, Cava Alta, 44.
8.°-Pasta. -415 págs.
Puede estimarse como un tratado, bastante bien razonado, de gramática y literatura españolas, aunque muy sucinto en la parte literaria y en la métrica.

224. Gramática castellana, por el ingeniero Olegario Meneses. Caracas, 1854.

1856.

225. De la conjugación de los verbos. Extracto para el uso de los niños chicos de la Escuela superior de Santiago, por José Bernardo Suárez. Santiago (de Chile), imp. Nacional, 1856.
4.° -16 págs.

226. Compendio de la Gramática castellana de D. Vicente Salvá, corregido y aumentado con vista de otras gramáticas por el Dr. D. Juan A. Salazar y Morales. Bogotá, 1856.

Entre las teorías de Salvá y otros gramáticos, presenta el autor varias doctrinas que acreditan su ingenio y buenos estudios.
Hasta el año de 1865 aparecieron tres ediciones de este libro.

227. Conocimiento de los tiempos de la conjugación castellana, por Don Bartolomé Milá de la Roca y Valenzuela. Cumaná, 1856.

1857.

228. Epítome de la Gramática de la lengua castellana, dispuesto por la Real Academia Española para la primera enseñanza elemental. (Esc. de la Acad.) Madrid, en la Imprenta Nacional, 1857.
8.°-64 págs.
-Segunda edición, aumentada con preguntas. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1858.
-Tercera edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1858.
-Cuarta edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1859.
-Quinta edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1859.
-Sexta edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1860.
-Séptima edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1860.
-Octava edición, arreglada en preguntas y respuestas. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1861.
-Novena edición. Igual año e impresión.
-Décima edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1862.
-Undécima edición. Igual año e impresor.
-Duodécima edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1863.
-Décima tercera edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1864.
-Décima cuarta edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1865.
-Décima quinta edición. Madrid. Imprenta Nacional, 1866.
-Décima sexta edición. Madrid, imprenta de José Rodríguez, 1867.
-Décima séptima edición. Igual imprenta, 1868.
-Décima octava edición. Igual imprenta, 1869.
-Décima novena edición. Igual imprenta, 1869.

Desde el año de 1870 comenzó la Academia a publicar otra serie de ediciones de este Epítome; las cuales indicamos en el número siguiente.

229. Epítome de analogía y sintaxis según la Gramática nuevamente publicada por la Academia Española y dispuesto por la misma para la primera enseñanza elemental. Madrid: imp. de José Rodríguez, Calvario, 18, 1870.
8.°-69 págs.
-Segunda edición. Igual impresor, 1871.
-Tercera edición. Igual impresor, 1872.
-Cuarta edición. Igual impresor y año de 1872,
-Quinta edición. Igual impresor y año de 1872.
-Sexta edición. Igual impresor y año de 1872.
-Séptima edición. Igual impresor, 1873.
-Octava edición. Igual impresor y año de 1873.
-Novena edición. Igual impresor, 1874.
-Décima edición. Igual impresor y año de 1874.
-Undécima edición. Igual impresor y año de 1874.
-Duodécima edición. Igual impresor, 1875.
-Décima tercia edición. Igual impresor y año de 1875.
-Décima cuarta edición. Igual impresor, 1876.
-Décima quinta edición. Igual impresor y año de 1876.
-Décima sexta edición. Igual impresor, 1877.
-Décima séptima edición. Igual impresor y año de 1877.
-Décima octava edición. Madrid. Gregorio Hernando, impresor y librero de la Real Academia Española, 1878.
-Décima nona edición. Madrid. Hernando, 1878.
-Vigésima edición. Madrid. Hernando, 1879.
-Vigésima primera edición. Madrid. Hernando, 1879.
-Vigésima segunda edición. Madrid. Hernando, 1880.
-Vigésima tercera edición. Igual impresor y año.
-Vigésima cuarta edición. Madrid. Hernando, 1881.
-Vigésima quinta edición. Madrid. Hernando, 1882,
-Vigésima sexta edición. Madrid. Hernando, 1884.
-Vigésima séptima edición. Madrid. Hernando, 1885.
-Vigésima octava edición. Madrid. Hernando, 1886.
-Vigésima novena edición. Madrid. Viuda de Hernando y Compañía, 1886. Como puede inferirse por el nombre de la imprenta, ya se había muerto Hernando, cansado de tanto imprimir.
-Trigésima edición. Madrid. Viuda de Hernando, 1887.
-Trigésima primera edición. Madrid. Viuda de Hernando, 1888.
-Trigésima segunda edición, Madrid. Viuda de Hernando y Compañía, 1889.
-Trigésima tercera edición. Madrid. Viuda de Hernando y Compañía, 1890.
-Trigésima cuarta edición. Madrid. Viuda de Hernando, 1891.
-Trigésima quinta edición. Madrid. Viuda de Hernando, 1892.

230. Compendio de la Gramática de la lengua castellana, dispuesto por la Real Academia Española, para la segunda enseñanza. (Esc. de la Acad.) Madrid, en la Imprenta Nacional, 1857.
4.°-34 págs. + 122 págs. + 1 de índ.
-Segunda edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1858.
4.°-123 págs. + 1 de índ.
Tercera edición. Madrid, en la imprenta Nacional, 1860.
4.°-Igual texto y páginas que la anterior.
-Cuarta edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1861.
4.°-Igual texto y páginas que las precedentes.
-Quinta edición. Madrid, en la Imprenta Nacional, 1863.
4.° -Igual texto y páginas que las precedentes.
-Sexta edición. Madrid. Imprenta Nacional, 1864.
4.°-Idem.
-Séptima edición. Madrid. Imprenta Nacional, 1866.
4.°-Idem.
-Octava edición. Madrid: 1867. Imprenta de D. Alejandro Gómez Fuentenebro, Colegiata, 6.
4.°-Idem.
-Novena edición. Madrid: 1867. Imprenta de D. Alejandro Gómez Fuentenebro, Colegiata, 6.
4.°-Idem.
-Décima edición. Madrid, imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra, calle del Duque de Osuna, núm. 3. 1868.
4.°-Idem.
-Undécima edición, reformada. Madrid, imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra, calle del Duque de Osuna, núm. 3. 1870.
4.°-125 págs. + 1 de índ.
-Duodécima edición, reformada. Madrid, imprenta y fundición de Manuel Tello, Isabel la Católica, 23. 1873.
4.° -124 págs. + I de índ.
-Décima tercera edición, reformada. Madrid, imprenta y fundición de Manuel Tello, Isabel la Católica, 23. 1875.
4.°-123 págs. + I de índ.
-Décima cuarta edición, reformada. Madrid: Gregorio Hernando, impresor y librero de la Real Academia Española. 1879.
4.°-123 págs. + I de índ.
-Décima quinta edición, reformada. Madrid: Gregorio Hernando, impresor y librero de la Real Academia Española. 1881.
4. -142 págs.
-Décima sexta edición, reformada. Madrid: Gregorio Hernando. 1882.
8.°-Idem.
-Décima séptima edición, reformada. Madrid: Gregorio Hernando. 1885.
4.°-135 págs. -(-I de índ.
-Décima octava edición, reformada. Madrid: Viuda de Hernando y Compañía. 1886.
4.°-155 págs. + 1 de índ.
-Décima nona edición, reformada. Madrid: Viuda de Hernando y Compañía. 1887.
4.°-Idem.
-Vigésima edición. Madrid: Viuda de Hernando y Compañía, 1889.
4.°-155 págs. + I de índ.
-Vigésima primera edición. Madrid: Viuda de Hernando y Compañía, 1891.
4.°-Idem.

231. Libro primario (para aprender la lengua castellana), por E. Mandevil. New-York, 1857.

232. Estudios filológicos: o sea examen razonado del empleo de los verbos ser y estar; del uso de los tiempos del subgenitivo; del de las preposiciones por y para; de los accidentes del adjetivo y
de los pronombres. Dificultades principales en la Lengua española. Trozos escogidos en prosa y verso de los más distinguidos autores clásicos. Y un apéndice, en el que se desenvuelven con novedad e interés las dificultades de la preposición a. Y las que ofrece la formación de los aumentativos y diminutivos, con varias etimologías curiosas. Todo en conformidad de las doctrinas de los más eminentes filólogos, por entre los que figuran D. Juan Calderón, Puigblanch, Salvá, López Maurel y la Academia. (Un lema.) Por Manuel Martínez de Morentin, autor del Espíritu de las ordenanzas y el Despotismo militar. Cuatro verdades desnudas, España como fué y España como es, etc.; Profesor de Lenguas y Literatura española del London Athenaeum; del Manor house school, Finchley, y de la ciudad (the city). Londres. Publican la obra Trübner y Cía… 1857.
(Precede a esta portada un frontis con el título muy abreviado.)
4.°-516 págs. – Signs. b-c, B-Z, 2A-2Z, 3A-3Z.
Frontis. -Port. – Ded. -Introd. – Texto. – Ind.

233. Gramática elemental de la lengua española, por el presbítero D. José Ramon Saavedra. Santiago (de Chile), imprenta de la Sociedad, 1857,
4.°-171 págs.
-Segunda edición, modificada. Santiago (de Chile), imprenta de La Opinión, 1859.
4.° mayor. -198 págs.

1858.

234. Elementos de Gramática de la lengua castellana para la enseñanza de la juventud. por D. Zoilo Villar. Socorro (Colombia), 1858.

Predominan en el libro las doctrinas de Martínez López, y su parte más estimable es la dedicada al Análisis gramatical y lógico.

1859.

235. Elementos de Gramática castellana, por los Dres. Juan Illas y Vidal y Laureano Figuerola. Barcelona, 1859.
Obra aprobada por Reales órdenes de 30 de junio de 1848 y 20 de mayo de 1852 para las escuelas de instrucción primaria.
8.°-104 págs.

El año de 1869 se publicaba ya la trigésima tercera edición.

236. Tratado de Análisis lógico i gramatical de la lengua castellana, por D. Félix Arriagada. Santiago (de Chile), imp. de la Sociedad. 1859.
8.°-81 págs.

237. El Libro del Estudiante, por el Dr. José Joaquín Ortiz. Bogotá, 1859.

Hay un compendio de Gramática castellana, y de él se han hecho cinco ediciones, habiéndose impreso la quinta en Bogotá, año de 1868.

238. Grammaire complete de la langue espagnole d´après celle de l´Academie royale de Madrid. (etc.), par l´Abbé Pedro María de Torrecilla… París, 1859 (en la cubierta), 1860 (en la portada).

Esta es la primera parte, que completan tres volúmenes más:
2: Texte grammatical espagnol. 3: Exercises pour lapplication du Texte à la grammaire, et pour le génie comparé des deux langues. 4: Lexicologie espagnole: traité de la formation, des racines, des familles, des mots espagnols contenus dans le Texte, et de tout ce qui se rattache à la structure et a la dérivation des mots.

1860.

239. Tratado de Gramática castellana, por Joaquín Andrés de Dueñas. Habana, imprenta de El Tiempo, 1860.

240. Análisis gramatical y lógico de la Lengua castellana, estrictamente arreglado a la doctrina y método de la Gramática y Ortografía de la Real Academia Española, por D. Eduardo de Echevarría y D. Valentín Zabala, Profesores de instrucción pública. Zaragoza. 1860, imprenta de D. Calixto Ariño.
8.°-30 págs. y una de índ.

1861.

241. Cuestiones filológicas sobre algunos puntos de la Ortografía, de la Gramática y del Origen de la lengua castellana, y sobre lo que debe la literatura española a la nobleza de la nación, por D. Antonio José de Irisarri. Tomo primero. Nueva York, imprenta de Esteban Hallet, 107, calle de Fulton, 1861.
8.°-398 págs.

Contiene el tomo, relativamente a analogía y sintaxis, las cuestiones siguientes:
-¿Cuántos son los géneros de los nombres en castellano, en qué se conocen y para qué sirven?
-Sobre si hay declinaciones en los nombres castellanos.
-¿Qué casos del pronombre él son le y lo, les y los?
-¿Qué parte de la oración es la?
-Sobre las concordancias de la lengua castellana.

El autor promete en el Prólogo tratar en el segundo tomo de su obra del sistema de formación que se observa en nuestros nombres sustantivos y adjetivos derivados de verbos y de oíros nombres primitivos; de si son o no galicismos algunos giros de los que entre ciertos escritores pasan por tales, a pesar de hallarse usados por nuestros escritores más puristas y castizos, y de si nuestros gramáticos han tratado debidamente el punto de las conjugaciones de nuestros verbos.

242. Breve tratado de análisis gramatical y lógico de las oraciones y períodos, por D. Lope Alonso Barahona, profesor superior y normal de Instrucción primaria y primer maestro de las Escuelas
públicas de Madrid. Madrid. 1861.
8.°-53 págs.
1862.

243. Explicaciones sobre el significado temporal de las formas verbales, tomadas de la Gramática de D. Andrés Bello. Santiago, Independencia, 1862.
8.°-62 págs.

244. Informe del Sr. Vargas Fontecilla sobre el Compendio de la Gramática castellana de Bello. Santiago, 1862. -Artículo en los Anales de la Universidad de Chile, Mayo de 1862.

245. Gramática de la lengua castellana, arreglada al prontuario de Ortografía de la Real Academia Española. Palma, 1863, imprenta de F. Guasp.
8.°-124 págs.

246. Compendio de Gramática española, arreglado para uso de los niños, por Lorenzo Pahisa y Ribas. Barcelona, 1863, imprenta de V. Domenech.
8.° may. -126 págs.

1864.

247. Conocimiento de las partes de discurso y de sus principales accidentes, por D. Simon de Lavalle y el Dr. Juan N. Pombo. Cartagena (de Indias), sin año (1864).

Es un extracto metódico de esta parte de la Gramática de la Academia Española.

Hiciéronse de este epítome varias ediciones en pocos años.

248. Manual del estudiante, publicado por D. Nicolás Gómez. Bogotá, 1864.
Lleva un Compendio de Gramática castellana.
Hay otra edición de este Manual.

1865.

249. Compendio de la Gramática castellana de D. Andrés Bello, escrito para el uso de las escuelas de la América española por D. T. Arnaldo Marquez. Bogotá, 1865.

Este compendio es un extracto fielmente hecho de la obra de D. Andrés Bello.
Otra edición: Nueva York, D. Appleton y Compañía, 1, 3 y 5, Bond Street, 1889.
8.°-165 págs.

1866.

250. Gramática elemental de la lengua castellana, por el Dr. José Tomás González. Puerto Cabello, imprenta y librería de D. A. Segrestáa, 1866,

251. Tratado de Analogía y Sintaxis, por el Dr. Dionisio H. Araujo. Cartagena (de Indias), 1866.
Está en forma de catecismo, y sus doctrinas son las de la Academia y Salvá. Hay otras ediciones posteriores.

252. Compendio de Gramática castellana, por el Dr. Rafael Julián Castillo. San Cristóbal (Venezuela), 1866.
1867.

253. Cuestiones gramaticales. Artículos publicados por el venezolano D. Ricardo Ovidio Limardo en La Enseñanza, revista general de instrucción pública, archivos y bibliotecas, dirigida por D. Juan Uña, impresa en Madrid por Pascual Conesa. Págs. 389-393, año III, núm. 49, 10 octubre 1867; páginas 19-23, año III, núm. 50, 25 octubre 1867; págs. 34-40, año III, número 51, 10 noviembre 1867.

También en la Opinión Nacional de Caracas publicó este distinguido americano, por estos mismos años, algunos artículos gramaticales.

254. Gramática de la lengua latina para el uso de los que hablan castellano, por D. Miguel A. Caro y D. Rufino J. Cuervo. Bogotá, 1867.
-Segunda edición: Corregida, considerablemente aumentada y adicionada con un tratado de Prosodia. Bogotá, 1869.
-Gramática de la Lengua latina para uso de los que hablan castellano, por D. M. A. Caray D. R. J. Cuervo… Texto aumentado con dos cursos de ejercicios, adoptado para la enseñanza en el Seminario conciliar de Bogotá y en el Colegio mayor de Nuestra Señora del Rosario. Cuarta edición, revisada. Bogotá, Echeverría hermanos, editores, 1886.

4.°-XVI -384 págs.

Las observaciones que hay sobre el castellano son abundantes e importantísimas. Remontándose a los orígenes de nuestra lengua, los autores consignan porción considerable de hechos y observaciones históricas.

La Real Academia Española en un dictamen que, acerca de la Gramática latina escrita por D. Francisco Jiménez Lomas, dirigió al Director de Instrucción pública el 24 de febrero de 1882, suscrito por el Secretario perpetuo de aquella Corporación, D. Manuel Tamayo y Baus, dice lo siguiente:
…Quizá hubiera sido muy útil que el autor consultase de vez en cuando la muy excelente Gramática de nuestros doctos académicos correspondientes, D. Miguel Antonio Cavo y D. Rufino José Cuervo, impresa años hace en Bogotá, obra magistral y la mejor de su género en nuestro idioma.

1868.

255. Lecciones teóricas y prácticas de Gramática castellana, por el Sr. Miguel F. Guillou. Santiago de Chile, 1868.
Obra aprobada por la Universidad y adoptada por el Supremo Gobierno de Chile para el uso de las escuelas.
El autor dice en el prólogo que sólo se propone exponer las doctrinas de Bello, a pesar de lo cual divide la Gramática en cuatro partes, y es partidario de algunas de las antiguas formas.
Escribió también un Curso teórico -práctico de la lengua francesa.

256. Compendio sintético de Gramática castellana, por Lucas del Cuervo. Caracas, 1868.
257. Compendio de Gramática castellana, aprobado por la Universidad como texto de enseñanza para las escuelas y colegios particulares de la República, por D. Heriberto Frías. Santiago
(de Chile), 1868.
El autor era Profesor de Lengua castellana en el Liceo de Talca, y sigue en su libro las teorías de Bello.

1869.

258. Conocimiento de las partes del discurso y de sus principales accidentes, o Introducción al estudio del español, para servir de texto a las clases inferiores en el Colegio de Lavalle y Pombo. Aprobado como texto de enseñanza del Colegio de señoritas de la ciudad valerosa de Mompós. Por un entusiasta R. M. E. -Quinta edición. París, librería de Rosa y Bouret, 1869, imprenta Walder.
Folleto en 8.°-70 págs.
Es una obrita rudimentaria hecha para las clases primaria y elemental del referido Colegio de Lavalle y Pombo.
En punto a doctrina, tiene mezcla de todo.

259. Gramática de la Lengua castellana, por D. Fernando Gómez de Salazar. Madrid, imprenta de F. Escamez, 1869.
4.°-LIX -148 págs. + 2 de índ.

El autor, que ha escrito este libro para la enseñanza de la juventud, expone en el prólogo (que ocupa toda la paginación con números romanos) algunos principios de Gramática general; e intenta corregir las definiciones y clasificaciones, ideas y ejemplos sustentados en la Gramática de la Academia Española, cuyo orden sigue. Yerra el autor muchas veces y raya en lo pueril con frecuencia.
Esta Gramática tiene dos partes: Analogía y Sintaxis.

260. Gramática castellana teórico -práctica en todas sus partes. Obra acomodada a las necesidades de esta asignatura en las Escuelas normales, escrita por D. Gregorio Herrainz. Madrid, 1869.

4.°-186 págs.

261. El Institutor, publicado por D. José B. Gaitan. Bogotá, 1869.
Lleva un compendio de Gramática castellana.

262. Nuevo compendio de la Gramática castellana de D. Andrés Bello, cotejado con la extensa de este Académico, por César C. Guzman. Bogotá, Gaitan, 1869.
Se han hecho varias ediciones en sucesivos años.
Es libro de texto en la Universidad de Colombia, en varios establecimientos oficiales de enseñanza y en algunos colegios particulares.

1870.

263. Composición y Gramática práctica para las escuelas primarias. Obra escrita por César C. Guzman, ex-Director de Instrucción pública de los Estados-Unidos de Colombia. Cuarta edición. Libro del Maestro. París, librería Hachette y Cía. 79, boulevard Saint-Germain. (No hay fecha.) Tipografía de M. Lahure, calle de Fleurus, 9.
8.° -175 págs. -Pasta.
Método práctico para la composición gramatical y el conocimiento de las partes de la oración y de la sintaxis, según el sistema objetivo.
En la breve introducción que tiene el libro, dice el autor:

Como el plan y el método adoptados en el texto se apartan totalmente de los seguidos hasta hoy por los autores de obras de esta especie en el país (Colombia), nos creemos en el deber de hacer a los maestros una explicación especial de cada lección, para que, penetrados ellos del sistema, puedan beneficiarlo satisfactoriamente. En consecuencia, uno será el libro del maestro y otro el del discípulo…

En efecto: las catorce primeras lecciones del texto están precedidas de otras tantas explicaciones previas para el maestro.
En la otra cédula del mismo autor se copia sólo el título, con la diferencia de que, en vez de Libro del Maestro, es Libro del Niño, y contiene ejercicios diversos de éste.
El año de 1873 se hizo en París la tercera edición de esta obrita, que es un extracto de Bello en sus doctrinas, y que, siendo muy popular en los Estados de la República de Colombia, sirve de texto en la Universidad y en varias escuelas oficiales y colegios particulares.
Otra edición: Bogotá, 1875.
Otra: París, librería Hachette, imprenta de A. Lahure.
8.°-188 págs.

264. Tratado del participio, por Don Miguel Antonio Caro. Publicado en los Anales de la Universidad de Colombia, núm. 18, Junio de 1870.

Con fina crítica y erudición selecta, defiende el autor que el derivado verbal que llamamos gerundio, es por lo común un verdadero participio de presente.

265. Compendio de Gramática castellana, formado en vista de otros autores, y puesto al alcance de los niños, por D. Enrique Álvarez B. Chiquinquirá (Colombia). 1870 -1871.
-Segunda edición, notablemente aumentada, impresa también en Chiquinquirá, año de 1876.

266. Compendio de Gramática castellana, por el Presbítero Juan Andrés Domínguez. Barquisimeto (Venezuela), 1870.

267. Gramática castellana para escuelas primarias, según D. Andrés Bello y otros autores, por el Dr. Ramón Isidro Montes y José Ramon Camejo. Ciudad Bolívar, imprenta de El Boletín Comercial, 1870.

268. Guía gramatical, por D. Amenodoro Urdaneta. Caracas, 1870.

269. Elementos de Gramática castellana, o sea Colección de las reglas más usuales del lenguaje, escogidas de los mejores autores, para el uso de los niños, por D. Juan de D. Bustamante. Socorro (Colombia), 1870.
Hay otra edición hecha el mismo año en San Cristóbal (Venezuela).

270. Elementos de Literatura española, que comprenden la Gramática, la Versificación, la Poética y la Retórica, por D. Eustaquio Palacios, Cali (Colombia), 1870-1871.

Las doctrinas de Salvá y de la Academia, con algunas originales o ingeniosas del autor, se muestran en este libro, que ocasionó en el año 1873 una controversia, sostenida por el autor y un Sr. Marulanda en las columnas de la prensa periódica y en varios folletos.
Cuarta edición, corregida y aumentada, impresa también en Cali, año de 1876.



1871.

271. Ollendorff castellano. Gramática práctica, o sea Temas y Ejercicios de Gramática castellana, arreglados al sistema Ollendorff, como ampliación al Epítome de la Real Academia Española, por P. J. Pons, maestro superior, etc. Obra premiada en la Exposición general catalana de 1871. Editor, N. Chaves. México, 1871.
4.° -192 págs.
Cuarta edición: Barcelona, imprenta de Inglada y Pujadas, librería de Juan Antonio Bastinos, 1885.

272. Gramática analítica, práctica y filosófica de la lengua española, o sea Curso razonado y progresivo del idioma nacional de las Repúblicas hispano-americanas, por D. Antonio Benedeti. París, 1871.
4.° men,-476 págs.

Sin olvidar las doctrinas de la Academia ni las de Salvá, el autor de este libro reproduce en 89 lecciones las doctrinas de Bello, bajo la forma del método productivo, que ya empleó en otro libro suyo. Sirve de texto esta obra en el Colegio del Estado de Bolívar y en la Academia del Bello Sexo de Cartagena de Indias.

273. Conjunción entre los dos apellidos. Por el Dr. Th. (D. M. Pardo de Figueroa), Articulo inserto en El Averiguador, tomo I, segunda época. Madrid, imprenta de Rivadeneyra, 1871, páginas 213-219.

274. Gramática elemental de la lengua castellana, por Giró. Barcelona, 1871. 8.°
Otra edición: Barcelona, 1884. 8°

275. Gramática castellana, o Tratado gramatísticode la lengua española bajo sus cuatro puntos de vista, ideogénico, ideológico, ideofonético e ideográfico, por el Dr. D. Joaquin Manuel de Moner, Director y Profesor del Establecimiento literario de Cervuna. Fonz, en el establecimiento piadoso, literario y tipográfico de Cervuna. 1871.
4.° men. -VI -126 págs.

276. Lecciones graduales de Gramática castellana, destinadas al uso de los niños, por D. Joaquin de Avendaño. Madrid. 1871.
Consta de 87 lecciones.

277. Juicio crítico del Diccionario y de la Gramática de la Lengua castellana últimamente publicados por la Academia Española, por D. Fernando Gómez Salazar. Madrid. 1871.

1872.
278. Compendio de Gramática castellana teórico-práctica para uso de los niños que frecuentan las escuelas, por D. Meliton Escamilla. Cuenca, Manuel Mariana, 1872. 8.°

1873.

279. Compendio de la Gramática castellana de D. Andrés Bello, por el Rdo. P. Fr. R. Yori. Bogotá, 1873.
Extracta el autor muy acertadamente las doctrinas de Bello, pero conservando la nomenclatura antigua. Dice D. Miguel Antonio Caro que de este Compendio se hizo una edición en Sogamoso.

280. Gramática castellana comparada a la latina, por Raimundo de Miguel. Madrid. 1873.
8.° mayor.

281. Elementos de la Gramática de la lengua castellana, para el uso de las escuelas. Nueva York, 1873.

Este compendio se atribuye por algunos a Bello; pero otros niegan rotundamente que a él pertenezca, aduciendo (entre otras razones) que en los Estados de Chile se asegura que no lo escribió el Rector insigne de la Universidad de Santiago, por lo que el Gobierno no lo aceptó para libro de texto en sus escuelas, habiendo dispuesto, en cambio, que lo fuesen las Lecciones de Don Miguel F. Guillou.

282. Sobre el generó gramatical de la voz nueva tramvía. Artículo de Don Alejandro Olivan, impreso en el tomo IV de las Memorias de la Academia Española. Madrid. 1873.
4.° -Págs. 290-306.

Con estilo elegante, gran erudición y excelente dialéctica, el autor demuestra que la palabra tramvíaes femenina.
Discutióse este asunto en la Academia por los Sres. Segovia, Ferrer del Río, Olózaga, Oliván y otros, y aquel docto Centro acordó la publicación de los escritos o discursos con que se ilustró la cuestión.

283. Principios de Gramática castellana, por D. Amenodoro Urdaneta. Caracas, 1873.
Segunda edición, notablemente mejorada: Caracas, imprenta de El Demócrata, 1875.

284. Elementos de Gramática castellana, por D. Francisco Ortiz. Bogotá, 1873.

Predominan en ellos las doctrinas de la Academia y las de Salvá. El autor hace al fin del libro algunas observaciones estimables, explicando las teorías de Bello y comparándolas con las antiguas.
1874.

285. Gramática castellana adaptada a la capacidad de los niños que estudian esta lengua en las escuelas primarias de Veracruz, por Gonzalo Peoli. Veracruz, 1874.
4.° -63 págs.

286. Elementos de Gramática castellana, por Rafael Villanueva. -Tercera edición. México, 1874.
4.° -36 págs.

287. Cartas sobre Gramática castellana, escritas entre los Sres. D. Aureliano Fernández-Guerra y Orbe, de la Real Academia Española; D. Juan Antonio Calcaño, Cónsul de Venezuela en Liverpool,
y D. Francisco J. Orellana, de Barcelona. Publicadas en La Ilustración Española y Americana, núms. XXVIII (30 julio), XXXVII (8 octubre) y XLVII (22 diciembre) de 1874.

Versan sobre la edición de la Gramática de la lengua castellana que en aquel año preparaba la Real Academia Española. Como muestra de las enmiendas y novedades que iban a introducirse, comunica el Sr, Fernández-Guerra la parte muy notable de los Aumentativos, Diminutivos y Despectivos, que él mismo redactó y aceptó con aplauso la Co-misión de Gramática de la Academia, de la que era el referido señor Secretario, La formación de los Diminutivos es también el
tema de la epístola del señor Orellana. En la del Sr. Calcaño se trata de ciertas locuciones viciosas de escritores puros, y se aboga por la aceptación en el Diccionario académico de algunos vocablos americanos.

1875.

288. Guía para el estudio de los elementos gramaticales, y pruebas prácticas para conocer con exactitud las partes de la oración, dedicada a las escuelas de instrucción primaria por Amenodoro Urdaneta, Director de la Escuela Guzmán Blanco. Caracas, imprenta Nacional, calle de Casabolo, núm. 65: 1875.
Folleto en 8.°-32 págs.

Con privilegio del Gobierno de Venezuela, otorgado en 13 de mayo de 1875.
Tiene un brevísimo prólogo, en donde el autor dice, entre otras explicaciones, que este tratadito basta para conocer el análisis; pero es indispensable complementarlo con las explicaciones de su Compendio de Gramática, donde están desenvueltas las ideas aquí aglomeradas.

La doctrina seguida es la de la Academia, con alguna que otra originalidad del autor, el cual es un antiguo institutor de Caracas, que ha compuesto varias obras de texto para la enseñanza y es autor de unos Comentarios al Quijote. D. Amenodoro Urdaneta es actualmente Agente confidencial del
Gobierno de Venezuela en la corte pontificia, según entendemos: al menos lo era el año pasado.

289. Gramática elemental de la lengua castellana, por el Ldo. Pedro Castillo. Valencia (Venezuela), 1875.

1876.

290. Análisis gramatical. Obra utilísima para las escuelas, por D. Amenodoro Urdaneta. Caracas, imprenta Federal, esquina de la Torre, 1876.
Folleto en rústica. -57 págs.

No tiene prólogo ni otra alguna indicación previa, más que la autorización o privilegio del Gobierno de Venezuela, fechada en 20 de diciembre de 1875.

Consta esta obrita de algunas nociones sobre la oración, en exposición dialogada, con las teorías académicas por base, y sobre el método práctico de analizar en las escuelas; y luego compila y analiza muchos trozos en prosa y verso de escritores y poetas, venezolanos no más.

291. De las sílabas irregulares. Lecciones dispuestas por el Ldo. Luis G. Duarte. México, 1876.
8.° -8 págs.

292. Compendio de los elementos de la lengua castellana de D. Joaquín Avendaño, reformado por D. Clemente de Jesús Munguía. Formado por el C.° Diego Riveras. Obra adaptada como texto para
las escuelas primarias del Estado. Guanajato, 1876. Primera edición.
4.°-120 págs.

293. Discurso sobre los elementos constantes y variables del idioma español, por D. Rafael Ángel de la Peña. México, Díaz de León, 1876.

294. Cuestiones gramaticales. Reparos a un folleto del Sr. Olivan, por Don León Carnicer. Palma, Gelabert, 1876.
295. Gramática castellana destinada al uso de los maestros en las escuelas españolas e hispano-americanas, por Don Gregorio Martí. Buenos Aires, imprenta de El Orden, 1876.

1877.

296. Compendio de Gramática y Ortografía españolas, puesto al alcance de los escolares que van a entrar en el estudio de los elementos de este arte, por D. Fernando Monmany. Barcelona, Espasa, 1877.

297. Gramática filosófica de la lengua castellana al alcance de los niños, por Leopoldo J. Arosemena. Lima, Prince, 1877.

298. Estudio sobre los verbos irregulares castellanos, por D. José M. Marroquin, Barcelona, Tasso, 1877.

299. Elementos de Gramática castellana, por D. Miguel Arañó. Barcelona, J. Jepús, 1877.

300. Compendio de la Gramática de la Lengua castellana, por D. Andomaro Molina. Mérida (Yucatán), 1877.
8.°-174 págs.

301. Epitome de Analogía y Sintaxis según la Gramática castellana nuevamente publicada por la Real Academia Española y dispuesta por la misma para la primera enseñanza elemental, aumen-tada con las partes de Prosodia y Ortografía, por ***, formado de la décima-cuarta edición de la Academia. México, 1877.
8.°-124 págs.

302. Catálogo de los verbos irregulares, por D. Amenodoro Urdaneta. Caracas, imprenta Americana, 1877.
Folleto en 8.° -28 págs.

Sigue a Bello, y en especial a Salvá, dice el autor; pero a quien no nombra y casi lo copia en gran parte, es a D. Juan Vicente González. Tiene algunas novedades en su teoría que me parecen fundadas.

303. La Gramática de la Academia. Artículo en La Revista Contemporánea, por Fr. Ruiz de la Peña. Año 1877.

304. Gramática razonada de la Lengua castellana, por D. Matías Salleras, Director de la Escuela Normal superior de Segovia. Segovia, 1877.
Otra edición. Gramática razonada de la lengua española, por D. Matías Salieras, profesor de la Escuela Normal de Barcelona. Barcelona, 1887.
4.°-441 págs. Contiene: preliminares y las cuatro partes de la Gramática.

1878.

305. El Nuevo Quirós. Elementos de Gramática y Ortografía castellana. Obra sacada de los más célebres ideólogos modernos, por lo que respecta a la Gramática, pues la Ortografía es la última que ha publicado la Academia Española. Octava edición, publicada por D. Mariano Galvan Ribera. México, 1878. 8.°-208 págs.
306. Conjugación completa de los verbos irregulares castellanos y de los directivos en los tiempos y personas que están en uso, por D. Fernando Gómez de Salazar. Madrid. 1878.

307. Discurso sobre el significado de los modos adverbiales a priori y a posteriori, por D. Rafael Ángel de la Peña, México, Díaz de León, 1878.

308. Tratado de los compuestos castellanos. Primera parte latino-castellana, por Baldomero Rivodó. Caracas, Aldrey, 1878.
-Segunda edición: París, Roger y Charnowitz, 1883.
4.° -436 págs.

1879

309. Análisis del lenguaje y procedimiento intuitivo que conviene introducir en las escuelas para desterrar la rutina en la enseñanza de la Gramática (Carteles), por D. Joaquín Montoy. Barcelona, imprenta de El Porvenir, 1879.

310. Mata y Araujo. Elementos de Gramática castellana. Sexta edición, reformada y notablemente aumentada en todas sus partes, por Paulino M. Oviedo. México, 1879.
4.°-124 págs.

311. Elementos de Gramática castellana, por Antonio Orozco. Primera edición. México, 1879.
8° -94 págs.

1880.

312. Lecciones de análisis gramatical o ejercicios prácticos sobre nuestra Gramática, con sujeción a los preceptos de la Real Academia Española, precedidos de la teoría y ejemplos adecuados para su mejor comprensión, por el Dr. D. José García Modino y Camarero. Madrid. 1880.
4.°-146 págs.

313. Epitome de la Gramática elemental de la Lengua castellana, por D. José Caballero.
Segunda edición. Madrid. 1880.
8.°-116 págs.
Este Epítome ha sido formado por el autor de la Gramática, con objeto de que pudiera servir de texto en las escuelas de primera enseñanza.

314. Nociones prácticas de Gramática castellana, por el Dr. Jesús María Portillo. Caracas, Alfred Rothe, 1880.
Folleto en 8.° -79 págs.
Esta obrita es variada y no es Gramática, sino colección de disertaciones cortas sobre galicismos (vocabulario razonado), verbos irregulares y defectivos, neologismos, arcaísmos, análisis, acentuación y otros temas sueltos, tratados conforme a las doctrinas de Bello, Baralt, Cuervo (D. Rufino José) y D. Juan Vicente González.

315. Estudio sobre los oficios ideológicos y gramaticales del verbo, por D. Rafael Ángel de la Peña. México, Díaz de León, 1880.




1881.

316. Método y procedimiento para la enseñanza de la Gramática castellana, dividida en cinco partes, por A. M. Pachecho. Oajaca (México), 1881.
4.°-158 págs.

317. Elementos de la lengua castellana, fundados en los principios establecidos por la Real Academia Española y en el uso de los autores clásicos, por D. Mariano Velázquez de la Cadena.
Octava edición guatemalteca. París, México, librería de Ch. Bouret, 1881.
12.° -151 págs. -Pasta.
Sólo la precede un informe de una Comisión, fechado en la Habana a 16 de marzo de 1821, en el cual se dice que el autor no se propaso manifestar un sistema nuevo, sino redactar clara y concisamente la Gramática de la Academia. Este es el informe que se publicó al imprimirse la primera edición que en dicho año de 1821 se hizo. La segunda se publicó en 1824 (New-York).

318. Gramática. Libro del Estudiante (por D. R. de Guzmán). Bogotá, 1881.
Extracto de la de Bello.

319. Gramática abreviada de D. Andrés Bello (por Santiago Pérez). Bogotá, Medardo Rivas, 1881.

320. Género próximo y última diferencia de las partes de la oración, por D. Joaquín Montoy. Artículos gramaticales en El Clamor del Magisterio, números 27 y 28. Barcelona, Inglada, 1881.

321. Curiosidades gramaticales, por D. Ramón Martínez García, profesor de la Escuela Superior de la capital de Puerto Rico. San Juan de Puerto Rico, 1881.
8.°-280 págs.

El autor demuestra profundos conocimientos en el ejemplo y demostración que hace del análisis lógico y gramatical, prosódico, ortológico y ortográfico del idioma castellano.

322. Curiosidades gramaticales, o complemento de la Gramática castellana. Libro utilísimo a los profesores y alumnos de las Academias, Institutos, Colegios, Escuelas Normales, Escuelas de instrucción primaria y a las personas de letras, por D. Ramón Martínez García. Segunda edición. Madrid, 1883.
4.° men. -365 págs.

323. Proyecto para la enseñanza del Español, presentado a la Academia Nacional de Profesores, por J. Manuel Guillén. México, 1881.
4.°-262 págs.

324. Análisis lógico y gramatical, por D. Luis Parral y Cristóbal. Teruel, 1881.
16. ° -190 págs.

1882

325. Compendio de la Gramática castellana de D. Andrés Bello, por Venancio G. Manrique. Bogotá, 1882. 8.° may. -198 págs. -Pasta.

El autor de este compendio dice en una breve Advertencia que los que estudien por él no encontrarán difícil, en el segundo año del curso, la Gramática extensa de D. Andrés Bello.

326. Elementos de Sintaxis española, puestos en orden por Isaac González. México, 1882.
8.°-123 págs.

327. Gramática elemental teórico -práctica de la lengua castellana, escrita por Antonio Careaga. Primera edición, México, 1882. 4.°-236 págs.

328. Compendio de Gramática española por el profesor de primera enseñanza D. Simón López y Anguita. Tercera edición. Madrid. 1882, tipografía de Don Blas González.
8.°-108 págs.

1882-83.

329. A Grammar of the modern spanish language. Boston, 1882. -Modern spanish readings embracing text, notes, and an etymological vocabulary. Boston, 1883.

1883.

330. Elementos de Gramática castellana, por la Academia de Barcelona. Barcelona, 1883.
8.° -128 págs.
Dividida en cuatro partes: Analogía, Sintaxis, Ortografía y Prosodia.

331. Epítome de Analogía y Sintaxis, según la Gramática castellana nuevamente publicada por la Academia Española, por S. López (profesor mejicano). 1883.
Pról. -I -III -82 págs. -MS.

332. Gramática infantil para los niños americanos, por Luis Felipe Mantella, profesor de lengua y literatura española de la Universidad de Nueva York. Segunda edición. Nueva York, imprenta y librería de N. Ponce de León, 1883.
8.°-20 págs.

Es nuevo y original este librito en cuanto a plan y método, y su doctrina muy buena; pero, aunque se llama infantil, parece que está muy lejos de serlo, precisamente por lo razonado y discreto de su estilo, si bien el lenguaje es claro.

333. Compendio de Gramática castellana, por Leopoldo G. Arosemena, para las escuelas de instrucción primaria. -Este compendio es un extracto de la Gramática filosófica del mismo autor. Lima, Carlos Prince, editor. Junio de 1883.
12 ° -100 págs.
Lleva al final un Mapa gramatical, o sea Carta lexicológica universal. Tiene por objeto demostrar la naturaleza íntima y esencial de las partes de la oración y sus relaciones,
Paréceme trabajo más curioso que útil.

334. Nueva Gramática castellana. Segunda edición, corregida i aumentada, complementada con un Diccionario de infinitivos de todos los verbos regulares, irregulares, anómalos i defectivos, metódicamente clasificados, por Estevan Ovalle, abogado colombiano. Barcelona, tipografía Hispano-Americana, calle de Dou, 3, 1883.
4.°-VII -146 -104 págs.
Port – Ded. – Pról. – Texto. – Ind. -Erratas. -Diccionario de los infinitivos de verbos regulares, irregulares, anómalos i defectivos (con paginación distinta).


El Sr. Ovalle publicó la primera edición de esta Gramática suya el año de 1865. Era un epítome o compendio de esta segunda edición, y el autor lo había compuesto para la enseñanza de los niños en su colegio de Ocaña (Colombia).

He aquí cómo se explica el Sr. Ovalle, en el prólogo, sobre el método y forma que ha adoptado para componer la Gramática: … siguiendo la senda que nos ha dejado el ilustre filósofo Balmes en su Ideología i Gramática general, abundantes en luminosos principios i definiciones de notable claridad i filosófica sencillez, útilmente aplicables al estudio particular de la lengua, he procurado clasificar i definir con rigurosa exactitud, i simplificar el gran conjunto de reglas, adaptándolas a la nomenclatura que estableció por razón de lógica, de sencillez i armonía. Prescindo, pues, con los señores Martínez López i Bello, de la Ortografía i la Prosodia, que otros consideran como partes integrantes de la Gramática; divido las voces de la lengua en palabras i partículas, i subdivido las palabras en dos grandes clases: sustantivo i adjetivo, comprendiendo en la primera al infinitivo i al pronombre, i en la segunda a los artículos, pronombres posesivos i demostrativos, los numerales,
verbos, adverbios i participios, bajo la denominación genérica que respectivamente les corresponde. Esto no es nuevo: muchos gramáticos han reconocido de antemano que el infinitivo i el pronombre son verdaderos sustantivos; que el verbo, los adverbios i participios, los artículos i numerales, los posesivos i demostrativos, son adjetivos: ¿por qué, pues, continuar llamando al infinitivo, verbo? ¿por qué hacer de cada una de estas clases de palabra un grupo diverso, separado del todo a que pertenece?…

335. Cuadros sinópticos de Gramática castellana, según el texto oficial de la Real Academia Española, por D. Pedro Baró y Guillelmi, maestro normal de primera enseñanza. Barcelona, 1883. Folleto apaisado de 34 págs.

336. Curiosidades gramaticales o complemento de la Gramática castellana. Libro utilísimo a los profesores y alumnos de las Academias, Institutos, Colegios, Escuelas Normales, Escuelas de Instrucción primaria y a las personas de letras. Segunda edición. Madrid, 1883.
8.° -VII -365 págs.

1884.

337. Tratado de Sintaxis castellana, por D. Manuel Fombona Palacios. Caracas, 1884.
Impreso por la Academia Venezolana, correspondiente de la Española, y no puesto a la venta por el autor.

338. Gramática castellana, por el Dr. D. Guillermo Tell Villegas. Caracas, 1884.

339. Clasificación de las palabras castellanas por D. Andrés Bello.

Artículo por primera vez publicado por D. Miguel Luis Amunátegui, en el volumen V, págs. LIV -LXVI, de las Obras completas de D. Andrés Bello. Edición hecha por el Gobierno chileno. Santiago de Chile, impreso por Pedro G. Ramírez, 1884.

340. Compendio de la Gramática castellana de D. Andrés Bello, hecho para la enseñanza del ramo en los colegios del Estado, por D. Rafael Egaña. Segunda edición, corregida y aumentada.
Santiago, imprenta de la Librería Americana, 1884,
8.° -231 págs. -Pasta.
Este compendio fué aprobado para texto oficial en Chile por el Consejo de Instrucción pública, mediante informe favorable de Don E. Nercasseau Morán, Profesor nombrado para examinarlo, en marzo de 1883.
En dicho informe se dice que la obra del Sr. Egaña, como se desprende del título mismo, no contiene doctrina alguna nueva, singularmente en lo que atañe a Analogía, Sintaxis y Ortografía, materias en que se han seguido con constante escrupulosidad las teorías expuestas por el Sr. Bello. En cuanto al plan, se notan algunas variantes de poca importancia respecto al orden de materias seguido por D. Andrés Bello.

341. Primera Gramática española razonada, por D. Manuel María Díaz -Rubio y Carmena, Presbítero (el Misántropo). Tomo I. Toledo, imprenta y librería de Pando y hermano, editores… 1884.
4.°-XI . III -471 págs. + 3 de ínD. Tomo II. X -535 + 6 de índ. + una de erratas + 12 hs. finales.
Otra impresión: Madrid. Bailly -Baillière 1888,
Tomo I: XLIV -468 págs.
Tomo II: XVI -555 págs.

El autor revela desde el título de su libro que desconoce la historia y los progresos de la ciencia del lenguaje y de la filología castellana.

342. Elementos de Gramática española, por D. Juan Antonio Fandiño y Pérez. Segunda edición, notablemente corregida y aumentada. Oviedo, 1884.
4.° menor. -108 págs.

1885.

343. Estudios gramaticales. Introducción a las obras filológicas de D. Andrés Bello, por D. Marco Fidel Suárez, con una advertencia y noticia bibliográfica por D. Miguel Antonio Caro. Madrid, imprenta de A. Pérez Dubrull, 1885.
8.°-XVI -382 págs.

Tomo XXIV de la Colección de escritores castellanos.

Es un notabilísimo estudio crítico expositivo de la Gramática de Bello.

Dice el Sr. Caro en la advertencia preliminar: Ha servido de base a estos Estudios el Ensayo crítico que sobre la misma materia, y acomodándose al tema propuesto, presentó el autor en 1881 al concurso abierto por la Academia Colombiana para celebrar el centenario de D. Andrés Bello.
Premiado el trabajo del Sr. Suárez en aquel certamen literario, propúsose él mejorarlo, y ahora se publica bajo nuevo título, y no sin razón, puesto que, en la forma y con las considerables ampliaciones que presenta, puede bien reputarse como obra nueva. En ella el distinguido filólogo colombiano expone las principales teorías gramaticales de Bello; indica sus orígenes y fundamentos, cotéjalas con los principios sentados por otros gramáticos antiguos y modernos; las
confronta con las prácticas de los buenos escritores de la lengua, y es de advertir que el tono de elogio que domina en estas páginas, como nacido de admiración sincera y reflexiva, y conforme con los respetos debidos a un tan alto maestro como Bello, no es parte a torcer la vara de la justicia, ni impide que el crítico desapruebe en algunos puntos o rectifique oportunamente las doctrinas cuyo examen desempeña con criterio recto y no escaso acopio de curiosos datos lingüísticos. Por lo tanto, aunque incorporados en esta colección a guisa de introducción a las obras gramaticales de Bello, creemos que estos Estudios, lo mismo que la Gramática castellana histórica, de que ya ha publicado el autor excelentes muestras, tienen por sí bastante mérito para que los cultivadores de la filología romana, y los numerosos aficionados a este ramo de investigación, hoy tan adelantado, los reciban con aprecio, como valioso fruto de constante y bien encaminada labor…

344. Extracto de la Gramática castellana de la Real Academia Española, por Ángel M. Domínguez. México, 1885.
8.°-118 págs.
Otra impresión: México, 1888.
4.°-145 págs.

345. Nociones de Gramática castellana, o sea conocimiento de los principios más comunes de ella, aplicados al estudio de la lengua materna, arreglados por el profesor Ricardo Muñoz. San Luis Potosí, 1885.
4.°-57 págs.

346. Compendio de Gramática castellana de la Real Academia Española, por el Dr. D. Ricardo Ovidio Limardo. Caracas, 1885.
Texto nacional.
El año anterior de 1884 se había impreso este libro en Puerto Cabello (Venezuela).

347. Gramática teórico-práctica de la lengua castellana para uso de los niños, dividida en tres cuadernos, por D. Eugenio Eguílaz: el primero contiene la Analogía con ejercicios de análisis
gramatical; el segundo, Análisis y Prosodia, y el tercero, Ortografía.
Tres números en 8.°
Cuaderno 1: de 125 págs.: Madrid.
1885. Tercera edición.
Cuaderno 2: de 136 págs.: Madrid.
1886. Octava edición.
Cuaderno 3: de 115 págs.: Madrid. 1889. Novena edición.

348. Epitome de la Gramática castellana, comprendiendo sus cuatro partes y los modelos de análisis respectivos, por D. Ángel María Terradillos, escrito para las escuelas de ambos sexos. Madrid, 1885.
8.°-86 págs. -Sexta edición.

349. Tratado de Gramática razonada, con aplicación decidida y constante al estudio del idioma español, por Don Gregorio Herráiz, Director de la Escuela Normal superior de Segovia. Segovia, 1885.

1886.

350. Gramática elemental de la Lengua castellana, publicada con destino a las escuelas de primera enseñanza, por D. José Caballero.
Tercera edición: Madrid. 1886. 8.° may. -125 págs.

351. Procedimientos y ejercicios para la enseñanza de la Gramática, por Don Carlos Yeves. 8.°
Segunda edición: Madrid. 1886. 159 págs.

352. Cuaderno auxiliar de los procedimientos y ejercicios para la enseñanza de la Gramática en las escuelas, destinado al uso de los discípulos, por D. Carlos Yeves. Quinta edición. Madrid. 1884.
8.°-32 págs.

353. Mata y Araujo. Elementos de Gramática castellana. Sexta edición, reformada y notablemente aumentada en todas sus partes por D. Aurelio M. Oviedo. México, 1886.
12°-125 págs.

354. Lecciones de Gramática castellana, por D. Aurelio M. Oviedo y R. México, 1886.
4.°-94 págs.

355. The Collective Singular in Spanish. By Henry R. Lang, teacher of modern languages in the Swain Free School, New Bedford. Mass. -Estudio que se lee en la publicación Transactions of the Modern Language Association of America, 1884-5. Volume I. Baltimore, 1886.
4.°-133-148 págs.

Erudito y original estudio de la sintaxis de ciertos nombres en singular, usados en sentido plural o colectivo. Auxiliado de la Gramática comparativa, y mostrando muchas autoridades castellanas, que emplean, desde el siglo XIII hasta nuestros días, esta construcción, ha hecho el Sr. Lang un trabajo muy estimable. En ninguna Gramática de las lenguas neo-latinas, ni en la de Díez, se ha puesto la atención en este importante punto de Gramática histórica y preceptiva, de la manera como en este estudio se trata. En el cual se hace también una clasificación de los nombres que se construyen de tal modo: de personas, de naciones, de animales, de partes del cuerpo, de objetos militares, de vestidos, de frutas y plantas, de objetos materiales y de la naturaleza inanimada, de arquitectura, abstractos, etc. cada una de cuyas especies que se citan se ve autorizada con su ejemplo.

356. Tratado teórico -práctico de Análisis gramatical y lógico de las oraciones, escrito con destino a los señores maestros y a los aspirantes a serlo, por D. Millán Orío y Rubio, Director de la Escuela Normal de Palencia. Tercera edición. Falencia, imprenta y librería de Santiago Peralta, Plaza Mayor, núm. 5, 1886.
8.°-150 págs. + 5 finales de Indice.

357. Tratado de oraciones castellanas, por el Bachiller José Antonio Infante. Maracaibo, 1886.

358. Gramática castellana para los principiantes, por Julián Ramírez. Caracas, 1886.

359. Spanische Grammatik mit Berücksichtigung des gesellschaftl. Verkehrs, 3, Aufl. Von J. Schilling. Leipsig (Leipzig), 1886.

360. Notas de D. Francisco Merino Ballesteros a la primera edición de la Gramática de D. Andrés Bello (1853), y de D. Rufino José Cuervo a la novena edición de la misma (1881), referidas, con
observaciones, a la décimatercera edición de Madrid (1883), por L. M. Díaz. Curazao, imprenta de la librería de A. Bethencourt e hijos, editores, 1886.
4.° menor. -XIV págs. + 1 h. + 22 págs. + 1 h. -120 págs. + XXXII págs.

El Sr. D. Luis María Díaz, Director que fué catorce años en el Colegio Vargas de Curazao, y fundador y Director más tarde de los Colegios de Bolívar y de Santa Ana en la isla de Trinidad. publicó estas notas a fin de que pudieran utilizarlas aquéllos que poseyeran ediciones de la Gramática de Bello de las ilustradas por Merino Ballesteros y Cuervo. Eruditas notas del Sr. Díaz
sobre las de Cuervo y el Indice alfabético de la Gramática de Bello, compuesto por este último señor, completan el volumen.

361. Grammatik der spanische Sprache. von F. Hoyermann. Bremen, 1886.

1887.

362. Compendio de la Gramática de la Real Academia Española, por I. G. Amabile. Veracruz, 1887. 4.°-130 págs.

363. Lecciones de Gramática castellana para uso de las escuelas de Centro América, por el Dr. D Fortunato Gadey. Barcelona, 1887.
8.°-92 págs.

364. Nociones elementales de Gramática castellana, para las escuelas de instrucción pública, por Tomás V. Gómez. Guadalajara (México), 1887. 4.°-140 págs.
-Segunda edición: Guadalajara (México), 1889. 4.°-142 págs.

365. Compendio de Gramática castellana, por José Belver. Obra destinada especialmente para la enseñanza de los niños, y aprobada por el Consejo académico de la Universidad nacional. Bogotá, imprenta de Echeverría hermanos; editor, León Echeverría, 1887.
4.° menor. -XXIV -141 págs.

El autor de este Compendio, respetable anciano de setenta y seis años, cuando lo compuso en 1884 se propuso dotar con él a la enseñanza de los niños de un libro práctico en esta materia. Lo dividió en dos partes: Lexigrafía y Sintaxis. El conocimiento de la Prosodia dice que no es de absoluta e
imprescindible necesidad a los niños, por o cual la suprime. En cuanto a la Ortografía, aconseja su enseñanza por la de su compatriota D. José Manuel Marroquín.
Las doctrinas que sustenta el autor están tomadas de las Gramáticas de la Academia Española (edición de 1880), de Bello, de Salvá y de Martínez López, y de las observaciones sobre la lengua española, publicadas por el bogotano Dr. Ulpiano González.
El autor no pone de propia cuenta más que el orden o método de su obra. Sin embargo, en el capítulo segundo de la Sintaxis, que trata del análisis lógica de la proposición, discurre con particular acierto y novedad.

366. Spanische Grammatik. Von G. C. Kordgien, Prof. (mit bes. Berücksichtigung d. geschafll. Verkehrs). Hamburg, 1887.

1888.

367. Gramática castellana elemental para uso de los niños de instrucción primaria, por el P. Luis Úbeda y Gallardo, escolapio. Segunda edición, corregida y adicionada. Con superior autorización.
Madrid, est. tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, 1888.
8.°-168 págs. + 3 de índ.

La Gramática contiene sus cuatro partes y está en forma de diálogo.
El autor dice en la advertencia preliminar: Si bien he adoptado el método y preceptos peculiares de la Real Academia Española, he introducido en ellos, no obstante, algunas modificaciones accidentales que afectan a ciertas incorrecciones sistemáticas opuestas al buen criterio y a la filosofía del lenguaje.

368. Los verbos castellanos que rigen preposición, ilustrados con ejemplos i observaciones críticas i con muchos textos de varios autores clásicos, por y. B. Calcaño y Paniza. Curazao, imprenta de la librería de A. Bethencourt e hijos, 1888.
4.° -XIV -113 págs.
369. Breves apuntes sobre los casos y las oraciones, preparatorios para el estudio de las lenguas, por Eduardo Benot. Nueva edición, refundida y ampliada. Madrid, imprenta y librería de la Viuda de Hernando y Compañía, 1888.
4.°-173 págs.

370. Herranz y Quirós. Compendio de Gramática castellana, conforme con la última edición de la Academia Española, por el Ldo. D. M. Romo, México,
4.°-112 págs.

371. J. P. Schaeffer Jr. Beknopte gidsvoor de Spaansche taal. Voor zelfonderricht bewerkt. Amsterdam, C. L. Brinkman.
8.° -IV -124 págs.

372. Grammaire espagnole, par R. Foulché -Delbosc, Professeur a l´Ecole J. B. Say et à l´Ecole Colbert. París, H. Welter, 1888.
8.°-341 págs.

A pesar del plan poco científico de esta Gramática, su autor ha sabido tratar todas sus partes con claridad.
Segunda edición: París, 1889.
8.° mayor. -340 págs.

373. Grammatica della lingua spagnuola di Fil Manetta e Ed. Rughi. Seconda edizione interamente rifusa da Edoardo Rughi. Torino, Loescher.
8.°-412 págs.

374. Cours de la langue espagnole d´après la méthode Robertson, précédé d´un cours de litterature espagnole, d´une étude sur le caractère de la langue, d´un traité de prononciation, et suivi d´un manuel de conversations familières et d´une étude sur le roman et le théatre espagnols. Par L. Mallefille. 6 édition, revue et corrigée. París, Leroy.
8.°-LVI -284 págs.

375. Gramática de la lengua castellana compuesta con arreglo al plan y método más generalmente seguidos en la enseñanza del latín, y para facilitar a los alumnos de segunda enseñanza el estudio de este idioma, por el Dr. Don Francisco A. Commelerán, Catedrático numerario del Instituto del Cardenal Cisneros. Cuarta edición, notablemente corregida. MadriD. Agustín Jubera, editor… 1888.
8.° -292 págs.

376. Compendio de la Gramática castellana de la Real Academia Española, por Ricardo Ovidio Limardo, Doctor en Derecho civil, etc. etc. (El texto adoptado por el Gobierno nacional.)
Cuarta edición. Puerto Cabello, imprenta y librería de J. A. Segrestáa, 1888.
12.° -VI -163 págs. -Rústica.

En un pequeño prefacio que lleva, sin firma, con encomios al autor, se dice que este trabajo no es otra cosa que un extracto fidelísimo de la última edición de la Gramática de la Real Academia Española.